Autor: Abellán, José Luis. 
 Una reflexión sobre lo español. 
 La experiencia de destierro en Juan Goytisolo     
 
 Informaciones.    07/10/1976.  Página: 1-2. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

INFORMACIONES DE LAS ARTES Y LAS LETRAS SUPLEMENTO NUMERO 430

JUEVES 7 DE OCTUBRE DE 1976

12 PAGINAS

UNA REFLEXION SOBRE LO ESPAÑOL

La experiencia de destierro en Juan GoYtisolo

Por José Luis ABELLAN

NO soy crítico de novelas ni pretendo ha-cer una incursión fraudulenta dentro de ese campo, que no es el

mío. Pero me dolería dejar pasar la ocasión que ía reciente publicación de una novela de Juan Goytisolo

—o mejor dicho, el reciente permiso para su difusión en España— ofrece para tratar un tema de máxima

importancia en el panorama actual de nuestra cultura. Me refiero a «Juan sin tierra» (i), última obra de

una trilogía que empezó con «Señas de identidad» (1966), que continuó con «Reivindicación del conde

don Julián» (1970) y ahora termina con esta obra, que parece como la conclusión de un silogismo cuya

primera premisa estaba ya- puesta en la novela que inició esta trayectoria, donde se plantea el problema

de là identidad nacional del protagonista. No hay la menor duda sobre la identificación entre protagonista

y autor, y si la hubiera, el propio Goytisolo ha venido a deshacer cualquier equívoco en su prólogo a la

«Obra inglesa», de Blanco White (2), donde se compenetra a través del citado autor con la psicología del

que podría ser figura prototípica dé nuestros emigrados.

Si en Señas de identidad lo trae se planteaba lisa y llanamente era el problema que hemos llamado más

arriba de 1» identidad nacional del protagonista, en Ja Reivindicación lo que tenemos es ya un claro

rechazo de su propia cultura desde otra claramente exògena, como es la cultura árabe, que es en definitiva

lo que quiere expresarse, al reivindicarse la traición del conde don Julián; si ésta tuvo como justificación

la venganza por la violación de su propia hija, en el caso del protagonista de la novela la supuesta traición

tiene «na justificación mucho mayor: es la violación de toda la cultura de un pueblo. La contradicción de

la novela está precisamente en que siendo un rechazo de la cultura española, no deja de ser un claro y alto

exponente de la misma, al estar escrita en español y aprovecharse de su tradición maldita. En definitiva,

esta tradición maldita es la que reivindica también Goytisolo en su citado ensayo sobre Blanco White, y

en el más reciente sobre Quevedo (3).

UN CÓMODO LUGAR

La contradicción de la Reivindicación pretende resolverse sin conseguirlo, desde luego— en Juan sin

tierra, cuando el protagonista intenta «desacostumbrarse de su lengua», mediante una transición Iracia el

árabe a través de transgre alones gráficas y fonéticas que imitan el andaluz y el cubano hablado. En esta

última ya no hay, pues, problema de Identidad; en ella, la personalidad del protagonista se ha disuelto

culturalmente en un intento de lúcido acercamiento a la realidad de ios instintos sin valoraciones de

ningún tipo. Desde este punto de vista nos encontramos probablemente con la novela si este libro es una

aovela— más iconoclasta de la literatura española. Mal que le pese a Goytisolo, este sigue siendo un libro

—y un gran libro— escrito en castellano, donde no sólo se produce una rebelión contra la literatura

clásica, sino contra todo el actual sistema de valores de la cultura occidental: se critica la organización

social, las creencias religiosas, las costumbres sexuales (desde las más tradicionales a las más avanzadas),

los patrones lingüísticos y los modelos literarios... La obra es profundamente anarquista y si hay algún

mensaje, quizá hay que buscarlo en uno de los lemas que pone al principio del libro; aquel que dice.

«Estoy totalmente muerto para la decencia.» y, sin embargo, bajo este aparente inmoralismo quizá haya

algo más profundo: el deseo de asumir ia totalidad de la realidad, y dentro de ella, apurar las heces de ía

humano en sus más contradictorias y repugnantes dimensiones. El problema, para el hombre reflexivo

empieza cuando se detiene a considerar si ese camino conduce realmente a lo humano, o más bien lo

disuelve, nos aleja de lo propiamente humano y acaba confundiendo —sin matices diferenciadores- al

hombre con el animal.

Pero, en cualquier caso, a nadie le cabe dudar que esta obra de Goytisoío es la culminación de una

reflexión sobre lo español, producto de las acuciantes circunstancias que hemos vivido durante los

últimos cuarenta años. Juan sin tierra, que empieza su peregrinación por diversos países y lugares —

desde Cuba al pais de Nubia—. continúa su indagación a través del tiempo histórico, rechazando una

cultura que viene desde Séneca, pasa por el Arcipreste, llega a Menendez Pelayo y se identifica con

ideales de Imperio, Inquisición o, más modernamente, una industrialización reflejada en esa felicidad

publicitaria de «la parejita ovillada en el calor de su vida hogareña, feliz y satisfecha de si misma»,

símbolo de un holgado «status» social, capaz de satisfacer sus «voraces apetitos de posesión: coca-cola,

cerveza helada,.lápices de Ja^ bios, klinex, desodorantes, whisky on the rocks, neveras, magnetófonos,

automóviles, viajes, psiquiatra, tarjetas de crédito, dietas, gimnasia, curas de relajación». Por eso, para el

protagonista de Juan sin tierra España se ha convertido en «cómodo lugar de paso por la ruta que lleva a

Marruecos.»

CONCIENCIA NACIONAL

£1 español «patriota», dispuesto a conminar esta literatura con un irrevocable anatema, por su traición a la

historia y a la cultura española, debería pensarlo antes un poco y hacer un examen de conciencia sobte

hasta qué punto no le corresponde ninguna responsabilidad en la construcción de una España incapaz de

transigir coa los discrepantes, las minorías disidentes, los heterodoxos o los marginados... Porque la obra

de Goytisoío es quizá la mayor ilustración literaria del drama del des-terrado, que no es otra la figura

social que personifica, ese «Juan sin tierra» de su novela. Hay un párrafo que no puede estar más claro;

dice así: «Cuando las voces broncas del país que desprecias ofenden tus oídos, el asombro te invade:

¿Qué más quieren de ti? ¿No has saldado la deuda? El exilio te ha convertido en un ser distinto, que no

tiene nada que ver con el que conocieron; su ley ya no es tu ley; su fuero ya no es tu fuero; nadie te espera

en Itaca; anónimo como cualquier forastero, visitarás tu propia mansión y te ladrarán los perros; tu

chilaba de espantapájaros se confunde con la de los habituales mendigos y alegremente aceptarás la

ofrenda de unas monedas; el asco, la conmiseración, el desdén, serán la garantía de tu triunfo; eres el rey

de tu propio mundo y tu soberanía se extiende a todos los confines del desierto; vestido con los harapos

de tu fauna do origen, alimentándote de sus restos, acamparás en sus basureros y albañales mientras afilas

cuidadosamente la navaja con la que un día cumplirás tu justicia; la libertad de los parias es tuya, y no

volverás atrás.»

El drama del exilio, del que tanto se habla ahora, está aquí con fuerza dramática desconocida. No nos

sorprende el caso del exiliado que, tras cuarenta años de destierro, se siente español y ha permanecido fiel

a su cultura de origen. Pero ¿por que tiene que sorprendernos el caso contrario? ¿Tiene algo de extraño

que quien ha sido expulsado de su patria, reniegue de ésta e intente arraigarse en otro mundo, aunque sea

tan aparentemente opuesto al nuestro, como el marroquí? ¿No debe ser —por el contrario--un caso así

reto para todos nosotros en un noble afán de construir una patria donde todos quepamos?

Si cerramos los ojos a hechos tan flagrantes como los que esta trilogía de Goytisoío presenta, lo que

estamos haciendo es propiciar su existencia. Por otro lado, él fenómeno es de plena actualidad. Los

cuarenta años de franquismo nos han dejado -ayunos fie toda «conciencia, nacional», y ello parece que ha

quedado bien patente en la reciente polémica sobre regiones y nacionalidades, donde ´esa conciencia ha

^rulado por su ausencia. Pero el tema es suficientemente serlo para que requiera un tratamiento

independiente y mucho más largo, que trataremos de hacer pronto en otro lugar.

(1) Juan. Goytisoío, «Juan sin tierra». Barcelona, 1975.

(2) «Obra inglesa», de José María Blanco White. Ed. y prólogo de Juan Gúvtisolo. Buenos Aires, 1972.

(3) «Quevedo: la .obsesión excremental». «Triunfo», número 710. 4 septiembre-1976.

 

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