Autor: Lumbreras Meabe, Juan María. 
 Enseñanza. 
 La educación y la democracia     
 
 Ya.    11/06/1977.  Página: 43. Páginas: 1. Párrafos: 21. 

l-VI-66

ENSEÑANZA

LA EDUCACIÓN Y LA DEMOCRACIA

No basta proclamarse demócrata para serlo; no es suficiente definirse como portador de la libertad

para, serlo efectivamente. La democracia es un sistema político basado en el reconocimiento no sólo

formal y nominal, sino real y concreto, de la dignidad de la persona humana y de todas las libertades,

derechos y deberes, que hacen de la misma naturaleza del hombre por ser su ejercicio y su

cumplimiento necesarios para el desarrollo y perfeccionamiento de todo ser humano. En una

sociedad auténticamente democrática, tales libertades y derechos han de transformarse en derechos

civiles y ser garantizados ante los tribunales de justicia.

Estos derechos y deberes fundamentales, exigidos por la dignidad del ser humano, son anteriores a todos

los grupos sociales, a la sociedad civil, a las autoridades públicas inferiores y al Estado. Si los hombres,

impulsados por su íntima naturaleza social, crearon las sociedades y las comunidades políticas, no fue

para ser absorbidos y anulados por ellas, sino, por el contrario, para hacer juntos lo que no podían aislados

y crear unidos un conjunto de condiciones económicas, sociales, culturales, jurídicas, etc., que facilitara a

todos y a cada uno el pleno desarrollo de su personalidad, mediante el ejercicio de sus libertades y

derechos fundamentales y el cumplimiento de sus deberes básicos. En esto consiste el bien común, cuya

dinámica prosecución es la única razón de ser de las sociedades y de la existencia y autoridad de los

Estados. Toda estructura política que los suprima o dificulte es injusta y toda ley que los conculque es

nula.

La democracia, además, es indivisible, no es parcelable. O se acepta como es la dignidad de la persona

humana con todas sus libertades y derechos inherentes, o, si se suprimen parte de ellos, se niega tal

dignidad. Ya no se concibe a la persona como un fin en sí que ha de ser siempre origen, sujeto y fin de la

sociedad, sino como un simple medio o instrumento; ya no es sujeto, sino objeto manipulable. Todo

programa político que se presenta, por razones propagandísticas, como demócrata y defensor de la

libertad, no lo es si, luego, por exigencias de una ideología, conculca cualquiera de los derechos

inmanentes de la persona, pues la está instrumentalizando, utilizando como medio para el logro de unos

fines ajenos.

Insistamos en que cualquiera de los derechos y libertades son inalienables, ninguno de ellos son

negociables. Ninguno de ellos están sujetos al voto de la mayoría, ya que son personales y anteriores a la

sociedad y al Estado, que nacen para garantizarlos y darles viabilidad. Intentar, en nombre de la

democracia y de la. libertad, someter los derechos fundamentales de cada persona al dictamen de la

mayoría es negar la democracia misma, que nace fundada en ellos y con e] fin de garantizarlos. La misión

esencial de los poderes públicos consiste en tutelar el intangible campo de los derechos humanos y en

facilitar el cumplimiento de las obligaciones fundamentales. En esto han de coincidir todos los partidos

políticos que sean democráticos, y quien lo niega en sus principios y programas nada tiene de demócrata.

Para no hablar en abstracto, concretamos que al decir derechos, libertades y deberes estamos pensando en

los codificados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, elaborada por la ONU (10 de

diciembre de 1948) y en los "pactos internacionales" de derechos civiles y políticos, económicos, sociales

y culturales recientemente firmados por el Estado español ("BOE" de 30 de abril de 1977). El

reconocimiento efectivo de tales derechos ha de construir la base ética de todo Estado democrático y

libre, ha de figurar en su Constitución y, en nuestro caso concreto, es ya un compromiso internacional.

Lo educación y la democracia

Hoy como sabemos, algunos partidos políticos han lanzado en sus programas una alternativa para la

enseñanza que, a nuestro entender, violan directamente varias de las libertades y derechos fundamentales

da la persona, humana proclamados por los citados documentos. Junto a otros objetivos muy laudables,

pero compartidos por todos los demás, proponen la implantación de un sistema escolar, cuyas

características específicas serían las siguientes: 1) Escuela pública única, no estatificada, sino

autogestionada. 2) escuela laica, con exclusión de los planes y de los centros de toda materia religiosa; 3)

escuela con pluralismos ideológicos en cada centro, desde la preescolar a la Universidad; 4) libertad de

docencia de cada profesor, y 5) la supresión de las subvenciones a los centros no estatales.

Creemos sinceramente que tal programa viola una serie de derechos humanos y lo exponemos

seguidamente a la consideración de los lectores.

1- El derecho de toda persona a recibir una educación integral proclamado por el artículo 26, 1 y 2 de la

declaración y por el articulo 13,1 de los Pactos Internacionales Culturales.

Una educación laica mutila la educación de la persona humana en una de sus íntimas dimensiones, la

religiosa, y el pluralismo ideológico en el centro, con la libertad de docencia desde la enseñanza

preescolar, es un crimen pedagógico contra los niños, que serán conducidos a la confusión, al

escepticismo, al agnosticismo, ya que por estar en un período de formación son aún incapaces de criticar

lo que oyen y de sintetizar lo que creen lo mejor.

2 -El derecho preferente de los padres a escoger el tipo de educación que se, habrá de dar a sus hijos

(decl. art. 26,3), ante el que los estados firmantes de los pactos internacionales "se comprometen a

respetar la libertad de los padres y, en su caso, de los tutores legales, de escoger para sus hijos o pupilos

escuelas distintas de las creadas por las autoridades públicas... y de hacer que sus hijos o pupilos reciban

la educación religiosa o moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones" (P. I. artículo 13,3)

En un sistema de escuela pública única y laica el derecho de los padres a elegir escuelas distintas de las

creadas por las autoridades públicas en que se les imparta la educación religiosa o moral que prefieran en

conciencia queda anulado.

3 -El derecho de todos a educar, como consecuencia de que "toda persona tiene derecho a la libertad de

reunión y de asociación con fines pacíficos" (Decl. art. 20). A este respecto dicen los pactos

internacionales; "Nada de lo dispuesto en este artículo se interpretará como restricción de la libertad de

los particulares y entidades para establecer y dirigir instituciones de enseñanza..." (P. I. art. 13,4). La

escuela pública, única viola este derecho de asociación de particulares y entidades a crear y dirigir centros

educadores no estatales con fines pacíficos. El derecho de asociación es, sí, para crear partidos políticos,

sindicatos libres, etc., y también centros educadores.

4 -El derecho a la libertad religiosa y a "manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente,

tanto en público como en privado por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia", proclamado por

la declaración y los pactos de derechos civiles y políticos (decl. art. 18 y pactos, artículo 18, 14).

La escuela es una prolongación de la familia que completa la educación de los padres, y una escuela única

y laica viola este derecho familiar a la libertad religiosa.

El Concilio Vaticano II, en su decreto sobre la libertad religiosa, dice: "Se violan los derechos de los

padres si se obliga a los hijos a asistir a las lecciones escolares que no correspondan a la convicción de los

padres o se impone un sistema único de educación del cual se excluya toda formación religiosa" (D. H.

número 5).

5 -E1 derecho de todos los ciudadanos a ser iguales ante la ley y a recibir sin discriminación una

protección igual y efectiva, derecho proclamado por la declaración (art. 7") y por los pactos civiles y

políticos (art. 26).

El programa escolar propuesto conculcaría tal derecho fundamental discriminando injustamente a unos

padres de otros, ya que unos podrían escoger los centros de su preferencia, los públicos, y los que

prefirieran los no estatales no lo podrían hacer, pues se trata de suprimirlos, y unos padres recibirían

gratuitamente la educación de sus hijos y los otros tendrían que pagar los centros no públicos, mientras

existan, lo que va contra la justicia social y la. distributiva, ya que los fondos públicos los aportan y

pertenecen, aunque los administre el Estado, a todos los ciudadanos y a todos deben favorecer por igual.

Aún son más los derechos humanos violados por el programa escolar propuesto por ciertos partidos. El

lector tiene materia de reflexión y criterios para juzgar la credibilidad democrática y la defensa de la

libertad de los mismos.

Frente a este programa defendemos la libertad de enseñanza entendida como la coexistencia de diversidad

de centros con idearios propios en la sociedad, gratuitos al estar todos, sin discriminación,

subvencionados con los fondos públicos. Sólo así se salvaguardan todos los derechos: el de los alumnos a

una educación integral, el de los padres a elegir el tipo de educación de sus hijos, el de los ciudadanos y

entidades a educar y el del profesor a educar según su conciencia, ya que educaría en aquel centro cuyo

ideario coincidiera con sus convicciones.

Juan María LUMBRERAS MEABE

 

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