Por fin, un país     
 
 Diario 16.    26/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Por fin, un país

Dios santo, qué país. Esta España nueva se nos ha convertido en una sociedad tan admirable que no hay

provocación que valga ni bárbaros a sueldo que puedan con ella. Con una unanimidad majestuosa, el país

hace frente a sus horas más difíciles sin perder los nervios y sin dejarse arrastrar un milímetro en el

camino marcado por la provocación. A veces uno sospecha que nos han cambiado de país, que la

furibunda España, capaz de todos los horrores y todas las grandezas, ha sido sustituida ahora por una

Atenas implacable que exige e impone su libertad sin levantar la voz siquiera.

Una oposición que hace sólo semanas abandonó los calabozos, demuestra tal grandeza y tal seguridad en

sí misma´ que condena el terrorismo del GRAPO en un comunicado conjunto con el Gobierno. Si la

provocación pretendía algo era precisamente impedir que oposición y Gobierno pudieran darse la mano y

establecer juntos las condiciones de la libertad. Fracasaron. Irritados y firmes ante el terror, los

representantes de la sociedad y del Estado condenan la provocación y no se mueven un ápice en el

camino marcado. Y, si acaso, aceleran el paso.

Las Fuerzas Armadas resistieron el salvaje empellón de los provocadores con infinita irritación, ,pero sin

perder la calma. El teniente general Vega Rodríguez y otros altos mandos militares han afirmado que el

Ejército se mantiene implacablemente firme a las órdenes del Estado y de sus mandos naturales. El

secuestro del teniente general Villaescusa, que pretendía sembrar la confusión y las tentaciones golpistas,

parece haber servido sólo para unir aún más al Ejército y a la sociedad española. Con un país asi. las pro-

vocaciones no pasarán.

Los juristas, la clase obrera madrileña y los miembros de base de tos partidos de oposición han resistido

también con una calma asombrosa la provocación cometida en su propia carne con el salvaje asesinato de

los abogados de la calle de Atocha. La provocación pretendía suscitar una violentísima reacción en los

partidos de izquierda para que fuera así creciendo, de bote y de rebote, 1 A espira] del terror y la

violencia. Pero ni obreros, ni abogados, ni comunistas entraron en el juego de! terror. Con un país asi, la

provocación no es rentable.

Se diría que sobre esta Península ha caído un manto de serenidad que debe hacer estremecer de miedo a

los enemigos de la España libre que aquí estamos construyendo obstinadamente entre todos. Si el país

mantiene la calma como hasta ahora, si no hacemos una sola concesión en el camino de la paz, si

oposición y Gobierno son capaces de interpretar como hasta ahora esa corriente unánime en favor de la

normalidad española, los provocadores se van a quedar solos y los vamos a correr como a gallinas en este

corral patrio donde ya no abunda la sangre sino el implacable deseo de libertad.

Se han equivocado de país, señores. Nos estremece el terror como a todos los humanos, la provocación

nos hace hervir la sangre y sentimos como todos la tentación de entrar al trapo tendido por la barbarie.

Pero cuando uno se da cimenta de que el País Vasco ha parado hoy, sin un solo grito, en protesta contra la

violencia, cuando la clase obrera madrileña se planta hoy en silencio y en paz contra el terror, cuando uno

advierte este ejército ciudadano firme que se alza en silencio por la libertad, no es posible resistir un

renacimiento de la más viva esperanza en el futuro del país. Con un país así. ni un millón de Malapartes

nos van a sacar del camino.

 

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