Autor: Urci, Francisco J. De. 
 El Comunismo. La hidra de las cien cabezas. 
 Partido Comunista de España  :   
 Marxista-leninista. PCE (m-l). 
 El Alcázar.    01/02/1977.  Página: 8,9. Páginas: 2. Párrafos: 35. 

EL COMUNISMO

La hidra de las cien cabezas

LA mediatización de las CC.OO. al PC.E.. (M-L) quedó bien demostrada en cuantas campañas contra el

Régimen español se llevaron a cabo por el comunismo con motivo del «Proceso 1001».

Pero aún hay más. Debido a la crisis de las CC.OO., el P.C.E. (M-L), por medio de su organización

laboral O.S.O., se marcó como objetivos importantes la penetración en cuantas industrias importantes y

medianas tuviesen a su alcance. Programa de actuación que venía marcado por el comunismo ortodoxo,

dentro de su campaña de reconciliación nacional. La penetración de O.S.O. se marcó además otros

objetivos más ambiciosos; casos de Telefónica y Renfe.

Otras organizaciones filiales del P.C.E. (M-L) son las Uniones Populares: de Artistas, U.P.A.; del Campo,

U.P.C.; de Enseñantes (maestros) U.P.E. y de Mujeres, U.P.M. Conozcamos cada una de ellas:

La U.P.A.—De escaso éxito, pretende ser una «organización de masas» para aglutinar a cuantas personas

se desenvuelven dentro de alguna actividad artística como: cine, teatro, pintura, escultura, música,

literatura y periodismo. Su eficacia, al menos por ahora, no es apreciable. Quizá porque no haya más

opuesto al comunismo totalitario que toda actividad creadora.

U.P.C.—En cuanto a las del Campo o Campesinas, como también se las denomina, su misión es la de

controlar las «masas del agro». Se detectaron a raíz de su organización infiltraciones en algunas zonas. Su

influencia hasta el presente no es apreciable. En la provincia de Valencia (Sagunto) es donde al parecer

han estado mejor organizadas.

Aunque en el campesinado el P.C.E. (M-L) vio la mejor «cantera» para aumentar la futura guerra popular,

se dio cuenta tarde de su gran error para el proselitismo, toda vez que la mayoría de sus militantes, ante la

indiferencia, hablan sido extraídos de los centros urbanos.

Esto explica su insistencia y reiteración en la formulación de las consignas y la búsqueda constante para

lograr la «alianza obrerocampesina», incitando primero a los braceros a «crear una brecha» contra los

propietarios, que después facultaría el camino para la «conciencia política de la masa».

Naturalmente que la actuación de las U.P.C. ha de ser distinta a las otras que se desenvuelven en los

medios urbanos.

Según ha publicado un colega, se presentarán a diputados por el P.C.E. Ana Belén, Víctor Manuel,

Raimon, Francisco Rabal, Juan Diego, etc.

En el primer Congreso del P.C.E. (M-L) celebrado en Laveno (Italia), fue tratada la cuestión y los

acuerdos se plasmaron en un documento bajo el titulo de: «Acerca de nuestro trabajo en el Campo». Los

puntos tratados más importantes, fueron los siguientes:

«Estudios de los trabajos de cada comarca rural para "colocar" a los militantes más adecuados.»

«Tomas de contacto en los centros agrícolas (localidades centrales, cabeceras de comarca) para desde allí

prestar la consiguiente influencia a otros de menor importancia.»

«Programar tareas para la penetración y formación de masas revolucionarias en determinadas zonas

rurales y en los períodos de mayor actividad (siega, recogida de aceituna, naranja, etc.), con el fin de

lograr situaciones conflictivas mediante la exigencia de reivindicaciones.»

«Publicar regularmente el "Boletín" de las U.P.C. para la "sensibilización de las masas". La acción del

agi-trop se prolongaría en los momentos conflictivos con pintadas, siembras de octavillas, colocación de

pancartas, banderas rojas, con o sin artefactos explosivos o simulados.»

Estos puntos formaron la fase previa para la consecución de jornadas de lucha, basadas en asaltos a

almacenes y silos; cortes de vías de comunicación (carreteras), empleando en ello el producto de las

cosechas o los vehículos que las transportan; negativa al pago de contribuciones, arriendos y Seguridad

Social Agraria; asalto de camiones y transportes que conduzcan el producto de las cosechas y negativa

tajante a vender éstas a precios distintos a los que se acuerden. Como puede apreciarse, conclusiones

tendentes a «la concordia, la convivencia y la desaparición de las dos Españas».

Por otra parte, y con respecto al campesinado, acordaron la provocación de huelgas y manifestaciones en

los pueblos durante las épocas de recogida de cosechas; la huelga, desde luego, en el caso que esté en

extremo peligro la pérdida de la cosecha. Así fuerzan a conseguir cuantos propósitos acuerden.

Otras veces es la recogida de la cosecha antes de tiempo, para exigir la no actuación de la maquinaria

agrícola y la petición de jornales superiores a los estipulados; puesta en cultivo por grupos numerosos de

terrenos sin roturar, exigiendo luego el pago del trabajo a quien corresponda, aunque no haya sido

solicitado.

U.P.E.—Por lo que respecta a la U.P.E., actualmente denominada U.P.P.D. (Unión Popular de Profesores

Demócratas), es la filial del P.C.E. (M-L) para la captación del profesorado, últimamente con especial

preferencia del universitario. La U.P.E. o U.P.P.D. está por consiguiente estrechamente ligada con

F.U.D.E. y F.E.D.E.M. (organizaciones estudiantiles ambas, según hemos visto). De esta forma se crea un

contacto mutuo entre profesor y alumno. Últimamente han conseguido bastante influencia en los

problemas de los P.N.N. (Profesores no numerarios), como en la última huelga de profesores de E.G.B.

La U.P.E. toma también parte activa en las jornadas de violencia del primero de mayo de 1973, a través

del F.R.A.P.

U.P.M.—Por último, el P.C.E. (M-L) dispone para control de su militancia femenina de la «Unión

Popular de Mujeres», no siendo impedimento que a su vez, por el estrato social en que se desenvuelvan,

pertenezcan a alguna o algunas de las organizaciones ya dichas, tanto en el sector laboral como en el

estudiantil.

Como metas más conocidas, aunque su desarrollo aún es imperceptible, las U.P.M. se proponen

«concienciar» a la mujer para incorporarla a la lucha violenta y para ello, la emplean en las campañas de

agitación, principalmente, utilizando los argumentos de la carestía de vida, la falta de escuelas, guarderías

infantiles, etcétera.

LAS FORMAS DE ACTUACIÓN

En la enmarañada hidra de las cien cabezas el P.C.E. (M-L) es, después del «ortodoxo», el mejor

organizado. O dicho de otro modo, es la cabeza de fauces más sólidas y mandíbulas más poderosas,

aunque cuando se escriben estas líneas, quizá por ser invierno, la cabeza esté sumergida en la ciénaga,

pensando y preparándose para algún zarpazo.

El P.C.E. (M-L) mantiene rivalidades —con vistas a la galería —con la L.C.R. (Liga Comunista

Revolucionaria), también propugnadora de la violencia, pero bajo influencias trotskistas. Ahora bien,

últimamente, este grupúsculo, o sea la L.C.R., ha tomado gran impulso al hacer la debida simbiosis con

E.T.A.-VI Asamblea, que por su mediatización de comunismo trotskista, sigue las directrices de la IV

Internacional. Pero esto es tema para tratarlo a su debido tiempo.

Debido a su carácter violento y despiadado el P.C.E. (M-L), fiel a la trayectoria marcada bajo patrón

«pekinés», pues el «moscutero» ha de pasar por una «praxis» de moderantismo, ha experimentado

grandes desmantelamientos. La acción policial fue contundente, aunque no en la debida proporción las de

otros organismos.

Las detenciones efectuadas a raíz de los sangrientos sucesos de primero de mayo de 1973, fueron

numerosas, como no podía por menos de suceder. No vamos a entrar en detalles sobre estas actuaciones.

Sólo pretendemos ofrecer un trabajo de síntesis, para informar y no deformar como hacen otros colegas

de prensa, y abrir los ojos a los que, por desgracia, poseen una visión tan limitada que no escapa más allá

de sus narices.

Las zonas de más arraigo del P.C.E. (M-L) son Madrid, Valencia, Zaragoza y Barcelona. En esta última

provincia se llegó a contar con cuadros importantes en Sabadell, Igualada y Tarrasa. Hecho por demás

preocupante. En sentido histórico, el comunismo ortodoxo en Cataluña está enraizado en el P.S.U.C., que

sigue la línea tradicional o «moscutera», con su secretario general López Raimundo, el P.O.R. (Partido

Obrero Revolucionario), heredero en cierto modo del P.O.U.M. (Partido Obrero de Unificación

Marxista), que fue de la rama trotskista, y últimamente el P.C.E. (VIII Congreso) o dé Enrique Líster

Froján, escindido de los «carrillistas», más por enemistad personal de ambos santones comunistas que por

cuestiones de ideología, pero que tampoco se siente ligado a la rama «pekinesa», como el P.C.E. (M-L).

En bastante menor escala puede aseverarse que el P.C.E. (M-L), ha sido detectado en las distintas

regiones españolas, incluido el Archipiélago Canario. No obstante, parece tener —por su proximidad a

Madrid—, algo más entidad en Ciudad Real, con células en Puertollano y Manzanares, en Toledo y en

Avila.

En cuanto a la provincia de Madrid se han detectado infraestructuras importantes en Aranjuez y Alcalá de

Henares. En Valladolid existieron brotes súbitos, aunque desmantelados rápidamente gracias a activa

acción policial.

En cuanto a sus tentáculos en el extranjero, para el proselitismo entre emigrantes, ejerce y ha ejercido su

acción en Francia, Alemania Federal, Suiza y Bélgica. La totalidad de sus afiliados —incluidos los que

cumplen condena por sus diferentes delitos—, era de unos dos mil en 1973. Unos datos aclaratorios de

cuanto exponemos nos darán una idea aproximada de este «globo desinflado» de la hidra.

Para la planificación de las jornadas de primero de mayor de 1973, el P.C.E. (M-L) «echó el resto»,

proyectando al crimen a su organización o frente de masas F.R.A.P., al completo de sus efectivos de la

capital de la nación.

Fueron practicadas un centenar de detenciones. La organización quedó prácticamente deshecha. De todas

formas, los componentes del P.C.E. (M-L) y sus agrupaciones filiales son de gran fanatismo, alevosía y

proclividad al crimen, mérito que se han ganado a pulso. Y lo más censurable de cuanto opinamos es que

el setenta y cinco por ciento de sus componentes y cuadros responsables son de formación universitaria,

con mayoría de estudiantes y licenciados en Económicas. Nada de extrañar, pues la influencia del

profesor sobre los alumnos es motivación inexcusable.

LA PUESTA A PUNTO

Cuando la hidra se dispone a poner en circulación un nuevo programa, o dicho de otra forma, le nace una

cabeza más, dedica un periodo a la inevitable «campaña publicitaria». Algo así a como hacen las

empresas al lanzar un nuevo producto.

Por ello, en su fase embrionaria el P.C.E. (M-L) dedicó especial atención al factor propaganda En el

buzamiento de panfletos y hojas sueltas, cualquier aparato ateo-marxista o comunista es fecundo. El

misterio está en la máxima de Stalin: «Una multicopista hace más daño que un tanque, y en definitiva,

cuesta bastante menos».

Con la constitución del F.R.A.P. en enero de 1971, la propaganda toma un gran impulso, llegando durante

el año siguiente a su cota más alta. Se detectaron más de un centenar de hojas sueltas diferentes, lo que

nos da una media aproximada de una cada tres días. De ellas, la tercera parte correspondió a Madrid y su

distrito universitario, un quince por ciento a Valencia, un diez por ciento a Zaragoza y el cuarenta por

ciento, más o menos, al resto del país. Los meses de mayor actividad panfletaria fueron los de enero a

abril, con el oportunismo de los sucesos de El Ferrol del Caudillo y la campaña para «la sensibilización de

las masas» con vistas a la prueba de choque, «tanteo al poder», del primero de mayo.

Los «materiales» (hojas y libelos impresos) son repartidos en mano en sitios determinados (fábricas,

escuelas, academias, autobuses, etc.) o mediante «siembras», generalmente de madrugada y desde coches.

También suelen distribuirla por correo, sin remite, cuando pretenden ejercer sobre los receptores una

«erosión moral». El sistema, de todas formas, es más lento y costoso.

Además de lo expuesto, como acciones de propaganda, están las consabidas pintadas y colocación de

pancartas y banderas en puntos visibles (pasos elevados, fachadas de edificios). Lo realizan «comandos»

de tres individuos y durante la madrugada de días conmemorativos. En las pintadas, uno hace de

«escritor» mientras los otros vigilan. Es la tarea más sencilla de los militantes. Donde inician su «carrera

política».

Una vez comprobada su valía, de las «pintadas» «suben» a los «comandos de agi-trop», modalidad de

actuación empleada tanto para la colocación de banderas como la de pancartas y murales. El reparto de

«materiales» a determinadas horas, recién anochecido, y en lugares ya elegidos —salidas de metro,

paradas de autobuses, puertas de cines, toros, fútbol, etcétera—, se efectúa por «comandos de reparto»,

integrados por tres sujetos del mismo o distinto sexo. Mientras éste distribuye, entre la gente, está

vigilante el «comando de protección», integrado —según convenga— por cuatro, seis, o más individuos,

normalmente armados con barras, porras, cadenas y armas blancas.

Su misión es salir en defensa de los de «reparto», si éstos fuesen sorprendidos o denostados por el público

o los agentes de la autoridad intentasen detenerlos. Los «comandos de protección» atacan

preferentemente por la espalda. El P.C.E. (M-L) ha pretendido en ocasiones «cobrar» la propaganda

cuando la distribuye en mano. Cree así lograr un «compromiso político» con el abordado y sorprendido

transeúnte.

En cuanto a sus acciones subversivas más peculiares, el P.C.E. (M-L) es el creador de los «saltos de

comandos», con el fin de realizar las «manifestaciones relámpago». Estos saltos de comandos están

acompañados de acciones vandálicas, con pretextos vindicativos y de talante revanchista. Su conducta es

la de una pura salvajada. Pero lo asombroso es que al ser detenidos e identificados sus componentes,

pertenecen al sector estudiantil. Se trata de futuros letrados, médicos, psicólogos o licenciados en

cualquier rama del saber y en su mayoría de extracción burguesa, donde la hidra ha conseguido su

contaminación a base de invocar amnistía, reconciliación nacional, coexistencia pacífica, etc.

 

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