Autor: Aguado Aguilar, Nazario. 
 Primer Congreso del PTE. 
 En defensa del leninismo     
 
 Diario 16.    28/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

28-marzo-78/Diario16

Primer Congreso del PTE

En defensa del leninismo

La polémica en torno a la necesidad o no de abandonar el leninismo como guía para la acción práctica en

un partido revolucionario, es hoy uno de los puntos fundamentales de referencia para buena parte de los

comunistas españoles. La creciente toma de postura al respecto desde diferentes posiciones, a menudo

contrapuestas, no hace sino alimentar el debate.

Los "superadores" del leninismo basan sus tesis en la afirmación de que el capitalismo, en sus últimas

décadas, ha sido capaz de promover un desarrollo revolucionario de las fuerzas productivas que ha

provocado cambios fundamentales, cualitativos en su naturaleza. Es por ello que —dicen— los principios

leninistas, útiles para hacer avanzar la revolución en la época del capital monopolista y del imperialismo,

no son válidos debido a que la naturaleza agresiva del capitalismo parece haberse trastocado en docilidad,

domesticable por la vía del convencimiento y la lucha ideológica y la paciente ocupación de puestos en el

aparato del Estado.

Los defensores de esta tesis "marxistas-revolucionarias", convenientemente deslenizadas, presentan la

"superación" del leninismo —coherentemente con lo descrito en el párrafo anterior— como

imprescindible para poder "transformar" con éxito y en un sentido "socialista", las sociedades industriales

avanzadas. Por ello, en su opinión, todo partido que se mantenga firme en la defensa de los principios

universales formulados por Marx y por Lenin, está abocado al más estrepitoso fracaso por hacer caso

omiso de unos cambios que, en la realidad, tan sólo se han operado dentro de su cabeza.

Precisamente la celebración del Primer Congreso del Partido del Trabajo de España es un buen ejemplo

de refutación práctica de este tipo de especulaciones políticas e ideológicas, tendentes más a confundir

deseos con realidades, que a atreverse a analizar sin temores ni telarañas la realidad social que nos rodea.

Por supuesto que es necesario, si se quiere incidir en política y no hacer fraseología revolucionaria tan

vacía como inútil, valorar en su justa medida los cambios operados en nuestra sociedad, evidentes para

quien tenga ojos en la frente y quiera o sepa utilizarlos. Pero no nos lleva en absoluto a la conclusión de

que se hayan alterado sustancialmente la esencia reaccionaria del gran capital, condenado a sustituir las

urnas por los tanques en el mismo momento en que ve amenazado su sagrado derecho a la explotación; ni

por tanto, la necesidad ineludible de combatirlo resueltamente para, con su derrocamiento, abrir las

puertas de la liberación de la clase obrera y del resto de los sectores populares.

Nazario Aguado

En este mismo sentido, el cuerpo de resoluciones políticas aprobado en el Primer Congreso del PTE

define con claridad unos planteamientos tácticos y estratégicos para la revolución española, que se

deducen precisamente de la aplicación original de los principios universales del marxismo-leninismo sin

caer en esquematismos ni calcos oportunistas. Así la necesidad imperiosa de concretar alternativas justas

y viables a los problemas más candentes del pueblo, se encardina con la definición de un camino

estratégico hacia el socialismo que pasa por la alianza de la clase obrera con los campesinos, los sectores

de la pequeña y mediana empresa y con la intelectualidad, superando, porque la específica realidad

española así lo hace posible, el marco de alianzas clásico del proletariado.

Que el PTE sea capaz de realizar éste análisis original, marcar una estrategia y una táctica plenamente

origínales, totalmente adecuada a la sociedad española, basada en los intereses objetivos de las clases

sociales que en ella se mueven, no es absoluto casual, ni puede comprenderse aislado del hecho de partir

del marxismo-leninismo como guía para la acción práctica aquí y ahora. Sobre esto deberían reflexionar

aquellos que se empeñan en ver interesadamente esquematismos y maniqueísmos en la aplicación hoy de

la teoría leninista. De seguro que les sería útil y provechoso.

La democracia en el seno del partido es el otro caballo de batalla del antileninismo militante.

Sorprendentemente para criticar al leninismo en este terreno se utilizan, como armas arrojadizas, los mis-

mos principios leninistas de organización: la democracia interna, la capacidad de crítica y autocrítica, el

partido de masas. También aquí el Congreso del Partido da respuesta a este problema culminando el

proceso de democratización interna, sobre la base del funcionamiento del centralismo democrático, que

articula la existencia de corrientes de opinión contrapuestas con las posiciones generales del conjunto del

partido, garantizándolas su posibilidad de acceder a todo el partido y manifestarse. Por otra parte, la

exacta valoración de las necesidades inmediatas y estratégicas en un estado multinacional nos indican la

necesidad de estructurarnos como un partido único de carácter federal con la más amplia autonomía para

los comités nacionales y regionales.

Para terminar, hablar del futuro político del PTE, que tanto parece preocupar en algunos sectores, supone

hablar, ineludiblemente, del auge del movimiento de masas en todos tos sectores progresistas de la

población, de la capacidad del partido de ponerse resueltamente al frente de ellas dando en cada momento

alternativas justas y viables, conjugando la firmeza con la inteligencia y la experiencia. Hoy ya podemos

decir que esto comienza a despuntar como una realidad no lejana. Las movilizaciones de los jornaleros

por la tierra de Andalucía; la rebelión de los campesinos contra la política depredadora del Gobierno; las

huelgas en numerosos sectores de la producción protagonizadas por los trabajadores industriales son

buena muestra de ello. Este y no otro es el camino de la clase obrera y los sectores progresistas de nuestra

sociedad. Y en ello está, y sólo en ello, el futuro del Partido del Trabajo de España.

 

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