Autor: Arroitia-Jáuregui, Marcelo. 
 CINE. 
 Canciones para después de una guerra     
 
 Arriba.    06/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

cine

CANCIONES PARA DESPUÉS DE UNA GUERRA»

Título: «Canciones para después de una guerra».— Nacionalidad: Española.—Director: Basilio Martín

Patino.—Colaboradores principales: José Luis García Sánchez, José Luis Peláez, Alfredo Alcaín, José

Luis Alcaine, Julio Pérez Tabernero y Enrique Blanco.—Blanco y negro con revelados en color y algunas

ilustraciones.—Distribuida por José Esteban Alenda.—Estrenada en el cine Conde Duque,

Valoración: 7

Como todo el mundo sabe, «Canciones para después de una guerra» es una película de montaje que

recoge una versión de la Historia española desde 1939 a 1950, sobre poco más o menos, conseguida

mediante la utilización de material cinematográfico de archivo con el que se ilustran una serie de

canciones que gozaron de popularidad durante ese tiempo. Como todo el mundo sabe, la película ha

estado siete años sin poder estrenarse, por las consabidas dificultades administrativas. Como todo el

mundo sabe, ese ostracismo convirtió a la película en una suerte de mito, achacándole contenidos que no

tiene y devaluándola, con tal tratamiento, en su indudable interés.

Hay que decir que la labor de Martín Patino, a pesar de su apariencia meramente mecánica, es una labor

creadora. El montaje del material de archivo no está hecho de manera caprichosa ni persiguiendo ninguna

meta de supuesta desmitificación, del tipo que sea. Es un montaje elaborado cuidadosamente, no

solamente en su adecuación de la música de las canciones al digamos «texto» de los fotogramas o al

revés, según los casos; no solamente con un sentido irónico o crítico, sino, también con un amplio sentido

sentimental, que a veces desemboca en una evidente emoción. Ciertamente, cuando pretende alcanzar

metas sarcásticas es cuando los fallos son más notables, excepto en el tratamiento aplicado a un estilo

cinematográfico de la época a incluso a su actriz más representativa, acaso porque el realizador está

contando su propia historia y resalta con ternura —o con saña— lo que más le ha podido afectar de esa

historia. En definitiva, se trata de una crónica subjetiva de unos años, recogiendo con ironía, pero

emocionadamente, sus características externas, aunque aplicándolas una mirada apasionada. Y

apasionadamente, en muchos casos, y ése puede ser su mayor mérito. Por eso mismo, a la película le

sobran ciertas voces en «off» superpuestas, los colorines aplicados a las apariciones de Miguel de Molina

—que corresponden, por otra parte, a películas no españolas (Miguel de Molina ya no estaba en España

cuando se popularizó «La hija de don Juan Alba» en la voz de Gracia de Triana, aunque sí popularizara su

versión de «La bien paga»)— y ciertos chistes a nivel de alumno rebelde de los jesuítas. Le sobran,

aunque le den una dimensión cómica que puede servir de alivio a la tensión dramática de utros momentos.

Precisamente porque la película podía alcanzar sus objetivos, tanto documentales cuanto de liberación del

propio director, es una pena que Patino no haya respetado las reglas de su propio juego: hacer

corresponder las imágenes con el tiempo en qtie las canciones estuvieron en boga, sin saltos atrás carentes

de rigor. Y sobre todo, utilizando material que no era de la época que recoge, glosa y comenta por medios

estrictamente cinematográficos. Puestos a la labor emprendida, mejor no hacer trampas que, por otra

parte, resultan evidentes. Por ejemplo, no haber utilizado películas anteriores a 1936, materiales de

tiempo de la guerra —procedentes, además, de documentales de la zona roja— e incluso un documental

de una fiesta en La Alberca, manifiestamente realizado en los años 20. En primer lugar, porque no era

necesario, con toda seguridad, conforme demuestra la misma película. En segundo lugar, porque su

descubrimiento destruye parcialmente el interés de la película y le resta objetividad y fuerza. Y pongo

algunos ejemplos, material de «El gato montes», una película de Rosario Pi, con el cantante Pablo Herzog

y María del Pilar Lebrón; material de «Los héroes del barrio», una película de 1936 interpretada por la

compañía infantil de Pérez de León; fotogramas de un señor que compra el periódico «Ahora» (cabecera

perfectamente visible), que dejó de publicarse en 1939; vestuario y peinados femeninos en algunas

secuencias; trozos de una película interpretada por una «Miss España» de 1934, Teresita Daniel, etc. Me

parece que Patino hubiese podido montar su película, con los mismos excelentes resultados, con material

de ta época que abarca su película.

Una película, insisto, muy bien hecha, con momentos emocionantes, con momentos de ironía excelente.

Una película que no pretende cambiar la Historia, sino contemplarla desde una perspectiva crítica. Pero

asumiéndola.

Marcelo-ARROITA JAUREGUI

 

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