Autor: Diego, Enrique de. 
 Con la añoranza de una ley que no llegó y en plena campaña electoral. 
 La Universidad abre de nuevo sus puertas     
 
 ABC.    06/10/1982.  Página: 43. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

MIÉRCOLES 6-10-82

CULTURA Y SOCIEDAD

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Con la añoranza de una ley que no llegó y en plena campaña electoral

La Universidad abre de nuevo sus puertas

MADRID (Enrique de Diego). La Universidad, con su estética y solemne ritual académico, abre de

nuevo sus puertas. Fonseca vuelve a llenarse de alumnos (alrededor de cien mil españolitos de a pie

iniciarán este curso la experiencia de su carrera universitaria), y los libros, encerrados en el Monte de

Piedad durante el verano, vuelven a abrirse. La Universidad, con su ritual, demuestra que está viva y se

niega a hacer realidad el tópico diagnóstico de que «la Universidad ha muerto». La Universidad nunca

muere. Es más, su prestigio —en medio de los problemas— se acrecienta: los pilotos civiles pretenden

una huelga para que sus estudios alcancen el rango universitario, y es ésa una aspiración de casi todos los

colectivos. La Universidad ve engrosada continuamente la lista de las Universidades como meta de

muchas comunidades. La última, la Universidad de Castilla-La Mancha. Pero la Universidad, que está

viva, tiene problemas.

Cada año, los rectores convocan a sus claustros para comenzar el curso y hacerles llegar sus inquietudes;

a través de esos claustros tratan de que sus preocupaciones lleguen a la opinión pública. En los últimos

años, los rectores se refieren con unánime frecuencia a la autonomía universitaria, a la ley de Autonomía

Universitaria.

Este año, los rectores abren las aulas de sus Universidades con la nostalgia de una ley que no llega, y que

mantiene a la Universidad sin el marco adecuado para afrontar sus problemas. En la calle comienza la

campaña electoral de la que saldrá el Parlamento que tendrá que hacer realidad esa vieja e insistente

aspiración. Todos los programas de los partidos prometen precisamente ese marco legal, que es exigencia

de la Constitución, en su artículo 27.

Esa falta de marco legal adecuado mantiene la incertidumbre e impide que las Universidades afronten

convenientemente la selección o admisión de sus alumnos, y la contratación de sus profesores (con unas

plantillas que no pueden cubrirse al ritmo deseado) no permite la flexibilidad de los currículos de las

asignaturas de las carreras. Pero que, sobre todo, petrifica sus presupuestos, impidiendo la necesaria

agilidad para buscar fuentes de financiación, establecer más estrechas relaciones con et mundo de (a

empresa en cuestiones como la investigación, estrechar el camino entre tasas y coste real, e incluso

conseguir una mayor ayuda pública. Situación especialmente sentida en las Universidades Politécnicas,

con amplias necesidades para la formación investigadora, que cada curso tiene que poner su cabeza en los

recibos del agua y de la luz.

UNA TENDENCIA CRECIENTE HACIA UNA MAYOR EXIGENCIA ACADÉMICA

Ha habido lamentos por una ley que no llego y que mantiene sin desarrollar los dos principios

constitucionales de autonomía universitaria y libertad de enseñanza (creación de Universidades privadas),

pero ese 26 por 100 de la juventud española que llega cada año a ta Universidad va a estar en las aulas de

una Universidad que mantiene sus constantes vitales y que evoluciona.

Por de pronto, esa tasa de escolarización universitaria entre los veinte y los veinticuatro años, del 26,18,

es comparable a la del resto de Europa. Las naciones con porcentaje más alto son: Dinamarca, 30,24;

Suecia, 29,64; Holanda, 28,84, e Italia, 27,72.

La Universidad española abre sus puertas —no hay que llamarse a engaño— con una tendencia creciente

hacia una mayor exigencia académica. En los últimos años han vuelto a reaparecer figuras como el

«profesor hueso», y han desaparecido totalmente los «slogans» del «aprobado general». El nivel de

docencia ha subido y to mismo el de asistencia a clase, aunque la denominada «mortandad estudiantil»

sigue existiendo con porcentajes elevados. Un 43 por 100 repite afgún curso en las Facultades y un 66 por

100 en las Escuelas Técnicas. Los que no terminan la carrera forman un conjunto —en Universidades

como la Complutense— de casi el 50 por 100.

A esa mayor exigencia académica ha sucedido ia proliferación de un tipo de alumno clásico que asiste a

las clases, frecuenta las bibliotecas y se pone nervioso analizando las fechas de exámenes en el tablón de

anuncios.

También se recuperan o reaniman tradiciones universitarias, como ia tuna, y crece el asociacionismo

universitario de tipo cultural o deportivo, mientras el interés por ta política activa decrece

considerablemente, sobre todo en relación con aquella Universidad en tensión política de 1969 y de los

últimos años del franquismo.

El porcentaje de mujeres es ya muy similar al de tos varones, y en algunas Facultades Superiores

Psicología (con casi el 70 por 100), Farmacia, Historia, Filología y Filosofía (con más del 60 por 100) y

Biología (con cerca de) 55)—. Crece su presencia entre el profesorado, pero es todavía minoritaria;

alrededor del 25 por 100.

El profesorado de la Universidad española sigue siendo muy no numerario, con cerca del 70 por 100.

En cuanto a las carreras con más preferencias, vamos a utilizar los datos de la Universidad Complutense

(en la que estudia uno de cada seis universitarios españoles).

Curso de 1980: Derecho es la carrera que más atrae —3.000 ingresados—, seguida de Periodismo

1.432— y Geografía e Historia —1.106—. Desciende (a matrícula en Psicología (en casi 1.000 alumnos),

Económicas (unos 500) y alrededor de 100 en Química, Filosofía y Geología. Por el contrario, Derecho

aumentó en 1.000 alumnos, Medicina en 500, Farmacia en 400 y en cerca de 100 Filología, Historia,

Física, Matemáticas, Biología y Veterinaria. Esta última y Bellas Artes están conociendo un cierto

«boom». Con poco paro, además de Veterinaria, están Física y Químicas.

EL PARO SIGUE, PERO...

El principal problema con el que se enfrenta la Universidad y el universitario es el del paro,

especialmente grave después de una larga preparación. Los COIE han representado una importante

aportación informativa y de canalización de ofertas, pero cuentan con menos medios de los adecuados.

Más esperanzas ofrece la colaboración Uni-versidad-Empresa, con caminos como la fundación del mismo

nombre o los lazos establecidos por Universidades como la Politécnica de Madrid con la iniciativa

privada cara a la realización de proyectos de investigación. Una línea cada vez más seguida en la

Universidad española y que puede hacer crecer el desarrollo de la investigación aplicada. Quedan por

descubrir todas las posibilidades del tercer ciclo en esa función investigadora de la Universidad.

Ef paro sigue, pero también sigue siendo cierto que la Universidad da acceso a unos puestos de trabajo

privilegiados y que el paro afecta en la mitad respecto a otras salidas al mercado laboral.

La Universidad que abre sus puertas está masificada, pero esa Universidad de masas ha elevado

notablemente la preparación cultural y profesional del pueblo español. Modificaciones hacen falta, pero

se ha hecho mucho positivo.

El mayor mal que afronta la Universidad no es suyo y depende del todo sistema educativo y de la misma

estructura social. No se ha potenciado ni ha tomado cuerpo la Formación Profesional, con lo que la

Universidad sigue siendo el camino real de la pirámide educativa hacia el mundo del trabajo. La única

respuesta que se ha dado ha tenido que venir también de la Universidad con fa potenciación de las

carreras de tipo medio. La Universidad espera una necesaria estructuración de las enseñanzas medias.

Esta Universidad que abre sus puertas tiene, sí, algo de desencanto y nostalgia de una ley —que será

siempre tanto polémica como necesaria—, pero contempla la actividad electoral con la esperanza de que

se haga realidad lo que es unánime en todos los programas políticos por exigencia constitucional. Junto a

esto, las aulas se abren y suena e) «gaudeamus igitur». Curso 82-83.

 

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