Autor: JOVELLANOS. 
   Relanzamiento del cultivo algodonero     
 
 ABC.    24/12/1978.  Página: 42. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

DOMINGO, 24 DE DICIEMBRE DE 1978 PAG. 48.

RELAJAMIENTO DEL CULTIVO ALGODONERO

EL Ministerio de Agricultura tiene un plan, en principio aceptado en Consejo de Ministros, para

volver a poner en órbita un cultivo que parece caminar lenta, pero inexorablemente a su extinción: el del

algodón.

El propósito es alcanzar en los próximos años una superficie de cultivo de unas 100.000 hectáreas.

Aproximada-mente el doble de la cultivada en este año, y algo menos de la tercera parte de la que se

cultivó en 1963, año que marcó el máximo desarrollo de la producción algodonera en España y que, al

mismo tiempo, señaló el comienzo de la decadencia, decadencia debida, entre otros factores, al grave

pasado de haber superado las necesidades del consumo interno, poniendo en peligro toda la estructura

comercial importadora.

Optimista y tímido a la vez el objetivo que se ha trazado el Ministerio de Agricultura. Optimista porque

no es fácil relanzar un cultivo que lleva enterradas muchas ilusiones y bastantes miles de millones de

pesetas, tanto de los agricultores que iniciaron su cultivo en las circunstancias más desfavorables, como

de las empresas industriales que nacieron al socaire de la naciente producción. Tímido, porque si se

dieran las circunstancias necesarias para que el cultivo se desarrollara en España en condiciones

competitivas, sin necesidad de andaderas oficiales, ni de un proteccionismo, que carece de sentido en

estos tiempos, las 100.000 hectáreas son una gota de agua ante un mercado que ya no sería el de una

España subdesarrollada, sino de toda la Europa de la Comunidad Económica, en donde tan sólo Grecia e

Italia están en condiciones de implantar el cultivo del algodón.

CONVENIENCIA Y VIABILIDAD.—

El desarrollo del cultivo algodonero comenzó en los inicios de la década de los cincuenta y fue conse-

cuencia de una necesidad imperiosa, la de abastecer a la industria textil que tenía cortados sus normales

suministros exteriores. Al perentorio interés que significaba el abastecimiento de materias primas a la

industria textil se añadían otros dos no menos interesantes: dar ocupación a mano de obra agraria en las

zonas económicamente más deprimidas y con mayor volumen de paro —Andalucía y Extremadura— y

crear un inicio de industrialización en el suroeste del país.

Dos circunstancias concurrieron favorablemente a la rápida expansión del cultivo: la aparición de tierras

regables en las cuencas del Guadalquivir y Guadiana y la falta de competencia de algodones foráneos,

tanto en precio como en calidad, por el estrangulamiento del comercio exterior. Tan sólo una

circunstancia adversa: la gran distancia kilométrica y mental que existía entre Cataluña, centro neurálgico

de la industria textil y el suroeste español, donde tenía obligatoriamente que localizarse la producción del

algodón.

TREINTA AÑOS DESPUÉS.—Han pasado treinta años desde que se inició la gran aventura de la

producción algodonera del suroeste de España. Del conjunto de circunstancias que llevaron, primero

al éxito y después al abandono del cultivo, muchas de ellas persisten, otras han desaparecido y en cambio

han nacido otros muchos condicionantes. Por lo que cabe preguntarse si existen motivos en la actualidad

que hagan conveniente su relanzamiento, o si han desaparecido las causas que lo hicieron inviable

después.

La causa principal que hizo, no conveniente o interesante, sino necesario el cultivo, fue el abastecimiento

de la industria, que no encontraba materia prima para funcionar, ha desaparecido por completo. No hay

trabas en el comercio exterior del país; pero sigue subsistiendo el hecho del peso de las importaciones de

algodón sobre la balanza exterior, que representa una cifra aproximada a los 7.000 millones de pesetas

anuales.

En estos últimos años se ha agravado el problema de empleo en las zonas del Sur y Oeste, aliviado años

atrás por la emigración, sin que en los treinta años transcurridos se hayan adelantado nada en

industrialización de la zona, ni se ha encontrado un cultivo que sustituye definitivamente y

ventajosamente al algodón en las zonas de regadío. Es decir, subsisten los motivos que hicieron

conveniente y, aún necesaria, la implantación del cultivo.

LOS PRECIOS.—Queda el problema de la viabilidad; pero este es un problema de precios. El gran

problema del algodón es que no estaba en precio. El relanzamiento del cultivo será viable si los precios

del algodón sobre fábrica pueden soportar la competencia de algodones importados, sin necesidad de

estímulos y subvenciones y, al mismo tiempo ser rentables para el agricultor. Y esto no se ha logrado aún

en España, falto de explotaciones suficientemente amplias y de mecanización.

Es posible que pueda superarse tal dificultad. Para ello sería necesario una disminución drástica de los

actuales costes de producción. Y eso sólo se logrará mediante la mecanización total del cultivo en

explotaciones de características capaces para obtener el máximo rendimiento de las máquinas. La segunda

condición tendría que ser la revitalización de la industria transformadora.

Pero la solución de ambos condicionantes son problemas más políticos que técnicos. La superficie de

algodón decrece porque se produce caro y las industrias textiles que se montaron en los años de esplendor

no pueden competir con las situadas sobre puerto. La disminución del cultivo ha hecho quebrar y cerrarse

muchas fábricas en Andalucía y Extremadura, produciendo un paro que añadir al ya existente. La

mecanización total del cultivo, la formación de explotaciones de superficie apta para tal mecanización

pueden arreglar el problema y permitir la reinstalación de una industria algodonera integral; pero a ello se

oponen las centrales sindicales y una parte de la masa laboral, so pretexto que las máquinas quitan

puestos de trabajo en la recogida del algodón.

Habría que convencer a esas centrales sindicales, a esos trabajadores, que remedia más el paro la creación

de una industria que da puestos permanentes de trabajo, que el que pueda resultar de una temporal

ocupación en labores de recolección, que, además, cada día son menores ante la regresión del cultivo.

Pero habrá que convencer también, y esto será más difícil en estos tiempos y para este negocio, al

inversor para que invierta. Al inversor campesino para que compre máquinas, al inversor industrial para

que cree industrias algodoneras. Y la reciente historia de la producción del algodón en el país no es,

precisamente, un aliciente para ello—JOVELLANOS.

 

< Volver