Autor: García San Miguel, Luis. 
   El bable, como bandera     
 
 Diario 16.    02/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

E1 bable, como bandera

Luis G. San Miguel

La incomparable geografía asturiana (perdón, lector; soy parcial en este punto) comienza a verse poblada de letreros que dicen "Puxa Asturias". Como no podía ser menos, el regionalismo asturiano hizo su aparición. Uno de los primeros en levantar la bandera fue el diario ultraconservador "Región", que empezó a lanzar la imagen de Asturias como provincia olvidada, dejada de la mano de Dios por el lejano y absorbente Madrid. No creo que "Región" haya llegado a levantar la bandera del regionalismo, ni muchísimo menos la del separatismo. Decía cosas por el estilo: "¡Escándalo insufrible! El tramo ArriondasRibadesella está peor que muchos caminos vecinales (lo que, dicho sea de paso, era rigurosamente cierto). ¡Qué hace ese ministro que no pone remedio a la situación!" Llegó Fernández de la Mora, ministro a la sazón, visitó el tramo en cuestión, se comió, supongo, una fabada y arregló la carretera. Problema resuelto. En definitiva, se trataba, probablemente, de levantar una contrabandera frente al "separatismo" vasco y catalán. ¡De qué se quejan esas provincias privilegiadas, si nosotros estamos peor que ellos! Y pese a estar peor que ellos no queremos hacer nada, sino todo lo contrario, por romper la unidad nacional." Aquí estaba probablemente la madre del cordero.

Lengua "oprimida"

No podía pasar mucha tiempo sin que la izquierda recogiera esa bandera. Y uno de los elementos de la reivindicación había de ser forzosamente el bable, lengua "oprimida" por el centralismo madrileño, como el vasco y catalán. Además de las "pintadas", loa periódicos publicaron páginas enteras y las canciones-protesta hicieron su aparición. Como siempre suele ocurrir, la moda se mezcló con la reivindicación y contribuyó a hinchar sus banderas. Pero, ¿es realmente el bable una lengua "oprimida"? Veamos.

Todos los asturianos, sin excepción, hablamos castellano, con inflexiones regionales fácilmente reconocibles: empleamos siempre el indefinido en vez del pretérito perfecto ("vine" y "marché", en vez de "he ido" y "me he marchado", como en Madrid. En Madrid, todo hay que decirlo, se pasan con el empleo del pretérito perfecto), decimos el diminutivo en "in" y nunca en "ito" ("ese señorín pequeñín"), aplicamos, extrañamente, el calificativo "guapo" a los objetos ("qué zapatinos más guapos"), usamos expresiones absolutamente ortodoxas (según me dijo una vez don Rafael Lapesa) que otros hablantes del castellano han dejado en desuso.

Todavía como dialecto

Además del castellano todos hablamos un poco de bable y algunos hablan bastante bable. Pero el bable funciona como dialecto y no como lengua, porque los hablantes de bable no pueden expresar en él todo su mundo de ideas y de sentimientos y necesitan apoyarse en el castellano que es su modo de expresión básico. (Quien quiera más precisiones técnicas sobre esto puede consultar el excelente estudio de Jesús Neira "El bable. Estructurare historia", Ayalga, 1976.) Ocurre, por otra parte, que en Asturias no hay un solo bable sino al menos cuatro, entre los que existen notables diferencias.

El bable, o los bables, nunca fueron "oprimidos", ni siquiera en los peores tiempos del franquismo. Todo el mundo los hablo cuanto quiso y como quiso y yo mismo recuerdo haber visto bastantes obras de la antigua Compañía Asturiana de teatro, habladas en bable, o en algo que intentaba parecérsele.

Porque ésa es otra cuestión. Son muy pocos los asturianos capaces de hablar bien el dialecto, o dialectos, y tanto menos cuanto más "culto" es el hablante. A excepción de los lingüistas, casi nadie es capaz de hablarlo ni escribirlo "correctamente". Los escritos que actualmente proliferan en las páginas de los periódicos y revistas son, al parecer, pastiches de un escritor que piensa en castellano (su lengua) y traduce luego al bable, pero traduce generalmente mal y postizamente.

Convendría, desde luego, que no se perdiera el bable que, para todos loa asturianos., es un medio de expresión entrañable. A título de ejemplo: mis amigos madrileños me hicieron notar que, cuando me encuentro con algún asturiano, empiezo a "meter" (sin darme cuenta de ello) palabras en bable. De las pocas que sé. Convendría, pues, favorecer el cultivo de la "lengua" asturiana, creando cátedras y bibliotecas o de otras mil maneras. Pero intentar sustitur el castellano, nuestra lengua, por bable sería el mayor de los disparates, simplemente porque contribuiría a favorecer nuestra incomunicación.

No quisiera extraer ninguna "filosofía" de lo anterior. Pero valga al menos la siguiente consecuencia: el problema regional es mucho más complejo de lo que quieren hacernos creer algunos políticos "regionales" que lo utilizan como bandera en su lucha por el Poder,

 

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