Autor: Urci, Francisco J. De. 
 El Comunismo. La hidra de las cien cabezas (X). 
 Organización Revolucionaria de Trabajadores ORT     
 
 El Alcázar.    07/02/1977.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 42. 

EL COMUNISMO

LA HIDRA DE LAS CIEN CABEZAS

(X)

Por Francisco J. DE URCI

ORGANIZACIÓN REVOLUCIONARIA DE TRABAJADORES O.R.T.

LA O.R.T. nos presenta unos orígenes tan peculiares como aleccionadores. No es que haya en su proceso

formativo nada de esotérico. Pero es un ejemplo más del afán desmedido de "aprovechamiento" ateo-

marxista. La O.R.T. comenzó siendo un movimiento puramente sindical, sin matizaciones políticas, pero

ha concluido por estar manejada por el ideario comunista y dentro de él, por la "praxis" pekinesa.

Teniendo presente esta peculiaridad, comprendemos más claramente cuál es su verdadera línea política:

"¡Vuestro partido, como partido obrero y antifascista — dicen "En Lucha", su órgano de difusión —

apoya con todas sus fuerzas las luchas reivindicativas de sus masas de trabajadores. ¡Hay que ganar las

reivindicaciones frente, a la patronal! ¡Hay que derribar a la oligarquía y a la Monarquía Fascista de Juan

Carlos!".

Así como suena.

Para el maoísmo, recuerdo cercano del leninismo, la "teoría política" ha de ir estrechamente vinculada

con la práctica. "El conocimiento —decía el zar amarillo— comienza por la practica, después de adquirir

conocimientos teóricos mediante la práctica, hay que volver a la práctica".

Así, para los "pekineses", esta "praxis" no solamente constituye el origen del conocimiento sino además

su fin y el criterio verdadero. Para Mao, la teoría del conocimiento se reduce, lisa y llanamente, a lo

siguiente: "descubrir las verdades por la práctica y confirmarlas y desarrollarlas por la misma práctica".

Lo curioso es que —según Mao— el principio de contradicción para el descubrimiento de la verdad, "se

ha de conjugar exclusivamente dentro de la concepción marxista". O dicho de otro modo: no hay otra

razón que la suya.

NACIMIENTO DE LA O.R.T.

Los antecedentes inmediatos de la O.R.T. hay que buscarlos en la A.S.T. (Asociación Sindical de

Trabajadores) que hace su irrupción en la clandestinidad en 1960. Esta procedía a su vez del V.O.S.

(Vanguardia Obrera Sindical), grupo avanzado del apostolado obrero y de la Asociación Católica del

Apostolado Seglar, que había tenido cierta influencia en los años cincuenta. La A.S.T., que había sido

ideada para ejercer una acción dentro del sindicalismo y por cauces apolíticos, se fue impregnando de un

encubierto marxismo —lobo con piel de cordero, el símil es tan viejo como el mismo comunismo— para

desembocar a mediados del año 1967 en las conocidas Comisiones Obreras, muy protegidas por el P.C.E.

(ortodoxo).

Poco después —en 1969— , la O.R.T. se encontró con la necesidad de aceptar algún sistema para la

proyección de sus trabajos de organización y propaganda. Para el marxismo —antesala del comunismo—

había llegado el momento. La mayoría de los componentes de O.R.T., aceptan ingenuamente los

principios del socialismo marxista, por creer que era la teoría social más idónea a sus reivindicaciones

laborales, ya que se había aceptado en otros países. De esta forma, los más significados componentes de

la A.S.T. abandonan "la vieja organización", para constituir —durante el verano (1969)— la O.R.T.,

predispuesta a filtraciones "pekinesas".

Transcurrido un breve período de discusiones se redactan en el otoño de 1970 los "Principios y doctrinas

de la O.R.T.", donde ya sólo aparece el signo marxista. Ello produce de manera espontánea que se

originen dos corrientes discrepantes en el seno de la organización. La marxista, de más influencia, y la

sindical "reivindicativa" que, falta de apoyos que le den fuerza moral, comienza a ceder terreno a la

primera. Prueba de cuanto decimos fue su colaboración con otras cabezas de la hidra, en descrédito del

proceso de Burgos, contra presuntos asesinos y miembros de la E.T.A.

Resumiendo, la O.R.T., en su primer planteamiento ideológico, decide definirse por el sentido

revolucionario del maoísmo: reconstruir el "mundo comunista" pero sumándose sólo a aquellos

grupúsculos marxistas-leninistas y con vistas a la galería, de cara al mundo exterior; "combatir a los

ortodoxos", sarampión de moda, impuesto a las nuevas cabezas de la hidra que "dicen" les ha brotado por

su parte de la izquierda.

Durante el año 1971, la O.R.T. aumenta sus efectivos con la adhesión de elementos procedentes del

F.L.P. (Frente de Liberación Popular), más conocidos por "felipes". Este grupo, creado en 1958 por los

estudiantes en torno a la revista "Praxis" y por seudointelectuales católicos progresistas, defendía en su

iniciación una postura socialista para concluir luego, en el campo trotskista. Los "felipes" aceptaron, pues,

su colaboración con estudiantes católicos y grupos de extrema izquierda.

Los de O.R.T. se tragaron el anzuelo de valorar a los "felipes", como el grupo de los "estrategas

políticos". El foco principal de los "felipes" estuvo ubicado en la Facultad de Políticas y Económicas de la

Complutense. Los "felipes" lograron controlar los nacientes sindicatos democráticos de estudiantes,

invento a distancia del P.C.E. (ortodoxo), con el falso proyecto de restar adherentes al P.C.E. (M-L).

Como órganos de expresión, los "felipes" editaron "Acción Estudiantil" y "Acción Universitaria". Cuando

el F.L.P. se las prometía más felices, la acción policial los desmantela y pone a disposición de la

autoridad competente a sus más conspicuos representantes.

A causa de la proliferación de procedentes en la flamante O.R.T., se originan abundantes desacuerdos.

Para aclarar posiciones, en 1971 convocan una asamblea y en ella se pronuncian de forma "oficial" como

organización ateo-marxista, aunque con la realidad de tres tendencias perfectamente diferenciadas.

Una abultadamente dominante, pero inestable con una línea política dubitativa entre el P.C.E. (ortodoxo)

y el P.C.E. (M-L). Su órgano de difusión "En Lucha" pretende fortalecer el movimiento obrero sindical,

sirviéndose de las C.C.O.O.; la segunda tendencia, denominada "fracción liquidadora", dispone del

papelucho "Estado Obrero". La integran los procedentes de A.S.T. Se inclinan por el sindicalismo,

aunque están convencidos de que carecen de influencia, y, por último, un pequeño grupo trotskista, que es

prontamente absorbido.

Cuando, a mediados de 1971, al discutir sus principios y doctrina, acuerdan constituirse, nada más y nada

menos en la "vanguardia del proletariado". "La clase obrera —propugnan — está indiscutiblemente

interesada en acabar con el fascismo. Desde la implantación del régimen, la clase obrera ha sido

combatiente de primera fila en la lucha contra el mismo".

ORGANIZACIONES Y PRETENSIONES

Concluida la Asamblea, el grupo marxista, cada día más influyente y numeroso, acaba por desbancar a los

otros dos. Los elementos que muestran su disconformidad son expulsados de la organización.

Incapacitada todavía para una verdadera toma de posiciones, la O.R.T. inicia sus actuaciones de

"torpedeamiento" al sindicalismo oficial desde el seno de las C.C.O.O.; más tarde se independizará, para

inclinarse dentro de la radicalización por el marxismo-leninismo de Mao Tse Tung, aceptando más bien

en teoría sus "métodos violentos", aunque no así su línea ideológica.

De esta forma, O.R.T. ha conseguido predominar sobre otras pequeñas cabezas de la hidra que le son

afines o simpatizantes, como el M.C.E. (M-L), el P.C.E. (I) y O.C.E. (B.R.), de los que hablaremos en

otra ocasión.

Por todo lo expuesto, O.R.T. pertenece también al comunismo "pekinés". Por consiguiente, el más

exaltado y tendente a la violencia. Pero, ya hemos consignado, su trayectoria ha sido diferente a la del

P.C.E. (M-L) o el M.C.E. (M-L). La O.R.T. entró en el círculo del marxismo-leninismo procedente del

campo del sindicalismo obrero. La consecuencia es importante. Existe en sus cuadros un mayor

enraizamiento de la doctrina aceptada.

Por otra parte, O.R.T. no se denomina partido, sino organización y este apelativo lo considera como

situación necesaria para llegar en su día a constituir el único partido obrero marxista-leninista que fusione

a todos los existentes y que sea la "auténtica vanguardia obrera".

La O.R.T., muy afanosa y consumidora de pintura a la hora de poner letreros, propugna como única

forma de gobierno la República Democrática, Popular y Federativa, siendo su "deseo" más acuciante: "la

destrucción del estado burgués y la instauración de la dictadura del proletariado, sin etapas intermedias".

Para ello, O.R.T. acepta como único medio para la consecución de sus metas, el ejercicio de la violencia.

"Sólo mediante la violencia se posibilita el nacimiento de la nueva sociedad". Marcada influencia como

puede verse del maoísmo.

En un alarde de protagonismo, O.R.T. promueve una campaña de agitación para que: "todos los partidos y

organizaciones auténticamente democráticas formen una Alternativa Democrática Unitaria que, apoyada

en el pueblo en lucha, derroque a la Monarquía de Juan Carlos, conquistando la libertad. Alternativa que

para ser más justa y fuerte ha de recoger las reivindicaciones más candentes de los trabajadores y de todo

el pueblo".

Es la nueva baza que ahora, desde el mundo laboral, la hidra pone en marcha, tanto para probar sus

fuerzas contra el nuevo régimen, como por el sentido oportunista de lanzar el reclamo sugerente de un

nuevo anagrama.

Lo curioso es que si O.R.T., fiel al maoismo, pregona la violencia de las masas o el asalto al poder "sin

fases intermedias", hasta el presente año se han atrevido a "marranear" muros y fachadas.

En cuanto a sus pretensiones, la aspiración suprema de la O.R.T. consistió además en ser el núcleo básico

para la creación del gran partido proletario que llegado el momento haría la revolución. Para ella había de

crear el F.U.P. (Frente Único del Proletariado) que garantice la unidad de acción y asegure su postura de

dirigente de la revolución. De momento este frente lo forman las C.C.O.O., "base para más tarde de un

frente de masas populares".

Para O.R.T., su concepción de ese quimérico partido del proletariado, según acuerdo de su Comité de

Dirección Permanente, ha de gozar de: Firmeza ideológica dentro del "marxismo-leninismo-maoísmo";

ser indiscutiblemente la vanguardia política de la clase obrera y practicar el centralismo democrático,

donde se aglutinen la unidad de acción con los principios del comunismo.

En un futuro inmediato —estamos en 1972— O.R.T. cree "ciegamente" se ha de llegar a una articulación

social, esencialmente obrera y ésta sólo puede conseguirse gracias a la lucha de clases. La dirección

correrá a cargo de los obreros industriales que tendrán su frente de lucha en las grandes factorías.

En la práctica, O.R.T. carece de jerarquización, pero sus intenciones no son nada modestas. Al no aceptar

el escalonamiento jerárquico —dicen—, aspiran a convertirse en una central sindical, o sea, lo mismo por

lo que tanto están protestando.

En la declaración de su Comité Central ante las elecciones sindicales de septiembre de 1970, O.R.T.

consideró que: "la lucha sindical de la organización de clases, es sólo una parte de la lucha obrera que,

organizada bajo el impulso y la dirección de la vanguardia, desarrolla su conciencia de clase para la toma

del poder".

LAS ORGANIZACIONES DE CLASE

Las organizaciones de clase —sobre todo C.C.O.O.— son el instrumento que O.R.T. mueve para su

provocación en los movimientos revolucionarios de las fábricas. Constituyen de esta forma un "arco de

puente" entre los obreros y el gran partido político del futuro: el Partido del Proletariado, que es algo

como decir un nuevo collar para el mismo perro.

De ahí que las C.C.O.O. tengan un sentido estrictamente proletario, abstracción hecha de la colección de

jerseys de su "santón" mayor, cuyo nombre no es preciso recordar. Los votos de las C.C.O.O. no deben

decidir, pero serán la "pieza" importante que promueva discusiones cuando se ventilen los intereses de la

clase trabajadora.

Las organizaciones de clase se caracterizan por ser unitarias y amplias. No están condicionadas a una sola

ideología y utilizan la legalidad sólo cuando les conviene. En caso contrario, calibran "justamente" su

clandestinidad, alternando —cuando la situación lo aconseja la legalidad, la semilegalidad y la

clandestinidad. En resumen, ligar reformas y situaciones sindicales con alternativas políticas.

En su pugna con el P.C.E. (ortodoxo), pugna, insistimos, para confusión de "tontos útiles", con respecto a

las C.C.O.O., creyó desplazarlas a causa, "decían", de los momentos críticos que el "carrillismo" padecía

con su falsa proclividad, hacia la derecha y la socialdemocracia. Aún el señor de los jerseys no había sido

hecho público su nombramiento de conspicuo del P.C.E. (ortodoxo).

En cuanto al sindicalismo estatal, O.R.T. induce a la lucha en su interior, fase previa para la

desacreditación y consecución de los organismos de clase. En resumen, atacar el sindicalismo oficial

desde dentro. O.R.T. es, pues, "el caballo de Troya", dentro del Ministerio de Relaciones Sindicales.

Por su naturaleza puramente marxista y su "praxis" pekinés, O.R.T. internamente se estructura siguiendo

el escalonamiento jerárquico tipo de todas las organizaciones por el centralismo democrático, aunque los

nombres sean distintos.

O.R.T. tiene como órgano director la Asamblea a la que concurren representantes en número no superior

a cincuenta. En orden descendente está el Comité Central, con misiones coordinadoras de alto nivel. El

C.C. está formado por un responsable por ciudad donde exista O.R.T. con un prudencial número de

afiliados. El C.C. dispone de una secretaría política cuyo verdadero nombre es C.D.P. (Comité de

Dirección Permanente). Este comité es órgano ejecutivo.

Tanto a nivel nacional como regional, hay otros comités específicos, tales como: de relaciones políticas,

prensa, captación, estudios, etc. En los regionales ha de figurar un representante, cuando menos por cada

una de las ramas del trabajo. Su número varia entre seis y doce miembros, según la importancia laboral de

la región.

Comités de O.R.T. se han controlado en Madrid (Castilla), Cataluña, Andalucía, Levante, País

Vasconavarro y Extremadura, como más importantes; los de Murcia, Valladolid (Castilla la Vieja),

Galicia, Santander y Asturias, son pura ficción.

En cuanto a los comités locales, orientan y dirigen las células que se agrupan, según las especialidades del

trabajo, en federaciones. Por su mayor importancia tanto en Barcelona como en Madrid, se ha constatado

la existencia de comités intermedios de federación.

Se conocen también las precélulas, formas de organizaciones embrionarias e intermedias, donde el futuro

militante permanece a prueba durante el correspondiente período de aprendizaje. Es, precisamente, donde

"han de hacer los primeros méritos", para que O.R.T. los reciba luego con los brazos abiertos.

Previamente, y cuando se planifica alguna operación incordiante, como una siembra de propaganda, en la

víspera de una fecha señalada, una "sensibilización de la masa", con vistas a una provocación de huelga,

manifestación, jornada de lucha, etc., se organiza un comité técnico que estudia y planifica la actividad a

desarrollar por cada federación.

La O.R.T. se encuentra más arraigada a Madrid con un comité muy activo en Getafe-Villaverde, Alcalá

de Henares y Aranjuez. En Barcelona, prolonga su influencia hasta Tarrasa y Sabadell. También en

Guipúzcoa y Navarra existen comités, aunque marchan con relativa independencia.

O.R.T. es uno de los tentáculos de la hidra en donde menos ha dejado "huella la acción represiva". Su

labor es sumamente cauta. Rehuye las espectacularidades. Esto hace quizá que indebidamente se la tenga

un tanto marginada a la hora de calibrar su peligrosidad e importancia. De todas formas, el número de

afiliados es escaso, aunque impreciso, debido a su patente tendencia a subsistir en lo más hondo de la

ciénaga de... Argos.

 

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