Autor: Alcántara, Manuel. 
   Abu y Kissinger: Al fin, libres     
 
 Arriba.    12/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Agenda de notas

ABU Y KISSINGER: AL FIN, LIBRES

LOS señores embajadores de todos los países árabes, hermanos en petróleo, visitaron a los señores

ministros franceses del Exterior y del Interior. El embajador de Argelia pronunció unas palabras que

podían haberse interpretado como amenazantes en el caso de que la susceptibilidad de tos diplomáticos

europeos no fuese tan restringida: «la detención del guerrillero palestino Abu Daud puede perjudicar las

relaciones entre Francia y e,| mundo árabe». Han existido apresuradas conversaciones, de esas que suelen

denominarse «altos contactos» y Francia ha lamentado la captura de un señor con pasaporte falso.

También ha sido mala suerte detener al líder palestino, con la cantidad de personas con pasaporte falso

que se mueven a sus anchas dentro del territorio francés. Israel pide la extradición de Abu, pero como el

tratado suscrito con Francia no prevé que el presunto delito haya sido cometido en otro país y el ataque

del comando se produjo en la Olimpiada de Munich, la petición ha sido desestimada. Alemania no ha

mostrado gran interés, ya que, si bien el delito se cometió allí, las víctimas fueron extranjeras. «Ahora

tenemos que probar algo que generalmente ignoramos», han dicho. Total, que Abu Daud ha sido puesto

en libertad por la Cámara de Acusaciones del Tribunal de París, ha recogido sus bártulos de «La Santé»,

se ha ido al aeropuerto de Orly y se dice que ya está en Argelia. El petróleo interesa más que el deporte y,

por supuesto, mucho más que los deportistas asesinados.

Ha habido división de opiniones. Mientras París se llenaba de «pintadas» pidiendo la libertad de Abu, en

Tel Avív se ha manifestado un grupo de personas ante la Embajada francesa pidiendo la extradición del

culpable de la masacre de la Villa Olímpica: eran los familiares de los atletas muertos. Sucede siempre

con los puntos de vista opuestos, ya que es más fácil perdonar cuando la ofensa atañe 3 otros. Así en la

apócrifa versión del pasaje bíblico de la mujer adúltera, cuando la blanca figura del Cristo se interpone

entre la turba armada de piedras y la pobre mujer acusada. «El que esté libre de pecado que tire la primera

piedra.» Todos bajan la airada mano mientras revisan, sin vergüenza secreta, sus almas. Pero de la ultima fila,

inopinadamente, surge un cantazo certero. «Hijo —en la vez de Cristo había tanta no pena como amor—, ¿estás tú libre de pecado.»

Respondió el agresor:

—No, pero soy el marido.

Los padres, las madres, las no vías de los diecisiete muchachos muertos no están de acuerdo con los

Tribunales, ni con los diplomáticos, ni con los tratados de extradición. Quien es para algunos un héroe es

para otros un asesino. Quien es un asesino —el asesino de Trotsky, sin ir más lejos— va a ser declarado

en la Unión Soviética Héroe Nacional.

Otra forma de recobrar la libertad, menos escandalosa, pero no menos súbita, ha sido la de Kissinger.

Cesó ayer y desde ese mismo momento se dedicó a divertirse de modo frenético. El hombre con más

horas de vuelo de] mundo, exceptuados algunos pilotos, se demora en todos los cabarets de Washington.

Se ríe muchísimo y lo pasa en grande. Su júbilo es incontenible y sigue manteniendo las mismas

conversaciones que antes, pero ahora sólo con gente agradable, la acreditada tristeza del «ex» no le aco-

mete y es el menos cesante de todos los políticos que cesaron. Sabe que una cosa es ser y otra estar. Antes

estuvo de secretario de Estado y ahora está siendo Kissinger. Henry para tos amigos.

Manuel ALCÁNTARA

 

< Volver