La solución no es más que una     
 
 Ya.    26/01/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LA SOLUCIÓN NO ES MAS QUE UNA

EL salvaje atentado al despacho laboralista da las Comisiones Obreras tiene una gravedad que

no necesitamos encarecer.

La indignación es general, y la preocupación, fundada.

El peligro de una escalada de represalias está a la vista y es fácil prever a qué catástrofe nos

llevaría. La solución no es más que un el restablecimiento inmediato del orden público.

ES competencia del Gobierno, no de las Fuerzas Armadas, y voces autorizadas de éstas han

manifestado que si los provocadores quieren arrastrar al Ejército a actitudes políticas, no lo

conseguirán. Esas palabras serenas han sido el único motivo de satisfacción que hemos tenido

en estos tristes días.

El orden público es tarea del Gobierno, pero debe acometerla sin perder un minuto. Ya hemos

dicho cómo y qué se necesita:

EN primer lugar, una política de autoridad en su doble vertiente: firmeza en los gobernantes y

confianza en las fuerzas encargadas de asegurar el orden.

EN segundo lugar, el pacto de todas las tendencias políticas civilizadas, sean afines al

Gobierno, sean hostiles a él, porque para repudiar el crimen no puede haber ideologías.

¿No son en cambio comunes sus Intereses frente a unos extremismos obcecados por impedir

la evolución política? ¿O qué quiere decir que Oriol sea secuestrado días antes del referéndum

y el teniente general Villaescusa cuando te negocia el acuerdo entre el Gobierno y la

oposición? ¿A qué aplicar la violencia a las peticiones de amnistía, cuando es el medio más

seguro de que esas peticiones no puedan prosperar? ¿A qué las muertes causadas por

asesinos que, profanando nombres sagrados, se presentan como de extrema derecha y a ella

deben de pertenecer, su pena dé que el afán de provocación en el extremismo opuesto les

llevase a extremos difícilmente concebibles? La unanimidad de la prensa de todos los matices

en pedir orden y que se respalde a la autoridad es un hecho que registramos con orgullo como

periodistas.

EN tercer lugar hace falta que se corten radical-mente aquellas situaciones que suelen ser

origen de mayores males.

Pensamos en esas manifestaciones y demostraciones colectivas que nada justifica y cuya

finalidad sólo parece ser que se produzcan víctimas para explotarlas políticamente después.

Para evitarlo es mucho lo que pueden hacer los simples ciudadanos negándose a tan

sospechosas—y peligrosas—invitaciones.

Ellos son la mayoría. La calle debe ser para todos y no monopolio de unas minorías de

alucinados.

EN cuarto lugar, se necesita justicia rápida y ejemplar sobre los responsables de los hechos

criminales, sean de la ideología que sean; y aquí no podemos por menos´ de volver a pensar

especialmente en el monstruoso hecho que hemos mencionado al principio de este comentario.

SI se consigue lo expuesto, a partir de ahí todo volverá a ser posible.

Sin eso, la política mejor intencionada será engullida por la vorágine de la violencia desatada.

Ahora es el momento de evitarlo. A costa de lo que sea.

 

< Volver