LA Iglesia y la política. 
 El voto obligatorio y el origen de la autoridad     
 
 Ya.    07/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA IGLESIA Y LA POLÍTICA

El voto obligatorio y el origen de la autoridad

ALGO que desazona a muchos críticos de la acción pública de la Iglesia en España es que loe obispos insisten una y otra vez en su apoliticismo y en la voluntad de la .Iglesia de inhibirse en las luchas electorales y, a renglón seguido, comienzan a dar a los fieles normas morales sobre su deber de participación y las líneas fundamentales de ella. Con horas de distancia, el cardenal de Madrid acaba de precisar la neutralidad del episcopado, cuya conferencia nacional preside, y acaba de escribir que "la abstención es la manifestación de una irresponsabilidad indigna de un ciudadano consciente y constituye, para el cristiano, un auténtico pecado".

Ocurre que los obispos, que quieren marcar sus distancias con el Gobierno y con la política, no pueden establecer distancia alguna ni con sus fieles ni con la moral. Afirmarán cada vez con mayor vigor la "laicidad" del Estado, es decir, su naturaleza no religiosa; con mayor razón, y en consecuencia, la ilicitud de que los pastures religiosos "intenten ejercer mando o marcar orientación a esa entidad que, por definición, escapa a su competencia. Lo que nunca dirán es que los católicos pueden "inspirar su acción en la moral laica, o establecer una dicotomía entre lo que piensen en su conciencia y hagan en la calle; y en sus documentos no presionarán a los ciudadanos en cuanto tales, pero iluminarán a los cristianos precisamente ¿n cuanto tales. Lo que estos hagan´ después será fruto de la lógica de su fe o lamentable inconsecuencia frente a ella.

UN grupo de católicos apelaban hace poco a la tradición y tocaban a rebato ante la afirmación, no contradicha por los obispos a cuya puerta llamaban, de que la autoridad política reside en el pueblo, que la transmite a los gobernantes y controla su ejercicio por ellos. La autoridad viene de Dios y no del pueblo, argüían, creyendo en una intolerable infiltración liberal en la doctrina católica.

Los obispos no han negado, ni negarán, que la autoridad tiene origen divino; pero lo que ellos, con la mejor tradición jurídica de la Escuela de Salamanca, defienden es que nadie recibe inmediatamente del cielo la autoridad, contra la explicable presunción de los reyes absolutos que se decían tales "por la gracia de Dios". Doctrina de católicos, mucho antes que de liberales, es que Dios quiere y da firmeza interna a la autoridad, como elemento esencial de toda sociedad; pero quién haya de ejercel el mando, con qué condiciones, siguiendo qué líneas y sometido a qué formas de control para impedir la arbitrariedad son los gobernados quienes han de decirlo; porque ellos si que son "libres por la gracia de Dios".

A estos cristianos es a quienes la Iglesia recuerda que si el bien propio y el de los demás—el bien común—lo dejó Dios en manos de los votantes, votar es obligatorio. A esta clara afirmación del cardenal de Madrid se añade la otra de que el contenido del voto está también en mano de los votantes: y aquí reside la neutralidad política de la Iglesia.

- Lo que hagan loe restantes ciudadanos es cosa suya, por hipótesis; pero, en fin de cuentas, nada les autoriza al escándalo.

 

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