Autor: J. A. C. B.. 
 Todavía la masonería. La escisión masónica: los masones del nuevo orden sinárquico. 
 Nueva táctica (VI)     
 
 El Alcázar.    27/01/1977.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

todavía la Masonería

La escisión masónica: los masones del nuevo orden sinárquico

NUEVA TÁCTICA (VI)

Para cerrar las líneas de la exposición de la masonería, sus internacionales conexiones y su activa

participación en las subversiones nacionales, incitando y protegiendo las revoluciones, poniendo en

ejecución órdenes de los Supremos Consejos en los que tienen entrada los sionistas, y unas veces en

unión de los cuadros anárquicos, marxistas-leninistas, es indispensable señalar las recientes inquietudes

masónicas, la nueva estrategia con la que se dispone a escalar la antigua e irrenunciable pretensión de

dominio universal.

El centro de operaciones de la nueva estrategia ha sido especialmente Francia —siempre tan dispuesta a

la experimentación de los movimientos políticos— aun cuando el blanco de la empresa era Roma, es

decir, el Vaticano, a través de la élite de la sociedad, los políticos, los ministros católicos, valiéndose de

los nuevos procedimientos, a saber, de las reuniones, de los diálogos, y relegándose los ataques directos y

violentos que se emplearon en los doscientos años anteriores. El nombre de este movimiento de

remodelación se registrará con el de SINARQUIA.

LA CONFABULACIÓN DE LA SINARQUIA

Por los años de 1880 a 1890, hubo una reacción en el seno de las logias con el fin de detener el

materialismo que se apoderaba de los adeptos al "taller", orientando hacia un espiritualismo iniciático u

oculto, más en consonancia con algún grupo de masones, entre los que cabe reseñar a los tres más

importantes: El primero la orden cabalística (Kábala se dijo que era el libro de los judíos) de la rosa-cruz,

fundada por Stanislas de Guaita y secundada por grupo de judíos. El segundo, la orden Martinista,

fundada en 1890 por Papus (Dr. Gerard Encause), a la que pertenecían Saint-Yves d´Alveydre y más

modernamente Víctor Blanchard; el primero será el gran teórico de la sinarquía. El tercer grupo, el

simbolismo, puesto en curso por Oswald Wirth, maestro de varias generaciones masónicas. Con éste hubo

en 1937 intentos de aproximación entre la masonería y la Iglesia. A estas conversaciones asistieron varios

jesuítas, Alee Mellor y representantes de aquéllos, como Marius Lepage. De estos hechos voy a dar

constancia.

La sinarquía, según el iniciador Saint-Yves d´Alveydre, a finales de siglo, "es el conjunto sincretista de

todas las religiones, consideradas como iguales, con cierta primacía de animación atribuida a la kábala

(judaismo) y quizás hacia el final de su vida, le atribuía importancia especial al hinduismo" (1). Según

este martinista, la sinarquía supone en primer lugar una adaptación doctrinal del catolicismo basándose en

la presunción de todos los cultos y opiniones religiosas en una integración de orden cultural y un

sometimiento jurisdiccional al colegialismo sinárquico. En segundo término, ese sistema también supone

el acercamiento de la Iglesia y de la masonería. Así se expresaba el jefe de la sinarquía: "No temáis

convertiros en el alma de la libertad moral; resignaos, al confundiros con las naciones, a perder

momentáneamente vuestro cuerpo de doctrina y de disciplina, esa forma que vosotros llamáis la Iglesia

católica, romana; ella resucitará más gloriosa y más grande, más religiosa y más moral" (2). La obra de

este masón se la ha de considerar como de vuelta hacia un esoterismo que se había perdido en algunas

obediencias, particularmente en el grande oriente de Francia y como de nuevo plan o movimiento para la

conquista universal. La estrategia será trabajo dentro de la Iglesia, subvertir sus más estables principios e

instituciones y así llegar a ese orden nuevo dirigido por la alta masonería. Y desde entonces, mantenido

por los corifeos de los altos grados, subsiste ese plan y se está llevando a cabo entre algunos sacerdotes y

el, pláceme de un obispo. Seguidor e impulsor de esta "divina sinarquía" será el abate Roca, excanónigo

de Perpiñán, apóstata, como también lo fue Saint-Yves. Ya que he dicho de este renegado clérigo, había

que señalar en este empeño de plan destructor de Eliphas Levi a Lacuria, también apóstatas y renegados.

Baste citar entre la serie de herejías de ese atrevido y demente de Roca, pregonando entre clérigos y

masones sus doctrinas relegadas para siempre al desprestigio, sus propias manifestaciones: "¿Lo que se

prepara en la Iglesia universal? No es una reforma; es, no me atrevo a decir una revolución, ya que el

vocablo sonaría mal y no sería exacto, sino una evolución" (3). No emplea la palabra; no obstante, la

realidad es la revolución. A través de sus obras aparecen aludidas las lacras de hoy, que él concebía como

evoluciones: el laicismo, el progresismo, la desacralización, la condena del celibato, la socialización, la

mística de la democracia, etc.

• Los masones del salto al poder político, por todo y contra todo.

Después de la conflagración mundial, en 1918, se percibe en Francia y otros países un resurgimiento

religioso a la vez que un sentimiento patriótico con el bloque nacional. Por eso se recrudece el ataque

masónico, contra la escuela libre, contra los religiosos, y reverdece la religión universal del plan

sinárquico de 1922 en Francia y del pan-europeo en Viena. Como en sus inicios el sinarquismo sigue

programando el federalismo, en el orden económico o el socialismo tecnócrata, común denominado del

comunismo y del capitalismo científicamente conjugados, mientras que la revolución de las mentes se

llevará a cabo por la reducción de todos los valores a uno sólo, el "nuevo humanismo o humanismo

integral". Pero todo esto no se puede conseguir sin la desintegración de los cuadros tradicionales. Como

es comprobable, hoy sigue en pie la realización de este "nuevo orden", del que no hace falta destacar su

inadmisible naturalismo, panteísmo, gnosticismo y otras secuelas que luego se harán visibles.

¿INGENUIDAD CATÓLICA O SUBVERSIÓN MASÓNICA?

En 1926 van tomando realidad las predicciones de Saint-Yves, de Guaita, de Toca y de los predecesores

del sinarquismo. Hay que tender la mano a la Iglesia con el fin de introducirse en sus instituciones y

desintegrarlas a base de una revolución solapada, de progresismo, de humanismo, de socialización de

estructuras, para erigir el nuevo orden sinárquico. Así pues se tienen unas conversaciones que se han

registrado con el nombre del lugar donde se mantuvieron: Aix-la-Chapelle. Se trataba de clausurar las

polémicas entre la Iglesia y la masonería y de colaborar entrambas contra el comunismo. El "hermano

Reichl", uno de los interlocutores, respondía a sus masones: "la masonería expresa hoy el ardiente deseo

de colaborar con la Iglesia contra las peligrosas fuerzas de la revolución representadas actualmente por

los partidos radicales, anarquistas, bolchevistas". Y el gran maestre del oriente de Francia, Brenier,

opinaba que "durante los siglos, nuestra enemiga más peligrosa ha sido la Iglesia; ahora parece dispuesta

a reconocer que se ha equivocado de camino", (en 27 de mayo de 1929): A Reichl, miembro del supremo

consejo, le acompañaban E. Len nhoff, G. M. de la G. logia y O. Lang, secretario de la G. logia de Nueva

York. Por los católicos, los padres Gruber y Mukermann, jesuítas, y en segundo plano, también los padres

Gierens y Macé. Siguieron a todo esto unas informaciones en revistas y prensa católica.

En 1935 aparece "El pacto sinárquico para el imperio francés" que con sus 13 puntos y 598 artículos

expone técnicamente la planificación de la nación, del continente y del planeta, incluyendo las empresas,

los sindicatos y las religiones. Este documento se halló en la logia martinista de Lyon. No había sido

baldía la semilla de Saint-Yves. Lo único que había cambiado era la denominación de "Iglesia

sinárquica", como se la rotuló a fines del siglo, por "orden cultural" o "demosideocracia". La Iglesia

ocuparía en ese nuevo orden el puesto de socio menor. No me detengo más.

El plan, denunciado anteriormente, de subversión dentro de la Iglesia, por las aproximaciones y

conversaciones, va adelante, puesto que en el orden civil o político se está instaurando plenamente con las

democracias de la soberanía popular en un colectivismo desorganizado, pasivo e infrahumano de

masificación de la sociedad contemporánea. Resta la Iglesia y es a ella a quien se ha de atacar pero con

guante blanco. En 1937 la carta de Albert Lantoine, grado 33,"al Sumo Pontífice" en vez de atraerse las

aprobaciones, se hizo merecedor de la condena por su tono insolente en el que acusaba a la Iglesia de

intolerancia, de dominio, etc. La contestación desdichada por lo mal definida del P. Berteloot, mantenía el

soplo de felices resultados en alguna publicación francesa, minoritaria, de confianza hacia la masonería.

Lo interesante es que hubo malhumor por parte del gran oriente de F. y reproches de los masones a la

iniciativa de Lantoine, al que defendía Oswald Wirth, con aquél, del supremo consejo. Por ese tiempo se

producía una escisión en la masonería francesa, capitaneada por Camille Savoir, que, miembro del G.

colegio de los ritos del G.O. de F., quiso seguir con la propaganda espiritualista en la línea de Saint-Yves,

Papus, Roca. No tuvo el éxito que se proponía y abandona el G. oriente para fundar al gran priorato de las

galias, en el que reclutó a un grupo de masones que luego se fundieron en la gran logia nacional Opera.

Así, pues, no se trataba de una vuelta a la fe católica, sino de la afirmación de la filosofía de las

sociedades secretas en contra del materialismo de muchos masones (los politizados). Se prosiguen

algunos contactos entre la alta masonería (¿los masones buenos?) y algunos eclesiásticos por los años de

1838-1839, pero que se interrumpen pronto por la segunda guerra mundial. Siempre se trataban de

diálogos privados a los que no tenían acceso más que ciertos nombres de los que ya he dado nota.

Para que quede aclarado este momento actual, precedente cercano, se mantenía en la francmasonería,

paralelamente al movimiento sinárquico, otro de tendencia socialista, "común a todas las fuerzas de

izquierda". "La logia Monte Sinaí, que agrupaba a numerosos banqueros judíos (recuérdese mi posición

con respecto a esta cuestión), bajo la presidencia de Maurice de Toledo, asume la iniciativa de la obra

política" (4). El 15 de julio de 1933, se funda en Francia el Frente común por los masones de altos cargos,

Perrin, Lebey del G.O. de F., Cohén, Riandey de la G.L., el radical G. Bergery, el socialista G. Monnet, el

comunista J. Doriot y B. Lecache de la L.I.C.A. En Luxemburgo (septiembre de 1934) la Asoc. de la

Mas. Inter, y en Lucena la Liga Inter, deciden las medidas contra el fascismo de Hitler. Y es la masonería

la que organiza los comités de vigilancia de acción antifascista en 1936, dirigido por Chartier, Langevin y

Paul Ruvet, radical, socialista y comunista, pero masones. Con ello se intentaban salvar la república y de

ahí que apelara a su ala izquierda, revolucionaria, y era natural que realizara una contra manifestación

comunista con la "jornada de las ligas" y arrastrara a la masas a un frente popular" en 1936. Víctor

Blanchard, funcionario de la cámara de diputados, grado 33, trabaja con León Blum y Spinasse contra las

derechas y aboga por "un socialismo técnico y una planificación económica". También Goutrot, muerto

misteriosamente, trata con la ayuda de algún católico y científico de apoyar la sinarquía. La participación

de la masonería en el frente popular de España ya se constató en el anterior reportaje.

Después de la segunda guerra se reanuda el diálogo con el P. Riquet y Marius Leplage, G. maestre de la

logia de Laval, orquestado todo con una exhibición en el "Fígaro litteraire", en marzo de 1961. Alec

Mellor publica dos libros sobre la masonería, el segundo con el nihil obstat del P. Riquet y el impri-matur

del obispo Hottot.

Resumiendo, todo ese movimiento sinárquico que ha dejado su imprenta dentro del Concilio Vaticano II,

por lo menos en la opinión de amplios sectores, en el arcilloso perchero de "signos de los tiempos" con

los temas: colegialismo, ecumenis-mo, libertad religiosa... Sólo ha sido un reducido y vano

sentimentalismo de un grupo de élite masónica de la G. logia de F. que intentaba y posiblemente intente

"jugar a la religión planetaria", mientras que el sector mayor e influyente por su politización del grande

oriente de Francia permanecía detrás de una barricada, que es bastante más que la identificación de

"separados" que les confiere Mellor.

Detrás de esa gran presentación de los acercamientos masónicos con los católicos se imponía la total

operación política del "orden nuevo", para el que "la nueva religión" tiene un papel limitado y accesorio.

En ulterior exposición recogeré las conclusiones válidas referentes a la masonería en su actualidad y

vigencia.

J.A.C.B.

(1) Pierre Virion, La Iglesia y la Masonería, 1966. Pág. 17.

(2) Misión de los soberanos, pág. 447.

(3) El final del mundo antiguo, pág. 327.

(4) J. Lombard, o.c. 1973, pág. 166.

 

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