Autor: ;Duvá Milán, Jesús. 
 El secuestro del teniente general Villaescusa. 
 "Oriol quiere entregarle un mensaje" dijeron los asaltantes  :   
 Pretendían así tranquilizar a su vícyima, enferma del corazón. Uno de los delicuentes vestía un uniforme de soldado del Batallón del Ministerio de Ejército. 
 Pueblo.    25/01/1977.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

EL SECUESTRO DEL TENIENTE GENERAL VILLAESCUSA

EN un primer momento, los cuatro secuestradores no hicieron ningún movimiento que pudiera evar a

sospechar a los transeúntes que se trataba de un secuestro. Aparcaron el coche en doble fila, justo detrás

del Mercedes oficial del teniente general Villaescusa. El chófer, Francisco Garzón Mezquita, salió del

vehículo, como todas las mañanas, para esperar fuera a su jefe. Pero justo cuando el presidente del

Consejo Supremo de Justicia Militar salia de su domicilio, los dos jóvenes se le acercaron, y a punta de

pistola le obligaron a entrar en el Mercedes, al mismo tiempo que otros dos, también bajo la amenaza de

las armas, llevaban al conductor hacia el coche oficial. Todo fue muy rápido. Pero para tranquilizar al

general Villaescusa —sufrió dos Infartos en fecha reciente— le dijeron más o menos textualmente: «No

se preocupe, mi general. Es cuestión de media hora. Nos vamos a ver al señor De Oriol, que quiere

entregarle personalmente un mensaje.»

Pretendían así tranquilizar a su víctima, enferma del corazón

Uno de los delincuentes vestía un uniforme de soldado del Batallón del Ministerio del Ejército

Pero pronto todas las dudas se disiparon. El Mercedes, siempre escoltado por el coche de los

secuestradores —un Seat 1430 de color azul—, bajó por O´Donnell despues por Alcalá hasta que a la

altura del Retiro giró a la izquierda, en dirección a la calle Doce de Octubre, donde procedieron al

traslado del general Villaescusa y del conductor Garzón Mezquita a un turismo, probablemente un Seat

124 de color granate, matriculado en Barcelona, según declaraciones —un poco imprecisas— de un

testigo.

NO ERA GUARDIA CIVIL

Más tarde —unas dos horas después del secuestro— el conductor fue localizado en un coche a la altura de

Legazpi. Por sí sólo, el señor Garzón había logrado librarse de las cuerdas que le ataban las muñecas.

Pero su estado nervioso le impidió facilitar datos válidos a los investigadores, primero en el Ministerio del

Ejército y más tarde en la Dirección General de Seguridad. Tan sólo pudo explicar que en el momento en

que se produjo el trasladó en la calle de Doce de Octubre, uno de los secuestradores comentó: mirale la

documentación. Si es un guardia civil, métele dos tiros.

Pero el señor Garzón Mezquita no pertenece a la Benemérita. Es un conductor civil, contratado por él

Ministerio del Ejército, que justo ese día suplía al chófer habitual del general Villaescusa, que estaba

renovando su permiso de conducir.

Hasta aquí, los hechos, todo lo demás son especulaciones en torció al caso, provocadas, sobre todo, por la

velocidad con Que se desarrollaron los acontecimientos. Se habla de la presencia de un teniente coronel

junto al Mercedes cuando éste se hallaba aparcado delante de la casa de la víctima. Este extremo no ha

podido ser confirmado. Sin embargo, se sabe que uno de los secuestradores —eran cuatro jóvenes—

vestía el uniforme de soldado del batallón del Ministerio del Ejército.

Tampoco se puede hablar de la cartera del general Villaescusa, que desapareció, y lo mismo ocurrió con

la gorra azul del conductor, con su documentación.. que uno de los secuestradores dijo a su cómplice que

se apropiara. Por lo demás, nadie puede afirmar que iban desarmados, pues el conductor insiste en que

durante todo el recorrido «tenía una pistola —era una pistola, estoy absolutamente seguro— apoyada en

la nuca».

El portero de la finca, una de las pocas personas que pudo ver en parte el desarrollo del golpe, estaba en

ese momento introduciendo los periódicos de la mañana en el cajetín del correo. Interrogado por la

Policía, reconoció que todo había sido muy rápido y que no le había dado tiempo a intervenir, sobre todo

porque estaba convencido de que los asaltantes no iban armados. Cuando intentó reaccionar, ya los

delincuentes se habían dado a la fuga.

El general Villaescusa era un hombre de costumbres un tanto fijas. Todos los días salía de su casa sobre

las nueve y media de la mañana, sin escolta. Junto a la puerta de su casa le aguardaba el coche oficial en

el que solía acudir a su despacho. Nunca había sido amenazado y, por tanto, nunca había adoptado

medidas especiales de seguridad.

• INVESTIGACIONES

Pese a que a última hora de la tarde de ayer se recibió en la redacción de un vespertino de Madrid una

llamada telefónica reivindicando para el G.R.A.P.O. la paternidad del secuestro, hasta el momento no hay

ninguna prueba seria y convincente sobre los autores del golpe. La llamada recibida en el Vespertino

(«Les habla el Grupo Revolucionario Antifascista Primero de Octubre. Tenemos en nuestro poder al

general Villaescusa») puede ser una broma de mal gusto, de las muchas que se vienen prodigando a lo

largó de las ultimas semanas a raíz del secuestro del señor Oriol.

La Policía y la Guardia Civil montaron en todas las carreteras de salida de Madrid intensos controles,

pero hasta ahora no han logrado resultados positivos. A su vez, el chófer del general Villaescusa tampoco

pudo aportar ningún dato sobre la identidad de los secuestradores, pues hasta última hora de la tarde de

ayer seguía presa de un fuerte estado de excitación por lo que los médicos que le atienden le recomiendan

absoluto descanso.

Sin embargo, la cicatriz en un ojo de uno de los secuestradores permitió la supuesta identificación de uno

de los miembros del comando. Parece ser que se trata de Rafael Alvarez Gómez, miembro del G.R.A.

P.O., que también intervino en el secuestro del señor Oriol el pasado día 11 de diciembre. Según algunas

fuentes, este individuo desde hace algunos días merodeaba por las inmediaciones de la casa del general

Villaescusa, concretamente en una cafetería que casi hace esquina con las calles de Máiquez y O´Donnell.

Aunque en un principio haya llamado la atención el hacho de que el traslado del general Villaescusa a

otro coche se realizase en la calle de Doce de Octubre —muy cerca de la barriada del Niño Jesús, centro

de las investigaciones policiales en el caso Oriol —no se descarta que los secuestradores hayan

abandonado al conductor del coche oficial cerca de Legazpi precisamente para despistar a los

investigadores, intentando hacerles pensar que habían cogido la carretera de Andalucía, cuando desde el

barrio de la Estrella es mucho más fácil alcanzar las salidas que conducen a Valencia.

• TEMORES

El hecho de que los secuestradores se hayan referido al señor Oriol lleva a pensar que puede haber una

relación más o menos directa entre los dos secuestros, pese a que hasta el momento no haya llegado

ninguna petición de rescate. Desde luego, al igual que en el caso del presidente del Consejo de Estado, no

se trata de exigir dinero a los familiares de las víctimas. Sobre todo en el caso del general Villaescusa.

cuyos familiares manifestaron a los periodistas no estar en condiciones de pagar ningún rescate

económico elevado.

Por otra parte, hay que señalar que en su último comunicado el G. R. A. P. O decía textualmente:

«Nos sobra paciencia para llevar hasta el fin este asunto, y estamos en condiciones de asestarle al

Gobierno mayores golpes.» En efecto, el «mayor golpe» salió ayer. Por eso, los temores de la familia

Oriol son lógicos. Se teme que ios secuestradores puedan ejecutar al presidente del Consejo de Estado

para demostrar que están dispuestos a ir hasta el final en sus amenazas y para chantajear amenazando con

dar muerte a su victima más reciente.

V. CARDOSO y J. DUVA

DUERON LOS ASALTANTES

 

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