Autor: Sanroma Aldea, José. 
   La teoría de los tres mundos y la independencia nacional     
 
 El País.    18/06/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 20. 

TRIBUNA LIBRE

La teoría de los tres mundos y la independencia nacional

JOSE SANROMA Secretario general de la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT)

El complejo entramado de la actual situación internacional y los intrincados procesos históricos que la

han configurado, someten a dura prueba la coherencia de pensamiento de todos aquellos que quieren

explicar los sucesos de hoy y los previsibles de mañana.

Los comunistas nos orientamos de acuerdo a la teoría de los tres mundos, elaborada por el presidente Mao

Tse-tung varios años antes de su muerte, lo cual no nos exime de hacer el análisis de la situación

particular de nuestro país. Una teoría científica y revolucionaria que debe su nombre a la correcta división

de las fundamentales fuerzas políticas del mundo de hoy.

De acuerdo a ella el Primer Mundo lo forman EEUU y la URSS. El imperialismo norteamericano y el

socialimperialismo ruso constituyen los mayores explotadores y opresores, el enemigo común de todos

los pueblos del mundo y de todos los países del segundo y del Tercer Mundo. Ambas superpotencias

mantienen una disputa; cada una quiere para sí sola la hegemonía en todo el mundo. Esa disputa

interimperialista es tan aguda que conducirá a una nueva guerra mundial.

El Tercer Mundo lo constituyen los países de África, Asia y América Latina. Vistos en conjunto —es

decir, teniendo en cuenta que incluso bastantes países de estos son gobernados por regímenes

reaccionarios— son la principal fuerza capaz de llevar adelante la lucha contra el imperialismo, contra las

dos superpotencias y preparar su derrota, lo cual constituiría un avance gigantesco en el proceso de la

revolución socialista mundial.

El Segundo Mundo, formado por Europa, Japón, Canadá, vendría a constituir una fuerza unible en la

lucha contra el hegemonismo de las dos superpotencias. Tarea ardua, que implica también lucha contra la

actitud imperialista de diversos países que figuran comprendidos en este Segundo Mundo.

Esta teoría es particularmente combatida por los socialimperialistas rusos, ya que los descubre como

blanco principal de la lucha antihegemonista. Es precisamente la URSS la superpotencia que está a la

ofensiva, frente al imperialismo norteamericano, que ha visto sus fuerzas mermadas por las derrotas que

le han inflingido los pueblos de Indochina y otros, pero que se aferra a su botín con uñas y dientes,

dispuesto a conservarlo a costa de lo que sea o a morir matando.

La teoría de los tres mundos nos dice que la Humanidad será salvada, a pesar de la catástrofe que

preparan la URSS y EEUU, si todos los pueblos del mundo y los países que quieren la paz internacional

llevan adelante una vigorosa lucha antihegemonista contra las dos superpotencias.

En los países de Europa occidental, la cuestión de la independencia nacional se presenta como el peligro

de perderla ante la amenaza de guerra mundial que desatarán las dos superpotencias, que hacen de Europa

el centro de su disputa. Tomar la bandera de la independencia nacional, para los comunistas de estos

países, no implica el apoyo, sino, al contrario, la lucha contra las actividades imperialistas de sus países o

Gobiernos allá donde se produzcan.

España ocupa una posición particular dentro de estos países, en cuanto que ya ha sido privada de una

parte notable de su soberanía e independencia nacionales por la constante intromisión de EEUU. Política,

militar y económicamente el imperialismo norteamericano nos ha impuesto una dependencia que aún

dura. Para los comunistas españoles la lucha por la completa independencia de nuestra Patria es parte

inseparable de la que llevamos contra el fascismo, y hoy por la ampliación de las libertades democráticas

y contra la oligarquía y el imperialismo.

En España, la causa de la soberanía nacional ha estado unida a la causa del progreso social desde que, al

compás de la pérdida del viejo imperio colonial, nuestro país se fue convirtiendo cada vez más en

saqueable económicamente y manipulable políticamente.

¿De cuántos hechos no se podría evitar el recuerdo al echar un vistazo atrás? Los fusilamientos de la

Moncloa muriendo en Madrid el pueblo, mientras el Rey «deseado» y sus padres pensaban en fincas

particulares; los 100.000 hijos franceses del San Luis francés, derribando, por el acuerdo de cuatro

potencias reaccionarias, el régimen liberal español; los Gobiernos conservadores y liberales titiritieados

por los embajadores franceses e ingleses; el boicot a la primera República; la «no intervención» y la

guerra de Franco, Hitler y Mussolini contra la República, en la que el pueblo quiso encontrar todo lo que

el pueblo necesitaba.

Y, finalmente, España, que se libró de ser colonia de la Alemania nazi por la victoria antifascista en la

segunda guerra mundial, entregada de general a general al imperialismo norteamericano.

Toda la experiencia histórica nos dice a los comunistas que la lucha por la independencia nacional va

unida a la lucha contra la clase dominante en nuestro país. Esta siempre ha alardeado de patriotismo.

Podemos pensar que le gusta vender caro algo que considera patrimonio exclusivo. La gente que tiene el

corazón en el bolsillo lo deja prendido generosamente en los bancos suizos; también así hacen su Patria.

Los comunistas españoles aspiramos a la completa independencia y soberanía de España. Por tanto, a

librarnos por completo de la intromisión EEUU. Esto exigirá una dura y prolongada lucha. En el mundo

de hoy esta tarea lleva aparejada la de crear las condiciones, continuamente, para que España no se vea

libre de EEUU a costa de verse sometida a la URSS. En todo el mundo esta superpotencia pretende

ocupar el espacio de la otra. No hay lugar al que no haya llegado la disputa que libran ambas por la

hegemonía, con absoluto desprecio al deseo de países y pueblos de ser soberanos.

En las actuales circunstancias de España hay un rasgo muy sobresaliente. Quien quiera verlo no tendrá

que poner ojos como platos. Ese rasgo es el del incremento de la disputa en España de las dos

superpotencias. Si una siempre se comporta arrogantemente, la otra viene pidiendo paso con tantas

promesas como mister Marshall, y con la misma actitud de arrogancia, descaro y desprecio.

La lucha por la independencia nacional pasa por hacer frente a esa creciente disputa en nuestro país de las

dos superpotencias. Obtener éxito en esta tarea no puede lograrse sin plantarle cara a una y otra. Y en el

proceso que esta tarea exija debemos recuperar terreno a EEUU y cerrarle más aún el paso a la URSS.

Es una actitud completamente errónea pensar del siguiente modo: estamos tan dependientes de EEUU que

no está mal dejar pasar un poco a los rusos. No es justo pensar que un equilibrio así sirve a la causa de la

independencia nacional. No es acertado ni justo pedir una «actitud positiva» tanto hacia EEUU como

hacia la URSS, porque ninguna de las dos tiene una actitud positiva hacia España, aunque haya

«compatriotas» que se benefician de esto. No es extraño hoy ver a conocidos multimillonarios proyanquis

presentarse también como amigos, como posibles socios de los rusos.

No puede extrañar la errónea actitud en quienes buscan hacerse más influyentes, catapultados por los

servicios que presten a influencias imperialistas extranjeras. Frente a éstos, hay que levantar la voz de

todos los que no queremos que España sea el campo de batalla para intereses ajenos, y que así pueda

convertirse en el escenario del comienzo de la tercera guerra mundial. Los comunistas, mientras no

llegamos al poder y aun ni siquiera al Gobierno, alcanzamos corta influencia en la política exterior de

nuestro país. Aun así, podemos lograr alguna y no renunciamos a ello.

Por esto queremos que, caso de la integración de España en la CEE, esto sirva para reforzar la unidad

europea frente a las dos superpotencias. Por esto queremos que haya un verdadero debate público y

político sobre la OTAN para, entre otras cosas, que se vean los verdaderos pensamientos y vinculaciones

de quienes tienen la mansedumbre del buey cuando se trata de lograr el consenso entre

explotador y explotado, y la bravura del toro de lidia cuando se habla de algo que ha soliviantado al

socialimperialismo ruso hasta el colmo de la grosería diplomática más intolerable. Por esto queremos que

las relaciones exteriores de España se abran cada vez más a los países del Tercer Mundo, creándonos así

un más amplio terreno para la lucha antihegemonista.

Una última cuestión de la máxima importancia y actualidad. ¿Queremos que España alcance su plena

independencia y soberanía? Si verdaderamente queremos esto hay que ver una realidad: España es un

Estado multinacional. Sin una correcta solución al problema interno (la igualdad de derechos de las

nacionalidades, que incluye la libre autodeterminación) llevaremos una losa sobre las espaldas. Y nos

oprimirán y manipularán y chantajearán más aún. Esto debiera decir algo a los redactores de la

Constitución, que también pasaron como sobre ascuas por la cuestión internacional.

 

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