Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   El arrepentimiento     
 
 ABC.    10/03/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

juves 10 de Marzo de 1977

EL ARREPENTIMIENTO

LO mió contra Pinochet es personal. O él o yo. No hay sitio para los dos en este mundo. No voy y se lo

digo porque lo más probable es que sa quedase con todo el sitio para él. Pero aquí le esporo, comiendo un

huevo. Ahora se ha levantado una gran polvareda por ciertas declaraciones antidíplomáticas respecto a la

intervención de ios Estados Unidos en la caída o el debilitamiento del Régimen de Salvador Allende. No

es cierto (aunque lo dijese Jesús Hermida por televisión la noche del martes) que los Estados Unidos de

Norteamérica hayan presentado disculpas por su intervención, que, por to visto, no existió. Tampoco

reconocen (os Estados Unidos haber sido la causa decisiva de las situaciones en que viven los chilenos

desde entonces. Al parecer, todo es un Infundio y quizá también sea un infundio el horror testificado ante

el «Tribunal Russell».

Lo único que yo sé es que a mediados de marzo de 1972 «I periodista norteamericano Jack Anderson

publicó los documentos confidenciales de la International Telephone and Tetegraph Corporation (I. T.

T.), que aún hoy estremecen por ta artería y ei cinismo con que el Gobierno de tos Estados Unidos atentó

contra ta independencia, ka autonomía y autodeterminación de Chile. Las fotocopias de aquellos

documentos fueron editadas en Santiago, y cuando Salvador Allende cayó me referí a ellos en el diario

«Pueblo», como asimismo lo hicieron otros compañeros. Recibimos serias amenazas, y el señor García

Ramal, que entonces era ministro de Sindicatos, estuvo a punto de actuar contra nosotros y hacernos salir

por donde el humo. Nos salvó Emilio Romero. Pero acaso esas fotocopias eran también un infundio.

Hoy reverdece en mi memoria la tragedia chilena al saltar a la actualidad ese otro infundio de que los

Estados Unidos se complacieron en un género de antropofagia que no tuvo siquiera la fuerza cómica que

tiene la de Amín Dada. Pero ya que no tenemos un argumento mora) contra el pasado, confiemos en que

exista una esperanza respecto al porvenir. CANDIDO

 

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