Autor: Aradillas, Antonio. 
   Ogino, el culpable     
 
 Pueblo.    28/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

OGINO, EL CULPABLE

SIN exageraciones absurdas, podríamos asegurar católicamente que hubo un tiempo en España, todavía

no muy distante, en que una gran parte de los hijos de nuestras familias numerosas o no, lo fueron

fundamentalmente de Ogino-Knaus... Su método fue la justificación de la llamada a la vida por sus

respectivos padres legales que hicieron mal uso de él, no lo comprendieron correctamente, o hasta se

ajustaron con casta renuncia a sus exigencias. Muchos hijos, ya crecidos, de religiosas familias españolas,

tienen por padre, digamos que al menos, putativos, a Ogino y a Knaus. Es posible que ellos lo ignoren,

aunque también es posible que lo hayan descubierto en la intimidad del drama de su propia

biopsicología...

- Desde hace decenios, la Iglesia católica califica de antinatural la supresión directa de la fecundidad del

acto conyugal, aceptando junto con la continencia total “el único método natural moralmente justificado

para regular la natalidad a la llamada elección del periodo”. A consecuencia de esta pauta de

comportamiento moral, la responsabilidad de la paternidad —imprescindible hoy para el equilibrio

personal, familiar, nacional y universal— tendría que ajustarse necesariamente a la continencia total o al

ejercicio de la sexualidad sólo en los tiempos agenésicos descubiertos por los referidos doctores, sin otra

opción posible que no comportara un pecado grave...

- A nadie se le oculta —sin que me competa a mi emitir ahora un juicio sobre este método— que los

problemas que le ha planteado a la pareja han sido muchos y tremendamente serios. La expresión del

amor integral en la intimidad y “a plazo fijo”, cuando lo decidan Ogino y Knaus, y no cuando sea exigido

por la fuerza atractiva y atrayente de la relación interpersonal amorosa, ha provocado desbarajustes graves

en los matrimonios y la irreversibilidad de sus conflictos no encuentra, en ocasiones, más explicación que

la del “hoy si y mañana no”. Marido y mujer, al someterse y ajustar el amor a los cálculos de las

matemáticas, comprobaban con tristeza infinita y desprestigiante, como aquél se les convertía en

“débito”, en obligación o en rutinaria función biológica , en la que la espontaneidad y la alegría

gratificadoras de la entrega y de la aceptación no podrían nunca hacerse presentes con sus cofres de

sorpresas. Además de padres —por equivocación— de no pocos hijos. Ogino y Knaus son, asimismo,

padres y causantes de la separación de no pocos esposos.

- Y, para colmo de males, citando literalmente las palabras de un profundo experto católico en estas

cuestiones, -ahora resulta que experimentos recientes en el campo de los animales y de los hombres han

llevado a la conclusión de que precisamente este método, en razón a la más larga vida de las células

germinales, permiten una fecundación e impide únicamente la anidación del cigoto, es decir, tiene el

carácter de inhibidor de la anidación. Por otra parte, se mantiene el temor fundado de que el niño que

pudiera nacer de tal concepción estaría afectado de taras físicas y mentales. Estos conocimientos, que se

han convertido en certezas científicas, deberían conducir a una corrección de las recomendaciones

morales, que todavía se hacen de tal método natural.

- Hay que reconocer que si el problema era ya, de por si, grave, después de estos descubrimientos y

«certezas científicas” se agrava aún más todavía, no siendo suficiente con lamentarlo o con aceptarlo

estoica y fríamente. A la ciencia le corresponde el sagrado deber de profundizar en sí misma, y a los

teólogos y a los hombres de la Iglesia les compete también el deber más que sagrado de tener en cuenta y

de partir de los descubrimientos de las ciencias, revisando con honestidad, prestigio y seriedad no sólo el

llamado método natural, sino todo aquello que, hasta el presente, se cree que es y que constituye la

naturaleza.

Antonio ARÁBALAS

 

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