Ayer en Madrid y Salamanca. 
 Sepelio de las cinco víctimas del Atentado de Atocha     
 
 Arriba.    27/01/1977.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

AYER, EN MADRID SEPELIO DE LAS CINCO VICTIMAS DEL ATENTADO EN ATOCHA

MADRID.

(Da nuestra Redacción.)

—De emotiva puede calificarse la ¡ornada de ayer, tras los actos que se celebraron durante

todo el día con motivo de las exequias de los abogados laboralistas asesinados en Madrid

el pasado lunes en un despacho de la calle de Atocha.

Por indicación de los familiares, uno de los abogados, Javier Benavides, fue enterrado por la

mañana, en un acto sencillo que tuvo lugar en la Sacramental de San Isidro. También, y por

expreso deseo de su familia, el cuerpo sin vida de Serafín Holgado partió a mediodía de ayer

hacia Salamanca, donde a las siete de la tarde quedó instalada la capilla ardiente.

Javier Sauquillo, Enrique Vandelvira y Ángel Rodríguez Leal, fueron enterrados, hacia los seis

de la tarde, los dos primeros en el cementerio municipal de Carabanchel y e! último en el de la

Almudena.

Más de 30.000 personas acompañaron a los tres féretros a la salida del palacio de Justicia,

donde había quedado instalada la capilla ardiente.

Presidía la comitiva don Antonio Pedrol Ríus, decano del Colegio de Abogados, ¡unto con los

miembros directivos de dicho Colegio y del Consejo General de la Abogacía. Se encontraban

también presentes representantes y líderes de gran parte de los partidos políticos.

Después del sepelio se produjeron, en los puntos más céntricos de Madrid algunos incidentes,

en los que tuvo que intervenir la Fuerza Pública, que durante todo el trayecto había estado

vigilando las zonas por donde pasaría el cortejo fúnebre. Solamente hubo que lamentar

algunas contusiones, y a primeras horas de la noche la normalidad quedó restablecida y

Instalada la capilla ardiente.

A lo largo de toda la mañana fue acudiendo numeroso público hacia las inmediaciones de la

plaza de las Saíesas y calles adyacentes. Hacia la una y cinco de la tarde, llegaba al palacio de

Justicia, donde se en. cuentra la sede del Colegio de Abogados, un furgón de los servicios

funerarios que transportaba los féretros de Enrique Vandelvira, Francisco Javier Sauquillo y

Ángel Rodríguez, tres de las víctimas en el atentado de la calle de Atocho.

En ese instante se hizo un silencio absoluto entre las numerosas personas que se iban

congregando ante el edificio.

Al ser sacado el primero de los ataúdes se produjo una fuerte ovación por parte de los asis-

tentes, mientras otras voces llamaban al silencio. No obstante, la ovación continuó cuando

fueron sacados los otros dos. Acto seguido, y a hombros de abogados y amigos, los tres

ataúdes fueron trasladados al salón de la Inmaculada, del Colegio de Abogados, donde quedó

instalada la capillo ardiente.

El decano del Colegio de Abogados, señor Pedrol Ríus, con la Junta de Gobierno en Pleno, y

vestidos con la toga, se colocaron en torno a !os féretros (unto a los familiares.

Los cueroos de las víctimas estaban envueltos en un paño de lino blanco y tenían la cabeza

vendada. En la frente y en la cara eran perceptibles los impactos de ´as balas.

El público empezó a desfilar en silencio delante de !os cadáveres, mientras se producían pa-

téticas escenas de dolor entre los familiares. Una mesa instalada en la entrada recogía pliegos

de firmas de condolencia. En las largas colas para desfilar ante los cadáveres figuraban

numerosos líderes políticos y mulantes de diversos partidos.

El servicio de orden interno se ocupaba de que no se produjeran gritos, así como que no fuera

invadida la calzada ni fuera cortada la circulación, y de que no se efectuasen provocar´ones.

Muchas personas portaban brazaletes negros.

El cortejo fúnebre:

Sobre las cuatro de la tarde, el grupo de personas que se iban congregando ante e! palacio fue

aumentando. A lo largo de la calle Marqués de lo Ensenada y Genova, en las dos aceras,

fuerzas antidisturbios a caballo vigilaban los alrededores.

La calle Genova fue cortada a! tráfico hasta la plaza de Colón. Hacia las cuatro y media de la

tarde fueron sacados de! palacio de Justicia los féretros de los abogados muertos, en los que

se colocaron claveles rojos. Un silencio estremecedor inundó la plaza, sólo interrumpido por los

motores de los helicópteros que sobievueian el lugar. Más de treinta mil personas reciben los

féretros.

El cortejo está presidido por el presidente de! Colegio de Abogados, Antonio Pedrol, y la Junta

de Gobierno del mismo.

El señor Pedrol Ríus procedió a imponer las medallas de cologiaíes de honor y las tomas en

los féretros de los letrados, señores Sauquillo y Vandelvira. Entre los portadores de los ataúdes

se encontraban varias mujeres, compañeras de profesión ríe los muertos.

Los féretros desfilaron por la calle de Marqués de la Ensenada y un pequeño trozo de Genova,

hasta la plaza de Colón, donde fueron introducidos en los furgones mortuorios.

En las calles, algunos tenían el puño cerrado en alto.

Otros contemplaban el cortejo desde árboles y balcones. Siete furgones funerarios

transportaban las coronas ¿o flores. Minutos antes de las cinco de ´a tarde, el séquito

emprendió ´a marcha hacia la plaza de Cibeles, por el paseo de la Castellana, hasta los

cementerios de la Almu-dena y Carabanchel.

Sauquillo y Vandelvira, enterrados en Carabanchel.

Hacia las seis de la tarde, los restos mortales de los abogados Javier Sauquillo y Enrique

Vandelvira fueron inhumados en e) cementerio municipal de Carabanchel.

Algunos dirigentes políticos de varios partidos habían acompañado los dos féretros durante el

recorrido por las calles de Madrid, en los coches de duelo, junto con los familiares de los

difuntos.

Hacia las seis de la tarde, el féretro de Javier Sauquillo fue depositado en la fosa.

Numerosas personas guardaban respetuoso silencio y otras arrojaban claveles rojos encima

de la caja, mientras ésta era descendida.

Un sacerdote tomó la palabra y dijo que, por deseo expreso de los familiares, iba a presidir el

enterramiento. Pidió a los asistentes creyentes y no creyentes que estuvieran unidos durante el

acto como lo están por la libertad.

Terminadas estas palabras, el sacerdote leyó un responso por el alma del señor Sauquillo y a

continuación se rezó el Padrenuestro, que fue seguido por gran cantidad de público.

Ángel Rodríguez Leal, en la Almudena

A las seis y cuarto de la tarde fue enterrado en el cementerio de la Almudena Ángel Rodríguez

Lea!.

Al sepelio asistieron una3 3.000 personas, muchas de las cuales esperaban a la puerta del

cementerio, desde las cuatro y media, la ¡legada del féretro.

Al llegar el ataúd a! lugar del sepelio, los asistentes prorrumpieron en una ovación, al tiempo

que alguno de ellos comenzaba a entonar «La internacional», que otros intentaron acallar.

Luis Javier Benavides,

"enterrratíó por la

mañana

Los restos mortales del abogado Luis Javier Benavides fueron inhumados, en la mañana de

ayer, en la Sacramental de San Justo por expreso deseo de sus familiares, que no quisieron

que el entierro del señor Benavides fuera utilizado para fines políticos.

Aunque el cadáver no fue trasladado al Colegio de Abogados, unas 1.000 personas

acompaña^ ron el féretro de Luis Javier Benavides, que fue llevado a hombros por sus

compañeros. El capellán del cementerio de San Isidro rezó un responso y tras la inhumación de

los restos, la tumba se cubrió de flores y coronas.

Más de 30.000 personas, según el Gobierno Civil, asistieron a las honras fúnebres

EL PRESIDENTE DEL COLEGIO DE ABOGA-DOS, ANTONIO PEDROL, Y LA JUNTA DE

GOBIERNO PRESIDIERON EL DUELO

Jueves 27 enero 1977

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