Autor: J. A. C. B.. 
 Todavía la masonería. Las lógias han sido los focos de la subversión y de las revoluciones. 
 El comunismo como ejecutor (IV)     
 
 El Alcázar.    25/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Las logias han sido los focos de la subversión y de las revoluciones

EL COMUNISMO COMO EJECUTOR (IV)

Con lo que se lleva expuesto de la masonería hasta el momento, sobre la base de serios estudios de

investigación y confirmación de hechos, yo he reunido unas cuestiones en plan de divulgación, pero sin

seguir los tradicionales esquemas de descripción, ni buscando la ligera actitud del descrédito por si, sino

trenzando las cuestiones fundamentales con las que se justifique el hecho de las impugnaciones y

desaprobaciones por cualquier persona culta y responsable, tanto más si tiene convicciones religiosas,

como es el caso de los cristianos.

En lo que llevo escrito en estos reportajes, las cuestiones han sido: el procedimiento antinatural del

secreto para maniatar las convicciones y la honorabilidad de la persona con el juramento a muerte; los

objetivos reales, no los que supuestamente se proponen, de esa oscura asociación masónica; la inspiración

judaica de las logias de todo el mundo, a través de la identidad de los fines comunes y también de la

influencia cabalística de muchas obediencias masónicas.

Hoy me propongo desvelar la profunda y estrecha conexión que la masonería tiene con el comunismo. La

masonería según los testimonios directos ha sostenido e impulsado, y lo sigue haciendo, las avasalladoras

ansias revolucionarias del socialismo. Y no menos cierto es que el comunismo es modernamente el

ejecutor, el tirano elegido por el judaísmo para proseguir la acción dominadora sobre la humanidad, de la

que la masonería es la red capilar de la subversión y del desconcierto, algo así como el control central que

facilita el entendimiento de las falsas concepciones con las voluntades populares, la plutocracia de las

finanzas con las dictaduras del proletariado, la alienante teoría de las democracias con el criminal apoyo

de la violencia. Todo queda justificado, todas las contradicciones superadas, todos los envilecimientos

enaltecidos, todas las ideas sin Mentido y todos los hombres vinculados en la fraternidad de la sociedad

totalmente desposeída de la dignidad humana, esa dignidad que ha defendido sin deserción el

cristianismo. Paso a los hechos.

LA MASONERÍA ENCABEZA LA REVOLUCIÓN

Un testimonio recopilado por el citado obispo de Port-Louis, Mons, Meurin, afirma que «el hermano

Lamartine» — seudónimo que se dan los masones de altos grados— habla de «los masones agitadores»,

que originaron las revoluciones de 1789 —comienzo de las revoluciones liberales — y la de 1830 y 1848

y que para mayor comprobación lo confirma también el «hermano Garaier Pagés» ministro de la

República que declaró públicamente el mismo año de 1848, que esa Revolución constituía el triunfo de

los principios de la Liga Masónica, puesto que Francia había recibido la iniciación masónica y que 40.000

masones ayudarían a concluir la obra del establecimiento de la República. (1)

En la logia «Libre Pensamiento» de Aurillac, el masón Paul Roques programaba en un discurso:

«Después de haber trabajado en la revolución política (1789), la masonería debe trabajar en la revolución

social»... (2)

El juicio del Papa León XIII apunta claramente en esta cuestión: «A los designios de comunistas y

socialistas no podrá decirse ajena la secta de los masones ya que favorece en gran manera sus intentos y

conviene con ellos en los principales principios» («Humanun genus»). Y el criterio de Trotsky, por su

relevancia comunista, es, inapreciable: «Los estudios sobre la masonería diéronme ocasión para contrastar

y revisar mis ideas. No había descubierto nada nuevo. Pero el caso es que yo había llegado a encontrarlas

por mi cuenta. Todas las argumentaciones metodológicas a que llegué, hacía tiempo que estaban

descubiertas... Más tarde encontré en Marx, Engels, Plejanov, Mehring, confirmación de lo que en la

cárcel —estudiando la masonería — creyera ideas propias». (3)

Otro testimonio no menos interesante, hecho público en «Mis memorias», del masón Haugwitz, inspector

de varias logias, cuenta: «Me hice cargo en 1777 de las logias de Prusia, Polonia y Rusia. Allí he

adquirido la firme convicción de que todo lo que ha sucedido en Francia desde 1789, la Revolución en

una palabra, incluso el asesinato del rey con todos sus horrores, no sólo se había decretado en aquel

tiempo, sino que todo fue preparado por medio de reuniones, instrucciones, juramentos y señales que no

dejan lugar a duda ninguna acerca de la inteligencia que todo lo meditó y dirigió». Y por tratarse de un

caso insólito refiero el personalísimo testimonio del jesuíta P. Abel: «En 1784 — declara— tuvo lugar en

Francfort una reunión extraordinaria de la Gran Logia ecléctica. Uno de los miembros puso a discusión la

condenación a muerte de Luis XVI, rey de Francia y de Gustavo III, rey de Suecia. Ese hombre se

llamaba Abel. Era mi abuelo». (4)

Y se debe a Gougenot des Mousseaux esta supercomprobación: «Desde la recrudescencia revolucionaria

de 1848, me encontraba en relación con un judío que, por vanidad, traicionaba el secreto de las

sociedades secretas (logias) a las cuales estaba asociado y que me advertía con ocho o diez días de

anticipación todas las revoluciones que iban a estallar en un punto cualquiera de Europa. Le debo la

inquebrantable convicción de que todos estos grandes movimientos revolucionarios son combinados por

una media docena de individuos que dan sus órdenes a las sociedades de toda Europa. El suelo está

minado bajo nuestros pies y los judíos suministran un gran contingente a esos minadores». Se harían muy

largos los testimonios, las declaraciones, las confesiones de quienes han sido testigos presenciales de este

capítulo sin fondo de las conexiones de la masonería con los principios y acciones revolucionarias. En

España ha sido mucho mayor esta conexión masónico-político-revolucionaria, por lo menos mayormente

comprobable, pero le dedico atención particular en otro artículo. A modo de impresión general que

justifica el especialista Eduardo Comín, adelanto: «Por esto, pudimos hallar mayoría inmensa de masones

en las filas del republicanismo; los dirigentes socialistas aparecían ordinariamente entregados al poder

supremo de la asociación masónica; en el anarcosindicalismo el enraizamiento francmasónico no podía

ser más profundo... (5)

EL JUDAISMO

DENOMINADOR DE LA MASONERÍA Y DEL MARXISMO

En el anterior artículo se mostraban las credenciales con las que el judaísmo es inspirador, mantenedor y

usufructador de la masonería. El hecho de que la masonería manipulara las revoluciones nacionales e

internacionales del siglo XIX, aunque de manera velada, que es el procedimiento masónico como se

demostró, se ha dado relevante documentación arriba, y ahora se confirmará cómo la confabulación

judeo-masónica, inspira y subvenciona al marxismo.

Para un experto conocedor del judaísmo que ha dedicado más de un libro al tema, es conclusivo el arco de

puente entre masonería y marxismo sobre el que discurre el magnate supremo, con voluptuosidad de

fantasma, pero desgraciadamente real, el judaísmo-sionismo. Dice Mauricio Carla villa: "He dicho que

existe comunidad ideológica entre masonería y marxismo. Así había de ser teniendo masonería y

marxismo por progenitor el judaísmo cabalista". (6).

Para esclarecer algo que puede ser incomprensible sobre la conexión del judaísmo y del marxismo, dejo

en uso de la palabra a M. Pinay: "... aunque muchas personas no judías, defectuosamente informadas,

piensen que el gran número de judíos multimillonarios que hay en el mundo y que dominan las finanzas

mundiales tienen que estar frente a esa tendencia (marxismo) que trata de arrebatarles sus riquezas... no

habrá la menor duda de que los industriales y financieros serán también comunistas, ya que el socialismo

de Marx ha sido creado y realizado por ellos, no para perder los bienes que poseen, sino para adueñarse

de todos los demás que todavía no les pertenecen y acaparar en sus manos toda la riqueza mundial, que

según su sentir detentan los que no son de la raza israelita" (7). A mi modo de ver es absolutamente

correcta esta interpretación.

Ahora, los hechos y las estadísticas. No se puede dudar de que los fundadores del socialismo-comunismo

fueron todos judíos. Como se sabe, el fundador es Marx, cuyo verdadero nombre era Kissel Mordekay,

nacido en Tréveris, hijo de un abogado judío. Su colaborador más íntimo fue Frederik Engels, judío y

nacido en Bormen. De éste y de Marx surgió la primera Internacional. Karl Kautski, intérprete de Marx,

ya en 1887 es autor de "La lucha de clases" y "Programa del Socialismo" pero acabó enfrentándose a

Lenin, también judío. Ferdinand Lassalle, judío nacido en Breslau, que con sus obras influyó en la

revolución entre los obreros alemanes. Eduard Bernstein, judío nacido en Berlín; ha escrito varias obras

sobre el comunismo, uno de los ideólogos, fue ministro de Hacienda, aunque, por poco tiempo, del Estado

alemán socialista. Otros escritores del comunismo teórico seguidores de Marx, fueron: J. Lastrow, M.

Hirsch, E. Löening, Babel, Schatz, D. Ricardo... todos judíos.

También los dirigentes materiales del comunismo en sus primeros movimientos socialistas son judíos. En

los Consejos de Munich, sus jefes son Liecknecht, Rosa Luxemburgo, K. Eisner. Este último, presidente

de la República bávara fue el jefe de la revolución bolchevique de Munich. En el gabinete de Alemania de

1918, estaba compuesto todo él por siete judíos. Después de la primera guerra, derrotada Alemania por la

intervención americana, persisten 12 judíos "dirigiendo los sectores vitales del Estado alemán". Se supone

que el pueblo norteamericano fue engañado por su presidente Wilson, masón, pues entregaba Alemania al

poder de los judíos.

En el gobierno de Hungría de 1919, con el judío Bela Kun, había 38 judíos y tres cristianos en los cargos

políticos y económicos.

Si se da una rápida mirada al gobierno comunista en Moscú, se llega a idénticas conclusiones.

En el primer Consejo de Comisarios del Puebio, presidido por Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) judío

por línea materna, le seguía León Trotzky, judio —su nombre de origen era Lew Davidnovich

Bronstein— , José Stalin, descendiente de judíos, comisario de las Nacionalidades. Hecha la excepción

del comisario de Agricultura, Protzian, armenio, todos los restantes hasta los 19 hombres de la

Revolución en Rusia son judíos. En la imposibilidad de incluir toda la lista completa que tengo

delante— de los nombres y funciones concretas de los 502 cargos importantes de la revolución en su

organización y dirección, conviene que se sepa que nada menos que 459 puestos han sido ocupados

por judíos, mientras que sólo son 43 los cristianos de diferentes orígenes (8). Para mayor clarificación,

añado algunos otros nombres judíos y altos dirigentes en la U.R.S.S. que son conocidos de los lectores,

entre otros muchos que tengo delante y no dispongo de espacio para divulgar. Berín, jefe de la Policía;

Kruschev, jefe del Partido, hermano de la esposa de Malenkov, Pearimutter; Bulganin, ex-funcionario de

banca; Mikoyan; Kosiguin, que después de varios cargos es primer ministro del Gobierno. Todos los

reseñados son plenamente judíos. El autor, Pinay, desmiente el antisemitismo de Stalin y que la

especulación llevada a cabo contra la matanza de los judíos trotskistas y bujarimstas, fue realizada por

otros judíos, "fue una contienda entre bandos judíos por el mando del gobierno comunista, que ellos

crearon; simplemente un pleito en familia". Seguidamente el autor da la lista de los colaboradores de

Stalin, son también judíos, lo que descarta la posibilidad de que fuera una purga contra los judíos por

inspiración antisemita. Lo que ocurre es que la mayoría de estos hombres políticos y rectores cambian de

nombre adoptando el ruso o armenio, con el fin de disimular su ascendiente semita. Al duque de la

Victoria se le debe esta aportación: "No creo que pueda haber duda del origen de todos los que dirigieron

y ocuparon los primeros puestos en Moscú, desde tos primeros momentos de la revolución; lo lamentable

para los rusos es que, después del tiempo transcurrido, están muchísimo peor, porque ha aumentado de

una manera alarmante la cantidad de judíos que existen en Rusia y todos los principales puestos directivos

están en sus manos" (9).

¿Quién pagó la Revolución comunista en Rusia? "En febrero de 1816 se supo por vez primera que en

Rusia se estaba fomentando la revolución. Se descubrió que las personas y firmas bancarias que se

mencionan estaban complicadas en esta obra de destrucción: Jacobo Schiff, judío, cabeza de varios

importantes bancos; Khur Loed and Cía, firma judía; Félix Warburg, judío; Otto Kahn, judio;

Mortimer Schiff; H. Hanauer, judío; Gungenhein, judio; Max Breitun, judío. Y en muchos

documentos de la época, se reseñan las cantidades de dinero que estos banqueros judíos enviaban a

Trotzky y los suyos. En el Times del 9 de febrero de 1918 y en el New York Times del 1922, se hace

constar que doce millones de dólares había entregado Schiff el plutócrata, a los revolucionarios. Y que los

bolcheviques triunfantes habían remitido entre 1918 y 1922 sesenta millones de rublos oro a la firma

Khun y Loeb Cía. Hoy está completamente demostrado que el capitalismo de los judíos subvencionó

la gran revolución rusa, como un siglo antes promovieron también las revoluciones y subversión de

Europa. Lo que se ha expuesto con respecto a la ayuda de los judíos capitalistas a sus hermanos

los proletarios, es el consecuente principio del feroz racismo judío, que, partiendo de las enseñanzas del

Talmud el no judío ni siquiera es un ser humano. Según la Enciclopedia judía, parece tener

razón que "los judíos han sido los más conspicuos en conexión con la masonería desde la revolución."

¿Cuál ha sido la confabulación judío-masónica en España, en cuanto a la subversión revolucionaria? En el

próximo reportaje se dará cuenta.

J.A C.B.

(1) Filosofía de la Masonería. 1975. Pág. 214.

(2) Citado por M. Pinay. 1968. Pág. 71.

(3) Mi vida, Madrid.1930.Pág. 132.

(4) La Nueva Prensa Libre. Viena. 1968.

(5) Lo que España debe a la Masonería. 1956. Pág. 8.

(5) Judaísmo e Iglesia Católica. 1965. Pág. 87.

(6) Complot contra la Iglesia. 1968. Pág 85.

(7) Traian Ramanescu. La gran Conspiración judía. 1961. Págs. 143 - 161.

(9) Israel manda. Pág. 287.

 

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