Autor: Lozano, Raimundo. 
   Ante la hora de la verdad     
 
 Arriba.    09/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ANTE LA HORA DE LA VERDAD

ANTES, tapetante antes, de que se inicie la negociación con el Presidente del Gobierno

solare los principios políticos jftl proceso electoral (utilizqado los términos usados por los nueve

figurones de la Comisión), han comenzado los cabildeos en torno a las posibles coaliciones

para concurrir a los próximos comicios parlamentarios. La actividad en ese sentido se ha

desplegado más intensamente dentro de los sectores del centro; en esa difusa gama que se

extiende desde la derecha —digamos, la Alianza Popular— hasta la izquierda, la cual empieza

en los aledaños del socialismo, partido por Gala... en cuatro.

Cristianodemócratas (aun cuando el vocablo disguste al cardenal Tarancón), socialdemócratas,

liberales y populistas, trataron ya de cuajar una coalición, si bien hasta ahora no se consumó.

Son, dentro de esas Ideologías, los grupos centristas que han venido participando, mas o

menos, en Coordinación Democrática, y que propugnaron casi hasta el último momento la

abstención en el referéndum, siguiendo las consignas de la valetudinaria Plataiunta.

Sin embargo, ante la hora de la verdad de los comicios, y en vista de que en la consulta del 15

de diciembre estos partidos de políticos (como los define Julián Marías) han revelado su nulo

Impacto popular, se aprestan a ayuntarse en las elecciones al Senado

y, ¿por qué no?, a las del Congreso; tratando de presentar una opción moderada al pueblo

español y capitalizando, en cierto modo, el sentido de equilibrio del mismo, por cuyo

mantenimiento hicieron muy poco a mediados del invierno.

Saben, de abondo, que esa opción equilibrada y flexible posee en estos momentos un nombre

propio, que puede inclinar con su peso político, ganando en un semestre asaz tempestuoso, la

balanza electoral de la nación. Todo el intríngulis de la acción de estos partidos centristas en

este momento capital de la vida española reside en la manera de aprovechar para sus

particulares fines ese Impulso emocional, esa atracción personal de un hombre que, por su alto

situación presente, ha de quedar al margen, necesariamente, de la lucha electoral.

Paradójicamente, cuando en España existen centenares de partidos, se da el raro fenómeno de

que la personalidad política de mayor brillantez y potencia carece, hoy, de partido. Ha de

mantener la neutralidad hasta el último Instante, pero puede expresar de modo indirecto,

indicar discretamente, sugerir hábilmente, hacia qué opción o coalición van sus preferencias. Y

ese aparato político, esa máquina electoral que cuente con su simpatía, más o melos expresa,

ha de corresponder en su día constituyendo su arropamiento parlamentarlo, el soporte del

Gabinete que, bajo su jefatura, gobierne en el porvenir.

Un nuevo centro, sin exclusiones, o mejor un centro-izquierda (puesto que Reforma

Democrática puede considerarse de centro-derecha), que comenzara en el Partido Popular y

concluyera en la Alianza Socialista Democrática, podría ser la cimbra que sostuviese el arco

gubernamental hasta su consolidación parlamentaria. Tendrían que participar en esa amplísima

coalición, lógicamente, los grupos democristianos que cuentan ya con miembros en el

Gobierno, y se agregarían a ellos, suponemos, aquellos de ese credo .que repugnan toda

posición ancílar respecto al PC. Lo mismo diríamos de los partidos de políticos liberales y

socialdemócratos.

De[amos adrede para el final al centro-izquierda más auténtico y de mayor solera en España: el

constituido por los partidos integrados en la Alianza Socialista Democrática, con los cuales

(según testimonio de «Diario 16») los grupos amamantados por e! franquismo, diplomáticos,

tecnocráticos y yernocráticos, aceleradamente adaptados a la nueva democracia, desestiman

un posible pacto electoral... por consider´drlos muy a la derecha y pactistas con el Gobierno.

Ante tal desatino, sólo se nos ocurre exclamar —dejando para otro artículo mayores

precisiones—: ¡Angela María!, igual que exclamaba el difunto P. Polo cuando oigo le

desconcertaba y le sacaba de quicio.

Raimundo LOZANO

 

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