Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
 Carta abierta al director de "La Vanguardia". 
 El terrorismo ha sido siempre compañero de viaje en el trayecto de la tiranía a la libertad     
 
 La Vanguardia.    26/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Carta abierta al director de «La Vanguardia»

El terrorismo ha sido siempre compañero de viaje en el trayecto de la tiranía a la libertad

A los que esperaban otra cosa yo les felicito.

Felicito por su fe en la naturaleza humana, por su inocencia y por su ingenuidad a los que han estado

asumiendo que podíamos salir de cuarenta años con las espaldas contra toda la realidad circundante,

cuarenta años de vacío político y de obscurantismo ideológico como la sociedad madrileña de la época de

Galdos, salía al paseo de coches del Retiro repartiendo saludos, chiste razos y genuflexiones, a un

certamen de requiebros democráticos adornado por libertades, parlamentos, civilizada tolerancia y

armonía social.

Si la convivencia democrática fuera tan fácilmente alcanzable y se pudiera acceder a ella sin otros

esfuerzos ni otros sacrificios que los que, desde que se restauró la monarquía, hemos hecho -aquí, ¿quién

no iba a disfrutar en Europa de sus beneficios, de sus bálsamos y de sus ventajas? Para un viaje como el

que nuestras buenas gentes, nuestros ingenuos y nuestros inocentes han asumido que es el viaje de la

democracia, ¿hubieran sido —querido director— la revolución francesa, la guerra contra los fascismos o

una tragedia como la de los intelectuales rusos vieja ya de cincuenta años?

Asalto general a la democracia

Amartillar a pistoletazos por las calles indiscriminadamente, atracar bancos o boticas, secuestrar a quien

sea, pero sobre todo si los secuestrados son los presidentes de dos instituciones tan esenciales al

funcionamiento de la sociedad y al mantenimiento de la convivencia como el Consejo de Estado o el de la

Justicia Militar, no son sino acontecimientos repudiables y alarmantes, desde luego.

¿Hay algún país en el mundo que pasara de la dictadura a La democracia sin verse acompañado por

similares cohortes? ¿Hay siquiera democracia alguna, en el mundo, que aún tras años y años, a veces,

siglos, después de proclamada y estabilizada no haya tenido que afrontar duras luchas contra la violencia,

la reacción, o la subversión, cuando ino contra las tres en conjunto y, a veces, como ocurre ahora en

España, aliadas?

No hay más que volver la vista al asalto general de que la democracia ha sido objeto por el nacismo y el

fascismo hace cuarenta años o la ofensiva con que el comunismo se esfuerza desde hace tanto tiempo por

atenazar para poner de relieve la -candidez de los que han estado esperando aquí que España pudiera

sustituir una dictadura que una democracia entre un coro de beneplácitas alabanzas, concurrencias

complacidas y retóricas anuencias.

Tal candidez sólo es comparable con la fíaqueza de ánimo con que, en cuanto suena un tiro o surge un

revés, se rasgan las vestiduras exclamando: «¡Así no se puede vivir!» El terror sólo es arma eficaz si logra

aterrorizar.

Hace ya de íesto algunos años, cuando las primera? luces de la democracia comenzaban a alumbrar en

lontananza acompañadas por los primeros chispazos de terrorismo, yo le escribí a usted, señor director,

una carta donde venía a decirle que el terrorismo había sido siempre en todas partes el compañero de viaje

en el trayecto desde la tiranía a la líbertad y que pocas gentes sabían, aquí en España, lo malo que era

mejor que yo,

testigo de excepción de la última guerra, la más grande lucha que contra la tiranía afrontó quizá jamás la

libertad.

Pero —agregaba yo— lo primero que hay que tener en cuenta es que si el terror es el arma universal

contra la democracia, sólo es un arma eficaz en las democracias a las que logra aterrorizar.

Que tantas gentes aquí comiencen a sentirse aterrorizadas es el mejor éxito, y quizás el único, que podía

serle brindado a los terroristas.

Es también quizá una muestra de cuan poco firmes son nuestras convicciones democráticas y la poca fe

que muchos españoles ponen en ellas.

Si por lo que ha ocurrido aquí con el GRAPO o con los «Cristo Rey», o quienes sean, fuéramos a tener

ya que renunciar a nuestros propósitos de convertirnos en un país más como los otros europeos, lo

primero que debíamos reflexionar es que, si los otros países europeos hubieran sido igual de pusilánimes,

no habría una sola democracia en Europa con la qua nosotros pudiéramos unirnos ahora.

Experiencia en Europa

Lo que ha ocurrido aquí, lo que está ocurriendo y aún lo que puede ocurrir, por mucho que, con las cartas

que hay a la vista, ocurra, es coser y cantar comparado con la doble experiencia de Francia, primero,

cuando De Gaulle hubo de afrontar la indisciplina y la subversión que el abandono de Argelia provocó en

el ejército francés y, después, en la primavera del 68, la sublevación de París. El grupo anarquista Baader-

Meinhof ha asesinado en la República Federal de Alemania si no mayor número de gente que GRAPO y

«Cristo Rey» juntos, sí más que cualquiera de ellos por separado y, secundado por los estudiantes, en un

momento dominó la calle de algunas de las ciudades universitarias alemanas como´ aquí no pueden soñar

en dominarla jamás-no ya «Cristo Rey», GRAPO o ETA por separado sino los tres en conjunto.

Los «votos» en Holanda y en Inglaterra el IRA llegaron a tener a sus respectivos países, si uno se dejara

guiar de las apariencias, cogidos por el cuello y las bombas que el IRA hizo explotar en Londres u otras

partes del país representan poco menos que una guerra comparados con los débiles esfuerzos de nuestros

terroristas en Madrid y Barcelona.

Si la decisión de resistir y el ánimo democrático no fuera, en cualquiera de los países europeos, más

sólido que, al parecer, es aquí entre nosotros y si los europeos se rindieran tan fácilmente, La verdad es

que no habría ya una sola democracia en Europa. Los GRAPO, los .«Cristo Rey» los ETA de turno y

respectivos mandarían ya en todo el continente desde hace bastarte tiempo y nosotros no tendríamos

siquiera a quién imitar y a quién unirnos con nuestra democracia, si se nos ocurriera adoptada.

Que a lo mejor ni siquiera se nos ocurría.

Que haya aquí quien cree que, en vista de que el GRAPO adquiere cada vez mas audacia lo que habría

que hacer es cambiar de ministros o ministerios e incluso que interviniera personalmente en la cuestión

nada menos que Su Majestad, el Rey, prueba que, después de todo, no es sólo la osadía del GRAPO y sus

similares lo que hemos heredado de los cuarenta años. Hemos heredado también la pusilanimidad y la

ignorancia política de muchas otras gentes.

De usted afectísimo, s. s. y amigo, Augusto ASSIA.

 

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