Autor: Taboada, Carlos. 
 Eladio García Castro, secretario general del PTE. 
 La normalización USA-China, prueba de fuego para el eurocomunismo     
 
 Diario 16.    29/12/1978.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 38. 

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nacional

29-diciembre-78 /Diario

MADRID, 29 (D16).—La normalización de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos de

Norteamérica y la República Popular de China resultará una prueba de fuego para el eurocomunismo que

tendrá que demostrar su independencia de Moscú, según el secretario general del Partido del Trabajo de

España (PTE), Eladio García Castro.

El dirigente marxista-leninista afirmó a D16 a la vuelta de un viaje a la China de Mao que la Revolución

Cultural en aquel país «duró demasiado tiempo» y que los nuevos dirigentes chinos son leales al

desaparecido líder de la Gran Marcha que, por otra parte, «tuvo fallos como cualquier humano».

García Castro propone a las fuerzas progresistas española movilizar a las masas con el fin de lograr un

calendario político de interés popular «y no de Suárez y la derecha ultrareaccionaria». Coincide con el

PSOE en reclamar elecciones municipales antes que generales, aspira a sacar votos comunistas y deja

constancia que con la izquierda extraparlamentaria el PTE —que también lo es— mantiene buenas

relaciones.

Eladio García Castro —Ramón Lobato en la clandestinidad—, de treinta y cuatro años y natural de

Sevilla, fue militante comunista durante cinco años —hasta 1968—, antes de ingresar en el PCE (i) del

que surgió en 1973 el PTE del cual es secretario general desde su constitución.

El máximo representante del PTE negó ser prochino, aunque sus detractores dicen que no lo es porque

dicho lugar lo ocupa sin posibilidad de disputa la ORT. Aspira a ocupar un escaño en la próxima

legislatura y no se resigna a admitir de su partido, simplemente, un carácter testimonial.

La desenvoltura de García Castro es notable en urbanidad, sin que pueda ocultar su ascendencia

campesina en lo franco y decidido de sus palabras que por otro lado denotan importantes dosis de

egocentrismo al utilizar sobremanera el pronombre personal de primera persona.

Eladio García Castro, secretario general del PTE

La normalización U. S. A.-China, prueba de fuego para el eurocomunismo

Carlos Taboada

D16.—El anuncio de la normalización de relaciones diplomáticas entre la República Popular de China y

Estados Unidos de Norteamérica coincidió con la estancia en aquel país de una delegación del PTE

encabezada por usted. Desde un punto de vista de observador político más que de líder de un partido,

¿qué signos pudieron apreciarse en la República Popular durante esas jornadas?

ELADIO GARCÍA CASTRO. — Nosotros esperábamos el anuncio de ese acuerdo y no por ninguna

confidencia, sino porque resultaba lógico pensarlo. Considero que el interés de China por establecer

relaciones diplomáticas con Estados Unidos surge hace años y no se debe a una inciativa de los nuevos

dirigentes chinos, ya que arrancó en vida de Mao Tse-tung. En este punto es preciso recordar el viaje que

realizó hace años el presidente Nixon a Pekín.

En la Universidad Politécnica de Shanghai se produjo el anuncio y pudimos comprobar un gran júbilo.

Toda China fue un clamor.

Presiones de Moscú D16.—Pero en el juego de ajedrez que resulta ser la política internacional de las

grandes potencias, ahora le toca la baza a la Unión Soviética y cabe la posibilidad de que broten nuevos

conflictos en el mundo...

E. G. C.—En efecto, parece obvio que la influencia china está cambiando el equilibrio mundial y más

concretamente las relaciones intercomunistas. El viaje de Hua Kuo-feng a Rumania y Yugoslavia provocó

una reacción importante.

La política exterior china ha tenido trascendencia, incluso en Occidente, a través de los partidos

eurocomunistas. El último comunicado de Berlinter con Breznev es el más conciliador de los últimos

años y es sintomático que Santiago Carrillo salga en defensa de Rusia desechando la incidencia de KGB

en ETA y acusando a la CIA de tal implicación.

Lealtad a Mao

El secretario general del PTE precisó que la actuación de los sucesores de Mao es fiel a los postulados de

éste y que en ningún caso se está produciendo, como se ha dicho, una desmaoización. García Castro, que

se precia de conocer el pensamiento de Mao, no a través de los articulistas de Occidente, sino por las

lecturas de los libros del líder desaparecido, afirmó que «es preciso hacer una interpretación integral y

cabal de las teorías de Mao Tse-tung».

D16.—No obstante, hay hechos concretos que apuntan a UB cambio en China si se quiere «leal» al líder

de la revolución cultural. Se empieza a promocionar los transportes individuales, las tradicionales

vestimentas comienzan a suplantarse y son públicas y notorias las pugnas entre altos dirigentes del

partido. A esto, ¿cómo se le puede llamar?

E. G. C.—Pienso que si Mao Tse-tung viviera estudiaría las experiencias y modificaría parte de sus

pensamientos. Creo que no sólo hay una «banda de los cuatro» que desde una actitud ultraizquierdista

deterioró la economía china, enfrentó a los intelectuales con el propio proceso revolucionario, etcétera,

sino que, superada la primera fase de la revolución, hay que sacar conclusiones positivas y negativas. En

estos momentos se revisan los planteamientos de aquella época.

Diría que la revolución proletaria china ha tenido, hasta ahora, un setenta y cinco por ciento de bueno y

un veinticinco de malo. Admito, como los propios mandatarios chinos, que Mao fue un gran dirigente,

indispensable para el renacer de la «nueva China», pero que tuvo errores como cualquier humano.

U. S. A., también actúa

D16.—Según sus palabras, con la normalización China-U. S. A., la Unión Soviética presiona con más

intensidad a los partidos eurocomunistas, que, por su parte, lo han dejado traslucir. ¿Favorece este

comportamiento la tesis de quienes consideran que el eurocomunismo es un fraude?

E. G. C.—El eurocomunismo es un fenómeno real, nada teatral. Pienso que los comunistas de Europa

occidental se han ido separando de Moscú para poder acceder a las áreas de Gobierno. Tenían que

acercarse más a la superpotencia que domina la zona: los Estados Unidos.

Por su parte. Norteamérica, con la nueva Administración Cárter, no ve con agrado la proximidad de los

comunistas europeos al poder.

Si los americanos empujan contra el eurocomunismo y se produce la ofensiva de la República Popular

China, es lógico que la Unión Soviética exija más fidelidad y que el eurocomunismo tienda hacia Rusia

para no quedarse en medio de la calle.

D16.—Entonces, ¿considera que el establecimiento de relaciones chino-norteamericanas repercutirá de

forma llamativa en Europa al modificar la política de los partidos comunistas?

E. G. C.—Sí, en cierta medida. Considero que el elemento trascendental de un posible giro del

eurocomunismo es la actitud de los Estados Unidos, si bien la ofensiva de la República Popular China

pone más histérica a la Unión Soviética, que presiona con más fuerza a los eurocomunistas. Por todo ello,

los próximos dos años serán una prueba de fuego para el eurocomunismo, ya que se comprobará si, en

efecto, son independientes de Moscú.

Coherencia internacional

D16.—Al PTE se le acusa de ambivalencia en sus relaciones internacionales. Alterna los contactos con

partidos que pertenecen a bloques opuestos. Por ejemplo, sus representantes viajan a países comunistas

europeos y al tiempo lo hacen a la China Popular. ¿La contradicción cómo se puede explicar?

E.G.C.—Es una política única y no ambivalente. Nosotros elaboramos nuestra política exterior, somos un

partido español con óptica propia y, por tanto, no nos consideramos pro nada.

Sólo aceptamos establecer relaciones con otros partidos extranjeros desde la base de no injerencia en los

asuntos internos. Jamás hemos pedido un reconocimiento internacional, porque a nosotros sólo nos

reconoce la clase obrera española.

Mantenemos contactos con partidos en el poder en Rumania, Corea y China, al igual que con múltiples

movimientos de liberación, y en mi opinión no es contradictoria nuestra amistad con terceros. Es más,

queremos establecer relaciones con todos aquellos partidos no marxistas-leninistas que sean

democráticos, progresistas e independientes de las superpotencias.

D16.—Alguna incoherencia existe en cuanto que el PTE colabora con el Partido Comunista chino que

protege la dictadura de Pinochet y lo hace, también, con el Movimiento de Resistencia chileno...

E. G. C.—Una cosa son las relaciones diplomáticas entre Estados y otra muy diferente las relaciones entre

partidos. En cualquier caso, la unidad fraternal de los partidos revolucionarios no excluye las diferencias

en aspectos parciales. El PTE se opone a la Junta militar chilena, lo que no quiere decir que critiquemos

públicamente al Partido Comunista chino. Las diferencias las resolvemos en nuestras conversaciones

privadas.

El PSOE colabora

El dirigente del PTE calificó de «normales» el trato de su partido con los situados a la izquierda del

Partido Comunista de España (PCE), «sin que exista, por el momento, una estrategia unitaria». Con

respecto al Partido Socialista Obrero Español (PSOE), dijo que es el más predispuesto a colaborar con

todas las fuerzas obreras y populares, y añadió que en la práctica «está más a la izquierda que el PCE».

D16.—Con el franquismo cualquier grupo político que se opusiera al sistema cumplía un cometido y

todos formaban, en líneas generales, un conglomerado contrario al régimen. En el periodo de transición

muchos partidos demostraron ser minoritarios hasta el punto de no disponer de representación

parlamentaria. Ahora, con un sistema democrático en el que predominará el marketing político, el número

de militantes y la ventaja de salida, ¿qué futuro se le presenta al PTE?

E. G. C.- El PTE tiene muy buenas expectativas porque nuestras ideas son correctas y coinciden con los

intereses del pueblo. Lo que pasa es que las ideas hasta abrirse caminos deben vencer muchas

dificultades. Pienso que en las próximas elecciones generales lograremos una representación

parlamentaria. Hasta la transición democrática el pueblo se encontraba apartado de la vida política y

únicamente pudo acceder a ella reconociendo a las siglas con tradición histórica.

Después del 15 de junio han pasado muchas cosas. Han actuado las distintas fuerzas políticas y muchos

trabajadores se sienten defrauda dos con el actuar de partidos de la oposición, de los que esperaban una

postura más resuelta en defensa de sus intereses frente al Gobierno.

El pueblo, también, ha observado cómo otras organizaciones, entre las que se encuentra el PTE, han

defendido la democracia y sus intereses.

D16.—¿Quiere decir esto que el consenso constitucional ha dado, quizá, la gran y última oportunidad a

los partidos que no lograron arrancar al gún escaño el 15 de junio? ¿El PTE qué banda de voto va a

disputar?

E. G. C.—Electoralmente nuestro rival es el PCE. Muchos trabajadores buscan una izquierda que asegure

la democracia, pero que, al mismo tiempo, arregle sus problemas y no aplace las soluciones.

Movilizaciones

D16.—En su opinión ¿qué decisión adoptará el presidente Suárez en relación con el calendario político?

E. G. C.—Creo que por ahora Suárez se inclina por las elecciones generales, y es así fruto a las

presiones de que es objetivo. La famosa «operación Galaxia» fue un chantaje de la derecha más

reaccionaria demostrando que el golpe era posible para exigir lecciones legislativas. Con lo cual podrá

seguir disfrutando de unos Ayuntamientos franquistas y aplazar la puesta en marcha de los estatutos de

autonomía. Por otro lado la derecha aprovecha la desazón creada por el terrorismo y el golpismo para

ofrecer una alternativa de orden, de tal modo que muchos votos del miedo podrían ir a parar a la Nueva

Mayoría de Fraga, Areilza y Osorio, hasta el punto de forzar un Gobierno UCD-Nueva Mayoría.

Ante tal planteamiento, el PTE propone movilizar a las masas exigiendo el calendario político que el

pueblo necesita: primero, elecciones municipales, y después, generales.

 

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