Autor: Pablo Barbado, Eliseo de. 
 Novedad agrocomercial. 
 La sorprendente irrupción de España en el mercado mundial de cereales     
 
 ABC.    21/12/1980.  Página: 52. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

La sorprendente irrupción de España en el mercado mundial de cereales

Quienes conocemos y hemos vivido la historia agrocomercial española desde casi los

comienzos del actual siglo y nuestra dependencia, poco menos que permanente, del exterior, a

efectos de abastecimiento en la rama de cereales —que es a la que se contrae este

comentario—, el anuncio de la exportación de sustanciales cantidades de trigo y cebada han

constituido para nosotros un motivo de íntima satisfacción. Y aun cuando desde finales de la

década de los sesenta hubo algunos ensayos de ingreso de España en el «club de los países

exportadores de trigo, con la venta de pequeños cupos de cereal rey, esa tendencia se

difuminó por la sucesión de adversidades climatológicas que, en campañas alternativas,

redujeron las cosechas al simple nivel de las necesidades de consumo, lo que obligaba a

mantener como «intocable» la reserva estratégica de 1,1 a 1,2 millones de toneladas.

Estamos refiriéndonos de modo concreto al período anterior al vertiginoso desarrollo ganadero

y avícola en que, poco menos que ignorados el maíz; la soja y eI sorgo como productos

agrícolas impulsores de esa transformación, la alimentación de la cabaña se supeditaba a la

vegetación espontánea y al empleo de los cereales tradicionales, cosechados en cantidad

insuficiente.

Antes todavía que el crecimiento de la ganadería y de la avicultura surgió el fomento de las

producciones agrícolas, con sus sorprendentes avances en los rendimientos por hectárea, que

facilitó la desviación de buena parte del cultivo triguero al de la cebada, por ejemplo, cuyo

análisis requeriría un tiempo y un espacio del que no disponemos. En el caso del trigo, la

formación actual de un «stock» del orden de dos millones de toneladas, mediante el añadido

del sobrante de la cosecha de 1930 al excedente que venía siendo transvasado de campaña a

campaña, imponga la necesidad de recuperar la condición de nación exportadora; en primer

lugar porque si las cosechas sucesivas continuasen siendo del volumen de las de los últimos

años, aquel «stock» alcanzaría pronto una magnitud financieramente agobiante. En realidad, ya

empezaba a serlo. Pero hasta ahora la comparecencia de España como vendedora en el

mercado internacional o en la palestra comercial mundial nos estaba vedada por desequilibrio,

en contra nuestra de tos precios. Una reciente coyuntura exterior, cuya mención es innecesaria,

ha facilitado la realización de aquellas aspiraciones, que no sabemos todavía si pasarán de ser

un loable propósito, lo mismo que en el caso de la cebada. Y establecemos esta reserva mental

porque un enemigo feroz, la reciente ola de frío polar, quizá imponga mucha reflexión en los

afanes exportadores, que indudablemente fueron muy plausiblemente estudiados cuando la

otoñada tardía transformó de modo insuperable las zonas de pastoreo y la montañera, cuyos

buenos aprovechamientos de hierba y de bellota parecían prenda de que el ganado de renta no

iba a precisar en gran medida de pasturas en establo, ni siquiera durante el invierno, a poco

clemente que éste fuese. Lo que posteriormente ha ocurrido en el orden climatológico sigue

siendo tema luctuoso del día.

Para alimentación de la cabaña de renta habrá que contar con piensos en una medida

inimaginable hace un mes. Ante tan grave transición, ¿sería prudente promover ventas de trigo

y cebada en tanto no mejoren las perspectivas de la producción vegetal espontánea y de la

sementera? Y estamos refiriéndonos de manera concreta, en cuanto a recursos herbáceos, a

los que tercios inferiores de la Península, pues en toda la vertiente cantábrica están aquellos

ganaderos libres de preocupaciones, incluso de cara a la invernada astronómica, no sólo en lo

que atañe a prados y parajes de pastoreo en común, sino también en lo concerniente a las

disponibilidades de plantas forrajeras.

De las exportaciones en curso, de sus características y de la idea inicial de proseguirlas nos

ocuparemos en otro momento —Elíseo de PABLO BARBADO.

 

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