Autor: Urci, Francisco J. De. 
 El comunismo. La hidra de las cien cabezas (XVII). 
 Liga Comunista Revolucionaria. LCR     
 
 El Alcázar.    17/02/1977.  Página: 8,9. Páginas: 2. Párrafos: 30. 

EL COMUNISMO

La hidra de las cien cabezas

(XVII)

Por Francisco J. DE URCI

LIGA COMUNISTA REVOLUCIONARIA

L.C.R.

LA Liga Comunista Revolucionaría representa al comunismo trotskista con marcada influencia sobre

aquellos grupos clandestinos calificados como de extrema izquierda.

La L.C.R. tiene su iniciación en el primer semestre de 1969 y se forma con algunos miembros del

extinguido F.L.P. (Frente de Liberación Popular), también denominados "felipes", debido a las iniciales

de su anagrama, sus contactos en Cataluña con el F.O.C. (Frente Obrero de Cataluña) y en Vascongadas

con E.S.B.A., fracción del F.L.P., cuya significación es Euzkadiko Sozialisten Batasuna, o Frente

Socialista de Euzkadi.

Pero antes de proseguir, recordemos quién fue León Bronstein (a) "Trotsky". De naturaleza judía, aunque

apatrida, sus teorías revolucionarias propugnan que para conquistar el poder es necesario, de una parte,

organizar suficientemente a las masas con el fin de atacar y vencer, sin rodeos ni fases intermedias, al

estado burgués, para destruirlo por completo.

Su característica es, pues, la de una violencia a ultranza, aunque a veces dan la impresión de haberla

abandonado.

ANTECEDENTES DE LA L.C.R.

Aunque en la IV Internacional se consiguiera agrupar a todas las cabezas de hidra afines a "Trotsky", su

unión fue breve, debido a continuas fisuras y escisiones. En verdad, por el momento, los trotskistas no son

muy numerosos, pero sí muy activos y de gran peligrosidad.

En España contamos con un trotskismo histórico, anterior todavía al trotskismo propiamente dicho.

Estuvo representado en el P.O.U.M. (Partido Obrero de Unificación Marxista), exterminado junto con los

anarquistas en 1937, durante los sucesos de Barcelona —donde existía la mayoría— y precisamente por

los comunistas estalinianos. Como recordaremos, Trotsky fue además eliminado tres años más tarde en

Méjico, donde se había refugiado, por orden de Stalin.

Las pugnas entre Trotsky y Stalin tuvieron su causa en el protagonismo que cada cual quería endosar a las

masas proletarias. Así, mientras Trotsky pretendía concederles un papel preponderante en la revolución,

el Zar rojo las valoraba de simple instrumento para su política imperialista. Las masas — decía — han de

estar dirigidas y explotadas por la minoría de los cuadros del Partido. Esto es lo que luego se llamó

centralismo democrático, por llamarlo de alguna forma.

El trotskismo fue considerado como una teoría revolucionaria radical y radicalizada. Prescindía para sus

logros de las peculiaridades de cada país donde pretendiera implantarse. Para Trotsky, la revolución habla

de ser permanente, en oposición al proceso tradicional, donde ha de haber una fase intermedia que

conduzca al socialismo marxista. Trotsky, pues, entendía que la revolución ha de hacerse directamente,

por el asalto al poder.

En 1970, los restos de las organizaciones anteriormente dichas, F.L.P., F.O.C. y E.S.B.A., cuya ligazón

no era otra que ciertas similitudes basadas en el trotskismo, se unen y forman un grupo al que denominan

ambiguamente Comunismo. Su línea política, aunque solamente pergeñada, se situaba en la

ultraizquierda, como corresponde en definitiva al ideario trotskista.

El grupo Comunismo pone en circulación tres órganos de propaganda denominados: "Universidad Roja",

para la enseñanza superior; "Barricada", para futuros bachilleres y demás estudiantes de grado medio, y

"Proletario", para las masas laborales. "Proletario" alcanza prontamente cierto sensacionalismo en

Vizcaya y Barcelona.

Unos acontecimientos acaecidos en París con anterioridad, van a influir en la organización y programa de

la futura L.C.R.; nos referimos a la revuelta estudiantil de mayo de 1968, organizada por el trotskismo

francés, a través de su L.C.R.

Los aludidos acontecimientos estuvieron protagonizados además por el P.C.I. y su organización J.C.R.; la

Organización Comunista Internacional y la Federación de Estudiantes Revolucionarios; el P.C.F. (M-L) y

su Unión de Jóvenes Comunistas; la Unión Comunista "Voix Ouvriere" y el Movimiento del 22 de marzo

S.D.S. (Sozialistiches Deutsches Studentenbund), alemán.

Estos grupos, dirigidos por el trotskismo galo y con vistas a los famosos sucesos de mayo, habían

organizado su "Ligue Comuniste", bajo inspiración de los cuadros dirigentes de los "Círculos Rojos",

fracción avanzada del comunismo francés.

La L.C.R., creada a partir de marzo de 1971, no es otra cosa que un remedio de la francesa y con base

inicial del grupo "Comunismo". Una vez fundada, hacen públicas sus afinidades con la IV Internacional,

considerándose de paso como los únicos representantes del trotskismo en España. Viene por otra parte

L.C.R. a "ocupar el vado" dejado por el P.O.R. (T.), (Partido Obrero Revolucionario, trotskista),

continuador, aunque a cierta distancia, del P.O.U.M.

El P.O.R. (T), considerado por algún tiempo como la "Sección Española de la IV Internacional", al igual

que su antecesor el P.O.U.M. y su sucesora la L.C.R., había conseguido más arraigo en la región Catalana

y Vascongadas, donde, al parecer, la huella del pensamiento de León Trotsky es más marcada.

PERIODO FORMATIVO

El P.O.R. (T) se planteó como primordial objetivo la creación de un Frente Unido entre los estudiantes de

todas las fracciones disidentes, las C.C.O.O. y las organizaciones de jóvenes. La dirección del P.O.R. (T.)

estuvo ubicada en Barcelona, pues en su ambiente universitario era donde desarrollaba mayor actividad.

También fue el refugio de los que en Madrid escaparon al desmantelamiento policial que tuvo lugar en

octubre de 1968.

Aunque el P.O.R. (T.) dispuso de sus órganos de dirección dentro del marco universitario, dirigió sus

campañas de proselitismo hacia el mundo laboral con alardes propagandísticos. Su característica violenta

fue la de las "manifestaciones relámpago".

Por algún tiempo el P.O.R. (T.) dispuso de fondos abundantes venidos del exterior. Ello facilitó la

formación de comités regionales, células (moles) y otros cuadros de rango ínfimo y medio, pero la verdad

es que esta fracción del trotskismo, hoy prácticamente desaparecida, no logró sobrevivir a los

desmantelamientos de la acción represora.

La L.C.R. considera su oportunismo de suma importancia. Se apropia la "solera trotskista" de Cataluña, lo

que trae como consecuencia, a los pocos meses de formarse la Liga, que surja el primer brote

materializado en la denominada fracción trotskista del grupo "Comunismo", carente por otro lado de

entidad y representación. Con dejar consignada su existencia, es más que suficiente.

Impulsada por el ideario trotskista la L.C.R. se ha considerado situada en el puesto más avanzado de la

extrema izquierda de cuantas cabezas tiene la hidra, aunque prontamente se vio rebasada por el P.C.E.

(M-L) y su frente de masas, el F.R.A.P.

De todas formas, el militante trotskista, en una valoración lata y universal, siempre se ha diferenciado por

su "aparente" escasez, pero también por su más sólida formación y preparación; mayor peligrosidad y

fanatismo que los "pekineses" y los "ortodoxos" o "moscuteros".

De ahí que en sus materiales, sean más aficionados al insulto desconsiderado, la amenaza y las

exigencias. "Nosotros —dicen en una proclama en abril de 1972, incitando a la huelga general de la

construcción— conocemos bien el carácter criminal y asesino de la dictadura franquista"... "siempre la

respuesta es y será la misma, los asesinatos perpetrados por los esbirros a su servicio: la Guardia Civil, la

Policía Armada y la B.P.S. (Brigada Político Social)". Digamos solamente que su calidad literaria es de lo

más ínfimo. Son fecundos en su radicalismo insultante. Quizá no sepan hacerlo mejor.

La L.C.R. se distingue prontamente en cuantas huelgas importantes tienen lugar a raíz de su constitución.

Citemos las de la construcción de Madrid en el mes de abril, y de la S.E.A.T. en Barcelona. "Todos

unidos como un puño para golpear a la dictadura con nuestra huelga", fue uno de los "slogans"

publicitarios más difundidos. Como otras cabezas de la hidra, también son aficionados a pedir la

disolución del Ejército y la Guardia Civil.

En enero de 1972 y en Barcelona, con asistencia de unos treinta militantes, la L.C.R. celebra su Primer

Congreso. Entre las conclusiones más interesantes destacó la aceptación de los estatutos y la puesta en

marcha de una petición para adherirse a la IV Internacional. Esta petición debía debatirse en el X

Congreso Mundial.

La celebración del Congreso impulsa la confección de materiales suscritos por L.C.R.; los orientan con

carácter preferente al marco estudiantil, siendo los distritos "elegidos": Madrid, Barcelona y Valencia.

A finales de febrero de 1972, el titulado B.P. de la L.C.R., lanza un panfleto titulado: "Hacia un nuevo

Burgos". En el mismo se detalla cuál es la doctrina de la Liga y en qué consisten sus reivindicaciones.

En sus bravuconerías, L.C.R., con motivo del fracaso de la concentración en la madrileña zona de Atocha

en primero de mayo (1972), acusa desconsideradamente a otras organizaciones clandestinas de izquierdas

no comunistas, especialmente U.G.T. y C.N.T. de dejar "abandonada a su suerte" a la masa, mientras los

grupos comunistas, bajo el control de la L.C.R., han obligado a "los grises a tirar la porra y huir" y los que

no lo lograron "se les rompieron los cascos y se les tiraba al suelo" (además de cobardes, deslenguados).

Este protagonismo por hacerse con la dirección de los altercados callejeros, nada más estar presentes en

las revueltas, les proporciona, por otro lado, la censura de los "pekineses", más veteranos y

experimentados en correr de... la fuerza pública.

DOCTRINA DE LA L.C.R.

Poco después del Primer Congreso, L.C.R. padece una crisis en el seno de su Comité Central. Un grupo

discrepante se "independiza" y forma "Encrucijada". Se articula con los elementos más avanzados del ala

izquierda, defensores del vanguardismo predominante sobre la masa, de existencia del frente único con su

influencia estratégica y la única salida posible de un gobierno impuesto por la clase trabajadora. El grupo

"Encrucijada", luego llamado L.C. (a secas), despoja a la L.C.R. de casi la mitad de sus afiliados. Mas lo

curioso es que, producida la escisión, el espíritu vindicativo se vio muy disminuido.

Para tratar de la reunificación, durante los días dos y tres de diciembre (1972) en las afueras de Barcelona,

tiene lugar el II Congreso de L.C.R.; no se llega a ningún acuerdo. Las discusiones son difundidas más

tarde en un panfleto titulado "La Liga en marcha". Aunque, ciertamente, la marcha quedaba detenida.

Convencida L.C.R. de su escaso éxito en el ambiente estudiantil, donde iniciara sus actividades, y

desplazada, o más bien empujada por los grupos del comunismo "pekinés", abandonan el marco

universitario para dirigir su proselitismo hacia los sectores laborales, donde creen descubrir mejor campo

para la difusión de su doctrina.

· Campaña de proselitismos en el mundo laboral

· Nueva fórmula transitoria: ´´Gobierno de los trabajadores"

Según exponen en sus estatutos, la meta fundamental de la L.C.R. es la implantación de la dictadura del

proletariado bajo la forma de gobierno de una República Socialista de Consejos Obreros. Como primera

etapa —dicen— para conseguir una sociedad sin clases y a nivel mundial.

Para alzarse con el poder, creen disponer a su antojo de las masas y llevarlas a la H.G.R. (Huelga General

Revolucionaria) del pueblo con carácter violento e insurreccional. De esta forma —aseguran— será

derribada la Monarquía.

En los aludidos estatutos se cuenta también —si preciso fuera— con provocar la insurrección armada del

pueblo, caso de que no pueda lograrse el asalto al poder, mediante la huelga general revolucionaria.

A tales fines —sin andarse por las ramas— a principios de 1973 dirigen un llamamiento a los: "Obreros,

estudiantes y trabajadores en general para solidarizarse con el resto del país".

"La huelga general —pregonan— por las reivindicaciones pendientes de los trabajadores; por la

readmisión de los despedidos; por la libertad de los detenidos; por la disolución de los cuerpos represivos.

¡Adelante por la huelga general! ¡Todos los puños cerrados y unidos en la misma dirección! ¡Abajo la

dictadura asesina!".

La L.C.R. pretende poner en marcha un camelo denominado etapa transitoria entre la caída del régimen y

la dictadura del proletariado. La nueva "fórmula" ha de llamarse "gobierno de los trabajadores".

Con él intentan: garantizar las libertades democráticas; desmantelar el aparato represivo fascista;

implantar el control obrero en la producción; expropiar por las buenas (o por las malas) las propiedades

privadas y, por último, crear las bases para la dictadura del proletariado, que conducirán al verdadero

socialismo.

No obstante, convencidos de que la capacidad combativa de la masa y su grado de conciencia

revolucionaria dejaba mucho que desear, durante las jornadas del II Congreso acuerdan dar forma

progresiva al programa de transición, estableciendo en el mismo un conjunto de actividades

propagandísticas, formas de actuación en la lucha, organización de piquetes de autodefensa, etc... De esta

forma, se convencería a la masa para la constitución de un movimiento obrero de vanguardia revolucio-

naría capaz de las "victorias más resonantes contra la burguesía".

Todo lo expuesto sirve al trotskismo para ampliar su influencia política y resaltar su espíritu revanchista.

Su acción violenta está materializada en grupos con carácter de temporalidad, destinados a operar durante

un conflicto concreto en la fábrica, instituto, taller, etc., originando problemas de índole social que afecte

a un sector de población, de una determinada barriada, para crear situaciones comprometidas a las

autoridades. En el momento clave en que estos "agitadores" se constituyen en defensores de los derechos

de los trabajadores, de las reivindicaciones estudiantiles o de las exigencias de la población, L.C.R. se

encarga de crearles una "popularidad", con la que luego canalizan en su contorno la adhesión de la masa

embaucada.

 

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