La crisis del Partido Radical     
 
 Diario 16.    26/04/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

El comité central del Partido de los Trabajadores de España se reúne hoy en Madrid para buscar una

solución a la larga crisis que atraviesa el partido, y que amenaza su propia existencia, sin que los sectores

procedentes del PT y la ORT hayan aproximado sus posiciones.

La reunión, que es abierta a los militantes, se celebra después de que en Euskadi, Valencia y Canarias los

afiliados del extinto Partido del Trabajo han consumado la ruptura de la unión frenada hace nueve meses.

José Sanroma, ex secretario general de la ORT y miembro del secretariado permanente del PTE, analiza

en el siguiente artículo las condiciones en que llega a esta crisis de su partido.

La crisis del Partido Radical

Según se dice, y no sin fundamentos, vivimos una crisis de civilización. He ahí la dimensión del

problema. En función de ello ser parte de la crisis o estar afectado por ella no debiera ser noticia. Sin

embargo, he ahí que la burguesía ilustrada del país, cuyo maestro predijo el ocaso de las revoluciones allá

por 1921, ha tenido a bien convertir en pequeña noticia al Partido de los Trabajadores, con motivo de la

crisis interna que atraviesa. En la motivación que la asista para ello no se podría decir qué es lo que pesa

mes: si el interés por allanar el camino a su deseado Partido Radical o si el regusto de contribuir a aventar

las cenizas de un partido revolucionario (cuya razón de ser está, precisamente, en el convencimiento de

que la revolución socialista no está en su ocaso, sino en su alba; y nosotros no vamos a maldecir su sol

aunque ya nos haya producido insolaciones).

Lugar para el optimismo

Sea como sea, el caso es que la auténtica crisis de descomposición es la que atraviesa el capitalismo, todo

el sistema imperialista mundial. Si durante unas pocas décadas los ideólogos de la burguesía podían soñar

con la integración de los trabajadores de las metrópolis, hoy se ve que tal situación, y sólo en la medida

en que se producía en cada caso, fue ganada a costa de poner en pie a centenares de países que hoy

plantean frente a los países imperialistas una lucha económica inasimilable, dicho sea a título sólo de

ejemplo. Visto en perspectiva, si la revolución socialista mundial es un proceso en el que las

transformaciones que se gestan surgen en el choque con el imperialismo, se puede afirmar que dicha

revolución tiene un motor cada vez más poderoso.

El sistema no se hundirá por sí mismo, ni evolucionará pacíficamente hasta convertirse en la sociedad

nueva: ya nadie espera tal cosa, sino más bien, por el contrario, frente al extremo de ese falso optimismo

socialdemócrata (que es una hipócrita complicidad con el presente amparada en una supuesta inteligencia

de la historia) se alza un pesimismo, inteligente en demasía, que augura la aniquilación de las fuerzas en

lucha, y la barbarie como paso intermedio a la destrucción del planeta. Si un extremo se prepara a bien

vivir, el otro parece hacerlo a morir bien.

¿Acaso no queda lugar para el optimismo revolucionario? Quizá uno de los mejores argumentos de la

burguesía, para seguir justificando su disposición a seguir dominando por la violencia, sea el de que las

fuerzas revolucionarias no son capaces de aprovechar sus victorias para construir una sociedad que se

libre de la explotación y la opresión.

¿Cómo lograr, aquí y ahora, el ánimo optimista cuando estando en tantas dificultades, aún tan lejos de

tomar el poder, se ha comprobado ya que lo más difícil empieza entonces? Creo que sencillamente con la

conciencia de que no podemos permitir el dominio del gran capital que nos conduce implacablemente a la

barbarie (y de la confianza que nos da la resistencia tenaz que el pueblo opone a sus medidas de gobierno)

y del ver que, a pesar de los pesares, no sólo existen las fuerzas objetivamente interesadas en poner fin al

sistema, sino que en España están creciendo las fuerzas subjetivas revolucionarias. Un rasgo de este

crecimiento es la diversidad de dichas fuerzas (rasgó inevitable: ¡Hay tanto que discutir del pasado y,

sobre todo, del presente y del futuro!): Se manifiestan y se configuran en las formaciones políticas

nacionalistas de izquierda, en el feminismo, en el ecologismo, en el movimiento juvenil y en la

combatividad (apenas débilmente organizada y estructurada políticamente) de amplios sectores del

movimiento obrero y campesino... También en las organizaciones y partidos «a la izquierda del PCE» que

se fraguaron en la lucha contra el fascismo. Es decir, las fuerzas marxistas-leninistas. Y un factor que

frena ese crecimiento es la débil comunicación teórica y la excesiva competencia política entre ellas.

Para mí, la crisis que atraviesa el Partido de los Trabajadores es un reflejo de ese crecimiento

revolucionario, y una ocasión tanto para impulsarlo como para mejorar esas deterioradas relaciones que

he mencionado. (Diré de pasada que no me ofende, por supuesto, pero tampoco me preocupa que

revolucionarios de fuera del partido puedan interpretarla como crisis de los partidos marxistas-leninistas

como forma de desarrollo de las fuerzas revolucionarias. Demasiado torpe sería que alguno pensara que

ha quebrado este partido marxista-leninista, pero que eso potencia a oíros.)

Dos líneas

Uno de los aspectos de interés de la crisis del Partido de los Trabajadores es que es producto de la

incorporación (en bruto) a su seno de toda la problemática que da origen a esa diversidad de las fuerzas

revolucionarias. El crecimiento de éstas tenía que provocar tarde o temprano un necesario debate abierto,

con repercusiones políticas, y esto ha aparecido a través del Partido de los Trabajadores.

En el debate interno hay apuntadas dos líneas. Lo cual no quiere decir que no existan diversas posiciones,

juicios, análisis, etcétera, sobre los problemas fundamentales. Una apunta a la continuidad del Partido de

los Trabajadores dicho esquemáticamente; como partido enraizado en la vocación comunista, marxista-

leninista; fundado en una imprescindible, y ya emprendida, renovación ideológica, política y orgánica de

los planteamientos del partido. No creo que sea maniqueísmo decir que tal línea enlaza legítimamente con

el Congreso de Unificación de ORT y del PT, en el que surgió el Partido de los Trabajadores. La otra se

encardina en lo que genéricamente se puede denominar «nueva izquierda» surgida en Europa, cuyos

planteamientos han sido tardía y malamente incorporados a España, que niega la razón de ser del Partido

de los Trabajadores, y no sé si quiere (aunque creo que en todo caso no puede) configurar una específica

corriente ideológica y política. En realidad esta otra línea es un conjunto de ellas sólo articulada hoy por

vinculaciones pasadas. Particularmente no espero que los más conocidos partidarios de esta línea hagan

su palinodia del marxismo-leninismo, aunque muchas de sus ideas están no sólo al margen sino contra

esta teoría.

Hechos consumados, no

Si alguno lo hiciera habría que enjuiciar su marxismo-leninismo de parecida forma a aquella en que

Unamuno lo hizo con el «feminismo» de Primo de Rivera, cuando el paternal y querido dictador

fracasado tuvo la ocurrencia de decir que abjuraba de él. Su feminismo, lo que él llamaba tal, no era —

según dijo Unamuno— sino la rijosa babosería del camello hacia su camella. Esto lo digo para dejar

constancia de que no considero como autocrítica real del comunismo marxista-leninista (¡tan necesaria!)

la de quien ya no se sitúa en ese terreno; y que por tanto esa «autocrítica» no sirve tampoco a una mayor

colaboración práctica con otras corrientes del pensamiento revolucionario históricas o modernas.

Lo más negativo de la crisis sería que cuestiones organizativas (rupturas, abandonos, enfrentamientos)

taparan lo positivo: la confrontra-ción a la que serán sometidas las ideas puestas en circulación;

confrontación que implica también reclamar a las ideas que den alternativas capaces de unir en la práctica

y no en teoría los esfuerzos de los revolucionarios.

Los que se sitúan en la segunda línea nos piden a los que lo hacemos en la primera que no les

anatematicemos. De acuerdo. Por el contrario, les deseamos suerte y que aporten al campo revolucionario

lo que de valor tengan sus ideas y valga su esfuerzo práctico.

Nosotros les pedimos a ellos que respeten las reglas del juego de este partido, que lo tomen como marco

de resolución de esta crisis y que no pretendan hacer valer hechos consumados como la automarginación

en Euskadi ya anunciada en otros sitios.

 

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