Autor: Sáenz-Díez, Juan Ignacio. 
   Quintero. El fue la Policía     
 
 El País.    24/10/1976.  Página: 3-5. Páginas: 3. Párrafos: 59. 

EL PAISSEMANAL. domingo 24 de octubre de 1976 /3

QUINTERO EL FUE LA POLICÍA

Durante casi cinco años, Federico Quintero, teniente coronel de caballería, desempeñó el cargo de jefe

superior de policía de Madrid. Cariñosamente, sus subordinados conocían a este eficaz funcionario por el

Tupamaro. Viudo, de cincuenta y cuatro años de edad, padre de cinco hijos, proveniente de las academias

de transformación tras la guerra civil, estudió en Estados Unidos tácticas de guerra antisubversiva cuando

los guerrilleros urbanos uruguayos de Tupac Amará traían en jaque no sólo a su país, sino a la CÍA.

En el cuerpo policial se le tenía por hombre afable fuera del servicio, y por superior duro e intransigente

en el mando. Abre la puerta al visitante portando la correa de un corpulento perro en su casa del Parque

del Oeste. Se le tiene por un teórico eficaz, pero no puede olvidarse que bajo su mando policial se

produjeron los atentados de Carrero Blanco, de la calle del Correo y algunos asesinatos notorios de

funcionarios de orden público bajo su jurisdicción madrileña.

Bien conservado, flemático ante las acusaciones de quinterísmo que se le hacen, ha retornado a su carrera

militar

EL PAÍS.—¿No cree usted que existen riesgos para la imagen del Ejército en que militares profesionales

ocupen cargos de responsabilidad en la policía y por tanto en la batalla diaria del orden público?

Quintero.—Ante todo quiero puntualizar, desde el comienzo de esta entrevista, que sus preguntas deben

concretarse a temas relacionados con mi actuación y criterios durante mi destino al frente de la Jefatura

Superior de Policía de Madrid.

Opino que, cuando en el nivel gubernamental se adopta una decisión como la que me pregunta, la

resolución ha sido consultada previamente a las propias Fuerzas Armadas y se han estudiado

detenidamente esos «riesgos» a los que usted alude. En mi caso particular, lógicamente debió tenerse en

cuenta mi preparación y experiencia en materias relacionadas con la seguridad de las poblaciones contra

la subversión. Había seguido cursos especializados sobre estos temas en la Escuela de Fort Bragg, de

Estados Unidos, así como en España, donde he asistido, como profesor generalmente, a cursos,

seminarios y ponencias, que tuvieron lugar en el ámbito familiar

Fue el presidente del Gobierno, almirante Carrero Blanco, quien dispuso mi desuno. En aquel tiempo e

integrado en un equipo de personas, trabajábamos muy próximos al almirante en una labor de análisis de

la subversión en los campos en que ésta se manifestaba.

EL PAIS.-¿Cree usted que es ésta Ja especializacion más adecuada para ser jefe de policía de una

gran urbe moderna? ¿No es centrar demasiado los problemas de un gran conglomerado humano

meramente en la subversión y la guerrilla, que son partes ínfimas de la gran problemática urbana

moderna?

Quintero.—Que se estudie la guerrilla no excluye, ni mucho menos, que se olviden o subestimen todos

los problemas de orden público que pueden derivarse de cualquier tipo de conflictividad, sea ésta laboral,

estudiantil, vecinal, profesional o, en resumen, política. Sólo estudiando a fondo el origen de los

conflictos, sus motivaciones y demandas, podrá aventurarse qué explotación hará de ellos la agitación y

violencia subversiva para manipular aquéllas en su provecho.

EL PAÍS.—Esto nos lleva a la concepción que toda sociedad tiene sobre la policía. Un concepto

anglosajón, de reclutamiento policial a nivel municipal está mucho menos separado de la gente y atiende

a necesidades más normales que el orden público. Recuerdo que una vez un estudiante extranjero me

preguntó que dónde estaba en España la policía que ayuda. ¿Cree usted que habría que ir hacia un

planteamiento más anglosajón de los cuerpos de policía?

Quintero.—Si bien es cierto que en España la policía, pudiéramos decir, no cuenta con unas buenas

«relaciones públicas» (al menos en algunos sectores) y que lodo esfuerzo por mejorar y mantener una

«buena imagen» nunca será excesivo, superando así la idea de la policía calificada de meramente

represiva y sancionadora, la realidad diaria señala en los partes policiales un-número sustancioso de casos

en los que se llevaron a cabo servicios de apoyo a ciudadanos que se encontraban en situaciones críticas.

No se olvide, por otro lado, que tanto en Europa como en América, la policía, en general, se ramifica en

un número determinado de cuerpos e institutos que cubren áreas y cometidos específicos, exactamente

igual que aquí.

Lo prioritario: la subversión

EL PAIS.-¿Qué temas o actividades han sido los que condicionaron su programa policial al frente de la

Jefatura Superior de Policía de Madrid?

Quintero.—Sobre tres grandes grupos se articuló el programa. En primer lugar, tenia que conocer, desde

el punto de vista humano, moral y profesional, a los funcionarios que componían la plantilla, conocer la

realidad auténtica de sus problemas, ilusiones y frustraciones ¿por qué no? Por eso fui recibiendo a todos

ellos, en entrevistas personales de quince minutos de diálogo abierto y sincero, lo que me llevó más de

tres meses. Adquirí así una experiencia insustituible y pude empezar a comprender el sacrificio de estos

hombres y la necesidad imperiosa de mejorar su formación.

El segundo grupo abarcaba,. los problemas de la infraestructura policial, que era precaria e inadecuada,

hasta límites de, auténtica repulsa. Después de recorrer los distritos y visitar todas las dependencias, se

redactó el Plan General de Reestructuración de los Distritos Policiales de Madrid, que fue recibiendo el

apoyo de toda la superioridad. Aún queda mucho camino que recorrer, especialmente en provincias.

Todavía no se cuenta con gimnasios ni galerías de tiro.

El tercer bloque agrupaba cuanto se refería a armamento y material. A unos 15 alcanzaba, con esfuerzo, el

número de coches-patrulla de la Brigada Regional de Orden Público. A más de 50 asciende ahora su

número que, sumado a los jeeps de la Policía Armada, superan al centenar los que patrullan, día y noche,

nuestra ciudad.

La impresión que se tiene en la calle es que en las escuelas de policía existen unos planteamientos

simplistas y maniqueos, de buenos y malos, e incluso cierto lavado de cerebro con respecto a estamentos

enteros de la sociedad como los estudiantes, los obreros, todo ello apoyado, incluso, con material

cinematográfico de adoctrinamiento, respaldando estas teorías. Aunque sólo sea como anécdota, recuerdo

que en los últimos grandes ejercicios de la Escuela de Policía Armada los policías que actuaban como

manifestantes llevaban pancartas con la palabra «Democracia» que se consideraba como esencialmente

subversiva y sobre ellos actuaron las fuerzas de orden público con nuevos materiales antidisturbios.

No comparto su opinión respecto a que lo que usted, afirma es la impresión de la calle. Los

planteamientos no son tan simplistas como se imagina. Nunca se ha pensado que el ciudadano sea

potencialmente un agente subversivo. Tanto en e! ambiente estudiantil como laboral se sabía distinguir

perfectamente entre los que eran los grupos de agitadores y piquetes del resto de los estudiantes y obreros

y detectar cuáles eran las verdaderas intenciones y objetivos en cada convocatoria del Partido Comunista

y afines a «jornadas de lucha». Se tiene un conocimiento directo de las auténticas reivindicaciones que

reclaman soluciones rápidas y efectivas. No olvide que la policia no está al servicio del capitalismo ni de

la revuelta, sino del Gobierno y de la población a la que se afana en ayudar para que se desarrolle y

mejore en paz y serenidad.

El material represivo

EL PAÍS.—Al enumerar la modernización del material no ha citado usted el estrictamente represivo. Da

la impresión de que en. estos últimos años de restricciones económicas en la Administración, la policía no

ha tenido cortapisas. Me refiero ahora, concretamente, a la importación de material caro y sofisticado.

Quintero.—Recuerde el criterio unánime de la prensa pidiendo que la policía fuese dotada con esta

material, a fin de impedir el uso de las armas de fuego.

La respuesta de la Administración fue escuchar estas corrientes de opinión, por otro lado compartida, e

iniciar no sólo la compra, sino la investigación para reducir la importación que usted señala. Ahora, antes

de llegar al enfrentamiento directo, puede actuarse desde distancias que oscilan entre los 60 y 100 metros

gracias a este material disuasorio.

EL PAÍS.—Durante años pareció que sólo se querían usar medios de disuasión potencialmente mortales.

Los disuasorios se han empezado a usar desde hace unos dos años, pero quizás hoy se ha caído en el

extremo contrario en cuanto que no se le da importancia por ejemplo al disparo de balas de goma, lo que

puede producir lesiones graves o por lo menos contusiones más o menos importantes en gran número de

personas.

Quintero.—Soy absolutamente partidario del uso de los medios de disuasión que evitan represiones

mortales. Hay que puntualizar que ha de existir una escala de empleo en el uso de ellos. Los medios

fumígenos y lacrimógenos a distancias largas deben ser los primeros empleados. Si la actitud de los

componentes de la manifestación ilegal persiste,entorpeciendo el tráfico y afectando a la población

pacífica, podrán emplearse las balas de goma. Hay, sin embargo, un medio muy empleado en los países

anglosajones e incluso en Japón. Me refiero a los vehículos lanzadores de agua, sin efectos sangrientos y

con gran poder disuasivo.

¿Dimisión o cese?

EL PAÍS.—Con respecto a su dimisión ha habido distintas interpretaciones, pero no una explicación

clara. ¿Nos la podría usted dar?

Quintero.—Cuando tuve conocimiento de los planes de reestructuración y las modificaciones que se

pensaban introducir en la orgánica de la Jefatura Superior, comprendí que era imprescindible otra actitud

mental para vincularse lealmente a la tarea que se iniciaba y a la que de todo corazón y sinceramente le

deseo la mejor y más. venturosa andadura. Creo que tratar de llevar a cabo una transformación, en los

momentos actuales y cara a los próximos meses, en un organismo que había dado muestra de su

rendimiento en favor de la estabilidad, en el convivir pacífico, era, en mi opinión, una decisión que tenía

que exigir mayor madurez. Entonces consideré que lo verdaderamente honesto era dimitir, solicitar mi

relevo.

Marginación social del policía

EL PAÍS.—Pasando al tema de las futuras relaciones entre policía y sociedad, quería preguntarle si no

siente el funcionario de policía una marginación por parte de la sociedad que quizás le respeta por miedo,

pero que no le aprecia y estima.

Quintero.—Pienso que la policía tiene, como ocurre en todos los países, un sector de población que por

sus circunstancias y características siempre respetará a la policía, por cuanto ésta se opone a sus

intenciones más o menos delictivas, pero hay una gran masa de ciudadanos que aunque no exteriorice su

aprecio y estima, sabe que en ella encuentra el más firme sostén para su quehacer diario y laborioso.

La lista de funcionarios caídos en actos de servicio testimonia cómo cumple la policía su juramento.

Siente, sin embargo, en ocasiones, la amargura de la incomprensión, cuando se ve atacada a través de

campañas de difamación, alimentadas desde orígenes conocidos.

EL PAÍS.—Tengo la impresión de que estas relaciones entre sociedad y policía las limita usted a las

relaciones públicas. Yo creo que habría que ir más al fondo, con el convencimiento de que la policía es

uno de los estamentos de esa sociedad, y por tanto está sometida a un control, a una crítica y a una posible

corrección por parte de ella. En este caso la sociedad tendrá como mucho más suya a esta policía y

respaldará su actuación.

Quintero.—Cuando hablaba de relaciones públicas no me refería meramente al concepto comercial con

que se acepta este vocablo, sino a un contacto más humano y compartido entre población y policía. Por

ejemplo: las comisarías deben ser centros con las puertas abiertas a los vecinos de los distritos ,para en

ellos recabar todo género de ayuda, sugerencias o consejos y no meramente el lugar a donde se va a

denunciar o detenido.

EL PAÍS.—Habla usted de sacrificios. Pero piense que por tratarse precisamente de un régimen

autoritario estos sacrificios son innecesarios e inútiles. Quiero decir que se encomiendan a la policía

acciones violentas cuya solución en otros países se resuelve en otros campos y no meramente en

enfrentamientos callejeros. Estos campos pueden ser los parlamentos, los partidos, el derecho de

manifestación y todos los otros canales que las sociedades democráticas tienen para dirimir sus puntos de

fricción.

Quintero.—Señáleme un Gobierno de cualquier país que renuncie a ejercer la autoridad. Examine los

casos de conflictos graves con heridos y muertos que se están produciendo en naciones europeas y no

europeas, independientemente de que se produzcan o no intervenciones y debates parlamentarios. Todo

policía, sea cual fuere su nacionalidad, cuando libremente acepta y elige esta profesión, sabe que en todo,

momento está expuesto a un riesgo que puede ser mortal. Esa es la gran lección que ofrece a la

consideración pública. El funcionario es consciente de la transformación que se está produciendo en

nuestra patria y se ha incorporado a ella con la misma ilusión y esperanza que el resto de los españoles.

Actualmente, por otro lado, la policía es, en ocasiones, insultada y demuestra ejemplarmente cómo la

serenidad y disciplina son consustanciales de su forma de ser y actuar.

Control, crítica o difamación

EL PAÍS.—Vamos a intentar analizar estas campañas difamatorias. La policía es demasiado susceptible a

la crítica y todo lo atribuye a campañas subversivas de difamación encaminadas a socavar su moral. La

policía es un estamento más de .la sociedad y por tanto se tendrá que someter al control y critica de ésta.

Quintero.—Se sabe distinguir entre una crítica constructiva, aunque pueda producir sonrojo y una

campaña de difamación tachonada de insultos y conclusiones tendenciosas que afectan a la moral y

dignidad de la policía.

Por supuesto. que la policía es un cuerpo enormemente joven con sus virtudes y errores como cualquier

otra institución humana, y no rehuye, le repito, la crítica que busca su perfeccionamiento. La policía es

celosa de su limpio historial y sanciona y castiga ejemplarmente cuantas transgresiones conoce que ha

cometido alguno de sus miembros.

EL PAIS.-En el caso de los innumerables asaltos a librerías, por ejemplo, en los cuales rarísima vez ha

habido alguna detención, se da pie al escepticismo respecto a una actuación policial igual respecto a los

extremismos de los dos signos.

Quintero.—Cualquier tipo de manipulación que por parte de grupos de distintos signos trate dé hacerse

sobre la policía fracasaría siempre, ya que la valoración que ella hace de la importancia y trascendencia de

sus misiones y servicios es la mejor garantía de su neutralidad e independencia. Sabe usted que durante

semanas y meses hemos prestado protección a determinadas librerías y hemos puesto a disposición de las

autoridades judiciales competentes aquellos individuos que como resultado de investigaciones policiales

se consideraban presuntos culpables de los hechos que comentamos.

EL PAÍS.—Creo, sin embargo, que en este país existe la opinión de que esto no es así. En un tipo de

sociedad autoritaria y cerrada no cabe duda de que el periodista ha sido quizás el único critico de la

actuación de las fuerzas de orden público y, por tanto, ha sido, a veces, perseguido por parte de algunos

miembros de la policía y se ha sentido considerado como un enemigo directo por parte de ellos. El

periodista tiene incluso la convicción de que llevar la famosa escarapela es aún más peligroso, puesto que

le delata como informador en los momentos de conflicto social.

Quintero.—He mantenido siempre un especial interés en fomentar unas relaciones cordiales con la,

prensa. Reconozco y pido por ello sinceramente perdón, que en algunas situaciones pudo algún periodista

sufrir los efectos de la acción policial en circunstancias especiales de gran confusionismo y tensión, pero

de eso a que el periodista sea victima de una persecución por considerarle enemigo de la policia, hay, un

abismo. El uso de la escarapela ha sido réspetado por la policía. Lo que si es conveniente y aconsejable es

que los periodistas, conocedores siempre del potencial represado que hay en toda manifestación, cuando

cumpliendo sus misiones informativas -tan necesaria para, todos- acudan a los lugares previstos, se situen

en puntos y edificios destacados, desde los cuales, además de conseguir una observación e impresión lo

más completa de los hechos, les proporcione una seguridad nacida de su total identificación por la policía.

Si, por el contrario, se mezclan y confunden con los manifestantes, lógicamente será muy difícil

reconocerlos en los momentos críticos y a la velocidad con que se producen las intervenciones.

El «quinterismo»

EL PAIS.-En diciembre de 1974 fui testigo de un hecho paradójico: cuando_ el director general de

Cultura Popular se presentó a inaugurar el aula de Cultura de Palomeras, dependiente del Ministerio de

Información y Turismo, dos subordinados del señor Quintero le prohibieron que la inaugurase, ante el

asombro de todos los presentes.

Pregunto a mi interlocutor sobre el «quinterismo» como expresión de su «virreinato» sobre Madrid.

Quintero.—Considero que la policía nunca ha tenido más atribuciones y competencias que aquellas que

se especifican concretamente en la legislación vigente; por ello puedo asegurarle seriamente que yo no he

tenido más autonomía que aquella que verdaderamente estaba fijada en los reglamentos y disposiciones

oficiales. Me considero un auténtico militar, y como tal disciplinado y atento a las órdenes de mis

superiores, a los que siempre elevé todo tipo de propuestas de operaciones y ordenes, y de los que recibí

igualmente instrucciones concretas sobre la forma de proceder. Huyo de dos cosas para mí nefastas: la

improvisación y la rutina, grandes enemigos de toda institución. Para mí el mando se define por su

competencia y dedicación y durante casi quince años he aplicado mi voluntad y capacidad de trabajo al

estudio de toda la problemática que sirve de fondo a esta entrevista. A lo largo de casi cinco años al frente

de la Policía Gubernativa, de la Primera Región Policial, Madrid ha recibido la visita de importantes jefes

de Estado, jefes de Gobiernos y ministros, a veces en circunstancias históricas que están en la memoria de

todos, así como ha visto programadas «jornadas de lucha» en fechas determinadas.

por supuesto descartada totalmente la idea de virreinato». Fueron años difíciles, decisivos e Históricos los

que me correspondieron como jefe superior de policía.

Los malos tratos

EL PAÍS.—La imagen que se tiene de usted es la de jefe de la policía franquista, ¿que diría usted a ésto?

Quintero.—Durante casi cuarenta años, todos, de una forma u otra, hemos servido bajó la dirección y

mandato del Generalísimo Franco. Como soldado he cumplido cuantas misiones se me ordenaron con el

mayor desvelo y puntualidad posible. Guardo un imborrable y permanente recuerdo y agradecimiento a su

memoria,y como militar acepté sin reservas aquellos destinos que me designaron.

Creo haber sido fiel a mi juramento a la bandera y siempre he buscado dar lo mejor de mí al servicio de

esta sociedad que es España.

EL PAÍS.—No se puede olvidar, sin embargo, que usted ha sido jefe de policía en ese edificio de la

Puerta del Sol, de imagen tan siniestra para muchas personas, imagen que nos lleva al problema de los

malos tratos durante su mando en él.

Quintero.—En primer lugar le diré que ese edificio que usted califica de siniestro es el mismo desde el

cual se vigila y se ordenan, día y noche, todas las medidas encaminadas a que la población se sienta

segura, protegida y disfrute de sus merecidos descansos. Pero tiene al mismo tiempo un Salón-Canalejas,

cargado de historia y de emociones, que conoce cómo el Cuerpo General de Policía rinde el último

homenaje a sus miembros caídos en acto de servicio. Es un edificio vinculado a todos los avalares de la

historia de España desde hace ya bastante tiempo y por todo ello significa mucho para, también, muchas

personas.

En relación con los malos tratos a que usted alude, creo que conoce perfectamente el criterio que se ha

mantenido siempre en la Dirección General de Seguridad. El detenido es un ser humano cuya integridad

física debe ser siempre respetada. En aquellos casos que se produjeron violaciones a este criterio, los

causantes fueron puestos, previa información, a disposición de los jueces competentes.

EL PAÍS.—Con respecto a estas sanciones que usted dice se producen, ¿no sería mejor para la misma

moral de la policía que se hicieran públicas?

Quintero.—En su mayoría, el público las conoce a través de los medios informativos.

EL PAÍS.—Pero ¿se hace público realmente; todo?

Quintero.—Compruebe la extensión, tipografía y recuadro con que suele presentarse, en general, esta

información.

El teniente coronel Quintero me acompaña a la puerta. Ahora no está el perro. Queda, sin embargo, otro

obstáculo: la larga conversación debe sér semetida a la aprobación de la Oficina de Prensa del Ministerio

del Ejército.

 

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