Autor: Sánchez Martínez, Alfonso. 
 CINE. 
 El desencanto (Palace)     
 
 Informaciones.    29/09/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

CINE

Por Alfonso SANCHEZ

«EL DESENCANTO»

(PALACE)

Nacionalidad: Española. Director: Jaime Chavarri. Fotografía: Teodoro Esmills y Juan Ruis Anchia.

Montaje: José Salcedo Palomeque. Intérpretes: Felicidad. Blanc, Juan Luis, José Moisés y Leopoldo

Panero.

«El desencanto» es película de gran originalidad. Lo insólito de su contenido está expresado por Jaime

Chavarri en un lenguaje innovador. No estamos en el «cinéma-vérité» ni en el cine - documento, aunque

el film participe de esos estilos. Rara vez una cámara ha logrado tanto poder de indagación, ni ha sido tan

persuasiva y al mismo tiempo tan embaucadora. Porque los personajes, en este caso reales, se dejan

prender en la sugestión de la cámara para vaciar hasta el fondo de su pensamiento. Con sólo el

instrumento de la cámara, Jaime Chavarri formula un «cine-confesión». El ejercicio era difícil, pero está

resuelto con asombroso rigor. Cámara y montaje son los dos elementos esenciales de la

expresión cinematográfica. En «El desencanto» son los únicos, sin acción de intriga, ni tramoya

cómplices. Con la cámara capta Chavarri los más escondidos pensamientos de unos seres, y con el

montaje les da una certera progresión dramática. Eso requiere muy afinada Inteligencia. Bajo este aspecto

de la expresión cinematográfica, por las posibilidades que abre a la cámara-indagación, «El desencanto»

figura entre los escasos hallazgos del cine de estos últimos años.

Chavarri convoca ante su cámara a la viuda y los hijos del poeta Leopoldo Panero. No veremos al poeta

fallecido. Sólo su estatua, todavía sin descubrir, lo que desvanece aún más su presencia física. De la

película saldrá

Panero muerto por segunda vez, pues se ha matado esa sombra querida que permanece a nuestro lado, e

incluso rige en cierto modo nuestra conducta cuando el deudo se nos va para siempre. La viuda y los hijos

hablan sobre Panero. Los recuerdos se hacen críticos. A medida que se diseña la figura del poeta

comienzan los arañazos. Surge la discusión entre la viuda y los hijos. Un volcar censuras contenidas, lo

que pudo ser y no fue, el rencor antiguo que nunca se cicatrizó. Las confesiones, a veces contrastadas fin

el debate, cobran extraordinaria tensión dramática. Todos parecen querer sacudirse la pesada carga que les

atosiga. No faltan sarcasmos, como si con su golpear se intentara romper algún viejo encanto conservado

de días que se fueron. Se dicen cosas importantes, con una resonancia que va más allá del caso particular.

La película termina cuando todos han vaciado sus almas. La sinceridad con que se expresan contribuye a

sostener nuestra atención y que participemos del desencanto que queda al descubierto.

Es película difícil para el espectador, obligado a no distraer la atención. La. he visto ya alejada de la

noche del Estreno. La sala estaba llena de un público compuesto en su mayor parte por jóvenes.

Aplaudieron al final. También a ellos había alcanzado el poder de la cámara.

 

< Volver