Autor: Alonso Baño, Antonio. 
   ¿Quién ahogó la II República?     
 
 Diario 16.    18/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

¿Quién ahogó la II República?

Antonio Alonso Baño (Secretario general del Gobierno de la República española en el exilio)

No cabe duda a estas alturas que el destino y la aspiración de España es la democracia. Ese es el deseo

incontenible del país y para ello se ha abierto un proceso. Eso que llamamos el proceso de

"democratización". En su elaboración podíamos contemplar tres opciones:

1. Partir de la legalidad republicana, restableciendo la Constitución de 1931, y los Estatutos de

Autonomía de Cataluña y el País Vasco, de ella derivados, y convocar unas Cortes que la ratificaran o

elaborasen otra. Esta es la aspiración máxima del Gobierno de la República en exilio.

2. Partir de un periodo transitorio, un Gobierno sin signo institucional, que provisionalmente asuma

el poder y convoque unas elecciones que determinen el régimen futuro de España. Esta es la aspiración

mínima del Gobierno de la República en exilio.

3. Partir de la legalidad franquista, es decir, de las Leyes Fundamentales elaboradas por Franco

para que, deformándolas, lleguemos a la democracia.

Naturalmente, esta tercera vía, que era la más fácil —más fácil de partida, pero ya veremos de llegada—,

es la que se ha adoptado y a la que se han plegado los partidos de la oposición democrática.

Al principio, estos partidos sostuvieron al Gobierno de la República en exilio, y en calidad de ministros,

comunistas y socialistas defendieron ardientemente la legalidad republicana. Posteriormente pasaron a

sostener la segunda opción: Gobierno sin signo institucional. Entonces en "Mundo Obrero" (1 de marzo

de 1962) se afirmaba en primera página: "Hemos estimado y seguimos estimando que mientras el pueblo

no se manifieste libremente las instituciones republicanas en el exilio deben mantenerse." El grito lanzado

por Santiago Carrillo en su discurso del parque de Montreau de París ("Mundo Obrero" 26 de junio de

1071) fue un rotundo "¡no a la imposición monárquica!" Por último, recientemente pasaron casi todos los

partidos a la tercera posición, plegándose a la legalidad franquista, y en los periódicos pudimos leer estas

semanas atrás "a los comunistas la Monarquía no les estorba" (Dolores Ibarruri en declaraciones hechas

desde Moscú); "no creemos que sea incompatible democracia con Monarquía" (Felipe González en

"Gaceta Ilustrada" de 27 de febrero de 1977); o Rafael Alberti inclinándose ante el Rey, o Claudio

Sánchez - Albornoz.

Aceptación de la Monarquía

Es evidente que la oposición democrática ha pasado de la defensa de la República a la aceptación de la

Monarquía instaurada por Franco. ¿Conducirá esta vía hacia la normalidad política, hacia la democracia?

Se dirá que las dos primeras vías eran impracticables y sólo quedaba la tercera. Es posible. Pero hombre

tan ponderado y lúcido como José Luis L. Aranguren ha advertido en "El País" (17 de febrero de 1977)

que la oposición al elegir este camino pagará su precio. "El precio final es que los franquistas —después

de las elecciones— nos sigan gobernando, re presentando desde ahora y, por supuesto luego, el papel de

demócratas." "...Vigilo y constato —sigue Aranguren— que seguimos dentro de una situación

estructuralmente inmoral", y añade a continuación, poniéndolo en duda, un deseo: "Ojalá el mal camino

—incierto, turbio, reservado— terminó en un final feliz para la democracia."

Nosotros creemos que mientras no se reivindique a la Segunda República —que ha sufrido y sufre

cuarenta años de calumnias— y los Partidos Socialista y Comunista hagan examen de conciencia sobre

las causas que la hicieron imposible, no podrá abrirse camino un nuevo régimen en España.

Porque hablemos claro. Si la vía política abierta por Adolfo Suárez nos conduce a la democracia, esta

democracia no tiene más remedio que empalmarse, histórica y doctrinalmente, con el periodo

democrático que anteriormente conoció España, de 1931 a 1936. La democracia es un todo, unas normas,

unas leyes, unos hábitos. No puede ser "amoldada" o "perfeccionada" a determinada situación política,

porque entonces no será democracia. No vamos los españoles a inventarla. La Segunda República fue un

régimen democrático, quiso serlo, luchó por serlo, esa fue su ambición, lo fueron sus leyes, los hombres

que la gobernaron. ¿Quién la ahogó? ¡Por qué no fue posible en España la democracia?

Falsear la historia

Socialistas, comunistas y anarquistas falsean y embellecen la historia cuando presentan a la Segunda

República atacada por el Ejército, la Iglesia y los bancos. Ocurre que se quedan en la superficie de la

historia. Si fueran al fondo descubrirían que las primeras agresiones contra la República, apenas

implantada en abril de 1931, surgieron de sus filas, de las organizaciones obreras, que tenían el deber de

enterarse de que la República era el instrumento político que podía facilitarles el logro de sus

aspiraciones. La mayor dificultad con que se tropezó después del triunfo electoral de febrero de 1936 fue

el acoso a los gobernantes republicanos por los socialistas y comunistas, que no cumplieron el pacto del

Frente Popular.

La Segunda República, régimen democrático, temía ser desbordada por su izquierda y por su derecha, y lo

fue por ambas. De ahí la guerra civil. Todavía la noche del 18 de julio de 1936 intentó un ilustre

republicano, Diego Martínez Barrio, un diálogo que evitara la guerra civil. Las derechas no escucharon,

pero las izquierdas, que estaban más obligadas, tampoco quisieron oír. Y por eso la democracia y la

República fueron destruidas.

Ahora, si queremos construir la democracia, tendremos, como primer paso, que reivindicar a la Segunda

República. Y como segundo paso, los Partidos Socialista y Comunista tendrán que reconocer la parte de

culpa que les corresponde en el hundimiento del régimen democrático español de 1936.

 

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