Autor: Roldán, Gregorio. 
 Naricas rotas, dientes por los suelos y dos hospitalizados. 
 Batalla campal entre futbolistas y guerrilleros     
 
 Diario 16.    21/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Narices rotas, dientes por los suelos y dos hospitalizados

Batalla campal entre futbolistas y guerrilleros

Gregorio Roldan

MADRID, 21 (D16). —Varias narices rotas, un brazo partido, dos ingresados en el hospital, algunos

dientes sobre el césped y una mujer embarazada a punto de dar a luz de puro susto, es el balance

provisional de una batalla entre Guerrilleros de Cristo Bey y Jugadores de fútbol aficionado, en el

transcurso de un partido "de barrio", Jugado en San Lorenzo de El Escorial, en el que se enfrentaban

amistosamente solteros y casados,

El partido se disputó el pasado domingo día 18, "Sólo somos un grupo de amigos que nos queríamos

divertir y habíamos programado el Juego como la primera de una serie de actividades de con-

fraternización", comentaron loa protagonistas del encuentro a D16.

Ikurriña y pendón

En el campo de la Herrería, de El Escorial, había cierta expectación aquella mañana. Esposas de los

jugadores, novias y amigos animaban el cotarro desde las gradas. A las once y media, y tras un simbólico

brindis e intercambio de banderines, dio comienzo el partido. A la izquierda los solteros, vestidos con

camiseta roja; a la derecha los casados, con camiseta de rutilante color azul. Símbolo común: dos botellas

cruzadas.

"Como necesitábamos dos linieres y estaba presente un vasco, al que en el barrio conocemos por "El

Ikurriña", le dimos una especie de banderola sobre la que pintamos la enseña vasca. Del mismo modo —y

para compensar un poco— pusimos a un castellano, conocido como "El Corbata", el pendón de Castilla.

Este hecho, puramente anecdótico y al que nosotros no otorgamos ninguna connotación política, fue el

que desencadenó posteriormente los incidentes."

Hip, hip, viva Cristo Rey

La pelota corría, celérica. por la banda izquierda de los azules. Un rojo Jadeaba tras ella. Era el minuto

veinticinco. De pronto, un grupo de siete Jóvenes, capitaneados, dicen, que por un fascista viejo,

emitieron una serie de extraños rugidos guturales y se lanzaron al ataque. "¡Fuera separatistas! ¡Abajo las

banderas asesinas...!´´

"Intentaron entonces —cuenta Santiago Bustamante, uno de los jugadores heridos— llevarse, tanto la

ikurriña corno el pendón. Venían con los ojos desorbitados, casi sin aliento y armados con bates de

béisbol, barras de hierro, palos de karate y porras."

"Forcejeamos --continúa— y, en el intento, me dieron un puñetazo. A partir de ahí, todos nos enfrentamos

contra ellos."

"A mí me dieron con una barra de hierro en la cabeza —relata José Ortiz Navarro— y cal al suelo. E]

guerrillero me preguntaba: ¿duele? Logré, no obstante, levantarme. Le arrebaté la barra y la tiré. Después

lo inflé a puñetazos y, a cada golpe, le preguntaba: ¿Qué?,, ¿duele?"

De los guerrilleros, por lo menos dos. hubieron de ser ingresados en el hospital. Tres quedaron tumbados

sobre el terreno de juego y el resto tuvo que huir.

Vienen los refuerzos

"El mayor susto —dice Pablo Celis— nos lo dio una de las mujeres que estaban presentes. Estaba

embarazada y sufrió un desmayo. De no ser por un médico que la atendió rápidamente habría dado a luz

allí mismo."

Después del primer enfrentamiento, las mujeres, que también habían sido amenazadas se metieron en los

coches. Tras ellos, los maridos y los novios, vestidos aún de futbolistas, intentaran poner los motores en

marcha. Aparecieron entonces, de nuevo, veinticinco hombres, perfectamente uniformados, avanzaban

lentamente, en bloque compacto, con cascos, escudos y porras. "Al grito de ´Viva Cristo Rey´, se

abalanzaron contra los coches rompiendo cristales y abollando chasis. Por fin, conseguimos, poner tierra

de por medio..."

 

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