Autor: Benzo Mestre, Fernando. 
 Escriben los candidatos por Madrid. 
 Una política de centro     
 
 Ya.    02/06/1977.  Página: 36. Páginas: 1. Párrafos: 27. 

Ya - Pag. 36

ESCRIBEN LOS CANDIDATOS POR MADRID

UNA POLÍTICA DE CENTRO

EL envite político que el país tiene en este momento entre manos es, ni más ni menos, que la democracia.

Algo en lo que, nos guste o no, y a mí si me gusta, todos estamos convocados a participar, porque no

olvidemos que a partir del 15 de junio, que está a la vuelta de la esquina, todos tendremos que

enfrentarnos con la dura realidad de construir la nueva sociedad que queremos para nuestro país.

Una nueva sociedad en la que cada, español se sienta miembro libre y activo de una profesión, una

familia, una región y un Estado; en la que la estructura social sitúa a cada hombre según su valor y su

esfuerzo en pro de la comunidad, sin acepción alguna de privilegios de origen, y en la que el sistema

económico retribuya y promueva la capacidad de creación y de entrega y distribuya, con absolutos

criterios de justicia, los frutos de este esfuerzo.

EN resumen, una nueva sociedad, ilusionada y progresiva, que implante, conservando lo conveniente y

quebrantando lo necesario, la libertad, la justicia, la convivencia y el espíritu oreador. Esa es la sociedad

que la Unión de Centro Democrático quiere para España.

Pero entre los numerosos temas y problemas que tenemos entre manos adquieren especial urgencia los

económicos y sociales. Y son éstos unos temas que no pueden ser abordados con demagogias ni con

frivolidad. Tan peligrosa es en política económica una utopía irreal, como un vivir al día, sin programa y

sin idearlo. La economía no es sitio para aficionados. Nos jugamos cosas demasiado importantes para no

ponerlas en manos de personas que sean a la vez inteligentes y experimentadas. Yo diría que la economía

es algo demasiado serio para confiarla sólo a los técnicos; pero también demasiado delicada para ponerla

en manos de los demagogos.

Evidentemente, no hay fórmulas mágicas para curar los males de la economía, ya sea la mundial, en

evidente crisis, o la española, que atraviesa un momento de bache y desconcierto, que no es sólo

temporal, sino que tiene profundas raíces de estructura.

Y es que creo que nuestra actual estructura económica ha servido con suficiente eficacia para superar los

desgarros de una guerra civil y otra mundial, los años de aislamiento y el tránsito de una utópica autarquía

a un desarrollo industrializado. Pero ahora el reto es otro. Los nuevos mercados, el Mercado Común y

América, nos llaman, están ahí y hay que escucharlos.

• Si el sistema capitalista clásico está superado y ha rendido sus últimos servicios, hemos de establecer

un sistema económico nuevo, de economía social de mercado, en el que el gran impulso de la

iniciativa privada sea encauzado y moderado por un sector público poderoso que equilibre el poder de

los más fuertes económicamente en favor de quienes aportan otros factores productivos, como el trabajo,

que merece—al menos—igual consideración que el factor capital.

• Es más, una profunda reforma del sistema financiero ha de poner los recursos pecuniarios al alcance de

quienes no tienen capital propio, pero sí capacidad de trabajo, fuerza creadora e imaginación.

• Luego, un sistema tributario justo hará que cada cual contribuya al tesoro público a tenor del valor

real de sus bienes y rentas, en proporción a su riqueza e impidiendo la permanencia ilimitada de

grandes patrimonios que no respondan a méritos y esfuerzos personales. Defendemos la fuerza creadora

de la propiedad privada, pero también el papel social de esta propiedad y la participación de la sociedad

en todo el proceso económico y en sus resultados.

• Sólo un sistema económico justo y eficaz puede dar a la sociedad española la estabilidad que

necesita para alcanzar una productividad que eleve nuestro nivel de vida al nivel de todos los

españoles— y nos permita salir al mercado mundial en condiciones favorables.

• No hay milagros económicos. Una economía sana es producto de una planificación acertada y del

esfuerzo personal de todos.

• Para ello hemos de crear el marco de un contrato social en el que empresarios, trabajadores y sector

público coordinen sus intereses y se responsabilicen con sus conductas. Ni el egoísmo ni el

desorden nos llevarán a nada que no sea el desastre económico y la descomposición social, que

acabará en una solución de fuerza, de uno u otro signo, en la que el pueblo español perderá su bienestar,

la justicia social y, en definitiva, su libertad.

• Temas delicados como los expuestos y otros igualmente importantes, como los desequilibrios

económicos regionales, la especulación, el coste social de la calidad de la vida, el delito fiscal y

tantos más, sólo se pueden plantear con un Parlamento homogéneo y equilibrado, en el que un grupo

grande de diputados y senadores tengan las mismas ideas.

El Parlamento será el que surja del Juego electoral convocado. No hay otra opción. Ahora bien, si

especulásemos con cuál sería la composición ideal de las Cámaras para abordar con posibilidades las

medidas económicas que, a mi juicio, son indispensables, diría que aquella en la que no dominen ni las

derechas, siempre comprometidas con los intereses más conservadores y capitalistas, ni las izquierdas,

contrarias la economía de mercado libre y excesivamente socializantes, e incluso en sus opciones

extremas, aniquiladoras de la empresa libre y de la propiedad privada.

El predominio de un sector moderado de espíritu reformista permitirá abordar las necesarias reformas

económicas con mayor independencia y con la imprescindible decisión.

Pero la gran masa, en este momento en que los partidos políticos están en sus balbuceos, sólo aspira a que

la reforma política se consolide en áreas cada vez más amplias de paz social y bienestar económico. No es

una filosofía "pancista", sino el legítimo criterio de juzgar al político por sus obras y el pragmatismo de

dar más valor a los hechos que a las palabras. En un pueblo como el nuestro, cargado de historia y de

experiencia, un cierto escepticismo viene moderado por el deseo de seguridad y por la filosofía del

sentido común, porque nuestra sociedad para desarrollarse necesita un clima de equilibrio. Y eso es lo que

el Centro quiere darle.

Creo que nuestro electorado puede apoyar con fuerza la opción que el Centro representa, como equilibrio

de posturas inciertas, para consolidar el tránsito pacífico entre el ayer y el mañana.

Ahora, como siempre, una opción política de Centro puede tener la virtud de eliminar los extremismos y

de representar la ideología y la conducta de la gran mayoría de los españoles, que, evidentemente,

consideran la moderación como una virtud política.

Esa llamada a la moderación y al sentido realista y constructivo es la que la Unión de Centro Democrático

hace al electorado.

Si aspiramos a esa nueva sociedad tendremos que adoptar las medidas necesarias para que la justicia sea

una realidad y no sólo una palabra y para que desaparezcan las tensiones que alteran nuestra vida

ciudadana.

CREO, sinceramente, que en este momento de la vida española ni las derechas ni las izquierdas pueden

aisladamente hacer la política que necesitamos. Una política de cambio, pero no airada.

A nosotros nos toca el papel decisivo de ayudar, cada uno en su puesto, a que esta dura época y estos

cambios no se sucedan en un clima dramático, sino de paz, orden y justicia.

La Unión de Centro Democrático va a pedir el voto precisamente para eso; para que se hable menos del

pasado y más del futuro; para que los españoles encontremos el definitivo camino de la convivencia; para

lograr la nueva sociedad que necesitamos para nosotros y para nuestros hijos; para resolver el montón de

problemas que tenemos ahí, sobre la mesa, y para cuya solución necesitamos que no nos obliguen a hablar

tanto, que no nos griten tanto y que nos dejen trabajar de una vez.

LA opción va a ser de todos nosotros. Si no sale bien, no podemos acudir al habitual recurso español de

echar la culpa al Gobierno, porque vamos a tener el Gobierno que nosotros elijamos.

Procuremos, como indicó Alejandro Magno en su lecho de muerte, elegir "al más digno".

Y en estos momentos creo que la más digna opción electoral es la que no contiene extremismos de ningún

signo, la que une y no separa, la que desea continuar una reforma sin sobresaltos, la que ha acreditado que

es capaz de hacer evolucionar al país sin tener, como ha dicho el presidente Suárez, miedo al miedo.

Una opción electoral que ofrezca a la juventud oportunidades; al hombre y a la mujer adultos, un puesto

en la sociedad, y a 1a tercera edad, la seguridad de una vida digna.

Fernando BENZO

(Candidato de Unión del Centro Democrático al Congreso)

 

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