Nadie se lo cree     
 
 Diario 16.    17/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Nadie se lo cree

La versión oficial dada por la Policía de la matanza de Atocha está siendo puesta en duda por tirios y

troyanos. Desde algunos altos cargos de la Organización Sindical a Comisiones Obreras, pasando por el

decano del Colegio de Abogados de Madrid, la tesis del arreglo de cuentas entre facciones sindicales es

calificada de inverosímil, estimándose que tal versión sólo puede contribuir a confundir a la opinión pú-

blica. Una banda de pistoleros profesionales al servicio, según se dice, de un oscuro funcionario sindical

al que se atribuye el papel de todopoderoso "padrino" mafioso. Unos asesinos a sueldo que, al no

encontrar a la víctima prevista, la emprenden a tiros con unos abogados ajenos al pretendido problema que

trata de "arreglarse". Un hecho que se presenta como extrapolítico en un momento de altísima tensión

política. creada por hechos terroristas anteriores, y en el que todos ios personajes implicados aparecen

dotados de significación política y conectados con organizaciones políticas. Demasiadas coincidencias,

demasiados cabos sueltos que invalidan de plano, una versión que ya sólo es aceptada, ¡oh casualidadí,

por los órganos periodísticos y por las organizaciones de la ultraderecha.

Con la opinión pública asi, a la Policía sólo le cabe una doble posibilidad: o demuestra de una manera

concluyente que el salvaje suceso fue un hecho aislado y aislable en el que se dieron una serie de

desgraciadas coincidencias, o investiga a fondo todas las posibles implicaciones y complicidades; Es

oportuno recordar la tradición conspiratoria y golpista de la derecha española y desde ahora mismo evitar

que queden emboscados en puntos estratégicos los enemigos jurados de la democracia. Si este sistema

político no ha arraigado aquí nunca, en gran medida, se debe al hecho de que los saboteadores siempre

han quedado dentro. Y algo parecido explica que en Italia, a pesar de que allí sí hubo "ruptura

democrática", hayan menudeado frustrados episodios golpistas y abundantes casos de connivencia con

el fascismo residual. Por no hablar de la degradación absoluta del orden público debida fundamentalmente

al extremismo de derechas.

Aunque el Estado español apenas si se ha transformado aparentemente, hay que tener presente que desde

el referéndum esto es formalmente una democracia. Y la seguridad del Estado tiene que organizarse de

acuerdo con estos nuevos criterios. Los enemigos de la democracia son los enemigos del Estado y seria

suicida comportarse con ellos con blandura o con extemporáneas contemplaciones en base a hipotéticos

servicios prestados al anterior Estado, al Estado de la dictadura.

 

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