Inhumación de los cadáveres     
 
 Diario 16.    27/01/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

MADRID, 27 (D16),

— Entre ciento cincuenta y doscientas mil personas, según distintas fuentes recogidas por este periódico,

despidieron ayer, en orden y silencio impresionantes, los restos mortales: de los miembros del Partido

Comunista de España- (PCE) asesinados el pasado lunes en la calle Atocha.

En una nota distribuida a los medios informativos por el Gobierno Civil se reconocía anoche que el

cortejo fúnebre había recorrido las calles de Madrid en un "ejemplar mantenimiento del orden".

Todos los partidos democráticos se sumaron al dolor de familiares y cantaradas de los muertos, miembros

del Partido Comunista de España (PCE).

El partido organizó un formidable servicio de orden, que hizo que la capilla ardiente y el entierro de las

víctimas se celebrasen sin incidentes.

El secretario general del PCE, Santiago Carrillo, realizó su primera aparición multitudinaria, aunque

fugaz, frente la Colegio de Abogados, donde se había instalado la capilla ardiente.

Alrededor de la una y cuarto de la tarde llegaron los féretros, en un furgón de los servicios funerarios, al

Colegio de Abogados.

Varios miles de personas se habían congregado en la plaza de la Villa de París. Fuertes contingentes de la

Policía Armada —3.000 agentes según el Gobierno Civil-— vigilaban la zona, al tiempo que un

helicóptero la sobrevolaba.

La gente prorrumpió en aplausos cuando fueron sacados los féretros del furgón, aunque en seguida se

hizo el silencio y algunas personas alzaron el puño cerrado.

Los restos mortales fueron recibidos en la capilla ardiente con vivas muestras de dolor por- parte de los

familiares.

El decano del Colegio de Abogados, Antonio Petírol Rius, con la Junta de gobierno en pleno, vestidos

con las togas, se colocaron en torno a los féretros, junto con los familiares.

La capilla ardiente, instalada en el salón de la Inmaculada, se encontraba repleta de coronas de flores. Los

cuerpos de Francisco Javier Sauquillo, Enrique Valdelvira y Ángel Rodríguez, envueltos en un paño de

lino blanco y vendada la cabeza, podían verse a través de un cristal, apreciándose en las caras impactos de

bala.

Mucho antes de que llegaran los cadáveres al Colé Inhumación de los cadáveres

Unas mil quinientas personas esperaban la llegada de los restos mortales de Sauquillo y Valdelvira a las

puertas del cementerio de San Isidro, en Carabanchel Alto.

El recorrido por este barrio obrero fue seguido con gran emoción.

Importantes efectivos de la Policía Armada y Guardia Civil vigilaban los alrededores.

Con una cerrada ovación fue recibido el cortejo fúnebre, formado por varios furgones que portaban

coronas de flores, el coche mortuorio y los vehículos de los familiares y amigos, Enterrado

cristianamente.

Un sacerdote dijo que por deseo de la familia de Francisco Javier Sauquillo iba a ser rezado un responso y

pidió que los creyentes le acompañaran en el rezo y los no creyentes que guardaran silencio. Una lluvia de

claveles cayó sobre la fosa cuando fue descendido el féretro.

En una fosa de al lado, y con el mismo ambiente de silencio y respeto, fueron enterrados los restos

mortales de Enrique Valdelvúa. Junto A los familiares y Simón Sánchez Montero, estuvo presente

Antonio Pedrol Rius, decano del Colegio de Abogados.

Sánchez Montero pidió calma

Al final del acto, Sanchez Montero se dirigió a los presentes diciendo: "Los que han asesinado a nuestros

camara-das tienen como único objetivo ensangrentar a España e impedir la democracia.

No caeremos en esa trampa, porque queremos una España democrática, libre y alegre. V el mejor

homenaje que podemos rendir a los muertos es salir de aquí con el mismo orden que a la llegada, dando el

mismo ejemplo que hasta ahora hemos dado,"

En el cementerio de la Almudena

Unas cinco mil personas, muchas con brazaletes negros y claveles rojos, recibieron en los alrededores del

cementerio de la Almudena la llegada del vehículo con los restos de Ángel Rodríguez Leal, despedido de

Telefónica, estudiante de Económicas y empleado del bufete de abogados de Atocha.

Ángel Rodríguez fue enterrado a las seis y cuarto de la tarde, en un nicho de la sección 24 del cementerio

de la Almudena, en presencia de cerca de tres mil personas.

Un tímido intento de cantar "La Internacional" fue acallado por la mayoría de los asistentes al llegar el

furgón con los restos mortales del trabajador asesinado.

Entre los puños en alto, un grupo de camaradas de la víctima subió a un tejadillo sobre los nichos,

desplegando una bandera roja con la inscripción "Partido Comunista de España, de Alcorcon".

Salvo algún grito aislado de "te vengaremos" (según re-tiere Europa Press), el sepelio se desarrolló en un

emocionado silencio.

Finalmente, habló Marcelino Camacho, quien expresó el deseo de que Rodríguez Leal fuera el último

muerto de la clase obrera en estas circunstancias.

Poco después, los asistentes se disolvían pacíficamente, formándose un nuevo embotellamiento en la

avenida de Vicálvaro.

 

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