Autor: Avilés, Paloma. 
 Mañana lunes, el profesor Aranguren se reincorpora después de 11 años a su cátedra. 
 La democracia es un modo de ser     
 
 Arriba.    17/10/1976.  Páginas: 2. Párrafos: 30. 

Cultural

Mañana lunes, el profesor Aranguren se reincorpora después Je 11 años a su cátedra

"La democracia es un modo de ser"

• Me considero un hombre de oposición... en cualquier tipo de régimen»

«EL INTELECTUAL DEBE SER INDEPENDIENTE, SIN QUE ESTO SIGNIFIQUE UNA CRÍTICA

PARA AQUELLOS COMPROMETIDOS POLITICAMENTE»

El «Decíamos ayer» de fray Luis de León, luego de Unamuno, se repetirá mañana, lunes, en la

Universidad Complutense de Madrid. José Luis López Aranguren, catedrático de Etica y de Sociologia,

después de once años de ausencia, por decreto, vuelve a impartir sus clases, también pox decreto.

El profesor Aranguren, porque tras su despejadísima frente y sus lentes y su aspecto enjuto, una no se

puede imaginar otro oficio para el señor Aranguren que el de profesor «despistado», sujeto "paciente de

bromas estudiantiles. Luego resulta que ni es tan despistado ni vive en las nubes. Responde rápido, con

sencillez, alejándose del lenguaje pedante como de la peste.

—Profesor Aranguren, ¿Qué les contará el lunes a sus alumnos? ¿No tiene algo de miedo de volver a

vestirse de luces en este ruedo ibérico?

—Esa clase va a ser muy distinta de una clase habitual, por que van a ir muchos antiguos alumnos,

amigos, periodistas, televisión, etcétera; soy más bien enemigo de estas cosas, pero no puedo evitarlas.

Esto quiere decir que la clase tomará un carácter muy distinto de una clase normal. Es decir, la primera

clase propiamente hablando será la segunda.

No tengo miedo. AI fin y al cabo es lo que vengo haciendo toda la vida, tanto en Madrid, como en

California; cada año me enfrento con nuevos alumnos. Este año, debido al cambio de plan de estudios, no

hay Etica; espero que esto sea algo simbólico y que la "ética" no se aleje de la Universidad, por eso sólo

daré Sociología y dirigiré un seminario de Etica para los alumnos de doctorado.

«Hoy la Universidad está peor»

—Hace unos años declaró en una conferencia sobre la Universidad española y ia Universidad libre, que

debíamos estar unidos frente a las llamadas Universidades libres, "en torno a la pobre Universidad del

Estado, que es muy mala". Hoy, después de haber tomado contacto, si no de un modo directo, sí in.

"directo, con la Universidad española, ¿cuál es su, opinión sobre la problemática universitaria estudiantil

de los años 70?

—Si entonces la Universidad española me parecía mala, hoy, en la medida que la conozco, todavía me

parece peor. Soy bastante escéptico en cuanto a las posibilidades de revitalización de la Universidad. Sigo

pensando que es menester luchar para esa revitalización. Pero tengo menos esperanzas que en otra época.

Si resultase que la Universidad española no fuese mejorable, habría que plantear su des. aparición.

Entonces habría que considerar qué posibilidades hay de una enseñanza libre, en otro sentido distinto y

más verdaderamente libre de aquel al que nos referíamos entonces. Habría, pues, que replantearse eso que

se ha llamado la "desescolarízación", aplicado a la enseñanza superior. Es decir, desescolarización que,

llevada a su extremo más anárquico, diese al traste con los títulos y todos esos aparatos

institucionalizados y académicos. Y, donde la enseñanza fuese algo así como una anarquía didáctica,

según la imaginación decente de cada uño de los profesores que existiesen. Es una idea muy extremada, y

requiere que se agoten todas las posibilidades de la enseñanza institucionalizada.

—De ese fenómeno llamado «titulitis» que padecemos la mayoría de los universitarios es. pañoles,

¿podrá salir en el futuro un intelectual serio y comprometido con la sociedad española de un modo u otro,

bien a favor, bien contra el «establishment", ejerciendo de abogado del diablo?

—En gran parte, la verdad es que los jóvenes, ya desde hace muchos años, se han formado de una manera

muy autodidacta. Cuando yo estaba en la Uníversidad se podía hablar de dos culturas distintas. Una, la de

los profesores que enseñaban y que los alumnos aprendían pura y simplemente para pasar un examen, y,

otra, la cultura de los estudiantes, que los profesores, generalmente, ignoraban.

Me acuerdo muy bien, que, por ejemplo, los estudiantes acudían al decano para organizar un acto de

recital de poesías. El decano de la Facultad, decía muy bien. Los alumnos decían: queremos traer a

Celaya y a Blas de Otero, etcétera. Como el decano no tenía la menor idea de la significación política de

Celaya o de Blas de Otero, decía que sí. Luego este acto, con las posibilidades de !a época, era

considerado como subversivo. Pero ya no tenía remedio.

Realmente, esto de la cultura estudiantil separada es una vieja historia.

El intelectual tiene varias funciones: la profesoral, que consiste, no sólo en dar bien sus cursos y en lograr

una participación activa de los estudiantes. Tiene, en mi opinión, también, la función de revitalizar y

autentificar la Universidad misma. Por otro lado, tiene la misión de dotar de una conciencia democrática a

los españoles, función fundamentalmente política. Pienso, además, que esta labor debe ser hecha desde la

libertad, sin el compromiso con partidos políticos. El intelectual debe ser independiente, sin que esto

signifique una crítica para aquellos intelectuales comprometidos políticamente.

—¿Por quién votaría, profesor, en ias próximas elecciones?

—Me considero una persona de izquierdas y, por tanto, votaría siempre a la izquierda. No sé a quién,

depende de las circunstancias concretas. Por ejemplo, pienso que si hubiera una avalancha de votos

derechistas a favor de la Alianza Popular de "los siente", o una situación similar; uno puede votar a los

comunistas sin ser comunista, por cuanto uno piense que constituye como un modo más eficaz de

contrarrestar una fuerza excesiva de la derecha. En cualquier Parlamento europeo conviene que haya

comunistas, aunque no sea comunista. De modo que no sabría por quién votaría hasta la víspera del día de

la votación.

No daría tanta importancia a una votación. La democracia es algo más... Empieza mucho antes del voto y

se prolonga después, mucho más allá del voto. Votamos, a lo sumo, una vez ca. da tres o cuatro años.

Debemos ser democratas continuamente. Es participar a todos los niveles: manifestándose en los medios

informativos, asociaciones de vecinos de los movimientos en los barrios, etcétera. La democracia, en

definitiva, es un modo de ser.

Yo, como muchos españoles, no la gran mayoría, soy un hombre de oposición. Es decir, no solamente lo

he sido frente al franquismo, sino que probablemente lo seré con respecto a los nuevos regímenes. Estoy

casi seguro que estaré en frente. Porque algunos tenemos una vocación más bien crítica que de adhesión.

La democracia no se explica sin una oposición.

—Acaba de publicarse «Estudios literarios» (I) del que usted es autor. En el libro parecen muy distintos

ensayos, unos como «Don Quijote y Cervantes» y «La moral de Gracián», otros como el presentado sobre

San Juan de la Cruz. Poro destaca un apéndice sobre «El curso de la novela española contemporánea».

—He usado deliberadamente la palabra curso, en el doble sentido de que el trabajo procede de un curso

universitario para presentar a los estudiantes americanos la novela española, y en e! de presentar la novela

española en su curso. Es decir, entrelazando una obra con otra y unos autores con otros. Procurando

subrayar la continuidad, que, naturalmente, es sólo dialéctica.

Han quedado excluidos de este curso autores como Ayala o Andújar por ser un estudio exclusivo sobre

autores formados, desde la guerra civil a nuestros días, en España.

—¿Cuáles son las corrientes fundamentales de la novela española de la posguerra?

—En un principio hay la novela que podemos llamar falangista, en la cual, naturalmente, hay matices

porque la primera obra de Torrente Ballester, muestra ya un cierto distanciamiento de esta corriente.

Después hay aquella novela de epopeya burguesa, representada en la Saga de Agustí, hasta que llega un

punto en que la novela se hace más verdadera, desde un punto de vista literario. Digamos que es el caso

de Cela, con «La familia de Pascual Duarte»; y más realista en el sentido de contacto con la realidad es la

novela «Nada», de Carmen Laforet, que en lo que se refiere a esta obra concreta, la escritora señala una

ruptura y una autentificación de la literatura. Luego aparece un tipo de narrativa más intimista, en cierto

modo psicológica, reacción de ciertos jóvenes escritores catalanes como Ana María Matute y Goytisolo.

Cela con «La colmena» parece intentar la objetividad, pero no lo consigue porque su creación es

fundentalmente celista; en la etapa siguiente pasamos a «El Jarama», y luego a «Tiempos de! silencio", de

Martín Santos, donde culmina esta corriente. Las siguientes etapas estarían :"• • • . "- por varias piezas

fundamentales, como el ciclo de Juán Mursé y Juan Benet, dentro de la novelística catalana.

—¿Cuánlas obras lleva escritas el profesor Aranguren?

—No llevo la cuenta, creo que unas treinta obras, fundamentalmente ensayos sobre religión, ética, libros

sobre sociología, pero nunca escritos de creación o de ficción.

—¿Acaso, profesor, carece de imaginación suficiente para la novela?

—No crea que es falta de imaginación. En un tiempo estuve teníado de escribir ficción, pero desistí de

ello. Se necesita un tipo especial de imaginación, científica o filosófica, para plantearse un ensayo.

—¿Proyecta algún nuevo ensayo?

—Ninguno por el momento, me dedico ahora a preparar mis cursos y a mis colaboraciones en la Prensa

de Madrid y Barcelona.

Paloma AVILES

(Fotos Alfredo DÍAZ)

(I) «Estudios literarios», José Luis López Aranguren. Madrid. Gredos, 1976.

 

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