Autor: Semprún Maura, Carlos. 
 La ciutat cremada, de Antoni Ribas. 
 El discreto encanto de la burguesía catalana     
 
 Diario 16.    06/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

"La ciutat cremada" d´Antoni Ribes

El discreto encanto de la burguesía catalana

Carlos Semprún Maura

"La ciutat cremada" son dos cosas. Primero, una operacion político-cultural catalanista y progre y

segundo, na películal Las dos cosas están ligadas, pero separémoslas un momento para lograr una mejor

comprensión del asunto. Que los catalanes quieran hacer un cine catalán, que cien personas hayan

cotizado para montar la producción, que todo el mundo parezca muy contento por el éxito de la

operación, estupendo. A mí me parecí personalmente muy bien que exista un cine catalán, como existe

una literatura catalana, por ejemplo, y todas las ideas para realizar cine fuera de las normas comerciales

clásicas son bienvenidas.

Pero luego, nosotros, catalanes o no, estamos en nuestras butacas y vemos —durante tres horas— una

película. Y es evidentemente de la película de lo que voy a ha blar ahora. La idea de hacer revivir la

historia de Barcelona —y por extensión de Cataluña— del "desastre de tuba a la Semana Trágica" a

través de una familia, sin ser nueva, es sugerente, o podría haberlo sido, por lo menos. Pero la vida de esta

familia burguesa catalana no constituye más que un tenue hilo, que se dobla y se retira, bajo el peso de

todas las secuencias que pretenden contarnos la vida política de esa política de esa época.

Y vamos a decir las cosas lisa y llanamente en este aspecto no se entiende absolutamente nada. El que no

tenga un conocimiento profundo de ese periodo de la historia catalana y española, ni se entera, y el que

haya leído algo sobre la "Semana trágica" y sus prolegómenos, o sobre la personalidad de Cambó o de

Lerroux, pongamos por caso, se queda lelo ante la complicación y abstracción con que se nos cuentan los

hechos. El personaje de Lerroux, por ejemplo, está tan caricaturado que da pena. Que "el emperador del

Paralelo" fuera un político demagogo, oportunista y algo podrido, bueno, pero que se paseara por las

alcantarilla» declamando sus discursos, vamos, vamos... (Lo de las alcantarillas debe ser un símbolo, digo

yo.)

La falta de naturalidad de las situaciones y de los personajes a lo largo de la larga película resulta penosa.

Casi ninguno abre la boca más que para echar discursos.

Por ejemplo, cuando Cambó le echa una parrafada a Alfonso XII sobre la Libertad para Cataluña, resulta

evidente que son los autores quienes le están echando una plegaría a Juan Carlos.

Tratándose de una película con vocación progre, los diferentes estratos —o clases— catalanas quieren ser

representativos. Y una vez más vemos cómo nuestra "divina izquierda" es incapaz de dar personalidad,

individualidad a los trabajadores. Mera masa anónima, "clase" o sea abstracción, tópico. El único obrero

con personalidad, mira que casualidad, es el que se casa con la hija de un patrón y poco a poco (sin que

ello esté realmente tratado) se va integrando en la burguesía. Las pocas escenas que tienen cierto encanto

son precisamente aquellas que tratan de la vida de una familia burguesa de principios de siglo. Pero son

breves pincelada» en esa crónica con pretensiones socio-históricas.

Si no se la hubiera presentado de esa manera, o sea, como acontecimiento político, yo ni siquiera hubiera

hablado de esos aspectos del film, sino de su realización, que et sencillamente un desastre. Demasiado

larga, aburrida y mal realizada, así se presenta "La Ciudad Cremada".

 

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