Autor: Mazuela, Vidal. 
 Aunque la entrada de nuestro país reforzaría las reivindicaciones mediterráneas. 
 Los sindicatos agrarios franceses, contra el ingreso de España en el MEC     
 
 Cinco Días.    18/03/1978.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 24. 

El campo

Aunque la entrada de nuestro país reforzaría las reivindicaciones mediterráneas

Los sindicatos agrarios franceses, contra el ingreso de España en el MEC

Invitado por la Federación de Trabajadores de la Tierra de la UGT, ayer llegó a España el secretario

general de la Confederación General de Agricultores Franceses de la CFDT, Jean Paul Jacquier, sindicato

adscrito a la Federación Internacional de Sindicatos Agrarios. El motivo de la visita responde a una toma

de contacto con la central socialista y fundamentalmente para mantener conexiones con el Instituto de

Emigración para entre ambas centrales tratar de organizar, asesorar y, en definitiva, prestar toda clase de

servicios a los miles de trabajadores españoles que cada año en calidad de temporeros realizan labores en

el campo francés.

Una postura de colaboración entre dos sindicatos de una misma inspiración ideológica, como puso de

manifiesto el señor Jacquier, quien, por otra parte, hizo un breve análisis para CINCO DÍAS tanto de la

situación agrícola francesa y comunitaria como del sindicalismo del vecino país, modelo similar al que

tendemos en España.

—¿Cómo ven los sindicatos agrarios franceses la integración de España en el Mercado Común?

-Creo que en este momento tanto para España como Grecia o Portugal no existen razones políticas para la

no entrada de España en dicho organismo. Las posiciones económicas son más difíciles y concretamente

las relacionadas con las producciones agrarias, sobre todo para las zonas del «midi» francés. Yo en este

sentido considero que antes de la entrada deberán hacerse las cosas muy en serio y estudiar todas las

consecuencias que el ingreso iba a reportar tanto por parte francesa como por la española. En el mismo

Francia, los sindicatos están en contra de la postura del Gobierno, ya que éste quiere eliminar a una parte

de pequeños agricultores y la entrada de España significaría reforzar estas posiciones.

Yo entiendo que la agricultura en primer lugar debe estar orientada a cubrir las necesidades de un país.

Aunque la integración comunitaria de España en un sentido daría lugar a incidencias negativas sobre

zonas francesas, como el «midi», también es indudable que al tener una cierta similitud de producciones

significaría un reforzamiento de los países mediterráneos cara a las negociaciones en el Mercado Común

en contra de países con diferente agricultura.

Sindicatos: No a España

—En numerosas ocasiones en el sur de Francia se han producido alteraciones en contra de la entrada de

productos españoles. ¿Definitivamente el sindicalismo agrario francés dice no al ingreso de España en el

CEE?

—El sindicalismo agrario, sí, y sobre todo en zonas tan localizadas como es nuestro «midi». Ahora bien,

lo seguro es que el Gobierno será favorable al ingreso. -¿Qué debería cambiar en el país para que

adoptasen otra actitud?

-En primer lugar, las condiciones políticas generales. El Gobierno debería explicar la situación real y

reflexionar seriamente sobre el principal argumento que se emplea de costos sociales de la producción.

Estas diferencias de costos en uno u otro producto también existen ahora entre la agricultura francesa y la

holandesa y, sin embargo, ahí están las dos en el Mercado Común. Igual puede suceder con España, pero

siempre que por el Gobierno se clarifiquen las cosas.

-¿Influiría algo un gobierno de izquierdas en Francia?

—Pienso que el PS aprobaría también la entrada de España. En lo que nos afectaría a los agricultores

franceses, la izquierda defenderá una planificación de cultivos tipo Centroeuropa con estudios serios

sobre las distintas producciones. No una planificación tipo URSS, sino algo mucho más orientativo y

donde también se tengan en cuenta las cuestiones relativas a los precios. Por ejemplo, en la actualidad, en

el Mercado Común, los precios están fijados injustamente, y mientras favorecen a cereales, están muy

bajos para productos típicamente mediterráneos. Hablando de cifras, resulta que por cada cuatro francos

que recibe un agricultor holandés, un italiano recibe nada más que uno, y uno y medio el agricultor del

«midi» francés. La entrada de España, como antes indicaba, reforzaría las posiciones mediterráneas, pero

es evidente que se han de modificar los precios, ya que no pueden ser iguales en un producto para todas

las zonas, pudiendo fijarse en función de las cantidades que produzca el agricultor. Un precio elevado

quizá mientras es excesivo para determinados propietarios, puede seguir siendo insuficiente para

explotaciones normales.

Cámaras conservadoras

La Confederación General de Agricultores significa el mayor sindicato francés en cuanto al grado de

afiliación de jornaleros, con más del 55 por cien del total. A escala de sindicatos autónomos, en el campo

prácticamente el 80 por cien de los propietarios está en manos del FNSEA, en el que, entre otros

dirigentes, está Chirac.

Tiene subvención del Gobierno. El Movimiento de Defensa de la Explotación Familiar agrupa a un

10 por cien, y en un porcentaje similar, el Movimiento Sindical de Trabajadores Campesinos, de

inspiración socialista. Igualmente están los trabajadores agrarios, de extrema izquierda y de menor

importancia. Jóvenes agricultores también existen y en una línea conservadora. En general se puede decir

que el agricultor francés mantiene una gran constante de conservadurismo.

—En España estamos ahora abriendo el camino de las cámaras agrarias, hace ya muchos años a pleno

rendimiento en Francia. ¿Cuál es, en su país, el mecanismo de funcionamiento? ¿Tienen representación

los asalariados a diferencia de lo legislado para España?

-En Francia, las cámaras agrarias vienen ya funcionando desde 1920 y de una manera más plena a partir

de los años cincuenta. En nuestras cámaras existen cinco colegios con elecciones distintas, entre los

cuales después se elige el cuadro dirigente de la misma. Existe el grupo de autónomos, compuesto por

grandes propietarios, granjeros y jubilados, por un lado, y el de asalariados, por otro. Los autónomos

poseen siempre el 90 por cien de la representatividad de las cámaras, y el 10 por cien, los asalariados, sea

cual fuera su número.

-¿Sirven para algo sus cámaras?

—En Francia ocurre que están dominadas por los grandes terratenientes, están dirigidas por ellos y son el

órgano agrario más conservador que existe.

—¿Cuál es la función de las cámaras en el campo francés? ¿Interfieren en algo la actividad de los

sindicatos?

—La función de las cámaras es puramente profesional. Actúan en el orden técnico, ayudas a la

ordenación económica, estudios, etc., y no interfieren en las tareas reivindicativas de los sindicatos. Lo

que ocurre es que, por el grado de conservadurismo que tienen tanto las cámaras como los sindicatos

agrarios que dominan, prácticamente no existen cuestiones conflictivas. Los sindicatos tienen fuerza, y

éstos son quienes dominan también las cámaras agrarias, con lo que todo queda en casa.

—¿Que línea tiene la Confederación de Agricultores Franceses?

—Nosotros, por nuestra condición de sindicato con un gran porcentaje de asalariados, somos

eminentemente reivindicativos que luchamos por una transformación de las estructuras. Luchamos por

una sociedad socialista.

-Económicamente, ¿cómo funcionan las cámaras agrarias francesas?

-Para el mantenimiento de las mismas se recaudan cuotas por dos conceptos. Uno mediante un impuesto

en función de la superficie de la explotación de cada agricultor; el otro es una tasa de acuerdo con la

producción de cada afiliado.

Las cámaras francesas, con más de cincuenta años de vida, constituyen el centro del mundo rural francés.

Existe una diferenciación clara entre los agricultores, entre su significación, y el papel que juegan los

sindicatos, quizá por la sencilla razón de que ambos coinciden en su conservadurismo.

La situación en España está por ver. El modelo de nuestro país es similar, aunque no existe la tradición

del vecino, y mucho menos una coincidencia entre nuestros sindicatos agrarios reivindicativos y los

franceses.

• Vidal MAZUELA

18 de marzo de 1978

 

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