Autor: García Serrano, Rafael. 
   Dietario persoal     
 
 El Alcázar.    27/01/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Por Rafael GARCÍA SERRANO

MIÉRCOLES, 26 DE ENERO

Se habla muy seriamente de que existen planes para desbaratar la democracia que anhelan los

españoles, que anhelamos, si bien cada cual la suya, creando una atmósfera de crimen, terror y

desconcierto.

Me permito escandalizar a la opinión pública diciendo que no creo en esos planes.

Cualquier sistema organizado, lógico y sencilla para desbaratar la democracia de la izquierda, la de la

derecha, la del centro, la popular —o comunista— .y la orgánica, tendría éxito indudable, porque no se

encuentran fuerzas suficientes, y sobre todo decididas, detrás de cualquiera de estas democracias

para hacer frente a la energía desplazada por un molinillo de viento. Toda la fuerza de España está en la

boca, es decir, en los periódicos.

La concentración de talentos maquiavélicos, económicos, históricos y renovados que se suponen bajo

bandera comunista, no pasa de ser una filfa basada en los remordimientos de la derecha española, en el

pavor del estamento plutócrata y en el misterio. Cuando se habla en el Kremlin de los comunistas

españoles, las carcajadas se escuchan en Vladivostock. Los únicos que creemos en el talento de los

comunistas españoles somos los españoles —acaso con dos docenas de excepciones, entre las cuales me

cuento— y asi hay quien cree que Tamames es un historiador y un economista, Sartorius un talento,

Carrillo un líder, la Pasionaria una especie de Carmen Rivera envejecida, Lister un general, Pepe

,Díaz. un estadista y Jesús Hernández algo así entre la Montesori y Molotov. De verdad el más talentudo

era Jesús Hernández, que cantaba tangos que daba gusto oírlo allá por los años treinta cuando el PC

programaba "El acorazado Potem-kim" y alguien tenia que animar la cosa para que acudiese público.

Entonces Jesús Hernández movilizaba el repertorio del "Morocho" y a base de "Noche de Reyes" y "La

Cumparsita´ lograba algunos éxitos.

Aquí no hay ningún plan por ningún- lado, aquí sólo hay falta de autoridad y una primavera de anarquía

que la huele Bakunin y se entrompa sólo de pensarlo.

Dos personas que tuvieran un pequeño plan —pongamos tres personas para que nadie crea que se trata de

un plan de esos que enloquecen a Mingóte. Sumiera, Marsillach y los vanguardistas de la libertad sexual,

que son los españoles más vestidos de negro y reprimidos que uno conoce personalmente—; así, digo,

tres personas que tuvieran de verdad un plan de acción política se cargaban en media hora el Gobierno e

incluso a la Monarquía, porque es que da pena ver lo indefenso que se encuentra el Estado ante las

pequeñas o grandes masas vociferantes y ante los aguijonazos de la prensa.

Por encima de los terribles dramas que por desgracia vive España, . por encima de la sangre de las

victimas recientes y de las olvidadas —por ejemplo las de la calle del Correo, el presidente de la

Diputación de Guipúzcoa, Araluce y sus compañeros; los guardias, los alcaldes, los policías los taxistas,

y cualquiera que caiga de su lado aunque sea ahora mismo— lo cierto es que nuestra situación política es

de risa. Si se dice Areilza, cualquier persona sensata, se mata a carcajadas; si se dice Gil Robles, lo

mismo; si se dice Oreja, otro que tal; si se dice Carrillo —genocidios aparte—, la gente se dobla; si se

recita la lista de los partidos políticos, Gaby, Miliki y Fofíto tienen que emigrar; Camuñas, Walker,

Pujol, Sama-ranch, Socías, Martín Villa, Reguera, Ruiz Jiménez, Morodo... en fin, y otros muchos

que siento no recordar al galope de la máquina, el personal se desjarreta de jolgorio, o lo que es peor, y

más patético, de indiferencia. Tengo la sensación de ser solamente yo quien se indigna y se irrita con ellos

y de ellos —dentro de mi natural cuerpo de jota— según me sople el aire de cada jornada. ¿Hay algo serio

en España? Me temo que no, salvo la dramática sangre que se derrama.

España ya no es España, calculo; España es eso que se llama el país con el lenguaje de un ilustre

romántico que cometió la estupidez de pegarse un tiro en 1837 —cuando tantas ocasiones había de morir

decorosamente— y de un aplicado muchacho que hace monigotes con cierta gracia.

Si en España hay cinco personas que merezcan la pena, .acaso salgamos adelante. En caso contrario

preparémosnos a ser la colonia de cualquier Estado fuerte: los Estados Unidos, la URSS, Marruecos,

Andorra, la Masonería o el Vaticano, o bien de una coalición de estos dos últimos, igual que en tiempos

del tándem Lerroux-Gil Robles.

Los españoles que aún vivimos hemos perdido el sentido de la dignidad incluso ante la muerte, sean los

muertos de una u otra bandera.

 

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