Autor: M. A. J.. 
 El Desencanto. 
 Testimonio de una envidia     
 
 Arriba.    05/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

«EL DESENCANTO»

Testimonio de una envidia

Título: «El desencanto».—Nacionalidad: Española.—Director: Jaime Chávarri.—Guión: Jaime Chávarri.

— Fotografía: Teodoro Escantilla y Juan Ruiz Anchía.—Música: Schubert. Principales Intérpretes:

Felicidad Blanc Juan Luis Panero, Leopoldo María Panero y Michi Panero.—Distribuida por Emiliano

Piedra.—Estrenada en el cine Palace.

Valoración: 6

Como yo he sido amigo de Leopoldo Panero, a quien admiré y admiro tanto en su obra como en su

persona, quiero dejar a un lado la indignación que a esa amisiad y a esa admiración haya podido producir

esta película, que voy a juzgar como si su protagonista fuese alguien desconocido para mí. Porque, eso sí,

3 pesar de todo el esfuerzo acumulado, el protagonista de la película no aparece en ella, ni siquiera en

efigie, pero es su protagonista, y su talla se agiganta y hace interesante la película cuando se habla de él,

de la misma forma que pierde interés cuando la historia se centra en los demás actores, en los que salen y

hablan, y se quejan, y se pavonean, transparentando una envidia infinita. Los cuatro se sienten inferiores

de aquel a quien evocan entre irónica y sarcásticamente, en una tarea de inútil destrucción sobre la que

quisieran asentar , su Inferior personalidad. Y los llamo actores porque lo son, o al menos intentan serlo,

muy mal por cierto, con todas las triquiñuelas de los malos cómicos.

Personalmente, no me agrada el espectáculo del insulto sobre un familiar. De acuerdo con lo que se dice

en la película, debe de ser que no he seguido la evolución de la vida moderna. Pero ver a un hijo insultar a

su padre muerto, sobre todo cuando vivo no lo hizo, me produce especial irritación. Y las confesiones

publicas sobre temas íntimos tampoco me seducen demasiado, sobre todo cuando parecen dictadas por un

sórdido interés. Una familia puede hacer almoneda de sus bienes, sin necesidad de exhibir sus taras de

todo tipo. Una exhibición tanto más molesta e irritante cuanto que va envuelta en cursilería unas veces, en

pedantería muchas más, y en un lenguaje tan estudiado que, incluso, siempre que conviene, se adereza

con vulgaridades.

Por supuesto, la película tiene, argumentalmente, un interés muy limitado: el que pueda tener la familia

Panero. Porque, al menos tal y como se presenta, es imposible creer que se busca alcanzar metas más

generales. No es un ataque a la familia en general, porque para serlo tenían que abundar las familias así, y

eso, por suerte o por desgracia —que admito que sea posible discutirlo—, no es cierto. Si la situación de

la familia en general fuese como la de la familia que la película muestra, el ataque resultarla

perfectamente inútil: la familia ya no existiría.

Pero todo esto son divagaciones sobre el tema de la película, y no sobre la película en si. Creo que Jaime

Chávarri expone en ella una de las posibilidades del cine que hasta ahora no había sido atendida. Su labor

es excelente. Ha sabido recoger con talento cinematográfico, con una puesta en situación tanto más difícil

cuanto menos posibilidades retóricas presentaba, de una forma modélica. La cámara no es testigo, sino

que participa en el juego y hasta en los sentimientos de los intérpretes, de los caracteres, en alguna

ocasión hasta con crueldad, en otras simplemente con curiosidad pro. funda. En algún momento alcanza

cumbres expresivas de primer orden, sin aparente esfuerzo, sin recursos fáciles. En tal sentido, la película

es excelente, ai margen de tema y de intérpretes. Y se constituye en testimonio de una envidia que llega

más allá de la muerte. Los cuatro personajes envidian al protagonista en su característica mis honda,

haciéndole culpable de sus fracasos de todo tipo, pero fundamentalmente literarios. En realidad, la

película es un homenaje a Leopoldo Panero. Posiblemente involuntario, pero lo es.

M. A.-J.

Martes 5 octubre 1976

 

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