Autor: J. C. . 
   Pedrol     
 
 Arriba.    27/01/1977.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

PEDROL

EL luto y la serenidad ciudadana fueron protagonistas de la jornada madrileña de ayer, a la que

se sumó una buena parte de la restante población del país entero. Pero, si de buscar

protagonistas se trata, junto con las víctimas del criminal atentado, hay una persona que puede

reunir en sí misma una extensa relación de méritos aplicables a muchos colegas, a toda una

profesión. Nos referimos a Antonio Pedrol Rius.

El presidente del Consejo General de la Abogacía y del Colegio de Abogados madrileño lleva

una buena porción de anos al frente de una profesión y de las reivindicaciones profesionales de

ésta. Pedrol Ríus, que hace ya algunos años, renunciaba a la posibilidad de ser Procurador en

Cortes, para garantizar su independencia de letrado, desde esa independencia de criterio y

desde la profesionalidad de la que ha hecho gala durante muchos lustros, alzó, en primer lugar,

su voz para calificar la matanza de la calle de Atocha de «ataque miserable a la libertad de

defensa, y contra la paz del país». «Este asesinato —dijo también Pedrol— es algo sin

precedentes en la historia de nuestro Colegio y de nuestro oficio, y atenta directamente contra

el Estado de Derecho, contra nuestra libertad de defensa y la de nuestros conciudadanos.»

Pedrol Ríus tuvo ayer una larga noche de gestiones. Después de un día agotador de gestiones,

tras exigir la realización de una investigación a fondo, «cayese quien cayese», después de

solicitar al médico forense para que .realizase las autopsias con la mayor exactitud posible,

comenzó otra batalla más, finalmente victoriosa: la de conseguir que sus colegas en la práctica

del Derecho pudiesen disponer de una capilla ardiente adecuada en los locales del Colegio de

Abogados.

En Antonio Pedro] Ríus vienen teniendo sus propios colegas una ayuda insustituible. Y no

solamente ellos.

Esta misma profesión de escribir tiene en el presidente del Consejo General de la Abogacía a

un experto a quien consultar en cualquier instante.

A poco qué se examine un archivo, el nombre de Pedrol Ríus aparecerá, incuestionablemente,

ligado a cuestiones fundamentales de la vida española.

Esa aspiración permanente de que el Estado de Derecho lo fuera, definitiva y estrictamente.

Esa otra aspiración complementaria de conseguir la unidad plena de las jurisdicciones. Su

condena reiterada del Tribunal de Orden Público.

La solicitud repetida de amplia generosidad para los delitos de opinión. La solicitud porque el

abogado estuviera presente en cuantos lugares de la sociedad española pudiera hacer falta

para evitar errores e irregularidades...

Repasando esa fraseología de nuestro personaje, uno no puede menos de detenerse ante

unas manifestaciones del decano del Colegio de Abogados de Madrid, hechas en marzo de

hace dos años. El tema de su intervención, entonces, era la inmunidad de los despachos de

abogados. La cita, traída a nuestros días, y con el apoyo trágico de los recientes sucesos, no

puede ser más oportuna.

Pedrol no ha propugnado otra cosa, en muchos de sus sesenta y seis años, que el Estado de

Derecho pleno, auténtico, igualitario, indiscutible.

Lo acaba de hacer una vez más ante los cadáveres de unos cuantos colegas, víctimas de los

enemigos de ese mismísimo Estado de Normas iguales para todos.

J. C

Jueves 27 enero 1977

 

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