Autor: Urci, Francisco J. De. 
 El comunismo: La hidra de las cien cabezas. 
 Partido Comunista de España Marxista-Leninista     
 
 El Alcázar.    27/01/1977.  Página: 8,9. Páginas: 2. Párrafos: 36. 

EL COMUNISMO

La hidra de las cien cabezas

Por Francisco J. DE URCI

PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA MARXISTA-LENINISTA.

P.C.E. (M-L)

En las reuniones de octubre de 1965 queda constituido el C.C. (Comité Central) y se esboza un avance de

cual sería la línea política para erosionar la paz de España, ahora con la puesta en práctica de las teorías

«prochinas», nuevo resquicio por el que se intentaría dar un paso adelante, de esos malditos pasos de

baile, conocidos por el «vals de Lenin».

Los acuerdos no toman solidez hasta diciembre, en que se desarrolla el primer pleno del P.C.E. (M-L).

Para tomar impulso frente a los viejos militantes un tanto desconcertados, dicen considerarse los legítimos

herederos de José Díaz Ramos, el desgraciado secretario general del P.C.E., desfenestrado en Tiflis, bajo

órdenes de «Pasionaria», personaje al que interesa ensalzar, para «aparcar» en un segundo término tanto a

doña Dolores con sus alegatos de rehabilitación en pro de los «militantes purgados» durante el

estalinismo, como a don Santiago, convertido como por arte de magia en el más fecundo y severo

comentarista y criticador del «culto a la personalidad» tan del agrado del zar rojo, o de que si el P.C.E.

estaba contaminado de «desviacionismo», había sido a causa de sus indebidos contactos con el P.S.O.E. y

la C.N.T., con los que nunca «debió tratarse», salvo pena de incurrir en traición. Pero —insistimos—, a

nada de ello hay que hacerle el menor caso. Son cuestiones eufemísticas que para nada afectan en su

conjunto a las pretensiones universalistas y anticristianas del comunismo como religión laica.

LOS PRIMEROS BALBUCEOS

Como ente unitario, el P.C.E. (M-L) es de vida efímera. En el mes de marzo de 1965, los antiguos

integrantes de «El Proletario», se escinden de los de «Mundo Obrero Revolucionario» y «La Chispa». A

la hidra le nace nueva cabeza. Publican un nuevo «Mundo Obrero» (m-1) y forman el P.C.E. (m-1), al que

no pocos despistados, designan —digamos en plan anecdótico— «m menos uno», por la confusión que

supone, al encontrarse con el anagrama escrito en ciclostilo, debido a la identidad de tipos

mecanografiados de la «I» minúscula y el número uno. La diferencia aparente es, como puede verse,

cuestión tipográfica. Los de «El Proletario», grupo más coherente, continúan con «Vanguardia Obrera»,

cuya publicación, con cierta regularidad, todavía subsiste cuando se escriben estas líneas. Ambos

«partidos», aunque lo hayan negado —por conveniencia e imperativos superiores—, tuvieron contacto

con las Juventudes Libertarias. En verdad la diferencia ideológica, en principio, fue inapreciable.

Tampoco puede aseverarse —aunque alardearan lo contrario— que disienten del P.C.E. de cuyo seno

venían, a no ser por el sitio de procedencia en la extracción de sus escasos afiliados. Así, mientras el

P.C.E. (m-1) aglutina a militantes «escapados» del P.C.E. que no están, por su escaso rango en la

organización, en el secreto de la maniobra, el P.C.E. (M-L) se nutre principalmente de los emigrados

residentes en Bélgica, y Suiza, captados por primera vez para el marxismo-leninismo.

El P.C.E. (M-L) toma a partir de 1966 cierta importancia dentro de España. Cuenta con un elemento de

acción importante. Se trata de Paulino García Moya, fichaje cuidadosamente preparado para tal misión

desde los complicados arcanos del Kremlin. Paulino García Moya es un militante comunista emigrado a

Colombia en el año 1954. A su regreso a España se dedica afanoso al proselitismo hasta que es detenido.

La influencia de Paulino hace que el P.C.E. (M-L) tenga sobre otras cabezas o grupúsculos de la hidra

ciertas ventajas, al considerársele mejor organizado.

El P.C.E. (M-L) ha de mantenerse en la línea del comunismo «pekinés»; por ello preconiza la guerra

popular. «No hay revolución sin violencia», aseveran. Y éste es el medio completamente necesario para

hacer la revolución. Su programa político puede extractarse, de sus propios documentos, de la siguiente

forma:

«El poder político se ejerce mediante un aparato estatal cuyos órganos de base son los grupos o

destacamentos armados.»

«Sólo la violencia puede acabar con el poder ejercido por las clases dominantes y reaccionarias.»

«Por ello, para conseguir la victoria, hay que destruir el aparato militar y burocrático, para implantar por

la fuerza el poder de las masas revolucionarias. »

«Por consiguiente, es imprescindible desarrollar unas fuerzas armadas revolucionarias que pongan en

movimiento diferentes formas de violencias, las cuales tendrán como meta final la insurrección armada

del pueblo.»

La otra cara de la moneda la representa mientras tanto don Santiago y compañía con su campaña de «la

reconciliación nacional», tal vez para contrarrestar la belicosidad de la nueva cabeza de la hidra.

Uno, que ya está de vuelta de muchas cuestiones y tiene un profundo sentido cristiano de la vida, no se

dejó por ello impresionar, cuando a cierto amigo poseedor de original sentido del humor, al correrse hace

algún tiempo el rumor de que don Santiago tenía cáncer de laringe, se limitó a decir: «Pues sabes lo que

pienso... que lo siento por el epitelioma ese».

La súbita ascensión propiciada por Paulino, hace que inmediatamente, durante el verano de 1966, se le

adhiera el grupúsculo B.R. (Bandera Roja), enclenque cabeza de la hidra, salida a su vez del seno del

P.C.E. Por su parte los responsables del P.C.E. (M-L), conectan —con fines a la creación de una rama

militar, para la guerra popular— con el E.R.L. (Ejército Republicano de Liberación), organización

fantasma, aunque aprovechable, cuyos orígenes se remontan a la mal llamada «invasión del maquis» en

1944, protagonizada por Monzón Reparaz (a) «Mariano», destituido por Carrillo tras su fracaso

estrepitoso.

LA "VUELTA A LA TORTILLA"

En diciembre de 1967, con asistencia de unos veinte concurrentes, se celebra en Zaragoza el II pleno del

C.C. del P.C.E. (M-L). La fracción P.C.E. (m-1), que ya ha cumplido su misión de rastrilleo, es absorbida.

En el pleno, además de hacerse una corrección de «métodos y tácticas», son aprobados los estatutos. La

línea política a desarrollar, quedó condensada en los siguientes puntos:

«Persistente acción anti-Estados Unidos, hasta lograr la independencia nacional" (?).

«Creación de una República Democrática y Federativa con la totalidad de nuevos aparatos de gobierno y

autonomía regional.»

«Supresión de monopolios, multinacionales y nacionalización de la totalidad de las empresas, sea cual sea

su condición.»

«Mejoras sociales alusivas a los siguientes conceptos: salarios, jornada de trabajo, vacaciones, seguridad

social, vivienda, confiscaciones y divorcio. »

«Liquidación del imperialismo con la autodeterminación del Sahara y la entrega a Marruecos de Ceuta y

Melilla.»

Su meta final, a semejanza de la de otro grupo comunista, es la «vuelta a la tortilla» de la sociedad actual,

por otra sin clase alguna, es decir, marxista a ultranza. Y para conseguirla, hay que hacer que el Estado se

transforme mediante la dictadura del proletariado, hasta llegar a su propia desaparición.

Para ello, con el fin de desarrollar la línea política del P.C.E. (M-L), hay que poner en marcha primero la

revolución democrática y popular de contenido «antiimperialista, antimonopolista y antilatifundista».

Alcanzado el poder por la clase obrera y por su órgano, el Partido (que a la hora del ilusorio triunfo, sería

el ortodoxo y no otro), se desembocaría luego en la revolución socialista.

De esta forma el P.C.E. (M-L) margina la fase intermedia propugnada por otras cabezas (grupúsculos) de

la hidra, principalmente los que siguen más de cerca al P.C.E., de establecer «provisionalmente» la

democracia burguesa. Pero no nos desviemos del tema. Todo esto ya se verá en su momento.

El P.C.E. (M-L), por supuesto, no admite más forma de gobierno que la de una República Popular y

Federativa, con autodenominación regional. Y uno queda tan perplejo como anonadado cuando todavía se

trae y se lleva de un lado para otro la legalización o no del comunismo. Pues de todas maneras, en el caso

quimérico de salirse con la suya, ciertos términos sugestivos especiales, para cortos de vista, serían sólo

palabras vanas.

Entre el doce y el dieciséis de diciembre de 1968 en algún punto de Málaga el P.C.E. (M-L) celebra su

tercer pleno. La asamblea sirve para consolidar al nuevo tentáculo de la hidra. No obstante, a pesar de sus

aparentes escaladas, los desmantelamientos hacen surgir nuevas cabezas, por el momento débiles, debido

a su infantilismo, pero predispuestas a llegar prontamente a la mayoría de edad. Lo importante es la

contaminación.

Un grupo más vehemente a quien anima un tal Crespo Méndez, partidario con exclusividad de la lucha

armada, se prepara ya en 1965 y forma la F.A.R. (M-L) (Fuerza Armada Revolucionaria). Antes de seguir

adelante, diremos que para el comunista en general, el eufemismo es altamente sugeridor. Así, «lucha

armada» consiste en asesinar entre varios, si es posible por la espalda, a una persona o agente de la

autoridad. Para desorientar a los tontos útiles, el «desquite» de los de «Vanguardia Obrera», se acusa bien

pronto, al calificarlos de «asesinos a sueldo de la C.I.A.», acusación que en igual calificativo devuelven

ellos a los del P.C.E. (M-L) y ahí queda todo.

Siguiendo su período de «siembra», otra pequeña fracción de marcada tendencia trotskista se escinde algo

más tarde, para integrarse en el P.O.R. (T) (Partido Obrero Revolucionario Trotskista) que,

paradójicamente, a pesar de su «matización obrera», la mayoría de sus afiliados ha sido embaucada entre

la población universitaria de Madrid y Barcelona. En esta segunda ciudad, fueron totalmente

desarticulados en los dos primeros meses de 1969, una vez proclamado el estado de excepción.

Asimiladas las primeras «experiencias», el P.C.E. (M-L) considera entonces que calibrada la fuerza del

«aparato represivo» del Estado, no es suficiente la insurrección armada para «abatir de un golpe» al

Estado — según ellos — capitalista, sino que no habría otra solución que la de llegar a la guerra popular

«prolongada», para lo que se impone la creación de un «ejército del pueblo», único capaz de desarrollar la

guerra revolucionaria. Mas considera el P.C.E. (M-L) que para llegar a esta guerra revolucionaria se ha de

desarrollar con anterioridad una persistente y tenaz campaña de agitación política. Esta campaña política

tiene que ser planificada por las organizaciones de vanguardia —que para eso están, para recibir los

golpes—, hasta conseguir «capacitar a las masas de su necesidad de levantarse en armas».

HASTA LA GUERRA POPULAR

En 1968 el P.C.E. (M-L) tiene un nuevo parto. Es decir, da lugar a una escisión. Una gran mayoría de sus

elementos controlados en el sector estudiantil de la Complutense, en situación crítica, a causa de las

numerosas detenciones realizadas por la acción policial, da un viraje hacia la derecha del marxismo. El

comunista es consustancial con el mimetismo. También esta propiedad es practicada por miembros de

otras ideologías, aunque tal vez más torpemente.

Se deciden por una postura pacifista y toman el nombre de M.C. (M-L) (Movimiento Comunista).

Publican «El Comunista» y se declaran «afines» con las CC.OO. (Comisiones Obreras) y refractarios a la

O.S.O. (Oposición Sindical Obrera). El M.C. (M-L) se declara también poco amigo de trotskistas y por

supuesto de los «derechistas» del P.C.E., a los que acusa, con vistas a la galería, de impedir la

organización de un Partido Comunista de vanguardia.

Pero para liarlo todo más, ardid donde el comunismo es maestro consumado, el M.C. (M-L) se pronuncia

como fracción «es-talinista», aunque difiere de los «pekineses», por su proclividad al castrismo cubano,

calificado por éstos de «comunismo pequeño-burgués». Cumplida su misión, el M.C. (M-L) concluyó por

disolverse, transcurrido algo más de un año.

Para aquellas fechas, el P.C.E. (M-L), conseguida su mayoría de edad, a finales de 1969, ha de valerse por

sus propios, medios. Para tomar resonancia, pregona ser una organización abiertamente opuesta al P.C.E.

(ortodoxo), cuyos máximos representantes, «Pasionaria» y Carrillo, están totalmente desprestigiados.

Pero también se pronuncia además de por su aversión al régimen franquista y a la Monarquía, al

imperialismo yanqui y por añadidura a la U.R.S.S. Esto último, en castellano del más puro corte

cervantino, se llama: «hacer comulgar con ruedas de molino». La notoriedad —que le es necesaria por el

momento— se completa con la censura reiterada a las demás cabezas y cabecillas de la hidra, a las que

denosta por no seguir su ejemplo de una «praxis» de línea ideológica y fanática, cuya única aspiración es

el ejercicio de la violencia.

Según Mao Tse Tung, las revoluciones y las «guerras revolucionarias» son «inevitables en una sociedad

de clases». Es imposible sin ellas realizar «saltos» en el desarrollo social, con el fin de derribar a las

oligarquías que se mantienen en el Gobierno. Debido a ser reaccionarias — asegura—, nunca por la vía

pacífica el pueblo conquistará el Poder.

En verdad, en esta alusión quedará fijada la postura inicial del P.C.E. (M-L) para el logro de sus

objetivos. El eufemismo de «guerra popular» no encubre sino la consecución de una insurrección armada

integral, pero organizada y dirigida por el P.C.E. (M-L) y respaldada por el P.C.E. que, en última

instancia, como cabeza principal de la hidra, seria el predestinado a sacar el mejor partido. Quienes han

de contribuir al engaño, serán tanto las masas obreras como el campesinado, a los que canalizarán

intelectuales de tres al cuarto.

Para, ello, se ha de perfilar una estrecha, ligazón con las aludidas masas, a las que se les hablará de la

alianza de obreros y campesinos para el logro de un frente único, protagonizado por el proletariado.

Como puede verse, nada de andarse por las ramas.

En octubre de 1970, en algún punto de la Sierra de Guadarrama, tiene lugar la reunión del IV pleno del

C.C. del P.C.E. (M-L). Dicha asamblea, hasta entonces la de mayor entidad, esbozó toda la organización

del bloque. Se habló para mayor fijación de ideas, de la posibilidad de celebrar un Congreso.

Los puntos a discutir, según pudo saberse más tarde, afectaban a la implantación, desarrollo y evolución

de las masas revolucionarias y su encuadramiento en los comités regionales.

Por otro lado, fueron estudiadas las bases para la formación del F.D.N.R. (Frente Democrático Nacional

Revolucionario), cuyo embrión militar seria la levadura para el «Ejército Popular Revolucionario»,

instrumento totalmente necesario para llevar a cabo la subversión.

 

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