Autor: JOVELLANOS. 
   El paro agrícola     
 
 ABC.    13/08/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

13 DE AGOSTO DE 1978. PAG. 3

EL PARO AGRÍCOLA

ES un tema repetido hasta la saciedad, y no por ello menos cierto, que una gran parte de lo que se ha dado

en llamar paro agrario no es agrario. Pero no vamos a hablar ahora del tema desde este punto de vista,

sino dar a conocer unos datos que han sido hechos públicos por el Instituto Nacional de Estadística y que

corresponden a cifras de desempleo al comenzar el segundo semestre del año actual.

Antes de entrar en el meollo del tema habrá que hacer una salvaguardia de los errores que pueda haber o

no haber en los números que ofrece la Administración. Generalmente se acusa de inexactitud e

incorrección a los números dados por los organismos oficiales, posiblemente con razón, aunque la verdad

es que pocas veces las acusaciones de los contradictores están apoyadas por datos que tengan bases más

dignas de crédito.

Y ahora entremos de lleno en la cuestión: según los datos aportados por el I. N. E. la población activa

española al iniciarse el segundo semestre de 1978 era de 13.139.000 personas, que se descomponían en la

siguiente forma: población ocupada, 12.020.000; activos marginales, 181.000; parados, 936.000.

Sobre estas cifras absolutas, a las que se le puede dar el crédito que a cada uno le parezca, pero que son

tan buenas o tan malas como cualquier otra, hay que basar la distribución sectorial de los trabajadores

desprovistos de empleo.

PARA empezar, la cifra de parados significa un 7,14 por 100 sobre el total de la población activa, y en

este porcentaje el primer lugar, por su número, lo ocupa el de personas no adscritas a ningún sector

particular, son los que buscan empleo por vez primera, con un 2,76 por 100 del total de la población

activa. Le siguen los trabajadores de la construcción, con el 1,47 por 100; los que proceden del sector

servicios, con el 1,18; los procedentes del sector industrial significan el 1,11 por ciento y, finalmente, los

trabajadores agrarios en paro, con el 0,62 por 100. En resumen, mientras que el paro total en el país

representa, como antes se ha dicho, el 7,14 del total de la población activa, el paro en el sector agrario

sólo alcanza el 3,1 de la activa sectorial. Lo cual no quita que, a tenor de los grandes titulares de la gran

mayoría de la Prensa española, es el paro agrario el culpable del desequilibrio laboral entre la demanda y

la oferta de mano de obra. Tienen razón los empresarios agrarios al protestar ante las acusaciones de

mantener una situación de paro, al quejarse de ser los receptores de medidas punitivas —como

ocupaciones de fincas, obligatoriedad de inversiones extraordinarias son pena de expropiación, etc.—

tendentes a paliar un problema en el cual el sector participa en parte mínima.

Pero también es verdad que el posible mérito de ser el sector menos afectado por la situación de

desempleo sólo muy indirectamente les pertenece. La verdadera razón de que el paro en e] campo sea el

más bajo del existente entre los sectores productivos del país se debe fundamentalmente a que el campo

se había vaciado prácticamente en los últimos años, por una parte, y que la demanda de productos

agrarios, a más alto o más bajo precio, no ha disminuido prácticamente, por lo que el sector se mantiene

en plena producción.

Todavía no hace veinte años, sobre una población activa de poco más de diez millones de habitantes, los

censados como agrícolas sumaban más de 5,27 millones: más de la mitad. En estos veinte años han salido

hacia otros sectores tres millones, más los que le hubieran correspondido de aumento por crecimiento

vegetativo de la población, que muy bien pudiera calcularse en otro millón.

ES cierto que en el número de parados la mayor proporción le ocupan aquellos que con anterioridad no

han estado ocupados, que aún tienen que optar por un lugar de trabajo. Pero difícilmente podrían ser

adscritos al sector agrario en el caso de que se hiciera una teórica distribución por sectores. Ni la actual

distribución de la población ni las inclinaciones de los recién llegados a actividades laborales indican que

hubieran elegido el campo.

Finalmente, y para terminar, si en un tiempo, más o menos cercano, se volviese a producir en España la

situación de pleno empleo, de nuevo se produciría el éxodo del campo a la ciudad, de la agricultura a la

industria o a los servicios. Una estadística comparada entre la Europa de la Comunidad y España así lo

deja suponer. Con 125.334.000 hectáreas de tierras agrarias productivas, la población activa agraria de los

nueve países es aproximadamente el doble de la española. Esto quiere decir que para cada agricultor

europeo hay potencialmente disponibles 21 hectáreas, mientras que esta cifra se reduce a 14,3 por cada

agricultor español.—JOVELLANOS.

 

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