Autor: Fernández Cid, Antonio. 
   El gran teatro del Liceo     
 
 ABC.    02/01/1977.  Página: 23-34. Páginas: 12. Párrafos: 46. 

GRANDES REPORTAJES EN COLOR

tnviaaos especiales:

Texto: Antonio FERNANDEZ-CID

Fotos: Teodoro NARANJO

SE ha vuelto a repetir. La noche inaugural tie ta temporada del Gran Teatro del Liceo se convierte en el

acontecimiento artístico social de la ciudad. En torno a sus puertas, en el entrañable paisaje de las

Ramblas, muchos centenares de barceloneses, muchos de eilos a los que por los humildes medios no es

factible el acceso a ¡a sata, contemplan con orgullo esa continuidad de «su»

En el corazón de la Rambla, que es decir tanto como el corazón de Barcelona, la fachada inconfundible

del Liceo, quizá un poco gris, sin excesiva grandeza, no anuncia lo que dentro se ofrece como uno de tos

más bellos teatros del mundo.

La Rambla de las Flores, camino del Liceo. ¿Cuántas veces no se habrán adquirido para rendirlas a los

pies de los «divos» en homenaje a memorables actuaciones líricas? La ciudad vive sus doradas horas

otoñales, cuando la temporada comienza. Y el paisaje urbano más bello se engalana y perfuma.

Liceo,;que es patrimonio espiritual de Cataluña, exponente de las mejores tradiciones de un pueblo que

trabaja, fiel a su historia industrial, atento ai comercio, pero sin desdeñar jamás ios bienes de la cultura y

del arte.

Como siempre, con ¡fusión renovada, se han producido los encuentros, apurados los minutos del

entreacto, quizá -¡ay!- demasiado, para el puro disfrute deí mensaje musical y afirmados los lazos de un

«licefsmo» que es sentimiento heredado de los mayores, como la satisfacción de verse partícipes en la

efemérides brillante que cojma una de las más hermosas, amplias, armoniosas, nobles salas líricas deí

mundo. Y sobre ella, sobre su historia, quiere hablar está vez el crítico, al margen de sus comentarios

musicales habituales, en funciones de reportero..., y no sin cierta envidia y nostalgia: Madrid, a

seiscientos kilómetros, no responde a la condición de capitalidad del país, carente del Teatro Nacional,

por el que tantas veces hemos clamado y nos hace fieles clientes, por causa de ópera, de un puente aéreo

cada vez más alimentado, por amigos del teatro musical que agradecen al Liceo la pervivencia entre las

naciones operísticamente civilizadas del orbe. Pero, recordemos su historia.

NACIMIENTO

Arranca en la primera mitad del siglo XIX. De una Sociedad «Liceo Montesiòn» que entre 1837 y 1844

acogía entre sus componentes «milicianos», muchos con afición desmedida al teatro. Lo cultivaban en un

local situado en la avenida de Puerta del Ángel, pronto insuficiente, lo que hizo solicitar de la Reina

Isabel II el regalo de un solar con esa pura finalidad de cultivar el teatro. Los trabajos se iniciaron a

finales de 1844, y el propósito, cada vez más firme, fue ei de construir el mejor local de España. La

inauguración, un Domingo de Resurrección, el 4 de abril de 1847, constituyó toda una jubilosa

efemérides. La Sociedad, en prueba

Él hermoso artesonado, que corona un recinto bellísimo y completa ta impresión de calidad que parece,

¡ay!, privativa de los teatros de otros tiempos.

Un detalle peculiar: los proscenios, de lujo y despaciosos, con verdaderas habitaciones -salas de lujo- tras

ellos adornadas con arreglo al gusto de cada propietario, tienen el complemento de una especie de sub-

palcos, llamados popularmente «bañe-

de gratitud, adoptó nuevo nombre: «Liceo Filarmónico de Isabel II». Se invitó a Su Majestad. Al no poder

acudir, se decidió colocar en un palco un busto de la Reina velado en gasas, en deseo de que no faltase la

presidencia espiritual. Por primera vez el salón se iluminó con gas: más de 2.000 puntos de luz.

En la función inaugural se representó una obra en prosa de Ventura de la Vega, «Don Fernando de

Antequera»; se brindó un acto de baile, «La Rondeña», y fue cantado «II regio immene», en alabanza de

la Reina y su Consorte, con la particularidad de que, fruto de autores de España, Juan Cortada y el

maestro Obiols, se ofreció ¡en italiano!, por fidelidad a ios hábitos imperantes.

Hubo un pintoresco hecho preras», ya dentro del escenario cuando cae el telón, que permiten contemplar

aspectos internos que escapan al resto del público.

Panorama general de ia sala, minutos antes de permitirse el acceso al público. Es difícil un equilibrio y

proporción mayores, cuando la cabida -cerca de tres mil entradas-, es tan grande. Belleza, sólo

comparable a la calidad acústica, exaltada en el mundo entero por los artistas que han sido sus

beneficiarios.

vio. A punto de realizarse la inauguración circuló el bulo de que era imposible que el edificio aguantase e!

peso de tres mil y pico espectadores, lo que decidió al gobernador a que se realizasen pruebas de

resistencia, durante quince días, con piedra y ante quienes deseasen contemplarlas. El resultado positivo

permitió la velada, con asistencia de cerca de cuatro mil espectadores y precios que fluctuaban entre los

cien reales de los palcos bajos a los seis de la entrada general.

Días después, el 11 de abril, ya se ofreció la primera representación de ópera, con «Ana Bolena», de

Donizetti. La obra volvió a representarse en ocasión del centenario del teatro y también al cumplirse los

ciento veinticinco años, con una curiosa circunstancia: que en ambos casos era ya empresario, en el

primero ligado a José F. Arquer, el actual titular, Juan Antonio Pamias, que se ha convertido, por su íarga

permanencia -comenzó en noviembre del 46-en el decano de los directores de teatro de ópera mundiales,

con treinta años de actividad intensa y brillante.

INCENDIO. BOMBA

Años de actividad, ininterrumpida conducen a una fecha de triste recordación: el 9 de abril de 1861, a las

siete de la tarde, a punto de comenzar la representación, se inició en la sección de sastrería del teatro un

fuego producido, al parecer, por el de un cigarrillo no apagado. La destrucción, salvo de las paredes, fue

total. La consternación, como podrá suponerse. Pero el acuerdo no se hizo esperar: todavía humeando las

ruinas, la Junta decidió la reconstrucción y se obligó a verificarla en un año. El 20 de abril de 1862 se

reanudaba la actividad. En el teatro se instalaron 2.500 mecheros de gas -la electricidad se impuso en

1893-, con un coste de fluido que oscilaba entre los 20 y los 25 duros por noche. Et presupuesto de obras,

calculado en 300.000 duros, se redujo a 228.000, pero la restauración de cada palco fue a cargo de su

respectivo propietario. En los programas, curiosamente, alternaban la ópera y el circo, hasta el punto de

que en una misma fecha podían verse una representación de «El barbero de Sevilla» y brillantes

actuaciones de trapecistas, quizá émulos de los inmediatos alardes vocales-e! gran peíigro de las

cantantes— que acababan de exhibirse.

Llegamos así al 7 de noviembre de 1893. Noche dramática. En el momento culminante de luchas y

problemas sociales, en plena representación del «Guillermo Tell», una mano criminal lanzó hacia el patio

de butacas dos bombas. Una de ellas cayó, sin explotar, en la falda providencial de una dama, y hoy se

conserva en el Museo de Historia de la ciudad; la otra, que cayó al suelo, produjo 18 muertos y más de 60

heridos. La confusión

UNA INSTITUCIÓN ARTISJICÒ-CIUDADANA CON 130 AÑOS DE VIDA GLORIOSA

fue enorme. Se habilitaron locales para unos y otros. La Negada del viático-un bello y popular cuadro de

Julio Borrell refleja la escena--tuvo signos impresionantes. Pero si la obra de Rossini, por recelo

inocultable, tardó en reponerse más de medio siglo, sólo duró ia interrupción de actividades unas dos

semanas. El Liceo se recobró inmediatamente dei golpe moral, y en torno a su vida se apiñaron, más que

nunca, los barceloneses.

PROPIEDAD. EMPRESA

¿Y cómo funcionaba e! Gran Teatro? Desde siempre como propiedad de una entidad civil que se llamó

Sociedad del Gran Teatro del Liceo, regida por una Junta de Gobierno y de carácter presidencialista, que

salva el fielato del tiempo, los avatares y circunstancias de signo histórico y político. Y si en 1968 se

había proclamado la Republica Federal en su Salón de Descanso y en julio det 36 se produjo la

incautación por la Generalidad, como del Círculo, Conservatorio y demás dependencias, antepuesto a su

título el de «Teatro Nacional de Cataluña», siempre se ha conservado la tradición familiar, social y

musical que liga el Liceo al corazón mismo de Barcelona, representada por esos propietarios en Junta que

hoy preside Antonio Pons Llibre.

La Sociedad posee mil acciones, que dan derecho a localidades en el teatro. En total, son cerca, de 500 los

accionistas. Un palco proscenio del primer piso el codiciado anfiteatro- acoge siete acciones. Y puede

afirmarse, en primera demostración de la buena satud de estos títulos, que apenas salen a ía venia, y están

revalorizados de tal forma que, cuando alguno- puede adquirirse, alcanza precios de fábula. Ejemplos

recientes: se habla de un proscenio de anfiteatro vendido en 13 millo-

El foso en acción. Amplio -ampliable, todavía, bajo ta escena— como corresponde a un gran teatro

lírico. Fondo que apoya y sostiene las voces y desde el que todos los años se realiza por los profesores un

trabajo ímprobo en la preparación de las obras.

Un detalle vertical captado por la cámara de Naranjo, trabajador infatigable, en busca del testimonio

que recogiese el ambiente de la noche lírica de gala.

Los últimos pisos. El cuarto, el quinto del Liceo, temibles por sus rigor, admirable por su entusiasmo,

vienen a ser el nes de pesetas, y un palco, en siete millones. Hay, además, la parte espiritual: la tradición,

que se hereda de padres y abuelos a hijos, generación tras generación.

Los accionistas propietarios tienen grandísimas ventajas. Toda empresa tiene que respetar su condición,

con sólo una obligación por parte de aquéllos: satisfacer, aparte la cuota proporciona! del año para

sostenimiento-mejor diriamos mantenimiento y mejora- del local, la cifra por función que se establezca,

siempre muy inferior a la señalada para el público. Asi, este año, el de más altas exigencias por los costos

acrecidos, el propietario pagará 525 pesetas por las representaciones que en taquilla están señaladas a

1.400, 1.600 ó 1.800 pesetas, según las obras e intérpretes.

Ello supone la posibilidad por parte de cada propietario de «negociar» sus entradas. Y de hecho son

muchos quienes se reservan algunas funciones -supongamos un abono, la cuarta parte- y ceden las otras,

las mejores del teatro, para su venta, con lo que no sólo será gratis su asistencia, sino que alcanzará

beneficios. Para esta gestión, ai margen de ía empresa, hay establecidas relaciones que evitan ia

transación directa del propietario. Y la mejor demostración de que todo funciona sin problemas, aparte la

indicada sobre las cifras que se alcanzan por la venta definitiva de las propiedades liceístas, puede

hallarse en la relación óptima que liga las que podríamos Ñamar dos fuerzas complementarias: la

propiedad, su presidente y la empresa, su titular, actualmente y desde hace treinta años, en mandato

continuado en tácita y aplaudida renovación, Juan Antonio Pamias.

¿Y la empresa? Su primera obligación, la básica, es la de realizar una temporada de ópera, con

posibilidad, ya sin carácter forzoso, de otros ciclos: opereta, «ballet», conciertos... Para aquella

temporada, que cada vez se extiende «sancta sanctorum» de la «cátedra», la que va a ta música por la

música y vive con amor las bellezas de las obras, las calidades interpretativas.

Nubes de fotógrafos.

Cualquier lugar es bueno -cerca de la escalera de honor, -la que se ha pedido prestada para encaramarse-

cuando ha de cumplirse la misión de informar, esta vez del fasto alegre y tradicional.

Mientras se apuran los últimos comentarios y se acomodan los rezagados, melómanos de pro releen el

argumento de la obra tantas veces contemplada, siempre nueva.

más y es de mayor envergadura, el empresario somete a la Junta el plan que ha de aprobarse,

condicionado aun estreno y dos reposiciones, éstas de obras no presentadas en quince anos, amén de un

programa español. En orden a los artistas, se cela porque se trate de intérpretes que hayan interpretado

papeles en teatros internacionales reconocidos.

Para la empresa, la existencia de la propiedad es, a la vez, garantía y servidumbre: de apoyo y asistencia

básica, sí, pero también de limitaciones en el presupuesto de ingresos, dado el precio que para ella rige y

que afecta a un número cuantitativo y cualitativo muy grande de puesto.

UN INCENDIO TOTAL Y UNA BOMBA, DRAMÁTICAS EFEMÉRIDES DEL TEATRO

INAUGURADO EL 4 DE ABRIL DE 1847 EL CIRCULO. APOYOS EXTERIORES. LA CIUDAD

Como noble anexo, de ´condición independiente, con entrada propia, pero ligado de forma entrañable al

Gran Teatro, el Círculo del Liceo, al que se accede también por el gran Salón de Descanso, es como una

bella, calificadísima expansión complementaria. Hoy presidido por Juan Antonio Delgado, las reuniones

en los entreactos, las tertulias, cenas, encuentros sociales, el clima de refinamiento, el sabor de época que

sostienen los muebles, la ambien-tación toda, cabría decir que el Círculo posee un rincón evocador

delicioso, de calidad artística máxima: aquel en el que se reverencian, perfecto el recogimiento y la

iluminación, los cuadros de Casas con estampas liceístas y de la Barcelona de antaño.

Esa Barcelona, ya se dijo, que tiene a gala y quiere con el fervor que se guarda para lo propio el Liceo,

con una reacción que se extiende a sus habituales beneficiarios y a los que lo son tan sólo del rango que

presta a su ciudad. Algo asi como el que la Scala confiere a Milán, sede primerísima del «bell cantismo».

,Y, ¡es curioso!, el Liceo, visitado a lo largo de los tiempos por las máximas figuras de la política, la

aristocracia de la sangre y del arte, honrado con las presencias Reales de Isabel II, Alfonso XII, la Reina

Regente, Alfonso XIII, los actuales Monarcas y el General Franco, como Jefe de Estado, de distintos

Soberanos extranjeros y personalidades de todo tipo; el Liceo, el mejor escaparate lírico de altura que

España posee, es casi huérfano de apoyos: ai menos en la cuantía necesaria para su mínima defensa

material.

En lejano Consejo de Ministros celebrado en Barcelona, el que lo era sin cartera, Gual Villalbí, catalán de

pro, vio aceptada su propuesta de conceder un millón de pesetas anuales, cifra por lo demás irrisoria, pero

que sólo ese año se llegó a proporcionar. (¿Cuántos cientos de millones de subvención disfrutan los

teatros alemanes, los italianos, los de países del Este, que tanto cuidan esas parcelas de la cultura?)

¿Y el Municipio, la Diputación? Hasta 1955 puede afirmarse que estaban casi ajenos a la cuestión. Fue

entonces cuando, al reformarse el escenario para la venida del Festival de Bayreuth -otras reformas se

habían realizado en 1909,1915 y 1925- recibieron de la propiedad solicitud de un apoyo, que brindaron,

por lo que fueron nombrados accionistas y asignados a las corporaciones sendos palcos de primer piso.

Esto aparte, desde hace tres años el Ayuntamiento brinda una pequeña ayuda y, mucho menos todavía -el

crítico, por su cuenta, se atreve a llamarla simbólica- siquiera siempre agradecida, se ofrece por parte de

la Diputación.

Y ¿qué menos que pensar en un presupuesto de gastos de cien millones de pesetas por temporada, sin el

menor extraordinario y siempre con el fantasma de las subidas laborales, las devaluaciones y cambios

peligrosos cuando a los artistas se los contrata con años y por cifras fijas éstas sin alteración posible?

Por fortuna, Barcelona, los barceloneses de fila, el encopetado con medios para satisfacer un palco, y el

melómano que ha de sacrificarse para adquirir su entrada de quinto piso, responden. Las distintas

fórmulas de abono, con descuentos sobre el precio diario que llegan a ser del 30 por 100, facilitan las

cosas. Y hay los fieles de cada día con función -domingos, por la tarde; martes, jueves o sábados, noche-,

los que seleccionan dos de estos ciclos y, hasta quienes se abonan a la temporada toda. Son ellos, es la

Propiedad, es la Empresa, con cebo inteligente y cálculo administrador, de un buen padre de familia,

quienes hacen viable la gran aventura, ya con carga histórica tan gloriosa. Son los doscientos mil

espectadores por temporada, tantos millones directos ya, que, unidos a quienes las siguen por Radio

Nacional, por las muy esperadas transmisiones de Televisión, «Cenicientas» siempre en la cadena y la

limitación -que para lujo ya están las «Horas de...» y los protagonistas frivolos- dan números

incalculables de beneficiarios del servicio artístico musical.

EL LICEO, FUENTE DE RIQUEZA Y TRABAJO

¿Cuántas personas viven ligadas al Liceo en su trabajo? Cabe hablar de unas 300, que en plena

temporada, con misiones relacionadas, pueden llegar a 500. Aparte los elementos de la Plana Mayor, en

Administración y Despacho -con Pamias, personas tan fieles como Masó, Roca, Monjo en la escena-,

unos doce, habría que recordar al jefe y subjefe de maquinaria, los cuatro electricistas jefes, todos los

elementos a sus órdenes, los acomodadores y demás empleados de la sala, en número de unos cincuenta...

Maestros, concertadores, escenógrafos, segundas partes... Y los bloques fijos...

¡Cuánto, cuantísimo problema "para sostener con decoro una orquesta de 75 elementos! El trabajo es

mucho; la exigencia de prestación, grande. Hay, más cada vez, la competencia imposible de las orquestas

fijas, en cabeza las dos madrileñas estatales, con sueldos altos, labor más dosificada, prestigio, seguridad

del mañana. Elementos que aquí se forman dan, inexorablemente, el salto. Y ha de volverse a empezar.

Esto, claro, aparte el importe fortísimo de la nómina para una empresa privada.

Y lo mismo cabría decir en el caso del Coro, con 80 elementos que se buscan y seleccionan

afanosamente, de donde salen, a veces, algunos con voz que augura más brillantes horizontes artísticos

individualizados. Y siempre en lucha con que la duración de la temporada y las actuaciones de signo

extraordinario, por mucho que se extiendan, nunca´ pueden garantizar la composición anual fija.

El «ballet», después. Con 34 danzarines y de cuyas filas han nacido primeras estrellas de relieve nacional,

como lo tuvo el hoy coreógrafo y director Juan Magriñá.

El Liceo, sí, moviliza todo un ejército de elementos propios.

Pero no es sólo esto: es lo que su luz expande por la ciudad. En los más variados estratos. Desde

comercios, establecimientos, modistas y «boutiques», que suministran las exigencias que impone la moda

-y se frotan las manos cuando piensan en que a más número de funciones, quizá más modelos costosos-

hasta los restaurantes y hoteles que reciben a los huéspedes por causa lírica. Y el critico es buen testigo de

que jamás realiza un vuelo en el que no se encuentre con viajeros de todas las procedencias que vienen a

la, o las, funciones de su predilección.

Que el repertorio es mucho, renovado siempre.

REPERTORIO. FASTO

A veces las simples cifras son más expresivas de cuanto pudiésemos añadir. Hasta la temporada 1946-47,

la del centenario, se habían representado 267 óperas distintas. El guarismo, ya impresionante, se aumenta

con el pasmoso incremento de estos treinta años:

97 títulos más, con un total de 364 obras representativas del lirismo de altura. Los datos hablan bien de

cómo en los tiempos últimos se cela por una renovación más activa, en la que han tenido lugar varios

estrenos de autores nacionales: Vicente Martín y Soler, Manuel de Falla, Juan Manen, Manuel Pe-nella,

Antonio Massana, Conrado del Campo, Ángel Barrios, Xavier Montsaivatge, Ricardo Lamote de

Grignon, Carlos Suriñach, Jaime Ventura y Matilde Salvador.

Precisión para el curioso. El título más representado ha sido «Aida», de Verdi, con 399 selecciones,

seguido por «Rigoletto», con 325, y por «Fausto», de Gounod, con 284.

Por lo que se refiere a presencias artísticas, la relación resulta impracticable, por el número ingente. Me

atrevo a pensar que en lo que se refiere a conjuntos, nada más memorable que la visita excepcional, en

1955, de toda la compañía del Festival de Bayreuth, con orquesta, coros, maestros, técnicos e intérpretes

todos.

¿Nombres individuales? Queden recogidos algunos, al margen del rigor cronológico y para ejemplo de

jerarquía, sin que ni aun sea factible apostillarlos telegráficamente.

Compositores que dirigieron sus obras: Glazounov, Mascagni, Strauss, Strawinsky, Respighi, Falla,

Turina, Guridi, Toldrà, Pahissa, Lamote de Grignon...

Directores: Toscanini, Mancinelli, Elmendorf, Siegfried Wagner, Clemens Kraus, Knappertsbusch,

Koussevitzky, Weintgartner, KaraJan, Hoesslin, Keilberth, Voto, Jochum...

Cantantes: María Galvani, Toti dal Monte, María Barrientes, Amelia Gallicurzi, Armida Parsi Petinella,

Celestina Bonisegna, Eva Tetrazini, Genoveva Vix, Rosina Storchio, Conchita Supervía, Ebe Stignani,

Kirsten Flagstadt, Birgitt Nilsson, Maria Caniglia, Maria Callas, Renata Tebaldi, Joan Sutherland,

Victoria de los Angeles, Giu-lieta Simionatto, Fiorenza Cossot-to, Teresa Berganza, Motserrat Caballé...

... Y Gayarre, Viñas, Anselmi, Caruso, De Muro, Massini, Fertile, Schippa, Gigli, Lorenx, Winay,

Windgassen, Corelli, Bergonzi, Di Stefano, Del Monaco, Kraus, Domingo, Aragall, Lavirgen, Carreras,

Battistini, Tita Ruffo, Stracciari, Galeffi, Cappuccilli, Hotter, Ausensi. Sardinero, Chaliapine, Mardones,

Neri, Christoff...

Centenares, millares de prestaciones, algunas primerísimas de cada época, dan a la hoja de servicios del

Liceo un valor de excepción, que viene a sumarse al que tiene por sí mismo, como fondo excepcional,

comparable a los más bellos del mundo.

Y perdónese, tanto por razones de espacio como porque nos hemos centrado en el paisaje operístico y su

apéndice directorial sinfónico, la no mención de tantas estrellas de la danza como dieron a sus ciclos de

«ballet», con las mejores compañías -«New York City», Kirov, «Siglo XX», De Béjar...-proyección

internacional. Y no se omiten las referencias, en verdad, por falta de nombres, cuando la relación podría

iniciarse con la pareja Pawlova-Nijinsky, para concluir, de momento, con la, también excepcional, de

Margot Fonteyn-Nureyev.

EL LICEO POR DENTRO

Sí; el Liceo es una de las más bellas, armoniosas, vastas salas líricas del orbe. Quizá no lo haga presentir

su fachada, con el atractivo del emplazamiento en la Rambla, todavía uno de los paisajes urbanos

barceloneses que conservan su humanidad. Menos, aún, los pasillos y cuanto rodea el noble trazado de la

herradura y el escenario. Espléndido, en cambio, el «foyer» del primer piso, proporcionado, amplio y apto

para los encuentros sociales del entreacto. Y la escalinata de honor, ella misma fondo para grandes,

brillantes despliegues espectaculares, a cargo del público en las noches de particular relieve.

Pero lo que tiene valor excepcional, conviene repetirlo, es la sala. Capaz ahora, un poco reducido el aforo

al instalarse butacas en los pisos cuarto y quinto, para 2.830 plazas, son 900 las butacas de platea, que han

de unirse a las 150 del anfiteatro y otras tantas del tercer piso. Hay 145 palcos: plateas, de primer piso,

que enmarcan el anfiteatro, en toda la herradura del segundo y como laterales para las butacas del tercero,

aparte los sendos bloques de espaciosos proscenios a cada lado.

Hay, en los proscenios, una característica particularísima y pintoresca: aparte que, como los palcos,

poseen una estancia introductora que, al no alterar la estampa de lo que se ve, se engalana por cada

propietario a su gusto,

ÚNICO GRAN TEATRO DEL MUNDO FRUTO DEL ENTUSIASMO PRIVADO. LA PROPIEDAD,

UN ORGULLO, UNATRADICION, UN NEGOCIO...

tiene come un apéndice, conocido por e¡ nombre de «bañera», que no es sino un pequeño palco ya fuera

de ¡a sala propiamente dicha, porque eslá situada en el escenario, con Jo que e! curioso puede seguir la

representación y hasta las incidencias previas y ía ceremonia de los saludos, muy dentro de lo que e!

público no contempla por ío general.

El trazado cíe la saia es muy espacioso. En et patio de butacas no se sufre la angustia de!

aprovechamiento que en otros locales constituye servidumbre. Quizá ia entrada más envidiable sea la del

anfiteatro, primer piso central, a los efectos de visibilidad y hasta de acústica, aunque ésta última es

óptima en todo el teatro.

Ya se habió de los pisos cuarto y quinto, emplazamiento particular de la «Cátedra», los aficionados sí más

exigentes, los más enlusias-ias también, los que forjan Ja.s apoteosis y quienes van a la ópera por !a ópera

sin razones de lipo complementario y extramusica!.

Buena, rica la iluminación, adecuado e! maridaje básico del oro y el crema, el rojo de los fieltros en los

palcos y butacas, también tiene gran empaque ía enorme cortina escénica, que preside una monumental

«L» y lo poseen las pinturas y frescos del techo, muy rico.

Bueno será, en fin, aunque mejor que cualquier descriptivismo a través de la palabra, sirva el testimonio

gráfico prestado con tanto celo por Teodoro Naranjo, recordar algunas medidas y compararlas con las dei

teatro que se tiene como «tipo» en el mundo: iaScala, de Milán. El ancho de la sala del Uceo es de 27,10

metros, por 21,75 en el teatro italiano, cuyo largo de sala es de 24 metros, por 32,70 el Liceo. La altura es

la misma: 20 metros. Y parejas, fas bocas del escenario: 16 y 75 metros.

¿Y el escenario? Su medida es de 600 metros cuadrados y ¡a profundidad máxima desde el telón es

de 33 metros. Su dotación procura, en la medida posible para un empeño particular, incrementarse

ininterrumpidamente y el progreso, con respecto a pasadas etapas, es enorme.

Debajo del escenario, existen tres pisos de fosos. En la parte inferior se comunica con el gran foso que

bajo el patio de butacas se utiliza para depósito de decorados corpóreos, practicables, esca-íeías, etc., para

montaje de las óperas. Son treinta y cuatro los camerinos: seis individuales, veinte para tres o cuatro

personas, seis generales para cuarenta o cincuenta personas y dos generales para comparseria y grandes

grupos. Aparte la «Saia Corbett», generosa donación particular de un Mecenas norteamericano, que se

emplea para ensayos de primeras figuras y para entrevistas.

Eso, una sala de ensayos para el «ballet» con 150 metros cuadrados de superficie, otra en el último piso

para ios del coro, cort ciento cuarenta metros, un taller, encima de la sala deí teatro, para pintura de

decorados, con superficie de 500 metros cuadrados, vestuario, armería, salas de peluquería, zapatería,

planchado... Un mundo interno, dei que, después, nos llegan los resultados sin que muchas veces sepamos

cuanto, qué enorme y variado es ei esfuerzo.

CODA ENCARIÑADA

Han sido muchos, con ser insuficientes para el volumen de la empresa, los datos. No quería de ninguna

forma el crítico aplastar con su volumen So que de verdad importa: la existencia en nuestra España de un

reducto lírico inconmovible ai dasaliento, a prueba de dificultades, cambios, evoluciones. Un exponente

del «seny» catalán, muy de los barceloneses pero muy de cuantos a lo largo y lo ancho del país saben que

ia ópera, como capitulo esencial en ía historia de la música, lo es del arte y de la cultura. Y que un pueblo

que viva más allá de lo que es simple progreso materia! y se preocupe de Sos bienes dei espíritu, tiene el

deber de mimar io que sólo así, con mucho amor, puede sostenerse: el Gran Teatro del Liceo de

Barcelona, uno de tos grandes recintos líricos del mundo sin fronteras para el arte.

A. F. C.

 

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