Autor: Clua Palau, Samuel. 
   El mito del regionalismo     
 
 El Alcázar.    04/08/1977.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

EL MITO DEL REGIONALISMO

Ha llegado ya la democracia y el pueblo español contempla acongojado e Inquieto como se deteriora día a día la situación económica y cómo los fantasmas del paro, de la inflación y, en definitiva, del empobrecimiento colectivo, se agigantan ominosamente, mientras los padres de la Patria mantienen sus escaramuzas parlamentarias.

Y como si no fuera bastante con ese rápido descenso hacia el subdesarrollo, nos hallamos ante uno de los más graves intentos de quebrantar la unidad nacional con la instauración que se preconiza de los estatutos autonómicos. Se está mitificando un autonomismo que ha de contribuir a los enfrentamientos entre las regiones, ha de socavar fuertemente la unidad de la Patria hasta su total fragmentación, ha de agravar la situación económica general y que, además constituye una clara regresión histórica contraria por tanto al interés de los españoles.

El sagrado nombre de España, después de 500 años de unidad, va siendo proscrito y sustituido por el de Estado español, se está hablando ya sin rebozo alguno de "las nacionalidades" y se intenta variar el sentimiento de españolidad (yo soy español y catalán, aragonés o gallego) que se había acentuado fuertemente en los años de gobierno del Caudillo, por el de regionalidad (yo soy español en tanto que catalán, aragonés o gallego) planteamiento inadmisible y plenamente acorde con la tendencia disociadora que entrañan las autonomías.

Pero lo que choca con el más elemental sentido común es el apriorismo de todos los autonomistas que se limitan a preconizar las autonomías sin el menor razonamiento que demuestre como y por qué han de beneficiar y no perjudicar a la unidad nacional y como y por qué han de favorecer el desarrollo económico de España. Cualquier innovación de tal profundidad en la estructura política de un país ha de ir precedida de profundos estudios y análisis de sus presuntos efectos benéficos y aquí nuestros políticos se limitan a apoyar las autonomías con la misma inconsciencia que un médico que recetara un medicamento cuyas cualidades terapéuticas no hubieran sido debidamente examinadas, exponiendo al enfermo a la muerte. Esta ligereza de la mayor parte de los políticos españoles es difícilmente comprensible y demuestra una notoria irresponsabilidad.

Por el contrario, existen múltiples razones en contra de la bondad de las autonomías:

1°.— El concepto impreciso de región como ente político. Cualquiera que viva en una zona fronteriza entre dos regiones, como en la parte occidental de Cataluña, desde donde escribo, se da cuenta (y ésto no lo ven o no lo quieren ver tos centralistas políticos barceloneses) de la enorme aberración que representa el que un pueblo tenga que someterse a una legislación y otro 4 km más allá, cuyos habitantes tienen la misma mentalidad, problemas y aspiraciones y están relacionándose continuamente en todos los aspectos, a otra diferente.

2°.— Es un absurdo hablar de acercamiento a los problemas, pues para éso están los parlamentarios de cada zona, para hacer llegar los problemas vivos y acuciantes al gobierno, y nada se opone racionalmente a descentralizaciones administrativas a nivel municipal y aún provincial, ya que el municipio constituye una entidad natural que no es actualmente la región.

Por otra parte, el avance espectacular de las comunicaciones ha acercado enormemente a gobernantes y gobernados. Desde 1932 hasta la fecha, el progreso en esta materia ha sido fabuloso.

3°.— Uniformidad en las costumbres y mentalidad. Nadie puede negar que entre un andaluz y un aragonés, por ejemplo, existen muchas menos diferencias actualmente que hace cincuenta años, debido a la facilidad de las comunicaciones que junto con el aumento de nivel de vida ha facilitado el conocimiento mutuo, a la televisión que crea unos hábitos comunes, al enorme aumento de nivel cultural (logrado dicho sea de paso bajo el régimen de Franco) etc.

4°.— Ligámenes económicos. Existe actualmente una trabazón a nivel nacional o internacional, incluso en el campo de la mediana y pequeña empresa. Cualquier distorsión, que se produciría forzosamente al existir autonomías, provocaría graves problemas a la mayoría de las empresas.

5°.— La complejidad de los problemas económicos exige que haya una dirección nacional de la economía y un ámbito económico amplio y uniforme (el nacional) sin interferencia de soberanías limitadas intermedias. Lo contrario introduciría la anarquía y asestaría un duro golpe a la economía del país.

Las autonomías, son, en definitiva, una clara regresión histórica, como proclamaron antes de 1936 precisamente los socialistas, que hoy parecen haber dado un cambio radical, cuando los argumentos son mucho más poderosos que en aquel entonces, y como toda regresión, fuente segura de incontables males.

Pero, con ser rechazables las autonomías, en general, en cuanto a tas regiones donde no existen minorías nacionalistas, se reduciría la cuestión a un problema técnico cuyas consecuencias desastrosas harían que se modificara ulteriormente, pero cuando, como sucede en Cataluña, existen esas minorías nacionalistas, las autonomías no son más que un trampolín que conduce al separatismo.

Y precisamente, ahora, se aduce en Cataluña el sofisma de que el pueblo catalán ha mostrado mayoritariamente su "voluntad" de autonomía, lo que es falso, no sólo porque el que ha votado al marxismo en sus dos vertientes socialista y comunista (opción mayoritaria en Cataluña) no ha votado "porque" tuvieran en su programa la autonomía, sino porque la autonomía asumida por los partidos no ha sido más que uno de tantos elementos de su programa y ello prescindiendo de que una gran cantidad de personas no saben siquiera lo que han votado, como reconoce el propio profesor Tierno. ¿Puede alguien de buena fe creer que los miles de inmigrados de las zonas industríales de Cataluña tienen un fervor autonomista porque han votado al marxismo? Precisamente en la sección de Cartas al Director de La Vanguardia del 26 de junio manifiesta un señor que ha votado al socialismo sin plantearse como cuestión decisiva la autonomía y un tal Sr. Ricart llega a decir que se pongan pronto a punto los programas económicos porque los problemas sobre la lengua, la cultura catalana y la autonomía interesan de manera secundaria a la mayoría de los inmigrados y a no pocos catalanes.

Asi, sobre la base de sofismas, pero sin explicar ni siquiera en el período electoral los presuntos beneficios de la autonomía, sino solamente manipulando el sentimentalismo del pueblo catalán, digno de mejores políticos por sus indudables cualidades Y no de aficionados a la política que según el propio Tarradellas ha tenido casi siempre, se está soplando nuevamente en la hoguera del separatismo que ha de conducir a Cataluña a días aciagos.

Por ello, al leer unas declaraciones del ministro de las Regiones Sr. Clavero en La Vanguardia del 15 de julio, que abunda en afirmaciones sin ninguna clase de razonamiento y en notorias contradicciones, me permitiría, como humilde ciudadano español (y además catalán) rogarle que explicara públicamente qué diferencia hay entre federalismo y autonomía política, puesto que si se muestra contrario al federalismo por ser artificial el romper la unidad de España para unirla después por la vía del pacto, según dice, me gustaría saber por qué motivo no ocurre igual con las autonomías políticas que en realidad son lo mismo.

Creo que debería aclarar también públicamente en qué se basa su afirmación de que las autonomías serán buenas para la unidad de España, puesto que una afirmación tan categórica en boca de un ministro debe estar avalada por alguna razón profunda, aclarándonos de paso si conoce bien alguna de las regiones más conflictivas en este aspecto como Cataluña o el País Vasco. Finalmente, te recomendaría que leyera las conferencias y discursos de alguno de los más prominentes políticos catalanes que ahora son parlamentarios para que viera el concepto que tienen de la unidad de España y sus desvelos para conservar esa unidad. Le encarezco, a tales fines, un artículo publicado por D. Joan Reventós en La Vanguardia del 8 de abril pasado, del que le transcribo unos párrafos... "La oficialidad del catalán es una necesidad vital, un objetivo inexorable al que hay que llegar por sus pasos, pasando por un periodo de cooficialidad´ ... "el catalán forma parte de una identidad nacional arrebatada, que, sin recuperarla, no habrá libertad para ninguno de nosotros".

Y en cuanto a la solidaridad, es decir a una detracción de fondos de las regiones ricas en favor de las pobres que preconiza el Sr. Clavero, dice Joan Reventós: "El trabajador catalán ha sido manipulado por un Estado centrista, que impedía la reinversíón aquí de los impuestos efectivamente pagados" y añade "hemos d_e plantearnos la construcción de una solidaridad real entre los pueblos del Estado (nótese, no de España) construcción difícil, pero que tiene en la solidaridad de clase una base más sólida que en la generosidad que pueda reclamarse de las regiones ricas.

El pueblo catalán está viendo ya con aprensión y alarma cómo los falsos profetas de la democracia y el nacionalismo van corroyendo rápidamente su bienestar, con lo cual puede darse, de no haber improbable mutación radical, el sacasmo de que la más alta cota de prosperidad se haya alcanzado en Cataluña bajo el denostado régimen de Franco, y no lanza las campanas al vuelo ni muestra un júbilo multitudinario ante el próximo advenimiento de la autonomía, a pesar del constante lavado de cerebro de que va siendo objeto por la prensa con rara unanimidad. La inquietud y el temor son los sentimientos dominantes que cualquier persona de buena fe pude detectar constantemente.

También para muchos españoles de Cataluña nuestra unidad nacional es sagrada, irreversible, no negociable y ningún parlamento está legitimado para destruirla. Piensen en ello nuestros políticos y ausculten atentamente el dictamen de su conciencia cuando tengan que pronunciarse sobre este tema decisivo, pues, indudablemente habrán de rendir estrecha cuenta ante la Historia y ante el pueblo español si entre sus manos se destroza esa entrañable realidad que se llama España.

Samuel CLUA PALAU

 

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