Coloquios en Ya: Reforma Agraria. 
 Dos concepciones enfrentadas: una humanista y personalista (FDC y UCD) y otra colectivista (PSOE y PSP)  :   
 Pero en el terreno de los hechos y realidades hay ya hoy numerosas coincidencias insoslayables. 
 Ya.    14/06/1977.  Página: 12-13. Páginas: 2. Párrafos: 59. 

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14-VI-77

INFORMACIÓN NACIONAL

COLOQUIOS EN "YA": REFORMA AGRARIA

Dos concepciones enfrentadas: una humanista y personalista (FDG Y UCD) y otra colectivista (PSOE y

PSP)

Pero en el terreno de los hechos y realidades hay ya hoy numerosas coincidencias insoslayables

• Reorganizar totalmente la propiedad agraria es imposible sin revolución, y ésta no la va a haber

(Carlos Tío, PSP).

• Más que concentración parcelaria es necesaria una concentración empresarial (Alejandro Royo

Villanova, UCD ).

• La FDC tiene como base doctrinal un humanismo personalista y comunitario: por ello defiende las

empresas comunitarias no estatalizadas (Gaspar González, FDC ).

• La autogestión significa que en las explotaciones socializadas los empleados de las mismas tomen las

decisiones conjuntamente con el dueño de la empresa (Enrique Ballestero, PSOE).

Sobre el lema de la reforma agraria se ha dialogado en uno de los coloquios que viene celebrando YA

entre los representantes de los partidos politicos.

Han participado en nuestro coloquio don Alejandro RoyoVillanova, empresario agrícola vallisoletano, por

Unión de Centro Democrático; don Gaspar González, decano de la Facultad de Veterinaria de Madrid,

por la Federación de la Democracia Cristiana; don Carlos Tío, ingeniero autónomo, profesor de Política

Agraria de la ETS de Ingenieros Agrónomos, por el Partido Socialista Popular, y don Enrique Ballestero,

catedrático de la ETS de Ingenieros Agrónomos y economista, por el Partido Socialista Obrero Español.

Faltó a la cita don Félix Pastor Ridruejo, por Alianza Popular, autor de una interesante obra sobre "La

reforma agraria en una alternativa de libertad".

He aquí sus respuestas a nuestras preguntas:

1—¿Qué dice el programa de su partido sobre reforma agraria?

Alejandro RoyoVillanova (UCD)

—No propugnamos una reforma agraria única, en que normalmente se transforma más en un tema

político que agrario, sino reformas agrarias adaptadas exclusivamente a las necesidades y características

de cada zona. Hemos considerado que el término reforma agraria tiene una carga política que ya ha

pagado, y ha sido superada aquella época cuando el coeficiente de riqueza respondía sobre todo a las

rentas agrarias y al campo. El campo necesita una reforma agraria profunda, y de fondo. Lo primero que

hay que hacer es modificar la estructura de las explotaciones agrarias, una agrupación de minifundios

para conseguir realmente no una concentración parcelaria, sino una concentración empresarial, para que

haya auténticas sociedades agrícolas que permitan unos márgenes de rentabilidad suficiente en las

explotaciones agrarias. Esto requiere superficies y medidas distintas en cada zona de España.

Gaspar González (FDC)

— Es un tema que nos preocupa mucho. Pensamos que en España debe cubrir cuatro finalidades. En

primer lugar, acabar con la injusta situación de los agricultores; en segundo lugar, asegurar el

abastecimiento de la población, con precios razonables; en tercer lugar, contribuir al desarrollo

económico, y por último, preocuparse de la conservación de la naturaleza. Debe hacerse esta reforma

para los agricultores y con los agricultores. Solamente así tendrá sentido real una reforma tan

importante. Hay qué tener en cuenta la necesidad de estar en íntimo contacto con los campesinos y

agricultores para conocer sus problemas y las soluciones que propongan los mismos agricultores.

Para ello hay que descentralizar los núcleos de decisión, acercándolos a los sitios donde están los

problemas. Pensamos que es imprescindible desarrollar la investigación agraria y dotar a las

Facultades, como Económicas, Derecho..., de las peculiaridades necesarias. Tenemos autoridades en

ellas, pero son casos aislados. Hay que impregnar de un espíritu de servicio a los científicos, técnicos,

sociólogos, economistas..., de que sólo justifica su actividad si sirven al agricultor. También hay que

canalizar el ahorro del campo, y es fundamental pensar en la inserción de nuestra economía en el

Mercado Común.

Carlos Tió (PSP)

— Reforma agraria es uno de los términos que se emplean de una forma más equívoca. Es un programa

de política agraria, para cambiar la estructura e intentar resolver los problemas que se presentan en el

medio rural. Durante la II República, el problema grave de la agricultura era el enorme número de

asalariados agrícolas que vivían junto a grandes propietarios, poco interesados en la tierra y con gran

poder social. Después, en el largo período del franquismo, la reforma agraria fue enterrada. Se va

produciendo una profunda transformación en el campo, pero es de forma espontánea y antisocial. La

agrícultura actual no tiene nada que ver con la agricultura de 1931. ¿Es necesario enfrascarnos en un

nuevo proyecto de ley de reforma agraria o aplicar una legislación medio olvidada y sin discutir nada? El

problema del latifundio crea un problema de paro, y personalmente pienso que determinadas leyes que

existen sobre expropiación serían suficientes si se hiciera una aplicación enérgica y con voluntad decidida

de transformación. Los problemas de hoy, que exigen una solución urgente, pueden estar más del lado de

la comercialización y defensa de unos precios. En el campo, los agricultores son un grupo social con muy

poco poder de influencias en las esferas administrativas del Estado. Hay que darles fuerza y

protagonismo, para que sean ellos quienes hagan la reforma agraria que quieran. Ese es uno de los

objetivos de un partido socialista. También quisiera hacer hincapié en que al campo no se le puede

considerar como un sector distinto de los demás. ¿Por qué en vez de hablar de reforma agraria no

hablamos de reforma industrial? ¿Por qué sólo expropiación de tierras y no expropiación de determinados

monopolios? Es imprescindible que esta medida en zonas con problemas de paro se lleve a cabo

inmediatamente, aplicando leyes que existen ya en la realidad.

Enrique Ballestero (PSOE)

—Se prevén dos fases en el programa de nuestro partido para acometer la reforma agraria. En la primera

fase se considerarán las situaciones que pudiéramos llamar extremas: grandes fincas, latifundios e

hiperlatifundios, entendiendo por estos últimos la acumulación de tierras en un solo propietario, cuando

están localizadas en diferentes regiones del país.

Actualmente la reforma es menos urgente que en vísperas de la guerra civil, pero sigue siendo actual y

estamos en un momento adecuado para llevarla a cabo de un modo eficaz, porque ha disminuido la

población agraria y se pueden por ello llevar a cabo planteamientos más sólidos y más racionales, ya que

no habría que repartir miseria y se podría llegar al establecimiento de unidades óptimas de cultivo.

2 - ¿Es una reforma agraria clásica, meramente estructural, o una verdadera reforma agraria integral? ¿En

qué términos?

Gaspar González (FDC)

—Sería una reforma integral, basada en los cuatro aspectos antes mencionados. Es necesaria, como lo es

en la mayor parte de los sectores.

Carlos Tió (PSP)

—La reforma agraria, como un programa de política agraria, tiene que ser integral. Un problema es el

afán de poner énfasis en el reparto de tierras, que hace perder el horizonte de cuál es el objetivo final. Este

es no dar un título de propiedad a cada campesino, y que luego se las apañe por sí solo, sino con los

medios económicos de que se disponga, poder utilizarlos de una manera eficaz para que la reforma que se

consiga sea beneficiosa y duradera para los campesinos. Reorganizar de una forma total el sistema de

propiedad es imposible, a no ser que se dé una situación revolucionaria, en la que nosotros no nos

encontramos ni nos vamos a encontrar en los próximos años. Con un programa integral, que coordinara

todos aquellos aspectos que lleven a solucionar los aspectos más graves que pueda tener en cada

momento el agricultor, exige garantizar una política coyuntural adecuada de acuerdo con los intereses de

los agricultores. Ellos deben participar. Esa participación se hará mucho más comprensible desde el día en

que se pueda controlar el crédito oficial a la agricultura y los agricultores puedan intervenir en los

mercados a través de sus uniones de productores sindicales de cada sector y que intervengan en los

precios fijados al consumo. No podemos prefijar lo que debe ser una reforma agraria sin que el campo

recupere la voz que ha perdido.

Enrique Ballestero (PSOE)

La reforma agraria ha de ser integral. Debe concertar una serie de medidas en orden a hacer viables las

exportaciones desde un punto de vista tanto técnico como económico. Entre otras, serán la creación de

una red de cooperativas de comercialización, el retorno al sector agrario del valor que se genera en el

progreso comercial, pedidas contra el monopolio en el Sector comercial y también de transparencia de

crédito para que las explotaciones agrarias cuenten con unas fuentes de financiación adecuadas, con

créditos de bajo interés y plazo suficientemente largo y se eviten las corruptelas del sector capitalista.

Alejandro Royo Villanova (UCD)

—La dialéctica de reforma agraria ha cambiado de contenido. Propugnamos una reforma profunda y total

de las estructuras y de la política agraria. Lo más imprescindible es consolidar la empresa agraria viable y

asegurar una rentabilidad que garantice al campesino unos ingresos adecuados. Para esto, a corto plazo,

sería preciso una política de abastecimientos basada en cultivos que puedan sustituir a otros importados;

importaciones acomodadas a la oferta interior, regulación de precios agrícolas en todas las campañas,

fomento y desarrollo ganadero a partir de la selección de piensos y forrajes no importados, equiparación

del campesino como trabajador fijo, mejora del medio rural, educativo, sanitario y de formación

profesional y cultural.

El campo ha sufrido una modificación sustancial en estos últimos veinte años. En los años cincuenta la

cifra total de mano agrícola era de un 50 por 100. mientras que ahora sólo da un 20 por 100 de población

rural según fuentes oficiales, y de un 14 ó 16 por 100 según economistas. Dé aquí a unos pocos años,

dado el gran envejecimiento de esta población, vamos a bajar a un 10 por 100.

La modificación sustancial que hay que imponer es la participación auténtica de los agricultores a través

de organizaciones representativas en esa política de precios.

3- ¿Sobre qué clase de superficies y propiedades se haría?

Carlos Tió (PSP)

La reforma agraria debe tener un carácter regional. Los problemas del campo son muy complicados,

auténticos laberintos. Para poder afrontar su solución es imprescindible la descentralización

administrativa y la creación de unos organismos regionales que estudien cuáles son las zonas más

afectadas por un monopolio en el uso de la tierra. Los afectados deben estudiar y proponer soluciones y

resolverlas. Para ello han de unirse en juntas comarcales de agricultores, con unos organismos regionales

a los cuales ellos puedan dirigirse para la solución a los problemas que plantean. Intentar buscar unas

normas "a priori", que fueran aplicables a todas las zonas del país, sería un error que lamentar,

Enrique Ballesteros (PSOE)

—Uno de los objetivos fundamentales del partido es el fortalecimiento de la agricultura familiar

(pequeñas y medianas explotaciones agrícolas y ganaderas), que deben ser consideradas, pues así nos

habremos aproximado a una situación de bienestar social. De aquí que la reforma se oriente en gran

medida hacia el robustecimiento de estas pequeñas y medianas explotaciones. Por eso, allí donde sea

posible, porque persiste el latifundio con el minifundio, se tratará de ceder tierras latifundistas a estas

pequeñas y medianas explotaciones, con el fin de que incrementen su tamaño y se consiga un ahorro

notable en los costes.

La política general es la de expropiación, mediante indemnización de las grandes fincas y latifundios,

sobre todo los mal explotados, y de los hiperlatifundios, para que estas tierras pasen a poder de las

pequeñas y medianas explotaciones, racionalizando de este modo el cultivo de las mismas.

Alejandro RoyoVillanova (UCD)

Hay que tener en cuenta que la superficie óptima en una zona, en cualquier sitio de España, de hace

treinta y cinco años, no tiene nada que ver con la superficie óptima de cultivo de hoy, ya que las técnicas

cambian. Hay que enfocarlo desde un punto de vista de justicia social del agricultor, para que en cada

momento tenga una superficie adecuada de explotación. Esto se puede hacer sólo en base a unas

agrupaciones para conseguir unidades de explotación rentables que permitan una plena utilización de la

maquinaria. En Castilla no hay latifundios, pero las excesivas propiedades hacen que sea la gran desgracia

del agricultor, ya que hay un exceso de maquinaria que no está debidamente utilizada por carecer de

superficies óptimas para que estas máquinas se utilicen al ciento por ciento.

El campo castellano está empobrecido por ese excesivo reparto de tierras. Hay que ir, por ello, a la

creación de agrupaciones empresariales, sociedades o cooperativas de cultivo, para conseguir que cada

agricultor tenga las proporciones racionales de cultivo. Eso cambia en cada provincia, y no es lo mismo

una zona de secano que esa misma tierra después de contar con regadío. Lo que hay que hacer es que las

agrupaciones legítimas y representativas, con cierta voz en el Gobierno, puedan ir viendo la rentabilidad

de sus agricultores en cada zona y en cada sitio.

Gaspar González (FDC)

—La reforma de la agricultura afectará, fundamentalmente en principio, a les latifundios y a los

minifundios. El concepto latifundio no se refiere sólo a extensión en determinados sistemas de cultivos.

Suelen estar sometidos a monocultivos, generalmente cereal, con insuficientes medios técnicos. Este

latifundio está concentrado principalmente en Andalucía, Extremadura y Castilla la Nueva. En estas zonas

el paro estacional afecta a casi un millón de agricultores. Hay que hacer explotaciones de acuerdo con la

legislación pertinente. En el sistema sucesorio no deben originarse fragmentaciones y deben permitirse las

dimensiones que una correcta explotación debe exigir. Los trabajadores han de tener derecho a una

participación sucesoria en estas fincas. En los minifundios, la política de protección y concentración ha de

ser intensificada, promoviendo empresas agrícolas y ganaderas de dimensiones adecuadas y con eficaz

montaje técnico. La reforma debe hacerse—y en esto estamos todos de acuerdo—en íntimo contacto con

el agricultor. Somos conscientes de las necesidades actuales de la agricultura y también tenemos en

cuenta los problemas de productividad.

4 -¿Admite soluciones no so1o cooperativistas auténticas, sino claramente colectivistas? ¿En qué

términos? ¿De quién sería la propiedad colectiva?

Enrique Ballestero (PSOE)

—Creemos que la reforma agraria no puede ajustarse a una fórmula única, trazada por el poder central,

sino que, por el contrario. debe hacerse con propuesta de las comunidades de campesinos, que conocen

perfectamente cuáles son los problemas en su zona e incluso las soluciones más adecuadas para ellos. Ya

hemos hablado antes de que uno de los fines de la reforma fuera la asignación de tierras a las pequeñas y

medianas explotaciones, pero este fin no es el único. En otros casos, a propuesta siempre, como digo, de

las comunidades de agricultores, podrá llevarse a cabo una reforma agraria en un sentido cooperativo,

formando empresas cooperativas para ciertos cultivos. Por otro lado, la reforma tiene que ir acompañada

de una intensificación en los cultivos y en las explotaciones ganaderas. Esto es esencial para asegurar un

óptimo de rentabilidad en las explotaciones, porque la dimensión óptima depende en todo caso del tipo de

intensidad de cultivo; si nos limitamos a los cultivos extensivos, la dimensión óptima es

considerablemente mayor que si pasamos a un cultivo muy intensivo. Así, pues, como lo que se propugna

es la viabilidad de las pequeñas y medianas explotaciones, sobre todo las medianas explotaciones, es

decir, lo que se quiere es pasar de una pequeña explotación, de un minifundio, a una mediana explotación,

en condiciones óptimas de rentabilidad, a fin de que no resulten gravosos para el conjunto de la economía

del país. Será necesario pasar también de una agricultura extensiva a una agricultura intensiva, y de aquí

la necesidad de este fomento de las inversiones tanto en regadío como en ganadería, etc.

Alejandro RoyoVillanova (UCD)

—Yo había dicho antes que para nosotros el paso primero era la modificación de la estructura de la

explotación y de la tierra para llegar al segundo de la política agraria y pasar al tercero, que es el que tiene

la incidencia auténtica económica sobre transformación y comercialización de los productos agrarios:

agregar valores añadidos a los productos agrarios. Exigía en la primera fase de la modificación de

estructuras de las explotaciones agrarias unas agrupaciones sociales, asociaciones, mancomunidades o

cualquier fórmula de tipo colectivo o comunitario que se quisieran hacer para llegar a las explotaciones

óptimas. Sin embargo, pensamos que desde el punto de vista de la propiedad colectiva, nosotros

consideramos que la propiedad debe estar en manos del agricultor, nunca en manos del Estado. Las

experiencias que en este campo nos ha ofrecido la Unión Soviética han sido aleccionadoras: en el diez o

quince por ciento de superficie agrícola que hay en la Unión Soviética en explotaciones propiedad directa

del agricultor se obtiene un noventa por ciento más de rentabilidad agraria, de productividad, que en las

explotaciones colectivizadas. Y es que el agricultor necesita tener la propiedad directa de su esfuerzo, o si

no en cuanto pierde la sensación de que está produciendo para él y trabajando para él (y de que no es su

trigo, su remolacha) su rendimiento baja tremendamente por el sencillo motivo de que el trabajo del

agricultor es tan sacrificado que si no tiene el aliciente de considerar suyo lo que está creciendo pierde

inmediatamente la capacidad de entrega que es habitual en él. Por otro lado consideramos que, en cambio,

donde sí debe haber un esfuerzo absoluto, desde el punto de vista de lo colectivo, en la vía de los

esfuerzos cooperativos es en el campo de la transformación de los productos agrarios y en el campo de la

comercialización. Ahí es donde se da la rentabilidad del campo y de la agricultura y donde sus beneficios

pasan a manos de las industrias transformadoras, que normalmente están emplazadas en lugares distantes.

El campo tiene que agregar sus valores añadidos tanto en la industrialización como en la comercialización

de sus productos, y eso solamente lo puede hacer a través de sistemas cooperativos como los actuales y

como otros que habrá que ir inventando.

Gaspar González (FDC)

La FDC piensa que las formas de propiedad privada habrán de combinarse con las colectivas,

comunitarias o cooperativas, sobre bases de explotación económicamente rentables, sobre unos distintos

tipos de cultivos; es decir, pensamos que la forma de propiedad privada y los sistemas de propiedad deben

tener en cuenta los tipos de cultivo que se van a desarrollar. Es evidente que hay tipos de explotaciones

que exigen el interés directo del que trabaja; en estos casos es claro que el agricultor se siete propietario

directo de su producción, de las decisiones internas sobre lo que debe producir, etcétera. Sin embargo,

hay dos tipos de cultivos en los que esta faceta no es tan importante y la productividad depende más de

una racional utilización de los medios técnicos de producción, de operar en gran escala, etc. En estos

casos, indudablemente, las explotaciones de carácter comunitario, de carácter colectivo, deben dar costes

mucho más bajos y pueden determinar rentabilidades muy superiores. También pensamos que la

determinación de la extensión de exigencias de cultivo no puede dejarse a la libre voluntad de los

poseedores actúales, sino a la determinación conjunta de las fuerzas comunitariamente organizadas y los

partidos, los órganos locales y la representación del Estado.

Carlos Tió (PSP)

—Evidentemente, en el período de tiempo que vamos a entrar, fundamentalmente la propiedad debe

residir en el agricultor; nadie discute que el agricultor quiere sentirse dueño, propietario de lo que

produce, pero tengamos cuidado, porque muchas veces esto significa hacer propietario de la miseria al

agricultor El pequeño agricultor, que tanto ama su tierra, es el único trabajador que tiene que comprar su

puesto de trabajo al compra su tierra. Mixtificar la propiedad es peligroso porque estamos marginando a

la agricultura y al medio rural de lo que hoy día desea la mayoría de los ciudadanos en una sociedad

avanzada que es, más allá de sus propiedades, tener un nivel de vida, unos hábitos de consumo adecuados

a la sociedad en que vive. Entonces dentro de lo que todo el mundo desea está 1a propiedad.

Evidentemente la solución cooperativa es la ideal, todos propugnamos el cooperativismo, pero tengamos

también cuidado en el tipo de cooperativismo que propugnamos, porque el cooperativismo en los últimos

año ha sido un instrumento estupendo para que los más poderosos en el medio rural pudieran llegar a

obtener beneficios, subvenciones, créditos, que citaban pensados con un fin social, pero que han sido

utilizados de forma totalmente antisocial. Hay que impulsar el cooperativismo, hay que enseñar al

agricultor que en la práctica se dé cuenta de que unidos los agricultores de una comarca tienen una fuerza

que aisladamente les lleva a la ruina. Y sobre el tipo de propiedad colectiva, racionalmente nadie, se

puede oponer a que determinados tipos de explotaciones tengan carácter colectivo, de propiedad estatal:

por ejemplo, en aquellos casos en que la investigación exige fincas piloto de mayor o menor extensión

para la adaptación de variedades, para la introducción de nuevos cultivos, para la producción de animales

selectos, que proporciona la enseñanza práctica a los agricultores de una comarca. Estas son tareas

imprescindibles que es realmente Inútil dejarlas en manos de agricultor, del pequeño o mediano o gran

agricultor, que va a obtener un beneficio a corto plazo como toda empresa privada. El Estado debe

intervenir en estas cuestiones.

5 - ¿Qué medidas (cuatro o cinco) de política agraria tomaría después del 15 de junio si estuviera en su

mano?

Alejandro RoyoVillanova (UCD)

Desde un punto de vista político, la creación de unos sindicatos de agricultores libres a través de unas

cámaras agrarias que diesen una auténtica voz y fuerza a los agricultores en cada región y en cada zona,

porque creo que en esto hemos estado todos de acuerdo solamente la voz del agricultor en su propia tierra,

zona o región es la que puede aportar soluciones eficaces al tema agrario. Y luego, desde el punto de vista

de la Administración, de las medidas que se deben tomar pura la política agraria, yo señalaría

principalmente una política de abastecimiento, de cultivos, para evitar las importaciones masivas que

estarnos haciendo de productos agrícolas y acomódalas a nuestras necesidades. Importaciones, además,

que estén acomodadas a la oferta interior de otros productos, regulación de precios agrícolas por

campañas y luego una serie de medidas complementarias para el desarrollo ganadero, medida de tipo

social, equiparando la Seguridad Social del agricultor con la de los demás trabajadores de la industria y,

finalmente, medidas absolutamente necesaria desde e1 punto de vista de la justicia distributiva, como son

la de devolver a los medios rurales unas condiciones humanas y ajustadas a las que tienen los habitantes

de las ciudades, principalmente en materia de enseñanza, en materia de sanidad y en materia de calidad de

vida Esto es imprescindible para evitar que siga en estos momentos la emigración rural, que ya ha llegado

a límites preocupantes

Gaspar González (FDC)

—Nuestro partido estimularía la creación de asociaciones, de sindicatos de agricultores y campesinos,

como medida inicial para conocer profundamente los problemas, los anhelos, las aspiraciones de cada una

de las compras y cada una de las regiones. En segundo lugar habría que tomar medidas conducentes a

terminar el desequilibrio de la balanza agraria con beneficio de los mismos agricultores y en beneficio del

país. Es sabido que el déficit de nuestra balanza agraria es tremendo; si no recuerdo mal, está alrededor de

los 78.OOO millones de pesetas, esto fue en el año 75. Las importaciones son principalmente, de soja, de

carne y de productos forestales. Evidentemente no es fácil resolver este problema, porque nuestra

ganadería es la principal responsable, nuestra ganadería industrializada de las importaciones que tienen

una estructura montada ya sobre la utilización de estas materias primas y habría que ir a una modificación

de ella para aprovechar de manera más integral los recursos naturales. Esto técnicamente es posible; no

habría más que apoyar la solución técnica mediante medidas de orden económico y de orden político.

Para terminar diría que cualquier medida necesita el consenso de los agricultores y debe hacerse en intima

comunicación con ellos.

Carlos Tió (PSP)

—Nuestro objetivo es llegar a efectuar una transformación profunda en la agricultura española. Se

plantearía a partir del día 15 de junio empezar a adoptar las vías que pudieran hacer posible de una forma

gradual la ejecución de nuevas políticas que hoy día no es posible realicen partiendo de la situación en la

que estamos. ¿Cuáles podrían ser esas vías? Algunas ya han sido citadas: primero, dar la voz al agricultor

respetando auténticamente la libertad que parece estamos empezando a practicar. dando libertad a los

sindicatos de agricultores para que ellos puedan empezar a presionar ya sobre aquellos organismos del

listado que hasta ahora han estado de una forma solitaria elaborando la política que afecta al agricultor.

En segundo lugar yendo directamente a la descentralización del Estado. Si estamos propugnando que la

resolución de los problemas de la agricultura fundamentalmente tienen que hacerse a nivel regional, a

nivel local, hay que empezar por algo, hay que empezar descentralizando el Bastado. Ello supondría

descentralizar el Ministerio de Agricultura y todos los organismos autónomos que dependen de él, desde

el IRYDA al FORPPA, al Banco de Crédito Agrícola. En tercer lugar, los problemas urgentes del paro, de

la discriminación de la Seguridad Social (que últimamente se ha obtenido un pequeño empujón al acercar

más la situación de la estructura social agraria al régimen general, no es suficiente todavía). Es decir, la

equiparación debe ser total y debe tener un contenido lo suficientemente importante para que el obrero en

paro pueda vivir y no tenga que emigrar. O sea, si por mucho que equipárenlos a la Seguridad Social

agraria a la general si la general no funciona, no vamos a hacer nada. Y en cuarto lugar sería oportuno en

años de tragedias agrícolas, como éste, elaborar de alguna forma sistemática una intervención del Estado

en apoyo de la agricultura en situaciones catastróficas, es decir, la agricultura española sufre por las

condiciones de clima, de todos conocidas, periódicamente, y estos períodos se hacen cada vez más

frecuentes, grandes pérdidas con las cosechas, unos años por heladas, otros por inundaciones, otros por

sequías. Entonces la voz del agricultor llega de una forma más o menos insistente al Concejo do Ministros

y se crean unos fondos especiales que tranquilizan al agricultor, que luego la mayoría de las voces no se

sabe si lloran o no al agricultor o a qué tipo de agricultores llega. Poro todo esto de una forma muy

rudimentaria para salir al paso do los pequeños problemas de cada día; éste es un toma que es preciso

enfrentarse con él de una manera sistemática, deben existir unos medios para evaluar las cosechas, unos

mecanismos para efectuar esta evaluación inmediatamente después de producida la circunstancia negativa

que se haya producido y deben existir unos fundos del Estado que automáticamente puedan dirigirse a

compensar los efectos de la tragedia. Otro tipo de medidas políticas son imprescindibles, pero el 15 de

junio os la semana que viene y sería demagogia decir que de aquí a una semana nos podríamos enfrontar

con la reforma fiscal que necesitamos, con oí cambio de la política en tanto: sectores, como a los que

llega la agricultura.

Enrique Ballesteros (PSOE)

—Voy a enumerar las principales política» que propugna el PSOE cara a la agricultura y la ganadería.

Primero, política que asegure un puesto de trabajo dignamente remunerado a todos los obreros agrícolas;

secundo, política de inversiones en el medio rural en una amplia gama que comprenda no sólo las

inversiones en cultivo, sino también las inversiones en ganadería, en sanidad animal, en industrialización

agraria e incluso en la industria ligera que alcanza más el medio rural, que equilibre la industrialización

llevándola a todas las áreas del país en beneficio de los agricultores y de los obreros rurales; tercero, una

política de planificación de cultivos y de precios, ambas complementarias y ambas indispensables, porque

los precios agrícolas son los salarios del pequeño agricultor y ganadero y porque para hacer viable esta

política de precios es necesaria una planificación de cultivos a fin de ajustar la oferta y la demanda y

evitar los excendentes, los déficits de cosechas; cuarto, una política de educación y formación profesional

en el medio rural, creación de escuelas profesionales de todo tipo a fin de que los agricultores jóvenes y

los hijos de los agricultores tengan las mismas oportunidades que los habitantes de la ciudad para

formarse profesionalmente, adquirir unos conocimientos que luego nos puedan servir en cualquier sitio y

que les permitan aspirar a cualquier puesto de trabajo, ya sea en el medio rural ya sea fuera de él si

quieren cambiar de residencia. De este modo lucharemos con esta figura del emigrante de los últimos

cuarenta unos, el emigrante que ha tenido que salir de su localidad de origen en condiciones penosas y

ocupar los puestos menos deseables en la sociedad urbana, y quinto, una política de reforma fiscal de tal

modo que queden desgravadas fiscalmente las pequeñas y medianas explotaciones; para nosotros, como

ya vengo repitiendo, la pequeña y mediana propiedad constituyen un óptimo social y tendemos hacia ella,

hacia consolidarla y, en cambio, gravar fiscalmente las grandes explotaciones, los latifundios, mediante

un impuesto sobre el patrimonio, complementario del impuesto sobre la renta, de tal modo que la

contribución al presupuesto del país se haga por quien más tiene con arreglo al principio de la capacidad

de pago. Dentro de esta política fiscal hay que incluir la política de seguros sociales. Las cuotas de la

Seguridad Social creemos que se reparten de un modo injusto por el procedimiento de las jornadas

teóricas; se pretende, se quiere que desaparezca este impuesto, que con un nombre o con otro es en

realidad un impuesto que pesa gravemente sobre la pequeña y mediana explotación, y que las cuotas se

paguen con arreglo al principio de la capacidad de pago de las grandes empresas y la equiparación de la

Seguridad Social, de tal modo que dicha Seguridad Social en la agricultura sea exactamente la misma que

la Seguridad Social en los demás sectores, sin discriminación para los pequeños agricultores y para los

obreros agrícolas.

NOTA. En el coloquio se sugirió por el representante del PSP tratar del tema de la integración de la

agricultura española en la CEE. Razones de espacio y urgencia y que el tema hubiera dudo por si solo

para otro coloquio entero, nos obligan a omitir las respuestas, pues hemos preferido respetar al máximo

posible las preguntas anteriores, especialmente sobre reforma agraria, objeto del coloquio.

 

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