Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
   No hay que perder los nervios     
 
 Ya.    26/01/1977.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 17. 

CARTA DE AUGUSTO ASSIA NO HAY QUE PERDER LOS NERVIOS

A los que esperaban otra cosa, yo les felicito.

Felicito por su fe en la naturaleza humana, por su inocencia y por su ingenuidad a los que han estado

suponiendo que podíamos salir de estos cuarenta años con las espaldas contra toda la realidad

circundante, como la sociedad madrileña de la época de Galdos salía al paseo de Coches del Retiro

repartiendo saludos, chis-terazos y genuflexiones a un certamen de requiebros democráticos adornado por

libertades, parlamentos, civilizada tolerancia y armonía social.

SI la convivencia democrática fuera tan fácilmente alcanzable y se pudiera acceder a ella sin otros

esfuerzos ni otros sacrificios que los que desde que se restauró la Monarquía hemos hecho aquí, ¿quién no

iba a disfrutar en Europa da sus beneficios, de sus bálsamos y de sus ventajas? Para un viaje como el que

nuestras buenas gentes, nuestros ingenuos y nuestros inocentes han supuesto que es el viaje de la

democracia ¿hubieran «ido, querido director, la Revolución Francesa, la guerra contra los

fascismos o una tragedia como la de los intelectuales rusos, vieja ya de cincuenta años?

EL PRECIO DE LA DEMOCRACIA

Amartillar a pistoletazos por las calles indiscriminadamente, atracar bancos o boticas, secuestrar a quien

sea, pero sobre todo si los secuestrados son los presidentes de dos instituciones tan esenciales al

funcionamiento de la sociedad y al mantenimiento de la convivencia como el Consejo de Estado o el de la

Justicia Militar, no son sino acontecimientos repudiables y alarmantes, desde luego.

¿Hay algún país en el mundo que pasara de la dictadura a la democracia sin verse acompañado por

similares cohortes? ¿Hay siquiera democracia alguna en el mundo que aun tras años y años, a veces

siglos, después de proclamada y estabilizada no haya tenido que afrontar duras luchas contra la violencia,

la reacción o la subversión, cuando no con" tras las tres en conjunto, y a veces, como ocurre ahora en

Hispana, aliadas?

No hay más que volver la vista al analto general de que la democracia ha sido objeto por el nazismo y el

fascismo hace cuarenta años, o la ofensiva con que el comunismo 88 esfuerza desde hace tanto tiempo

por atenazarla, para poner de relieve la candidez de los que han estado esperando aquí que España pudiera

sustituir una dictadura por una democracia entre un coro de bene-plácitas alabanzas, concurrencias

complacidas y retóricas anuencias.

Tal candidez sólo es comparable con la flaqueza de ánimo con que, en cuanto suena un tiro o surge un

revés, .se rasgan las vestiduras, exclamando: "¡Así no se puede vivir!"

EL MIEDO, UNA CLAUDICACIÓN

Hace ya de esto algunos años, cuando las primeras luces de la democracia comenzaban a alumbrar en

lontananza, acompañadas por los primeros chispazos de terrorismo, yo le

Augusto ASSIA escribí a usted, señor director, una carta donde venía a decirle que el terrorismo había

sido siempre en todas partes el compañero de viaje en el trayecto desde la tiranía a la libertad, y que pocas

gentes sabían aquí, en España, lo malo que era mejor que yo, testigo de excepción de la última guerra, la

más grande lucha que contra la tiranía afrontó quizá jamás la libertad.

Pero—agregaba yo—lo primero que hay que tener en cuenta es que si el terror es el arma universal contra

la democracia, sólo es un arma eficaz en las democracias a las que logra aterrorizar.

Que tantas gentes aquí comiencen a sentirse aterrorizadas es el mejor éxito, y quizás el único, que podía

serle brindado a los terroristas. Es también quizás una muestra de cuan poco firmes son nuestras

convicciones democráticas y la poca fe que muchos españoles ponen de ellas.

Si por lo que ha ocurrido aquí con el GRAPO o con los Cristo Rey, o quienes sean, fuéramos a tener ya

que renunciar a nuestros propósitos de convertirnos en un país más como los otros europeos, lo primero

que debíamos reflexionar es que si los otros países europeos hubieran sido igual de pusilánimes no habría

una sola democracia en Europa con la que nosotros pudiéramos unirnos ahora.

Lo que ha ocurrido aquí, lo que está ocurriendo y aun lo que puede ocurrir, por mucho que, con las cartas

que hay a la vista, ocurra, es coser y cantar comparado con la doble experiencia de Francia: primero,

cuando De Gaulle hubo de afrontar la indisciplina y la subversión que el abandono de Argelia provocó en

el Ejército francés, y, después, en la primavera del 68, la sublevación de París.

El grupo anarquista Baader-Meinhof ha asesinado en la República Federal de Alemania si no mayor

número de gente que GRAPO y guerrilleros juntos, sí más que cualquiera de ellos por separado, y,

secundado por los estudiantes, en un momento dominó la calle de algunas de las ciudades universitarias

alemanas como aquí no pueden soñar en dominarla jamás no ya guerrilleros/ GRAPO o ETA por

separado, sino los tres en conjunto.

Los Vopos en Holanda, y en Inglaterra el IRA, llegaron a tener a sus. respectivos países, si uno ¡se dejara

guiar de las apariencias, cogidos por el cuello, y las bombas que el IRA hizo explotar en Londres u otras

partes del país representan poco menos que una guerra comparados con los débiles-esfuerzos de nuestros

terroristas en Madrid y Barcelona.

RESISTIR

Si la decisión de resistir y el ánimo democrático no fuera en cualquiera de los países europeos más sólido

que, al parecer, es aquí entre nosotros, y si los europeos se rindieran tan fácilmente, 1» verdad es que no

habría ya una sola democracia en Europa. Los GRAPO, los guerrilleros, los

ETA de turno y respectivos mandarían ya en todo el continente desde hace bastante tiempo y nosotros no

tendríamos siquiera a quien imitar y a quien unirnos con nuestra democracia si se nos ocurriera adoptarla.

Que a lo mejor ni siquiera se nos ocurría.

Que haya aquí quien cree que, en vista de que el GRAPO adquiere cada vez más audacia, lo que habría

que hacer ea cambiar de ministros o ministerios, e Incluso que interviniera personalmente en la cuestión

nada menos que Su Majestad el Rey, prueba que, después de todo, no es sólo la osadía del GRAPO y sus

similares lo que hemos heredado de los cuarenta años. Hemos heredado también la pusilanimidad y la

ignorancia politica de muchas otras gentes.

De usted afmo.,- s. s. y amigo,

Augusto ASSIA

NO HAY QUE PERDER LOS NERVIOS

 

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