Autor: Rigalt, Carmen. 
   La traca electoral     
 
 Arriba.    22/05/1977.  Páginas: 3. Párrafos: 25. 

V AMOS por los ciento sesenta partidos, sin contar a los setenta y cinco que se han que

dado colgados en el Tribunal Supremo o, simplemente, en las talaos del Gobierno. Al parecer

esos no están del todo maduros. Tienen que comer muchas patatas y hacerse mayores para poder salir a la

calle con las bendiciones de papá y mamá. A ver si un año de estos tes dan el visto bueno, antes de que se

caigan de paro maduros, que luego pasa lo que pasa, se te va la edad y no vales para nada.

En fin, que lo función electoral va a empezar y hay quien está acogiéndose o los manuales de

Introducción Q la matemática —conjuntos y subcon juntos— para familiarizarse con el inventario,

político del momento. Mentira podrida. No hay inventario político. Es una en-gañifa. Las matemáticas no

se hacen cargo de sacar la clave de ciento sesenta partidos, la clave, a la pista, la da uno de mi pueblo

cuando dice que madre no hay más que una, y opciones políticas, dos.Como siempre». Los buenos y

lso malos.Ése de mi pueblo sabe más que la industria, Mecachis.

LOS BUENOS

Lós buenos van desde ta Alianza Nacional dieciocho de Julio, hasta ¡Suárez, que es el colmo de bueno,

guapo y maravilloso. Son los bue-nos de toda la vida, entendiendo que dentro de la bondad está la

obediencia, el paso marcial, la monogamia y el ir a misa todos los domingos y fiestas, de guardar. Los

buenos predican en general el continuismo, y algunos, puestos a con. tinuar, pretenden continuar lo ín-

continuable, o sea, lo que nunca existió. Otros, también buenos, pero menos, juegan a despistar, a echarse

la canita al aire, aunque ta traca electoral

• Madre no hay más que una, y opciones políticas, dos: los buenos y ios malos. Como siempre»

• >En Alianza Nacional 18 de Julio están los buenísimos por excelencia, los santones que se atribuyen

haber inventado la Patria»

• «Alianza Popular viene a ser b bondad personificada. Mucha derecha, mucha bondad y mucho orden>

• Completan el cuadro los malísimos, los que tiran la piedra y esconden la mano. Entre otras vosas

porque si se dejan ver no lo cuentan> siempre acaban volviendo al redil, que por algo son buenos.

En Alianza Nacional dieciocho de Julio están los buenísimos por excelencia, los santones, los vejetes del

franquismo, que se atribuyen haber Inventado la Patria, ia unidad y esas cosas. En su bondad creía mucho

el padre Ripalda desde su obra, pero el padre Ripal-da hace ya cuatrocientos años que está criando

malvas, asi que ahora sola tes queda Guerra Campos, porque Tarancón, desde luego, no les hace ni puto

caso.

En otro orden de bondad está Alianza Popular. Bondad de la buena, en e¡ más amplio sentido de la

palabra. Alianza Popular se atribuye haber inventado la paz y el orden, Igual que los otros se atribuían la

Patria y el 16 de Julio. Aqui, el que no corre vuela. En Alianza Popular están los hombres de pompa, tos

nombres que suenan a todo el mundo. Lo mayoría han sido mandárnosos en distintos puestos del

Gobierno durante los últimos cuarenta años y están convencidos que ei mejor servicio ai país es seguir

mandando durante otros cuarenta, como mínimo. Creen ciegamente en sus postulados, pero, por lo que

pudiera suceder, rechazan todo tipo de en-frentamientos. —dialécticos, claro— con hombres de

tendencias opuestas, quizá porque en el fondo siguen pensando que en la tendencia opuesta está ,el coco.

Sirva como ejemplo López Rodó, que declinó una invitación a enfrentar-se con Tamames para unos en

cuentros políticos que organizaba el diario «Pueblo». O Silva, que en un mitin celebrado en Zamora y

ante un publico compuesto exclusivamente de mujeres, se tiró más de una hora hablando del enemigo que

siempre está alerta. Silva ha estado la semana pasada en Alemania entrevistándose con Strauss, que es tan

bueno como éi, y dicen las malas lenguas que un poco más civilizado sí que ha vuelto. Es que Europa es

Europa, hombre. Alianza Popular, en fin, viene a ser la bondad personificada.

Otro tipo de buenos —yo diría que los buenos camuflados— son los de Centro: sociakiemócratas,

democristianos. liberales, populares, y esa otra coalición descolgada que es la Federación Demócrata

Cristiana. El Centro está previsto que no aparezca como demasiado bueno, pero siempre acaba viéndosele

et plumero, Y es que aquí sucede que en política andamos un grado corridos, izquierda no hay más que

una: del socialismo mar. xista para abajo. Felipe González, con su socialismo dulcificado y

teledulcificado, sería» en otro país, un hombre de Centro muy presentable. Socialdemócratas y compañía

son derecha pura —civilizada y tal, pero derecha al fin y al cabo—. Y el trío ios panchos —Blas, Girón y

Raimundo— se salen del esquema, se caen del mapa, en fin, van más allá de la derecha de Franco y si me

apuran de la derecha del Padre. Esto no lo dice el de mi pueblo. Lo digo yo.

Voliviendo al Centro —a lo que está establecido como Centro—, la verdad es que son gente muy buena y

educada. Muy maja. Se les puede sacar por ahí fuera sin temor de que monten el número. Han Ido todos a

colegios de pago y están preparados para viajar en avión, para hablar el Inglés de Carter y para sentirse

profundamente demócratas, frase recién- Incorporada al estribillo electoral y de la que todos hacen

grandes alardes. El Centro es bueno con el pu-. blico, es bueno con los buenos, es bueno con los matos y

es bueno con todo el mundo. El Centro parece una hermanita de la caridad. Pero donde más demuestra su

bondad el Centro es en los Consejos de Administración. El Centro se porta bien con el dinero, hablando

en plata. El Centro es una multina-cional criada en los pechos de Estados Unidos y Alemania. El Centro

es, resumiendo, el neocapitalís-mo con aureola de santidad.

—Sí ya te lo decía yo que ese me sonaba.

—Pues se presenta a candidato.

—Insisto en que te tengo visto.

—A mí me cae divino.

—¿Nunca fue ministro?

—Qué va. Es de la nueva ola.

—Ya caigo. Es uno que sacan en los anuncios de coca-cola.

—¿Segura?

—Segurísima.

—Pues está muy bien.

—Pero es un enano Infiltrado. Apuesto a que le han traído ios de Id Cía.

—Yo le veo como muy así.

—No te fies.

—¿Y éste, qué te parece?

—Oye, me va un montón, ¿También es del Centro?

—Sí. Finito, bien puesto, ¡oven, mujer y cinco hijos.

—Tiene un aire al ex marido de la Marisol.

—Puede. Los dos veranean en Marbella.

—A lo mejor hasta son amigos. ¿Y a qué se dedica?

—Está montando un casino. An-tes daba créditos en un Banco, pero ahora prefiere cobrarlos en la ruleta.

—¿Y no se presento ningún artista? Es que yo, de ios artistas, me fío más.

—Pues no, chica; e! «Garbo» de esta semana no trae nada.

—Será cuestión de esperar.

—Con lo bien que hubiera quedado Camilín.

—Eso ya es pedir demasiado. Confórmate con tenerle en los cua-renta principales.

—También es vedad.

En el Centro, además de los buenos propiamente dichos, están tos arribistas, o sea, ios que se apuntan al

carrito del vencedor por aquello de que se va muy bien subido ahí arriba y, como, a fin de cuenta, el

Centro parece vencedor, llueven los arrimos que da gusto. En fin, el Centro es bueno, aunque

de vez en cuando se haga pasar por malo para dar imagen de amplio espectro y capitalizar también votos

de ta izquierda. Pero es una maldad de pecado venial que se cura con un soló golpe de agua bendita. La

maldad del Centro es casi piadosa. De compromiso. Es que hoy a todo el mundo le gusta hacerse pasar

por malo. Cuestión de modas.

>EI Centro es gente muy buena y muy educada. Muy maja. Se les puede sacar por ahí fuera sin temor a

que monten d número. Han ido todos a colegios de pago, y están preparados para viajar en avión»

• >EI malo por antonomasia es el comunista, ese señor que se llevó todo el oro a Moscú, dejándonos a

dos velas mientras él vivía a cuerpo de rey>

• «Luego están los malos a secas, o sea, los de Felipe González, que parece que no, pero las matan

callando>

LOS MALOS

Ciento noventa y dos candidatos de tos seis mil que se presentan en el país han sido Procuradores en

Cortes, veintiuno han sido Ministros, y el resto, o son unos ad-venedizos o pertenecen al capítulo de los

malos» esos señores que han estado escondidos debajo de las piedras durante mucho tiempo y empezaron

a asomar el hocico de un año a esta parte. Los malos son, como su nombre indica, malos; se comen a la

gente, son todos unos masones, van en manada, generalmente huelen mal y encima cantan la

«Internacional», que no tiene esencias ni ramalazos patrióticos. Dentro de los malos están los menos

malos, los malos a secas y los malísimos. Pero el mato por antonomasia es el comunista, ese señor que se

llevó todo el oro á Moscú dejándonos a dos velas mientras él vivía a cuerpo de rey. El malo y la mala han

vuelto a España y la gente anda con los pelos de punta de puro miedo, creyendo que les van a quitar el

cassette y la tortilla de patatas. Al malo y a la malo sólo les falta ir montados en una escoba para acabar

de dar el pego.

Luego están los malos a secas, o sea, los de Felipe González, que parece que no, pero las matan callando.

Felipe González tiene en su favor que es casi tan guapo como Suárez, pero no es el Presidente y, por

tanto, no le sacan en televi-sión con tanto lujo de detalle y cámaras. A mucha gente —especialmente a

muchas mujeres— les gusta Felipe González, porque parece el duro de las películas, que al final resulta

un blando y acaba convirtiéndose y salvando a todo el mundo. Pero Felipe González es un malo para el

coqueteo, porque la mujer española, a la hora de la verdad, se casa con un bueno como Suárez, que es de

los finos y hacen las cosas por la Vicaría, como Dios manda.

—Un traje azul siempre es un traje azul.

—O quien dice un traje azul dice un corte a navaja.

—O unas ojeras bien puestas.

—´Además, eso.

—Lo que es a mí, me impresiona una burrada.

—A todas, hija.

Completan el cuadro los super-malos, versión moderna del lobo de Caperucita o el ogro del gato con

botas. Los supermalos, tos malísimos, tiran la piedra y esconden la mano, entre otras cosas, porque s! se

dejan ver no lo cuentan. Los malos, a trancas y a barrancas, estan pasando por el aro, pero los supermalos

no dan el brazo a torcer ni a la de tres. Un día de estos no despertaremos y nos habrán hecho pedazos. Y

es que a los supermalos o malísimos, hasta la conspiración judeomasónica les cae pequeña.

—No me digas. ¿Y si llegan éstos mi niño no podrá hacer carrera?

—Qué va. La mili. Desde que na. cen nos les meterán a todos en la mili.

—¿Y me quitarán tos visones?

—Seguro.

—¿Y las dos criadas filipinas?

—También,

—Pues yo creía que pagando ai fisco, hasta los comunistas te de. jan tener criadas filipinas.

—Mujer, será cuestión de enterarse, pero me da la impresión de que a lo más que llegan es a dejarte una

asistenta tres días por semana.

—Bueno, el caso es que haga lo más gordo; la pata y los baños.

—¿Pero cuántos baños hay en tu casa?

—Treinta y seis.

—Entonces tendrás que repartirlos.

—No fastidies.

— Ten en cuenta que hay gente que por no tañer, no tiene dónde mear.

—Mujer, para eso hacemos «I rastrillo.

—Sí, pero el rastrillo dura cinco días, y ellos dicen que no van a aguantarse las ganas durante los otros

trescientos sesenta.

—¡Qué horrorí

Total: la traca electoral ya está en marcha. Es un negocio como la copa de un pino. Las Industrias

papeleras, las agencias de publicidad, los fabricantes de mecheros, llaveros e insignias, ios concesionarios

de la fabricación de urnas, etcétera, se están poniendo tas botas. La vida sigue. Los hay que sacan partido

de todo. Porque, naturalmente, aparte de los buenos, los matos y tos regulares, también están los listos.

Esos ya son otro cantar.

 

< Volver