Autor: Sánchez Martínez, Alfonso. 
 CINE. 
 El desencanto y la presencia de la cámara     
 
 Hoja del Lunes.    04/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

CINE

"EL DESENCANTO" Y LA PRESENCIA DE LA CÁMARA

Por Alfonso SANCHEZ

"El desencanto?" es la crónica de una familia, la del poeta Leopoldo Panero. Una crónica acida que la

viuda y los hijos del poeta hacen con sus recuerdos, sus rencores, sus doloridas vivencias. Situados ante la

cámara, van vaciando toda una intimidad que parece hasta entonces contenida. No es una familia

representativa, sino un taso particular. La película es difícil para el espectador corriente. Sin intriga, con

largos monólogos que a veces terminan en discusión, genera cierta monotonía. Tampoco es agradable,

pues no resulta grato contemplar el arreglo de cuentas con la sombra de un muerto. £1 poeta nunca

.aparece. Sólo su estatua, todavía sin descubrir, lo que acentúa su impresión de sombra. Sobre esa sombra

se araña hasta destruirla para hallar, al fin, una liberación. Si para el espectador corriente, es filme áspero,

al buen aficionado y al estudioso, del cine debe interesarle, porque Jaime Chávarri realiza un original

ejercicio en torno a la presencia de la cámara. A nivel de la expresión cinematográfica, "El desencanto"

aporta tantas novedades como antes lo hiciera Víctor Ericé con "El espíritu de la colmena".

Las de Chávarri se sitúan en la línea del "cinéma-vérité". No es nueva. La descubría Dziga Vertov en

1922 con su "cineojo". Estuvo largo tiempo olvidada, ya que su teoría era incompatible con la creación.

Zavattini contribuyó a resucitarla, pero no empalmó con Dziga Vertov, sino con las más recientes

aplicaciones de Jean Vigo, que la definió como "punto de vista documentado". Los modernos

realizadores, al utilizar el sistema como instrumento sociológico o de indagación de 1» "realidad

objetiva", volvieron a las enseñanzas de Jean Vigo. Si Vertov dató el nacimiento del "cinéma-vérité" en

1932 con "Él hombre de la cámara", más importantes son los hallazgos que Vigo presentaba en 1947 en

aquel festival del "Film maudit" que Jean Cocteau Organizó en Biarritz. Tema de amplio debate. Sobre el

"cinéma-vérité" se celebró un congreso mundial en Montreal y hubo un coloquio en la veneciana isla de

San Giorgio. Aún se presta a discarsiones, porque es difícil establecer la verdad buscada. Una "obra

maestra" es "Crónique d´un Eté", de Edgar Morin, pero las presiones de la poderosa personalidad del

realizador sobre las personas que ha elegido las transforma en personajes de su creación. No puede haber

"verdad objetiva" desde el momento en que el realizador elige y luego monta. La selección y

concatenación de planos ya crea una dramatization que desvirtúa la objetividad de la cámara.

Ya la desvirtúa la simple presencia de la cámara. En cuanto los personajes se dan cuenta de la presencia

de la cámara, dejan de conducirse como hombres libres. Es un fenómeno de alienación. La libertad de un

hombre no resiste la mirada de otros hombres. La cámara multiplica esas miradas. El hombre al sentirse

observado se inclina a representar. Es. el riesgo del "cinema-vérité". Por eso es gran mérito de Jaime

Chávarri, uno de sus hallazgos, el haberlo evitado. La viuda y los hijos de Panero no representan, se

confiesan con una libertad que nunca coarta la cámara. Jaime Chávarri nunca la impone. La viuda de

Panero, en unas declaraciones a Lola Aguado, confía: "Y Leopoldo María interviene y me dice una serie

de cosas bastante crueles, e imagínate que la cámara está ahí, pero yo no la veo; me temblaban los

párpados, la discusión estaba en carne viva, la cámara desaparece y yo estoy tratando de defenderme..."

Formidable reconocimiento de la maestría de Chávarri. Sólo un hombre, hasta ahora, había conseguido

ese ideal de hacer invisible la cámara: Jean Rouch. Además de ser un maestro del cinemaj Jean Rouch—

cineasta a la dimensión del continene africano—actuaba con negros que nunca habían visto una cámara, e

ignoraban, por tanto, su poder para captar y reproducir. Su inocencia les permitía la abstracción. Esa

abstracción es imposible—al menos lo parecía hasta "El desencanto"—con seres que tienen una cultura y

saben reconocer una cámara. Basta que la reconozcan para qué tomen conciencia del círculo que se ha

establecido en su torno y modifiquen su conducta. Entonces surge la inclinación natural a representar

innata en todo ser que se siente observado, y el cinema de testimonio pasa a ser un cinema de creación.

Jaime Chávarri evita que los seres que tiene ante su objetivo abandonen el instinto primario y necesario

para qué surja el testimonio y pasen a ese otro secundario en que se produce la .´demostración por el

efecto dominante de la cámara. Se dirá que esto puede evitarse escondiendo la cámara para que los

personajes desconozcan su presencia, pero el resultado sólo tendría interés si el hecho captado ofrece un

valor documental, ético o educativo. Y se trata de captar con la máxima objetividad los más escondidos

pensamientos de unos seres. No imagino más procedimiento para conseguirlo que el seguido por Jaime

Chávarri. El fenómeno de alienación que produce la presencia de la cámara sólo puede destruirse creando

una alienación más fuerte por cualquier medio: la droga, el alcohol... En el caso de "El desencanto" es la

histeria. La exasperada reacción de la viuda para defenderse cuando se ve acorralada por Ja acusación o la

de los hijos al abrirse las heridas sin cicatrizar que les produjo la confesada crueldad del padre crean un

fenómeno de alienación que anula el de la cámara y actúan al descubierto, con el alma a tumba libre.

Jaime Chávarri ha tenido la destreza—y la paciencia—de estar atento a seguir la intensidad que iban

alcanzando estas reacciones, las que hacen que los seres no acusen la presencia de la cámara—"la

discusión estaba en carne viva, la cámara desaparece y yo estoy tratando de defenderme..."—y no sientan

el círculo de observación en que se hallan.

No existe en "El desencanto" relación de influencia entre la cámara y los pacientes colocados ante su

objetivo. En caso contrario, la viuda y los hijos de Panero habrían imaginado las actitudes y expresiones

más eficaces para imponerse a quienes les observan. La cámara las habría captado, lo que nos hubiera

dado una serie de perspectivas psicológicas, pero no la desnuda y sincera verdad de que deja constancia

"El desencantó".

No conocía hasta ahora, salvo el citado caso, de Jean Rouch con la inocencia de los negros, un "cinéma-

verité" en que el hombre de la cámara no ordene una realidad que sólo puede ser expresada en su totalidad

y en su continuidad. Jaime Chávarri ni elige ni ordena la realidad. La capta y deja, que ella misma se

dramatice, al acertar a anular el fenómeno de alienación ´ que genera la presencia de la cámara. Es donde

reside el enorme hallazgo de "El desencanto".

 

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