El entierro de las víctimas de Atocha. Unas cien mil personas en el cortejo fúnebre. 
 Solidaridad, orden y silencio     
 
 Informaciones.    27/01/1977.  Página: 4-5. Páginas: 2. Párrafos: 20. 

EL ENTIERRO DE LAS VICTIMAS DE ATOCHA

UNAS CIEN MIL PERSONAS EN EL CORTEJO FÚNEBRE

Solidaridad, orden y silencio

EL DECANO DEL COLEGIO DE ABOGADOS Y EL SECRETARIO DEL PARTIDO COMUNISTA,

EN EL DUELO

MADRID, 27 (INFORMACIONES;

LA impresionante demostración de conciencia cívica, orden y serenidad ofrecida ayer al pueblo de

Madrid por decenas de miles de personas que en la plaza de Colón, ante el Palacio de Justicia, en las

calles que recorrió el cortejo fúnebre y en los cementerios de Caramanchel y de la Almudena, rindieron

un último homenaje a los aboyados laboralistas del P. C. E. recientemente asesinados, es, sin duda, uno de

los sucesos políticos más significativos de los últimos meses. Si bien las estimaciones oficiales hablan de

unas treinta mil a cuarenta mil personas, parece que los asistentes al duelo, situados en las zonas de mayor

concentración y en calles adyacentes, pueden cifrarse en alrededor de los cien mil.

No ha podido confirmarse oficialmente la noticia de que el Rey sobrevoló en un helicóptero la zona de la

Castellana, Colón y Cibeles, por donde discurrió el cortejo fúnebre, aunque fuentes plenamente fiables lo

aseguraron y algunas personas afirmaron haberlo visto en el helicóptero.

A la capilla ardiente, instalada en el salón de la Purísima, del Colegio de Abogados, en el Palacio de Jus-

ticia, llegaron don Santiago Carrillo y la dirección del Partido Comunista de España, que presidieron,

junto a los familiares de los Jóvenes muertos, un interminable desfile de solidaridad. El testimonio de

trabajadores madrileños, muchos de ellos clientes de los abogados asesinados, se convirtió en una oleada

de silencio, puños cerrados y claveles rojos Las fuerzas de orden público no hubieron de intervenir sino

en esporádicos sucesos, ajenos a la concentración y sus organizadores.

COMIENZA EL DESFILE

Momentos después de que los féretros, con los cadáveres de don Francisco Javier Sauquillo Perez del

Arco. don Enrique Valdelvira Ibañez y don Angel Rodríguez Leal llegasen al Palacio de Justicia, a

hombros de numerosos compañeros, Jos féretros fueron instalados en la capilla ardiente, a Ja que tuvieron

acceso, en primer lugar, los familiares de tas victimas. Miles de personas habían ido llegando E] Palacio

de Justicia, mientras numerosos efectivos de la Policía Armada vigilaban la zona y sobrevolaban dos

helicópteros. El acceso al interior del Palacio de Justicia v del Colegio de Abogados se llevaba a cabo

mediante un riguroso control policial, que, en un principio sólo autorizaba la entrada a abogados y

periodistas debidamente acredita-cos Las numerosas coronas cié flores, que llegaban Incesantemente,

eran minuciosamente registradas, en previsión de que pudieran ocultar algún explosivo.

La Junta de Gobierno del Colegio de Abogados de Madrid presidida por su decano, don Antonio Pedrol

Rius, formó el primer "turno de vela" ante los cadáveres de las victimas y junto a sus familiares.

Inmediatamente se inició el desfile de miles ce personas —según los cálculos cronometrados unas once

mil hasta las cuatro de la tarde—. que esperaba el seceso a la capilla ardiente, formando largas colas, que

llegaban a la calle del General Castaños desde la puerta principal del edificio en la plaza de París. En la

última hora se aceleraría la entrada de los visitantes a un ritmo de cien personas por minuto. Casi todos

los líderes de la oposición democrática desfilaron ante los féretros con expresión de dolor en sus rostros.

El profesor Tierno Galván y otros dirigentes del P.S.P. serian los primeros en acceder a la capilla ardiente.

A continuación lo harían don Marcelino Camacho, don Víctor Sartorius y don Tranquilino Sanchez, asi

como el Comité Ejecutivo del P.C.E., señores Sánchez Montero, Romero Marín, Azcárate, López Salinas

y Gallego, que ocuparon un lugar preferente junto a las familias de las victimas.

En el ininterrumpido desfile de personas se sucederían los nombres de los señores García-Salve,

Fernández Ordóñez, Zabala, Miralles, Guedán (O.R.T.), Satrústegui, Armero y la esposa de Marcelino

Camacho, presa de un incontenible llanto. Varias conocidas actrices (Tina Sainz, Julieta Serrano, María

Cuadra) pasaron también a la capilla ardiente, y momentos despues, sobre las tres de la tarde, lo harían el

secretario general del P.S.O.E., don Felipe González, junto con varios miembros de la Comisión

Ejecutiva del partido.

PRESENCIA DE LOS TRABAJADORES

La llegada de don Joaquín Ruiz-Giménez, con hondas huellas de dolor en su rostro, provocaría momentos

de especial emoción entre algunos familiares de las víctimas, a quienes abrazó largamento. Hacia las tres

de la tarde, y mientras los servicios de orden formados por militantes del P.C.E- disponían que el desfile

ante la capilla ardiente se hiciera con mayor rapidez se permitió el acceso de las numerosas personas, en

su mayoría obreros, que aguardaban ante la entrada del Palacio de Justicia, produciéndose escenas de vivo

patetismo. Distintas fuerzas políticas de la oposición fueron ocupando sucesivos "turnos de vela". Las

representación es de U.S.O., U.G.T.. P.T.E. y líderes de la oposición se incorporaron también a la capilla

ardiente.

SANTIAGO CARRILLO

A las tres y media de la tarde, rodeado de los miembros del Comité Ejecutivo, entraría en el recinto, ante

una gran expectación, el secretario general del P.C.E., don Santiago Carrillo, protegido por un numeroso

grupo de militantes. El señor Carrillo. con expresión grave, saludó a los familiares de las víctimas y

permaneció en la capilla ardiente unos diez minutos para pasar luego al despacho del decano del Colegio

de Abogados, a quien saludó. En las puertas y accesos del Colegio se habla montado un fuerte control de

seguridad. Ante el secretario general del P.C.E. muchas personas saludaron puño en alto.

Don Santiago Carrillo declaró a los periodistas: «El Partido Comunista hará cuanto pueda para asegurar la

transición en calma y serenamente. Este atentado no debe frenar el proceso democrático. Opiniones como

las que ha dado a este respecto el teniente general Vallespín y las organizaciones de la oposición hacen

asegurar que el proceso democrático continuará. El golpe de la extrema derecha pretende, junto con ei

secuestro del presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, enfrentar de nuevo al pueblo y al

Ejército para paralizar el proceso democráítico. pero éstos se han dado cuenta de la trampa y no han caldo

ni caerán en ella.» Al ser interrogado si no temía por su seguridad personal, el secretario general del

P.C.E. dijo: «Si tuviera miedo no estaría aquí. Soy un hombre amenazado, pero el eliminarme a mí no

significaría sino provocar un caos aún mayor en ei país.»

Momentos después de la llegada del secretario general del P.C.E. entraría en el Palacio de Justicia el

obispo auxiliar de Madrid, monseñor Estepa, quien permaneció con el señor Pedrol Ríus unos minutos.

Posteriormente rezaría ante los féretros.

MEDALLAS DE HONOR

Minutos después de las cuatro de la tarde se suspendería el desfile ante los féretros de los abogados, y el

decano del Colegio de Abogados, don Antonio Pedrol. en presencia de los familiares y de la Junta de

gobierno en pleno, les impuso la medalla de Honor del Colegio y dispuso la colocación de las togas sobre

los ataúdes. Con acento hondamente entristecido y sencillas palabras, el decano del Colegio dijo: «Este es

un testimonio de agradecimiento a ellos, y quisiera que con ellos enterrásemos la violencia y el odio.

Buscaremos el esclarecimiento de los hechos y haremos que la ley se cumpla. Dn compañero nuestro

cumplirá con la defensa de los asesinos, ya que nuestro deber es el de defender a nuestros amigos y a

nuestros enemigos.»

FLORES Y SILENCIO

Minutos antes de que loe féretros fueran sacados a la plaza de París, ante el Palacio de Justicia, los

familiares de las víctimas pidieron a los asistentes que se les dejara permanecer a solas en el salón de la

Virgen, para dar la última despedida a los muertos. Las personas que aguardaban en la escalera salieron

de nuevo a la calle.

Un inmenso gentío aguardaba ante el Palacio de Justicia la salida de los féretros, mientras en la biblioteca

se disponían los turnos para los compañeros que habían de llevar los ataúdes hasta la plaza de Colón,

único itinerario finalmente autorizado para recorrer a pie. Durante casi media hora, y a través de un

pasillo central que las personas situadas en los laterales de la plaza habían formado con sus brazos, fueron

sacadas las coronas de flores (unas 500) enviadas por los partidos políticos, organizaciones obreras,

asociaciones de vecinos, organizaciones profesionales y el P. C. E. Un largo pasillo de coronas y puños en

alto e inesperados saludos falangistas de un grupo de hedillistas, esperaba la salida de los tres féretros,

que, a hombros de sus compañeros, fueron recibidos en medio de un impresionante silencio. Tras ellos,

caminando solo y en primera fila, el decano del Colegio de Abogados, don Antonio Pedrol Ríus,

contribuía ejemplarmente al esfuerzo de serenidad y fortaleza de los reunidos ante la eventualidad de

cualquier riesgo imprevisible. Seguían al señor Pedrol —cuya caballerosa y firme actitud ante los trágicos

sucesos ha sido señalada— la Junta de gobierno en pleno y Comité ejecutivo ded Partido Comunista,

presidido por don Santiago Carrillo, rodeado de un fuerte cordón de seguridad. Toda la inmensa comitiva

se incorporó a la marcha que se dirigió por la calle del Marqués de la Ensenada hacia la plaza de Colón,

donde esperaban los coches funerarios para dirigirse a los cementerios.

En la plaza de Colón, paseo de la Castellana, en ambas direcciones y en la calle de Genova, una inmensa

multitud, que llevaba en las manos claveles rojos, se unió a la comitiva. Numerosas personas

contemplaban desde ventanas y balcones el impresionante acto, sin que se rompiera el

(Pasa a la página siguiente.)

27 de enero de 1977

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silencio en ningún momento. Un fuerte cordón de seguridad, del que sólo pudieron salir los periodistas,

facilitó, finalmente, la salida de los coches hacia el cementerio de Carabanchel y de la Almudena.

MANIFESTACIONES

Seguidamente, una gran parte de los reunidos (mientras otros se dirigían a pie a Carabanchel), se

encaminaron hacia la plaza de la Cibeles en manifestación silenciosa, controlada en sus momentos más

tensos por los servicios del orden del Partido Comunista. Ante la presencia de un autobús de la Policía

Armada, estacionado en el centro de la calzada, los manifestantes optaron por ocupar los laterales, di-

rigiéndose por la calle de Alcalá hacia el cementerio de la Almádena. Las fuerzas antidisturbios realizaron

algunas maniobras de actuación sin Intervenir, finalmente. Sin embargo, y mientras el grueso de los

manifestantes seguía por las aceras y en silencio a lo largo de la calle de Alcalá, a la altura de Ventas, en

la confluencia con la calle Puente del Berro, un reducido número de jóvenes se desplazó a la calzada,

donde la Policía Armada procedió a dispersarles: los jóvenes volcaron tres utomóviles, colocándolos en el

centro de la calle y arrancaron algunas jardineras de las aceras, arrojándolas también a la calzada. La zona

quedó taponada por las bombas de humo y gases lacrimógenos. Mientras tanto, el grueso de la

manifestación continuaba a pie, por las aceras, hacia el cementerio de la Almádena, donde fue enterrado

el cadáver de don Ángel Rodríguez Leal.

EN CARABANCHEL Y EN LA ALMUDENA

Sobre las seis de la tarde fueron enterrados en el cementerio de Carabanchel los cuerpos de los abogados

don Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco y don Enrique Valdelvira Ibáñez. Desde algunas horas

antes del entierro, fuertes contingentes de la Guardia Civil y de la Policía Armada se habían estacionado

en los accesos al cementerio y un helicóptero de la Policía sobrevolaba la zona. Un respetuoso silencio

fue mantenido mientras duró la inhumación de los cadáveres. Numerosas personas arrojaban claveles

rojos sobre las tumbas. En el entierro de don Francisco Javier Sauquillo, y por expreso deseo de su

familia, un sacerdote rezó uu responso, que fue escuchado respetuosamente por creyentes y no creyentes.

Posteriormente, la voz de don Simón Sánchez Montero se dirigía a los reunidos: «Los que han asesinado

a Javier y a Enrique pretenden ensangrentar de nuevo a España e impedir la democracia. Pero nosotros no

caeremos en la trampa. No queremos una España ensangrentada, sino una España democrática, una

España alegre... No haremos el juego a nadie.» Los reunidos abandonaron el lugar en orden ante la

presencia de la Guardia Civil. El señor Pedrol Ríus, que, junto con otros miembros de la Junta de

gobierno del Colegio de Abogados, había acudido al entierro, saludó al señor Sánchez Montero.

Poce después de las seis de la tarde fue enterrado en la Almudena don Ángel Rodríguez Leal, empleado

del despacho laboralista de Atocha y muerto igualmente en el atentado del pasado lunes. Asistieron unas

tres mil personas, muchas de las cuales habían permanecido esperando desde las cuatro de la tardí y

llevaban brazalete de luto. Al llegar el féretro, los reunidos prorrumpieron en una ovación e iniciaron «La

Internacional». Se escucharon algunos gritos de protesta por los asesinatos, pero, en general, el entierro se

celebró en un clima de respeto. Habló don Marcelino Camocho, expresando el deseo de que éste fuera «el

último muerto de la clase obrera en su lucha por la libertad y el socialismo».

un gran número de personas que, equivocadamente, se habían dirigido al contiguo cementerio civil,

coincidieron a la salida con las que habían asistido al entierro del señor Rodríguez Leal, formándose unas

largas filas, que durante atlas de hora y media se dirigieron, en orden y a pie, halla el centro de Madrid.

Un gran despliegue de fuerzas antidisturbios, con Policía Armada a caballo, recorría interrumpidamente la

zona.

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