Autor: Río, Eugenio del. 
   ¿Para qué el MC?     
 
 El País.    23/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

TRIBUNA LIBRE

¿Para qué el MC?

EUGENIO DEL RIO Secretario general del MC

Diez años de lucha en condiciones extremadamente difíciles; cientos de detenidos, torturados y

encarcelados; dos compañeros asesinados por el fascismo; varios miles de delegados sindicales elegidos

en las recientes elecciones en las empresas; más de 100.000 ejemplares de nuestros órganos de prensa...,

y, sin embargo, el MC es un partido poco conocido para la mayoría de la gente.

Pero, ¿qué es en realidad el Movimiento Comunista?

En dos palabras, el MC es, pura y simplemente, un partido revolucionario, un partido que se ha fijado la

revolución socialista como meta y que cuanto hace o dice se encamina en esa dirección.

Y, ¿para qué hace falta tal partido?

Antes que nada, para impulsar la acción popular en pos de un conjunto de objetivos democráticos que la

«reforma política» se ha dejado en el tintero: una solución democrática —mediante decisión popular— de

la forma de Estado; un reconocimiento sin reservas de los derechos a la autonomía y a la

autodeterminación de los pueblos del Estado español; una superación cabal de las secuelas del

franquismo, llámense leyes, instituciones o personas incrustadas en el aparato estatal; la garantía de los

derechos y libertades democráticas sin los recortes que se les trata de dar; una Constitución que no

autorice la intervención del ejército contra el pueblo o la supresión de los derechos individuales mediante

el decreto del estado de excepción. Estos y otros objetivos democráticos elementales tienden hoy a ser

olvidados con facilidad. No está de más que queden algunos partidos para recordarlos. Y para seguir

luchando por ellos.

El MC sirve también para denunciar la política de austeridad, de aumento del paro, de reducción de

plantillas, de bloqueo de los salarios, de quiebra de miles de pequeñas y medianas empresas, de abandono

del campo practicada por el Gobierno de Suárez. Para denunciar y para llamar a los trabajadores y

trabajadoras a unirse, a organizarse y a rebelarse contra esa política antipopular.

El MC pretende, asimismo, jugar un papel unificador. Unificador de una izquierda muy difícil de unificar,

por prevalecer en ella los pequeños intereses electoralistas de unos y otros. Unificador, también, de las

organizaciones sociales, sindicales, vecinales, campesinas, de esas organizaciones que supieron

mantenerse unidas bajo el franquismo y que, una vez iniciada la carrera electoral, han sucumbido a la

tentación de convertirse en cotos electorales de tal o cual partido.

El MC aspira a ser un partido que permanezca en su puesto cuando lleguen tiempos más duros. Hoy está

de moda proponer caminos de rosas para llegar al socialismo. Nosotros no creemos en las vías idílicas. El

futuro, en nuestro viejo continente y en nuestra península, va a estar marcado por la crisis económica y

social y por la violencia, por esa violencia que sube con fuerza en el interior mismo de las instituciones

europeas occidentales, convirtiendo la democracia en una maquinaria acorazada y destructiva, en una

maquinaria profundamente represiva que arrasa gradualmente viejos derechos y libertades, en una

maquinaria que conserva una fachada parlamentaria pero vacía de contenido, no sujeta a ningún control

popular efectivo, y adornada a menudo por un pluralismo político nulo, que da a elegir entre un centro-

derecha y un centro-izquierda.

En toda Europa suenan las campanas por la democracia. La crisis económica va a reforzar las tendencias

antidemocráticas y violentas que habitan en el capitalismo. En tales condiciones, las vías risueñas al

socialismo nos parecen un peligroso espejismo. Para afirmarlo, con fuerza y con tozudez, y para preparar

las otras vías estamos nosotros.

Esa voluntad de forjar un partido auténticamente revolucionario permanece viva. Hoy no se trata de

cambiar de rumbo, sino de afirmarse en el que entonces se trazó. Ese es el fin de nuestro II Congreso:

ratificar nuestras posiciones revolucionarias, hacer el balance de nuestra experiencia, perfilar nuestras

tareas para los años próximos.

 

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