Autor: V. M.. 
   Coordinación y fuerza sindical     
 
 Cinco Días.    18/03/1978.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Coordinación y fuerza sindical

Hace aproximadamente un año, y a consecuencia de la primera y casi total guerra de los tractores en el

campo, comenzaba a sonar con más fuerza que ninguna otra organización la Coordinadora de

Agricultores y Ganaderos del Estado Español, a la sombra del éxito logrado por la huelga campesina. Un

año después, y tras una convocatoria de movilización general en el sector con escasa o nula respuesta en

numerosas zonas; con la posición de ruptura de una de las más fuertes organizaciones que la componían,

como es la Unión de Pagesos, y con disensiones internas en uniones como la de Sevilla, donde PCE y

PSOE han luchado por el control de la misma, la Coordinadora presenta una nueva imagen, muy lejos de

aquella otra primera donde se pretendía que toda coordinación y movimiento en el campo pase por su

comisión permanente.

No se ha clarificado el sindicalismo en el campo, pero quizá estamos en el camino, y cada cual deba

situarse donde le corresponde. Ni la Coordinadora tiene la escasa fuerza que fuerzas inmovilistas

quisieran y que parecen haber pensado tras el no éxito de la reciente convocatoria de movilización

general, ni el resto de los sindicatos posee la mínima representatividad que piensan los grupos de

izquierda. Simplemente, las cosas parecen están volviendo a su sitio, poniendo de manifiesto que

situaciones pasadas más que a la fuerza de una u otra organización surgieran en la mayor parte de los

casos como movimientos espontáneos de protesta, tras largos años de abandono, situación que unos con

más y otros con menos fortuna sólo dedicaron a coordinar y sacar el máximo grado de credibilidad

posible.

La Coordinadora, quizá en su afán de coordinar demasiado en un contexto de pequeña y mediana

empresa, no ha cumplido ese su primer objetivo, habiendo llegado a ocupar su puesto posiciones de

izquierda más radicalizadas.

En el campo existe ya una correlación de fuerzas, y siendo mínimamente realistas es preciso atenerse a

ellas tanto a la hora de alzarse con la representatividad de un sector como en el reconocimiento por parte

de la Administración de la existencia de las mismas. Ni la Coordinadora puede alzarse con toda la

representatividad de los pequeños empresarios a la hora de sentarse en la mesa de las negociaciones ni

resulta justo que organizaciones mínimamente representantivas como ARA estén en una mesa sin poseer

un grado de afiliación mínimo, mientras organizaciones como la FTT, de ámbito estatal, permanecen al

margen de las negociaciones por la oposición de los autoconsiderados como más demócratas.

A un mes de las elecciones a Cámaras, a pesar de las lagunas del decreto, las posiciones es probable se

vayan decantando todavía más. Y, cara a unos resultados, la fuerza seguramente no va a estar en el grado

de coordinación que saliese de la primera gran huelga agraria en los últimos cuarenta años, sino del grado

de afiliación y credibilidad e independencia que tenga cada sindicato en el sector.

• V. M.

 

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